viernes, 26 de diciembre de 2014

MESOAMERICA, por tierra de los Aztecas

Corre el año 1250 a.C. y los pobladores de una pequeña aldea han comenzado los preparativos para enterrar a uno de los miembros más viejos de la familia, uno de los personajes más importantes dentro de las cinco chozas que conforman la aldea. Habitaba la choza más grande, construida de bajareque y lodo, y debido a la época de lluvias (generalmente a mediados de año) la han colocado sobre una rampa, también de lodo y piedras, para evitar las inundaciones.
Desde días antes, la vida en esta familia pasa como en cualquier otra, las mujeres dedicadas a criar a los niños, preparando los alimentos y elaborando recipientes cerámicos de colores negro, blanco y café con adornos en color rojo. En ocasiones también se dedican a producir su ropa y la de su familia, elaborándola con fibras de una planta que es común en su zona, el maguey. Ellas simplemente utilizan faldas que enredan desde su cintura, y trenzan sus cabellos con lienzos de tela que les permiten lucir bien para sus maridos y no les entorpecen en la realización de las tareas del hogar, ya que sus cabellos son muy largos.
Los hombres, que visten pequeños lienzos de tela que prácticamente solo cubren el sexo, salen desde muy temprano a la zona lacustre cercana a sus casas para dedicarse a atrapar pequeños peces e insectos. Acompañados de sus hijos, les enseñan a utilizar algunas de sus herramientas de trabajo como hondas y lanza dardos para poder, de vez en vez, cazar algunos patos para la comida o la cena.
Sin embargo, la muerte de un familiar les demanda iniciar un ceremonial. El representante religioso de la aldea, un chamán, preside los actos. Se abre un hueco bastante profundo dentro del suelo de la casa, entre varios se apoyan para sujetar el cuerpo del fallecido y lo depositan en esta oquedad; son muy cuidadosos en cuanto a la posición, ya que deberá quedar colocado de espaldas y bien extendido. Siguiendo varios actos rituales, introducen diferentes objetos que acompañarán al difunto en su lecho de muerte, entre ellos destacan vasijas y figurillas cerámicas que representan animales y personajes de su vida cotidiana (probablemente familiares), así como algunos espejos de pirita. La vida continuará para el resto de la familia hasta que un personaje más fallezca y sea enterrado junto con el anciano dentro de la casa repitiéndose entonces las mismas operaciones.
Estado de México, corre el año de 1942 y el pequeño municipio de Naucalpan de Juárez se estremece cuando un grupo de arqueólogos comienza a desenterrar una gran cantidad de restos óseos humanos entre los que se encuentran los de una familia que habitaba la región hace más de 2.000 años. La aldea, hoy desaparecida, yace bajo una fábrica de ladrillos y recibe el nombre de Tlatilco. Ya antes otros arqueólogos habían descubierto algunos enterramientos acompañados de vasijas cerámicas muy parecidas a estas, y habían dado el término de Culturas del Preclásico a sus habitantes, unos de los primeros grupos sedentarios de la entonces Mesoamérica. Es bajo este término, Preclásico o Formativo, como se reconoce por los especialistas al primer periodo (comprendido entre los años 2500 a.C. al 200 d.C.), que dará inicio a la historia precolombina de México.
En ese momento, lo que actualmente es el territorio mexicano estaba habitado por una gran diversidad de pueblos con un largo historial de hace ya varios cientos de años, que mantenían una estrecha afinidad cultural. Ellos irán conformando las bases de toda una tradición que, con el tiempo, les permitirá desarrollar la tecnología y los conocimientos necesarios para fundar grandes y majestuosas ciudades en lugares como el actual Occidente de México, la Costa del Golfo, el Altiplano Central, estados como Guerrero y Oaxaca y lo que se ha dado en llamar la zona maya, que comprende gran parte del sur de México y otros países, como Guatemala, Honduras y Belice.
Prácticamente todo lo que conocemos del periodo Preclásico, como lo denominaremos a lo largo de nuestra historia, lo conocemos por las evidencias arqueológicas, no tenemos un archivo de personajes y hechos históricos propiamente dicho que acompañe al relato, salvo en lugares como la zona maya, donde la epigrafía (disciplina que ayuda a descifrar la escritura plasmada en piedra) comienza a darnos información de algunos sucesos relevantes; entre tanto, gracias a la arqueología podemos reconstruir parte del modo de vida de las culturas preclásicas.
Siguiendo nuestro relato... en tanto los habitantes de Tlatilco, al centro de México, disfrutaban de una vida apacible en las riveras de los lagos, en la Costa del Golfo, los grandes señores de ciudades como La Venta apoyaban expediciones comerciales que llegaban a consolidar relaciones con las demás sociedades de buena parte de Mesoamérica, incluyendo regiones tan apartadas como el Pacífico. Parte de la riqueza obtenida estaba destinada a la elaboración de grandes esculturas, que serían símbolo de su grandeza. Imaginemos por un momento a varios personajes de talla mediana, robustos, con la cabeza deformada en forma de pera invertida, arrastrando un gran bloque de roca volcánica extraída de las laderas del volcán de los Tuxtlas, Veracruz. Con mucho cuidado y esfuerzo colocan unos grandes troncos de madera perfectamente acomodados y sujetos con lianas, con los cuales construyen una pequeña embarcación. Sobre ella colocan las monumentales rocas, que finalmente trasladan a través del río Coatzacoalcos hasta su ciudad. Ya en ella, comienzan a tallar a golpe de piedra hasta lograr finalmente el rostro de un serio personaje, que lleva puesto un gran tocado que rodea toda su cabeza; se trata del retrato mismo de su gobernante.
Este tipo de manifestaciones plásticas sería reproducido una y otra vez en buena parte de la Costa del Golfo mexicano, esculturas conocidas desde el siglo XIX como cabezas colosales. Muchos siglos después los aztecas bautizaron al pueblo constructor de estas insignes esculturas (que ya suman más de 10) como olmeca, los misteriosos “habitantes del país del hule”. 
Los olmecas cultivaban en las riveras de los ríos, de donde podían obtener gran cantidad de alimentos como pescado y algunos moluscos, y que complementaban con la caza de algunos animales y la siembra de maíz y yuca. Satisfechas sus necesidades primarias, tenían oportunidad de desarrollar hermosos objetos de piedra verde, que encierran un simbolismo religioso asociado al culto al jaguar; por lo que también son conocidos como “el pueblo del jaguar”. Algunos de estos objetos, también elaborados en madera, fueron depositados como ofrenda en las riberas de los ríos, o en la espesura del bosque dentro de sus ciudades.
Nuestro viaje por el mundo mesoamericano nos lleva a ver lo que en ese momento estaban haciendo sus vecinos del sur, los mayas. Un pequeño grupo de individuos está esforzándose por colocar cerca de una gran pirámide una piedra labrada de forma rectangular y de considerables dimensiones; se trata de una estela o lápida labra da, en la cual han inscrito algunos jeroglíficos que anunciarán alguna fecha de especial importancia histórica. La pirámide tiene por los menos 30 metros de altura, y es muy similar a la de sus vecinos de La Venta.
Por su parte, San José Mogote, (localizado en los valles de la actual Oaxaca) juega un papel preponderante en el posterior desarrollo de las sociedades de esta región. La comunidad de poco más de 100 habitantes también dedica su tiempo a la producción de piezas de alfarería y productos de lujo, como espejos de minerales como la magnetita, que pueden utilizarse como pendientes, o labores que generalmente hacen dentro de sus casas. Muy cercano a ellas, construyen un espacio delimitado para llevar a cabo algún tipo de danza ritual. Al lado, tienen pensado construir una pequeña pirámide en la que llevar a cabo diversas ceremonias en honor de sus dioses.
Las relaciones con sus vecinos son buenas, sobre todo con los olmecas. Prueba de ello son algunos objetos que pueden colocar en sus ofrendas, como piezas de lujo elaboradas en piedra ver de con el estilo artístico de los habitantes de la región del hule. Todo esto ocurre en una etapa conocida como Preclásico Medio, entre los años 1200 a 400 a.C.

“Monumento 3 de San José Mogote. Representa un personaje capturado y sacrificado”
Fragmento de: Marco Cervera. “Breve historia de los aztecas”
En otra parte de Mesoamérica, en la actual región del Occidente mexicano preparan una excelsa ofrenda fúnebre, quizá más grande y ostentosa que la de sus antepasados en el Centro de México, y decimos sus antepasados porque ya ha transcurrido cierto tiempo, corre el año 200 a.C., y el último soplo de vida del periodo Preclásico está en curso. Han abierto un gran túnel en la tierra, que se extiende a más de 5 metros de profundidad, y un grupo de individuos bajan con cautela los restos de una persona adulta del sexo masculino; por detrás les sigue otro individuo que lleva en sus manos el cadáver de un pequeño perro que se caracteriza por no tener pelo, quizá se trate de la mascota del difunto. Otro grupo espera arriba para introducir en la tumba una serie de objetos de cerámica de vivos colores rojos que representan animales, especialmente perros y di versos personajes que recuerdan la vida cotidiana de la aldea.
Para este entonces, los olmecas han perdido su influencia y prácticamente están en decadencia, y en buena parte de Mesoamérica se ha iniciado una fuerte revolución sociocultural. Los habitantes de la zona maya y oaxaca han comenzado a construir grandes y fastuosas ciudades y no solo eso, ha comenzado la competencia local por la hegemonía de sus regiones, los hombres ya no solo cultivan, sino que también se arman. Se han dado cuenta de que aquellos instrumentos como el lanza dardos, que originalmente utilizaban para cazar patos o pescar, pueden ser utilizados para aniquilarse unos a otros, y aquellos a los que no aniquilan son capturados y denigrados, representados en ciudades como Monte Albán en estelas de piedra completamente desnudos y heridos. Durante esta etapa, un grupo de migrantes huye de la explosión de un volcán que ha destruido por completo su ciudad, Cuicuilco, con la idea de incorporarse a la población de una de las más majestuosas ciudades del México Antiguo: Teotihuacan. Por lo menos esta es la referencia más tradicional, sin embargo nuevas investigaciones comienzan a cambiar la idea del origen étnico que conformará la población de la ciudad de Teotihuacan.

viernes, 19 de diciembre de 2014

LA CREACION DE LA TIERRA

Conocido por los más diversos nombres: Popol Buj. Libro de Consejo. Libro sagrado, libro del Común o libro Nacional de los Quinchés, el Popol Vuh esel depositario de las ideas cosmogónicas  y las tradiciones culturales de los grupos indígenas que habitaron el territorio maya-quiché.
El Popol-Vuh fue escrito poco tiempo después de la conquista española y permaneció oculto por mas de ciento cincuenta años. Hasta en el siglo XVIII los indios quichés  conversos a la religión cristiana le hicieron llegar  el libro a odre dominco Francisco Ximénez.
El manuscrito estaba escrito en lengua quiché, con caracteres latinos y redactado por un autor anónimo. La primera parte del Popol-Vuh trata del origen del mundo y la creación del hombre. Aquí se ha tomado a cuenta el relato que nos da cuenta de la creación de la Tierra.




Esta la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo. Esta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía.
No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión.
No había nada junto que hiciera ruido, ni cosa alguna que se moviera, ni se agitara, ni hiciera ruido en el cielo.
No había nada que  estuviera en pie; sello el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia.
Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos  bajo plumas verdes y azules, por eso se les llama Gucumatz. De grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza. De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo, que éste es el nombre de Dios. Así contaban.



Llegó aqui entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumat. Hablaron, pues consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo,  juntaron sus palabras y su pensamiento.
Entonces se manifesto con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre. Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el corazón del cielo, que se llama Huracán.
El primero se llama Caculhá Huracán. El segundo es Chipi-Caculhá. El tercero es Raxa-Caculhá. Y estos tres son el corazón del cielo.
Entonces vinieron juntos Tepeu y Gucumatz; conferenciaren sobre la vidas y la claridad, el como se hará para que aclare y amanezca, quién será el que produzca el alimento y el sustento.

—¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío!¡Que esta agua se retire y desocupe [el espacio], que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra! No habrá gloria ni grandes en nuestra creación  y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron.
Luego la tierra fue creada por ellos. Así fue en verdad como se hizo la creación  de la tierra: —¡Tierra!—, dijeron,  y al instante fue hecha.
Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación,  cuando surgieron del agua las montañas;  y al instante crecieron las montañas. Solamente por un prodigio, sólo por arte de magia  se realizo la formación de las montañas y los valles; y al instantes brotaron juntos cipreses y pinares en la superficie.
Y así se lleno de alegria  Gucumatz, diciendo:
—¡Buena ha sido tu venida, Corazón del cielo; tú Huracán, y tú, Chipi-Caculhá, Raxa-Caculhá!
—Nuestra obra, nuestra creación será terminada — contestaron.
Primero se formo la Tierra, las montañas y los valles, se dividieron las corrientes de agua quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas.
Así fue la creación de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua.
De esta manera se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación.




Fuente: POPOL-VUH

viernes, 12 de diciembre de 2014

LEYENDAS: ESPANTAN EN EL PUENTE DE SANTA ANA (LEYENDAS DE MEXICO, GUANAJUATO)

Todos los automovilistas, cada uno de diferente manera cuentan que al pasar por el puente de Santa Ana, a las 12 de la noche, han visto un abominable espectro.
Por ciento que el puente de Santa Ana se encuentra a 20 kilómetros de esta población, sobre la carretera que va a Silao y atraviesa el arroyo del mismo nombre para dar paso a los vehículos y a los peatones.

Los viandantes al cruzar el puente, a la hora que hemos mencionado, les sorprende una luz potentísima, a corta distancia, a corta distancia, tanto así que les obliga a reducir la velocidad hasta casi detenerse y salirse de la carretera, pues en lo primero que se piensa es en la presencia de un camión, o de un autobús que no quiere hacer el cambio de las luces.

Pero al percatarse de que es solo un faro y no dos y de que la luz no avanza, la sorpresa aumenta hasta llegar al asombro, pues de súbito aquel faro enorme que deslumbra por instantes, desaparece sin dejar huella.
Loa viajeros no aciertan comprender tal fenómeno, ni nada que revele la presencia de objeto alguno.
¿Que significa entonces esa luz, a esa hora y de tan extrañas proporciones?

Hay otros testigos que refieren sus impresiones de modo muy distinto:
Afirman que en este sitio y a esa hora inmediatamente que pasan el puente, descubre la mitad de la carretera  la sombra de una figura que corresponde sin duda a la de una mujer.
Naturalmente que detienen la marcha y lo primero que sienten es el deseo de auxiliarla, al ver que esta sola y a esas horas de la noche.
Para el auto, la mujer sube y cuando poco mas adelante voltean hacia el asiento trasero, su sorpresa es mayúscula, pues la figura desaparece.
Y otros pocos mas nos dicen que hace mas de un año, en un camión que iba camino al arroyo por viajes de arena, bajó uno de sus macheteros a quien se le antojo bañarse en las frescas aguas de la corriente, en la temporada de lluvias, y que inesperadamente vino la creciente y el muchacho que no sabía nadar, se ahogó, precisamente a las doce de la noche.
Ahora, cuando pasa por ahí un auto,  el fantasma hace la seña para detenerlo, sube y sigue hasta llegar a Marfil, donde se baja, pues que allí vivía con su familia.

¿Cual versión es la verdadera y la que puede creerse?

Para salir de la duda lo  mejor es correr la aventura en circunstancias propicias y pasar por el puente precisamente a las 12 de la noche.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Naturaleza Nocturna

¿Quien pudiera ver el anochecer?
La luna con su gran resplandor
iluminado en derredor,
solo por los árboles
cual lecho verde
de pequeñas aves, ardillas e insectos
que habitan dentro de su espesura.
Ellos forman un ejercito de gigantes
que solo los mueve el viento
dejando entre ver en el pastisaje
campos de luz y de sombras, 
que se mueven al compás de la musica del viento,
tal cual luces y sombras en fiesta.

Dentro de la oscuridad se vislumbra un búho
que arrulla con su ulular
a los pequeños seres
que viven alrededor.

La vida dentro del bosque tan alegre y temerosa
alegres por participar
en la fiesta de la naturaleza
y temerosa por saberse solos
dentro de la espesura de la noche
envuelta en sin miles de sonidos y luces inexplicables.

Se puede ver en la inmensidad
solo la oscuridad
y el resplandor de la luna en su apogeo.
Por ser más de media noche
dónde el ser humano no habita
y deja dar paso
a la tranquilidad y aventura
de lo que nos ofrece la noche
en donde no existe mas que la vitalidad
Naturaliza virgen
jamás tocada por el hombre
innocua y salvaje,
solo la verdad de lo que es hoy.
La verdad de su ser,
la realidad de su corazón
que se refleja en cada instante
en la vida de la floja y la fauna
por formar parte de ella
y ser uno con ella.