viernes, 23 de enero de 2015

CULTOS PRIMITIVOS DE LOS CELTAS



Aun teniendo las cualidades de un medio campesino, las mencionadas creaciones feéricas estaban dotadas de elaboración narrativa y un gran vuelo de imaginación. Ambos elementos han quedado estereotipados como algunas de las principales características celtas. Muchos optan por quedarse sólo con esa visión e, ignorantes o a sabiendas, soslayan aspectos más rudos de las creencias de este pueblo que, reiteramos, era nómada, belicoso y hasta cruel.
La cabeza, morada del alma
Como todos los pueblos paganos, los celtas eran cortadores de cabezas. La iniciación del joven guerrero consistía en «salir en busca de una cabeza humana». Si volvía con ella, adquiría los derechos de un adulto.
Tras dejar el campo de batalla, se llevaban como trofeos las cabezas de sus enemigos para exhibirlas en las murallas de sus fortalezas. Pero esos restos humanos eran algo más que un botín de guerra. Para ellos, la cabeza era el lugar donde residía el alma, el centro mismo del ser humano.
Al retener las cabezas de sus enemigos creían obtener protección contra los poderes mágicos que éstos poseían. Con el tiempo, las cabezas auténticas fueron dejadas de lado, sustituidas por cabezas de piedra, madera, metal o huesos, a las que creían dotadas de los mismos poderes.
Se pensaba que las cabezas no sólo podían mantener a raya al mal sino que además seguían viviendo, con independencia de la muerte del cuerpo. Algunas podrían incluso hablar, cantar y profetizar.
Antes de una batalla, los guerreros solían pedir a sus compañeros que si caían, les cortaran la cabeza y se la llevaran a su familia. Esta sería conservada en el mejor lugar de la casa.
Los celtas adoraban los cursos y espejos de agua (ríos, lagos, etc.). Si se colocaba una cabeza en un pozo sagrado, el efecto mágico se potenciaba y era especialmente poderoso.
Las cabezas que seguían viviendo después de la muerte de su propietario tenían poderes para el bien o para el mal. Algunas, como la de Bran, presidían las fiestas del otro mundo actuando con tanta eficacia como cuando estaban vivas.

Culto del árbol
Desde el principio del tiempo los celtas habían mantenido una relación vital con los árboles. Relación que se mantiene aun hoy en casi todas las leyendas, atribuyéndoles poderes mágicos, curativos, negativos, etc.
Cuenta una leyenda que el mago Gwyddyon salvó la vida de un grupo de guerreros transformándolos en árboles, y así pudieron seguir peleando contra sus enemigos. Pero si bien en el capítulo anterior vimos aspectos feéricos de algunos árboles, aquí volveremos sobre ellos a la luz de las creencias más antiguas y consustanciales.
Para los antiguos druidas, el árbol articulaba toda la idea del Cosmos al vivir en una continua regeneración. En él contemplaban el simbolismo de la verticalidad, de la vida en completa evolución, en ascensión hacia el firmamento.
El árbol le permitía una comunicación en los tres niveles del Cosmos:



  • El subterráneo, por sus raíces.
  • La superficie de la tierra, por su tronco.
  • Las alturas, a través de su copa.


Esta conjunción hacía que lo considerasen el símbolo de la relación tierra-cielo.
El Roble. Como vimos en el capítulo anterior, era el árbol de culto entre los druidas. Su dura madera les permitía hacer un tótem y escribir. Es difícil de talar, lo que refuerza su idea de poder, fortaleza y permanencia. La antigua palabra irlandesa que lo designa se traduce como «puerta». Esto da una idea de la característica de divinidad que le daban los antiguos: era algo así como el paso a otra dimensión. Creían que el roble proporcionaba seguridad, valentía, vigor y energías curativas. Sostenían que debajo de un ejemplar de este árbol se podían disipar las enfermedades y las debilidades.
El serbal. Brindaba a los primitivos celtas fortaleza interior para triunfar sobre cualquier peligro o enemigo. Se lo ha utilizado siempre como protección en las casas, establos e incluso en cementerios. Se lo usaba en los antiguos rituales de adivinación para incrementar la sensibilidad a los mensajes internos, para poder fluir en unidad con el universo.
El fresno. Se consideraba que era un puente con los mundos invisibles. Los antiguos lo usaban en rituales para romper las maldiciones.
El aliso. Decían los druidas que este árbol saca al exterior los poderes psíquicos. Las leyendas europeas dicen que la energía del aliso es eterna y que nunca debería cortarse. Se decía que los instrumentos de viento hechos con su madera servían para llamar a los espíritus. Corresponde al héroe celta Bran, cuya cabeza cortada servía de oráculo.
El sauce. Vimos que posteriormente se le atribuyeron cualidades feéricas de persecución a los caminantes. Pero en la antigüedad los celtas creían que el sauce ayudaba a todas las realizaciones humanas, dada su flexibilidad. Esta habilidad para curvarse sin llegar a quebrarse enseñaría al hombre que él también es capaz de autoexigirse. El sauce servía también para hechizar a los enemi gos, atándolos a un tronco o una rama de este árbol.
El majuelo. Era la planta sagrada que representaba a los Tuatha de Dannan. Servía para contactarse con los Tuatha en su actual estado feérico (ya no mítico), como también con otros seres sobrenaturales.
El acebo. Para los celtas tenía energía masculina. Era un vínculo directo con la energía divina. Por eso tener ramitas de acebo servía como protección y para despertar la sabiduría.
El avellano. Estaba relacionado con los rituales de los seres mágicos, para el cambio de forma y la proyección astral. Protegía a los viajeros y también servía como escudo para detener la energía negativa.
El abedul. Se creía que preparaba a los seres humanos para enfrentar el futuro con esperanza. Se utilizaba en rituales de purificación.
El manzano. Más tarde relacionado con el rapto de las hadas, en el origen estuvo asimilado a la femineidad y la sabiduría.

Culto de animales
Como toda sociedad primitiva, los celtas reverenciaron también ciertos animales. El jabalí, por ejemplo, tenía un puesto preferencial. Su carne era muy apreciada y la pieza más delicada se ofrecía al héroe de la comunidad.
La caza del jabalí era una de las ocupaciones favoritas de los celtas, lo que se refleja con frecuencia en el arte. En muchas leyendas aparecen jabalíes sagrados que son portadores de buena fortuna, pero también se encuentran jabalíes venenosos que pueden matar con el contacto de sus cerdas.
Los ciervos estaban relacionados con los dioses. Eran una pieza de caza apreciada y en las leyendas se los ve atrayendo cazadores al otro mundo. Los dioses pueden aparecer transformados en ciervos.
Algunas aves, como el cuervo, eran consideradas agoreras, asociadas con la guerra y los trastornos. De las grullas se creía que eran diosas transformadas y traía mala suerte verlas antes de la batalla. Junto con los gansos y los gallos eran tabú, y sólo comían su carne en los rituales religiosos.
A los cisnes se los consideró siempre como aves de buen augurio, símbolos de amor y pureza. Muchos dioses se transformaron en cisnes.

Otros dioses del paisaje
Se han encontrado figuras de divinidades talladas en creta, especie de roca caliza, en el sur de Inglaterra, y grabadas en rocas más duras en muchas otras partes. Las más famosas son El Gigante de Cerne Abas, en Dorset, El Hombre Largo de Wilmington y El Caballo Blanco de Uffington.
El Gigante de Cerne Abas es una talla de creta, probablemente obra de una tribu de celtas llamados duro-triges, que vivieron hace unos 2000 años. Representa a un hombre desnudo esgrimiendo un bastón, y seguramente es la imagen de uno de sus dioses.
La talla mide 61 metros desde la punta de sus pies hasta la punta del garrote que levanta por sobre su cabeza. El pueblo lo siguió considerando un agente de fertilidad mucho después de la llegada del cristianismo. Abajo hay un pozo y junto a él crece un avellano.
Las parejas que van a casarse visitan al gigante en la víspera de su boda y, al bajar de la colina, el novio tiene que pasar el arroyo con la novia en brazos y luego tomar una ramita de avellano para que su matrimonio sea feliz.
Es posible que el tiempo haya destruido otras obras similares o también que causas religiosas hayan influido en la destrucción de las mismas.
El Hombre Largo de Wilmington mide 69 metros de altura y es anterior al siglo VII d. C. Es una vez y media más alto que la Estatua de la Libertad, y se trata de la segunda representación humana más grande de la historia. Lleva un bastón o una lanza en cada mano.
Se cuenta que el Hombre Largo fue un auténtico gigante que resbaló en la cuesta y se rompió el cuello al caer. Al morir, la gente lo enterró en la ladera de la colina y recortaron su forma en la hierba que cubría la piedra para que las nuevas generaciones supieran de su existencia.
Otra leyenda decía que la misión del gigante era procurar buenas cosechas y rebaño abundante, pero un año en que esto no ocurrió fue muerto por un pastor que considero que ya no era útil.
El Caballo Blanco es una figura muy diferente. Es la Diosa Epona galopando sobre la pradera. A estas figuras se las limpiaba de hierba para mantenerlas visibles a kilómetros de distancia. Obviamente, esta tarea se convertía en un festival, con carreras de caballos y burros y con luchas.
Las cabezas talladas en roca dura son menos espectaculares. Cerca de Glasgow hay un grupo de ocho cabezas talladas en un gran peñasco, en una zona de páramos.
En Francia hay una estructura similar de doce caras talladas. En Irlanda se encuentra a los antiguos dioses en la toponimia, es decir, en los nombres dados a muchos lugares.
Las Dinshenchas son una colección de leyendas que explica por qué recibieron su nombre ciertos lugares. Allí se puede encontrar mucha información sobre la Irlanda celta. Su trascripción final fue realizada en el siglo XII, pero las leyendas son muy antiguas.
Cromdubh fue un ídolo de oro, rodeado por otros más pequeños de piedra. La población le ofrecía tributos para protegerse de su maligna influencia, puesto que exigía sacrificios humanos. A cambio obtenían abundante leche y buenas cosechas. Su poder terminó con la llegada de San Patricio. Cuando éste le puso la cruz en la cabeza, el ídolo se torció a la derecha y la tierra se tragó a los once ídolos de piedra que lo rodeaban, dejando sobresalir sólo sus cabezas. San Patricio terminó partiéndolo en dos. Hoy en el lugar, Magslecht (llanura de la postración) quedan aún las cabezas de piedra de los once ídolos que rodeaban a Cromdubh.

Importancia del poeta
La poesía no era para los celtas en general un mero entretenimiento ni su ritmo un simple recurso literario. Para una cultura sin escritura generalizada, el recurso mnemotécnico de los poetas era la mejor forma de conservar la tradición oral, hasta que siglos después llegaran los monjes celtas irlandeses e iniciaran su labor de recopilación.
Los celtas distinguían sobremanera al bardo (vestido de color azul, poeta casi cercano a la condición de druida) y al vate (vestido de rojo, también persona sacrosanta) del mero cantor ambulante que divertía o entretenía, y que ni era considerado un sacerdote ni tenía la educación de un poeta. Éste era un miembro más de la corte, un Eirchad, un suplicante, alguien que no pertenecía a la profesión dotada, sino que dependía de los caudillos para vivir.
Poeta en Irlanda es Fui, vidente, y en Gales, Derwydd vidente del roble. Es como se ve, la más probable derivación de la palabra «druida», escalón supremo al que llegaba un poeta, si primero vestía de amarillo como iniciado, hasta llegar a la ansiada túnica blanca.
Se cuenta que en el País de Gales cuando los ejércitos libraban batalla los poetas de ambos bandos se retiraban juntos a una colina y allí discutían la lucha. Juzgaban a los guerreros y éstos debían aceptar luego su versión de la lucha, y si merecía ser conmemorado en un poema. La recopilación más famosa que se conoce es el Mabinogion, escrito en la Edad Media por narradores educados en la sofisticación de la corte de Normandía.
Las historias son, por supuesto, cortesanas, aunque aparecen transformaciones animales, magia druídica y afinidades con el mundo celta antiguo, donde los elementos sobrenaturales son predominantes. Varios de sus dioses encierran con otros nombres a los primitivos dioses celtas.

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