miércoles, 8 de abril de 2015

El mundo magico de los Celtas: Los Druidas

No hay en la historia escrita y científica muchos testimonios sobre los druidas, su importancia, su papel en la sociedad celta, etc. Es innegable que hoy existe mucha información mal utilizada y, sobre todo, mal analizada, lo que da lugar a interpretaciones erróneas.
Para atenernos a la realidad debemos partir de los documentos más fidedignos y antiguos con los que contamos. Nuestras primeras y más creíbles noticias, recordemos, provienen en su totalidad de fuentes romanas.
La primera aparición de los druidas, como clase sacerdotal, en la historia se la debemos a Julio César, quien sin lugar a dudas estaba mucho mejor informado que cualquiera de nosotros respecto de los celtas de la Galia, puesto que guerreó y vivió con ellos.


En De Bello Gálico, Julio César relata sus conocimientos del mundo celta al que había conquistado; son las informaciones más claras que tenemos. Había estado mucho tiempo en contacto con los celtas gálicos, por lo que su testimonio es sumamente valioso. Además, Julio César no era ningún inepto a la hora de obtener información sobre los pueblos que quería conquistar o ya había dominado.
Según nos cuenta, los druidas estaban encargados del culto divino, la realización de sacrificios, los que decidían en todas las discusiones públicas o privadas, políticas, jurídicas o divinas.
Ellos fijaban recompensas y castigos. Y cuando alguien no cumplía con sus órdenes o prescripciones lo rechazaban del sacrificio, que era un castigo muy fuerte. Quedaban así considerados como impíos, y los hombres se apartaban de su camino.
Los druidas tenían un jefe superior. A su muerte, lo sucedía el superior en posición y, si eran varios, competían con el voto de sus pares y hasta con las armas.
En ciertas épocas del año celebraban reuniones en un bosque, que era un lugar consagrado. Allí se reunían los provenientes de las más diversas regiones.
Se cree que sus normas de vida se establecieron en Gran Bretaña y se transmitieron luego a Gales. Los novicios o estudiantes viajaban a Gran Bretaña. Se mantenían a distancia de la guerra y no pagaban impuestos ni hacían servicio militar.
Según Julio César, muchos jóvenes buscaban seguir la senda druídica para gozar de ese trato preferencial, aunque este pensamiento está evidentemente influenciado por el pragmatismo del conquistador.
En las escuelas de druidas aprendían gran número de versos, por los que algunos permanecían veinte años bajo esa tutela. Pensaban que no era bueno que estas reglas se convirtieran en propiedad común; es por eso que eran reacios a su escritura. Ya haremos más adelante referencias a su alfabeto particular, el ogámico. Para las cosas mundanas utilizaban letras griegas.
El mensaje primordial que propalaban estos druidas era que las almas no mueren. Esta creencia, al descartar el temor a la muerte, producía un natural incentivo al valor.
Discutían mucho acerca de las estrellas y su movimiento, el tamaño del universo y de la tierra, el orden de la naturaleza, la fortaleza y los poderes de los dioses, y consideraban fundamental trasmitir su saber a los hombres jóvenes.
También nos cuenta César que los galos eran muy devotos de las prácticas rituales. Por esa razón, los enfermos y los guerreros sacrificaban víctimas humanas o juraban hacerlo, empleando a estos druidas como ministros para tales sacrificios. Creían que a menos que se pagara la vida de un hombre con la vida de otro, la ira de los dioses no se apaciguaría.
A veces utilizaban figuras de gran tamaño, cuyos miembros tejidos con ramitas rellenaban de hombres vivos y les prendían fuego. Ellos creían que los que habían sido capturados cometiendo un delito eran más agradables a los dioses. Y si no había delincuentes, recurrían a inocentes.
Hasta aquí lo que cuenta Julio César. De lo dicho inferimos que no sólo eran una casta sacerdotal, sino que también administraban justicia y eran árbitros de las peleas entre tribus. Reconocían a un druida supremo mas allá de las tribus. Evidentemente, su influencia era máxima, desde el momento que eran los encargados de impartir educación. Ellos formaban y conformaban a su pueblo. El prestigio y la influencia política de que gozaban los druidas galos es indudable.
Sabemos, entonces, que no debemos asociarlos por el momento con ancianos ermitaños y misteriosos. Hay autores que sostienen que cuando se produjo la rebelión de Vercingetórix, que duró un año aproximadamente, el poder político de los druidas fue diezmado, ya que no se logró que toda Galia se opusiera en bloque a Roma. Sabemos de la independencia de cada tribu; muchas preferían las ventajas de la amistad con Roma y entraron a la batalla como aliados de ésta. Por lo tanto, los dioses no podían estar de ambos lados, y la división de sus sacerdotes marcó el fin de ese poder que había estado por encima de las diferencias tribales.
Es por ello que las fuentes posteriores los muestran como adivinos, magos, poetas, filósofos, dedicados a los menesteres sacerdotales, lejos del poder político.
Las fuentes romanas del siglo VII a. C. nos informan que estos Druidas eran indispensables en los sacrificios, a los que eran tan adeptos y que incluso protagonizaban. Tanto Estabón como Diodoro Sículo cuentan que, personalmente, los druidas clavaban su cuchillo en la espalda o el diafragma del hombre condenado a muerte.
Los romanos les prohíben en un principio sólo estas prácticas, no las creencias en sí ni su sistema doctrinal. Pero la prohibición del sacrificio humano sería sólo el principio. Luego, el emperador Claudio suprimiría totalmente la práctica de la religión.
En general, para los romanos del principado los ritos de los druidas eran absolutamente bárbaros. Ochenta años después de Cristo, Plinio refiere las prácticas druídicas en relación con la naturaleza, y a través de ellas muestra la degradación final del otrora influyente poder que los druidas detentaron.

En síntesis y en cuanto a lo histórico:


  1. En época de César los druidas tenían una gran reputación, conformaban un grupo sacerdotal en lo básico, sumamente poderoso y con importantes funciones educativas, judiciales, políticas y, por supuesto, religiosas.
  2. Con la revuelta de las Galias perdieron bastante del poder alcanzado respecto de las funciones políticas.
  3. Los romanos del principado fueron prohibiendo las prácticas cruentas de sus ritos hasta la prohibición total de su religión.




Posteriormente, las fuentes sólo los citan como magos y adivinadores, como por ejemplo las llamadas druidesas, que eran una especie de adivinadoras.
En realidad estos testimonios son válidos para los druidas galos, puesto que no hay información sobre los druidas en otras regiones celtas. En Irlanda por ejemplo, no hay testimonios de una organización druida al estilo de la continental.
Por extensión, algunos historiadores sacan conclusiones hasta cierto punto apresuradas y esquemáticas para una cultura tan diversa regionalmente, pero que vale la pena reseñar:
Hacen la institución de los druidas extensible a todas las naciones celtas. Sostienen que eran los encargados de sancionar las leyes y dictar la justicia.
Que arbitraban en las luchas entre las tribus y que eran los que presidían los rituales de las alianzas guerreras en las que los jefes aliados se bebían mutuamente gotas de sangre.
Que se encargaban de todos los sacrificios y de dirigir todas las ceremonias religiosas. Que utilizaban varas de avellano como símbolo de su poder.
Que una de sus misiones primordiales era la educación de los jóvenes. Que se dividían en:

a) Aquellos cuyas funciones específicas eran las de los sacrificios y las ceremonias religiosas.
b) Aquellos que tenían a cargo la instrucción de los jóvenes.
c) Los bardos, trovadores y poetas, que se encargaban de conservar la historia en forma oral a través de epopeyas versificadas.
d) Los adivinos, que predecían el futuro.
e) Aquellos que estaban a cargo de la administración de justicia.
De acuerdo a esto, los druidas habrían formado una especie de cofradía muy bien organizada, y poco de la vida cotidiana de los celtas habría quedado fuera de su injerencia.
La leyenda, por su parte, muestra a los druidas irlandeses como una clase organizada pero inferior a la de los galos. Nunca son allí presentados como sacerdotes, sino como magos poderosos.

¿Quiénes eran los druidas en realidad? En principio, probadamente eran sacerdotes. Pero, si fuera posible reducirlos a conceptos entendibles hoy por todos nosotros, deberíamos hallar su verdad entre la visión espantada o despectiva de los romanos, la imagen que dejan las leyendas en sus múltiples versiones y las visiones divergentes de los estudiosos y exégetas de la cultura celta.
La verdadera índole de estos gravitantes seres queda en medio de la bruma, que por otra parte rodea a todo lo céltico. Y más vale una visión brumosa pero fiel a las fuentes, que una nítida sometida a cualquier corsé.
El alfabeto oghámico
Un alfabeto llamado de Ogham era utilizado en Britania antes de que se impusiera el uso del alfabeto latino. Es el primer alfabeto en que se encuentra el idioma gaélico. En Irlanda, Isla de Man, Gales y Escocia se hallaron más de 350 inscripciones en estos caracteres talladas en piedra.
Era exclusivamente para uso de los druidas, cuyos más claros exponentes sabían asimismo leer y escribir en griego y latín. Se dice que lo inventó Ogma, Cara de Sol. Se componía de veinte letras (líneas cortas y puntos), quince consonantes y cinco vocales.




En Irlanda no se empleaban los oghams; en inscripciones públicas, hasta que el druidismo empezó a decaer. Se mantenía en absoluto secreto, y cuando se empleaba para los mensajes escritos entre los druidas se inscribían haciendo muescas en trozos de madera.
Cada consonante se compone de muescas de una a cinco, y hay tres diferentes vaciedades de muescas, lo que hace quince letras, más cinco vocales punteadas.

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