jueves, 6 de noviembre de 2014

CICLOS HEROICOS DE LOS CELTAS


Las leyendas más antiguas que conocemos datan del siglo VIII d. C. Si bien su origen es anterior, no se encontraban al respecto documentos escritos. Esas leyendas, que fueron recopiladas en los monasterios de Irlanda, están en verso debido a que la tradición gaélica era oral, y el verso ayuda a la memorización. La temática es muy similar: héroes, hermosas princesas y un destino trágico. Las leyendas se agrupan en ciclos, que tienen una unidad de espacio, tiempo y/o personajes.
El material primigenio se basa en seres reales y en personajes cuya existencia atestigua la historia. Como sostiene Ramón Sainero en su estudio Leyendas celtas:
Hasta el siglo V, Irlanda había permanecido pagana y los hechos históricos habían sido transmitidos unas veces oralmente, mientras que otras los documentos escritos no ofrecían datos ciertamente fiables. Podemos ver cómo en el Libro de las Invasiones, lo real y lo irreal se mezclan, de tal forma que nos hacen sentir en un mundo mágico.

Los monjes utilizaban el latín y el gaélico, y en el siglo XI, época del Irlandés Medio, aparece la literatura propiamente dicha en lengua celta (ya haremos referencia a las características de esta lengua).

En este contexto, haremos una selección de leyendas exclusivamente del ciclo mítico irlandés, habida cuenta de que tanto el País de Gales como Escocia toman las mismas historias, asimilando sus personajes y confiriéndoles sus propios nombres.


Conquista mítica de Irlanda

El Libro de las Invasiones empieza con la llegada a Irlanda de Partolón y su gente, después del Diluvio. Toda la acción del libro relata la invasión y conquista final de los gaélicos, que ocuparon la tierra que los dioses les habían destinado. Comenzaremos el relato con la conquista que lleva a cabo Nemed, antes de que Irlanda adoptara su forma definitiva, cuando era habitada solamente por los fomorianos, una tribu de figuras siniestras y sobrenaturales. Probablemente, los fomorianos habrían estado allí desde el principio de los tiempos. Eran una raza de demonios, espantosos y malvados.

Nemed llegó desde Grecia, habiendo emprendido el peligroso viaje a Occidente con el fin de encontrar un nuevo hogar para su gente. Antes de su llegada, una gran epidemia había dejado Irlanda vacía. Nemed iba acompañado por una flota de alrededor de 34 barcos de remos, en cada uno de los cuales entraban unas 30 personas aproximadamente. Todo fue bien hasta que divisaron una torre dorada que surgía a lo lejos. Esperando encontrar allí algún tesoro, la flota puso rumbo a la torre, pero alrededor de ésta surgieron violentas corrientes que hicieron zozobrar muchos barcos, y donde murieron cientos de sus hombres. Solamente sobrevivió Nemed, sus hijos y unas cuantas personas que él pudo rescatar del agua. Los sobrevivientes se alejaron de la torre y por fin llegaron a las costas de Irlanda. Veinte días después, Macha, la esposa de Nemed, murió víctima de la epidemia, cuyos coletazos aún hacían estragos.
Los fomorianos vivían al norte de Irlanda, y también querían ocupar todo el territorio. Pero Nemed y sus hombres resultaron ser más fuertes y los convirtieron en esclavos. Construyeron dos grandes fortalezas y despejaron doce llanuras de terreno boscoso. El paisaje cambió también por causas naturales. Así, cuatro grandes lluvias formaron los cuatro grandes lagos de Irlanda.
Mientras Nemed vivió, fue capaz de controlar a los fomorianos. Pero él acabó por caer enfermo y murió de la epidemia que aún acechaba desde los rincones de Irlanda. Los monstruosos fomorianos vieron entonces la oportunidad de derrotar a los hijos de Nemed y los vencieron fácilmente.
Los fomorianos fueron muy crueles con los vencidos. Les hacían entregar dos tercios de su ganado, dos tercios de sus productos lácteos y dos tercios de sus niños recién nacidos. Los hijos de Nemed buscaron soldados en otros países para que los ayudasen contra el dominio de los tiranos.
Una numerosa tropa de guerreros se embarcó hacia Irlanda, incluyendo muchos druidas y druidesas. Llevaban, además, animales salvajes como lobos y jabalíes. La flota ancló frente a la torre dorada de Connan, rey de los fomorianos, y le puso sitio. Connan tuvo que luchar contra este ejército dotado de poderes mágicos. Druidas, druidesas y guerreros de ambos lados se enfrentaron en una feroz batalla. Connan murió después de la derrota de su ejército, tras una dura lucha contra uno de los hijos de Nemed, Fergus.
No obstante, la guerra continuó, pues pronto llegó un nuevo contingente de fomorianos sedientos de venganza. Y así, de nuevo se entablaron terribles combates. Mientras se daba esta lucha sangrienta, una ola más alta que la torre misma y más rápida que un halcón cayó sobre la playa, arrastrando a los combatientes. Sólo sobrevivieron treinta hijos de Nemed y un puñado de fomorianos.
Después del desastre, los hijos de Nemed vivían con constante temor de los fomorianos y de la epidemia. Y así fue que se marcharon: algunos volvieron a Grecia, otros se instalaron en Gran Bretaña. Irlanda quedó entonces deshabitada durante doscientos años.



La conquista de los Fir Bolgs

La segunda invasión fue realizada por los Fir Bolgs, descendientes de los hijos de Nemed que vivían en Grecia. Allí, los griegos los habían convertido en esclavos para que su tribu no fuera poderosa. Finalmente, decidieron escapar. Construyeron para ello numerosas canoas y se embarcaron hacia Irlanda, donde habían vivido sus antepasados. Los Fir Bolgs fueron los primeros en establecer un orden social y político en la isla. Dividieron Irlanda en cinco provincias: Ulster, Leinster, Munster, Connacht y Meta. También instauraron la monarquía, sustituyendo a los caudillos guerreros del pasado por un rey al que consideraban semidivino y vivieron prósperamente durante muchas generaciones.


La conquista de los hijos de Danu

Aunque los Fir Bolgs también tenían características divinas, los Tuatha de Danann son los dioses principales de Irlanda, pues son sin duda los dioses de los viejos celtas.
Los Tuatha de Danann eran descendientes directos de Nemed y lucharon junto a los atenienses contra los filisteos. Pero los filisteos se hicieron tan peligrosos que tuvieron que huir de Grecia en busca de otro lugar. Y así se dirigieron al Oeste, llevando cuatro objetos sagrados que aparecen una y otra vez en los mitos celtas:

  • La Lia Fail, la piedra que gritaba en proclamación de un rey.
  • La lanza de Lugh Brazo Largo.
  • La espada de Nuada.
  • El caldero, siempre lleno, de Dagda.

Los Tuatha de Danann se establecieron primero en Escocia, pero allí el país estaba desierto y la vida era muy dura, y pronto decidieron atacar Irlanda, considerando que ésta les pertenecía por derecho.
Su ejército desembarcó durante la más sagrada de todas las fiestas celtas, el festival de Beltain, que se realizaba el primer día de mayo. Entonces, desplegaron unas tinieblas mágicas que les ayudaron a moverse por todo el país sin ser vistos.  Los Tuatha de Danann se establecieron primero en Escocia, pero allí el país estaba desierto y la vida era muy dura, y pronto decidieron atacar Irlanda, considerando que ésta les pertenecía por derecho.
Su ejército desembarcó durante la más sagrada de todas las fiestas celtas, el festival de Beltain, que se realizaba el primer día de mayo. Entonces, desplegaron unas tinieblas mágicas que les ayudaron a moverse por todo el país sin ser vistos. Tras desembarcar, incendiaron las naves de los Fir Bolgs para que no pudiesen escapar en caso de que los derrotaran. Luego atacaron.
Después de sangrientas batallas, los Fir Bolgs tuvieron que admitir su derrota. Pero la lid no había terminado, pues los antiguos fomorianos atacaron a los Tuatha de Danann y no fueron vencidos hasta la conocida como Segunda Batalla de Moytura.
Los Tuatha de Danann estaban gobernados por el rey Nuada. Sus nobles eran Ogma, famoso por su fuerza y su elocuencia; Diancecht, dios de la medicina, con sus hijos Cian, Cu, Cethan, Miach y su hija Airmid; Goibnyu, el herrero; Luchtayne, el joyero; Credne, el calderero y Lugh Brazo Largo, el de los múltiples oficios, que figura en la mitología como célebre guerrero y como resplandeciente dios sol.
También los fomorianos tenían sus héroes y campeones sobrehumanos; entre ellos, Balor, el cíclope, que era guerrero y dios.
En la última lid entre los Tuatha de Danann y los Fir Bolgs, que transcurrió en un lugar llamado Connacht, el rey de estos últimos cayó muerto y el propio Nuada quedó con un brazo cercenado. Airmid le hizo un brazo de plata para sustituir al que había perdido. Según la ley de los Tuatha de Danann, un rey debe ser completo y sin defectos. Por lo tanto, Nuada Brazo de Plata ya no podía gobernarlos. El hombre escogido para reinar en la tierra recién conquistada fue Eochaid Bres, hijo de un caudillo fomoriano y de una mujer llamada Elota. No obstante, él no sabía que era hijo de un fomoriano. Cuando fue escogido rey, organizó su matrimonio con Tailltiu, la viuda del rey de los Fir Bolgs.
Bres ascendió al trono con la condición de que abdicaría si su reinado no era del agrado de su pueblo.
Muy pronto empezó a favorecer a los fomorianos en perjuicio de los Tuatha de Danann. Llegó un momento en que éstos se rebelaron y exigieron a Bres que, cumpliendo las condiciones acordadas, renunciase al trono.
Bres accedió, pero solicitó que le permitieran ser rey durante siete años más, lo cual le fue concedido. Bres pretendía aprovechar este aplazamiento para reunir a los guerreros fomorianos y aplastar a las tribus Tuatha de Danann, que lo habían rechazado. Entonces su madre le contó quién era su padre y Bress la envió a visitar a los fomorianos para reunir todas sus fuerzas en un enorme y terrible ejército.


En la época en que los Tuatha de Danann decidieron que el reinado de Bres era ya insostenible, se produjo la cura milagrosa de Nuada. La carne alrededor de su brazo de plata había comenzado a ulcerarse y Nuada mandó llamar a Miach, quien examinó la herida, ordenó desenterrar el brazo cortado y volvió a ponerlo en su lugar. Entonó un sortilegio y, en tres días, Nuada estuvo curado.
Diancecht sintió envidia de los poderes curativos de su hijo y lo atacó cuatro veces con la espada en la cabeza, hasta matarlo. En la tumba de Miach crecieron 365 hierbas medicinales, una por cada uno de sus tendones y articulaciones. Como vimos en el capítulo anterior, Airmid las recogió y las clasificó según sus propiedades. Pero su padre las revolvió todas.
Cuando el brazo de Nuada estuvo sano, ya era nuevamente un hombre entero y por lo tanto, le devolvieron el cargo de rey de los Tuatha de Dannan. Entonces se organizó una espléndida fiesta en Tara.
Durante la celebración, los centinelas divisaron un apuesto guerrero rubio, lujosamente vestido, que venía con un grupo de gente a su cargo. Era Lugh Brazo Largo, que quería ofrecer sus servicios al rey de los Tuatha de Danann. Lugh era el nieto de Diancecht y de Balor, por parte materna. Su madre real era Ethne, y su madre adoptiva era Tailltiu. Lugh era diestro en varias disciplinas: carpintería, herrería, música, poesía, historia, hechicería, medicina y estrategias de guerra, entre otras.
Cuando llegó al lugar donde se encontraban los centinelas, Lugh les informó de sus aptitudes y de sus intenciones para con el rey. Los centinelas le avisaron al rey de su presencia y le comentaron las capacidades que se atribuían al forastero. Nuada lo invitó a entrar a la fortaleza con la condición de que superara una prueba que Ogma le tenía preparada.
Ogma levantó una de las grandes losas del palacio y, con esfuerzo, la lanzó fuera de la fortaleza. Lugh aceptó el reto, levantó la misma losa del suelo, la relanzó con facilidad hacia dentro y en un momento reparó el boquete abierto por la piedra en la pared de la fortaleza. Así, Lugh fue reconocido como un auténtico campeón. Nuada le encomendó al polifacético joven la defensa de Irlanda contra los malignos fomorianos.
Bajo la dirección del joven Brazo Largo, cada hombre aprendió a utilizar sus habilidades para ayudar en la lucha. Así organizó a los dioses: Diancecht curaría a los enfermos; Goinyu, el herrero, repararía las armas rotas; Credne aportaría nuevas espadas, escudos y lanzas; Ogma, el campeón de lucha, combatiría cuerpo a cuerpo y Dagda emplearía todo su ingenio para engañar al enemigo.
Todo quedó dispuesto, pero fueron necesarios siete años para hacer los preparativos y forjar las armas. Para ganar tiempo, mandaron a Dagda a que hiciera tregua con los fomorianos. Con la tregua pactada, los Tuatha de Danann contaban con el tiempo necesario para realizar los preparativos de la gran batalla.
Los ejércitos se enfrentaron en la víspera de Samain. En un principio, hubo enfrentamientos personales entre los campeones de cada bando. Este tipo de combate duró varios días. Los fomorianos notaron que los heridos e incluso los muertos de los Tuatha de Danann volvían a la lucha al día siguiente, con sus armas reparadas y con los escudos como nuevos. Enviaron un espía a que averiguara cómo era posible aquella situación. Ruadan, disfrazado como uno de los Tuatha de Danann, vio cómo Goinyu reparaba con diligencia las armas rotas y cómo Diancecht y sus hijos sumergían a las víctimas de la batalla en un pozo mágico, que no sólo curaba las heridas sino que hacía que resucitaran los muertos.
En un momento, Ruadan atacó a Goinyu en su fragua y lo hirió con su lanza; pero éste la arrancó de su cuerpo y se la arrojó a su vez al mismo Ruadan, que huy6 a morir entre los suyos. Los fomorianos llegaron a tapar el pozo mágico con piedras y los ejércitos se enfrentaron en una batalla descamada, que ya no era individual.
El combate fue rápido y feroz. Balor «Mal Ojo» mató a Nuada. Balor era llamado así porque su mirada tenía un poderoso veneno que, tras una ojeada, podía aniquilar a un ejército entero.
Los Tuatha de Danann habían decidido que Lugh era muy valioso para que arriesgara su vida en la batalla, de modo que lo pusieron bajo la protección de nueve guerreros, encomendándole la dirección de la lucha sin entrar en ella. Pero tras la muerte del rey Nuada Brazo de Plata, Lugh se abrió paso entre el gentío para enfrentarse con su propio abuelo, Balor.
Mientras cuatro guerreros intentaban abrir el párpado de Balor para que éste echara una mirada mortífera, Lugh arrojó una piedra con su honda y le sacó el ojo por la nuca. El ojo subió a las alturas, cayó y mató a un ejercito de fomorianos que había en las cercanías.
Morrigan y las otras diosas de la guerra ayudaron a vencer al resto de los fomorianos que quedaban en el campo de batalla. Los supervivientes huyeron al mar. Tras la lucha, había tantos cadáveres de fomorianos como estrellas en el firmamento. La Isla se libró por fin de ellos y los Tuatha de Danann recuperaron Irlanda. Estos hechos sucedieron aproximadamente en la época de la guerra de Troya.


La conquista de los hijos de Mil (Los milenios)

La cuarta gran invasión de Irlanda llegó desde España y la realizaron los hijos de Mil. Esa invasión representó la llegada de los gaélicos a la Isla. Emer, Donn y Eremon eran hijos de Mil de España. A su tío se le había aparecido Irlanda en una visión y había marchado hacia allí, siendo muerto a traición por los Tuatha de Danann. Cuando los hijos de Mil se enteraron, reunieron a sus familias y posesiones y embarcaron en busca de venganza y conquista.
Los hijos de Mil eran poseedores de poderes mágicos. Donn, el hijo mayor, mandaba una flota de 65 barcos y 40 caudillos. Su jefe espiritual era Amergin, un poeta versado en las artes mágicas.
Cuando la flota de los hijos de Mil se preparaba para desembarcar en Irlanda, los Tuatha de Danann emplearon la magia de los druidas para hacer desaparecer todo el país. Los navegantes se quedaron perplejos, viendo sólo mar abierto donde un momento antes había costas rocosas y tierras cubiertas de bosques. Pero Amergin se dio cuenta de la intervención de fuerzas sobrenaturales y aconsejó a Donn que diera tres vueltas a la invisible isla. Al hacer esto, el hechizo se rompió y la costa reapareció. Luego desembarcaron en Inber Scene.
Al adentrarse en la isla, encontraron a tres diosas de Irlanda: Banba, Fodla y Eriu, tres antiguas divinidades territoriales cuya cooperación era muy importante para los invasores. Eriu, en un primer momento, les dio la bienvenida, asegurando que su llegada y su éxito habían sido profetizados mucho tiempo atrás. Pero Donn se mostró arrogante con la diosa y provocó que ésta se irritara. Por esta razón, luego les auguró lo contrario y los maldijo a él y a su estirpe.
Dejando a Eriu, los hijos de Mil avanzaron hacia Tara, sede de los reyes y principal santuario de la antigua Irlanda. Allí encontraron a los esposos de las tres diosas que eran los tres reyes de los Tuatha de Danann: Mac Cuill, Mac Cecht y Mac Greine. Los tres mostraron su desdén por el intento de ataque por sorpresa, al que consideraban un acto deshonroso, y dijeron a los invasores que eligieran entre abandonar Irlanda, someterse a los Tuatha de Dannan o luchar.
Amergin aconsejó a Donn la retirada momentánea. Mientras volvían, la diosa Eriu, que aún se sentía ofendida por los gaélicos, quiso evitar que regresaran de vuelta a Irlanda y les envió una poderosa tormenta que provocó el terror y la confusión en la flota invasora, sacudida en alta mar.
Entonces Amergin, que se había dado cuenta de la situación, entonó un cántico mágico para aplacar a la diosa Eriu y, de pronto, cesó la tormenta. Pero Eriu no se dio por vencida y volvió a conjurar terribles vientos y lluvias. La tormenta volvió a rugir alrededor de los hijos de Mil y las olas se alzaron más altas que antes. En medio de la confusión, el barco de Donn se hundió y el resto de la flota quedó dividida bajo el mando de Emer y Eremon.
Amergin se salvó milagrosamente de las olas y, cuando puso el pie en tierra firme, pronunció un poderoso encantamiento que reclamaba la tierra y todo lo que contenía para los hijos de Mil. Este encantamiento venció a la magia de los Tuatha de Danann. No obstante, éstos seguían teniendo poderes mágicos que generaban complicaciones a los hijos de Mil. De modo que tuvieron que pactar.
Se decidió entonces dividir el país, quedando los Tuatha de Danann dueños del subsuelo, y los hijos de Mil, de la superficie. Dagda dio a cada uno de sus caudillos un montículo mágico o sidh, en el que muchos años después vivieron las hadas de Irlanda. Este fue el acuerdo que establecieron los Tuatha de Dannan y los gaélicos.


El destino de los hijos de Tuirenn

En la época en que los fomorianos aún amenazaban a los Tuatha de Danann, Lugh acudió a sus tíos y a su padre, Cian. Éste, Cu y Cethan se comprometieron a difundir por el país la noticia del ataque. Cian se dirigió al norte, y en la llanura de Mag Murthemne se encontró a los tres hijos de Tuirenn —Brian, luchar y Iuchabar—, que eran enemigos de antaño de él y sus hermanos.
Sabiendo que no tenía posibilidades contra los tres juntos, Cian buscó algún modo de escapar. Al ver en las cercanías una piara de jabalíes, se tocó con su varita mágica de druida transformándose en un jabalí, y se puso a hozar entre la hierba como el resto de la piara.
Brian y sus dos hermanos vieron la repentina desaparición de Cian y dedujeron que éste se había convertido en jabalí. Brian entonces convirtió, con su vara mágica, a sus dos hermanos en perros para que pudieran distinguir el rastro del falso jabalí, que trató de huir hacia una arboleda. Así lo rodearon hasta que el jabalí confesó su identidad. Iuchar e Iuchabar recuperaron su forma humana y el jabalí pidió morir dignamente, vuelto a su forma original. Brian accedió a la petición porque quería ver la cara sufriente de su enemigo antes de morir. Cian recuperó su forma y, tratando de que no lo mataran, les dijo que si lo hacían, sus propias armas asesinas los delatarían. Entonces Brian levantó una gran piedra y se la arrojó a la cabeza. Cian murió. Y los tres hermanos siguieron su camino a la batalla junto a los fomorianos.
Cuando los Tuatha de Dañan salieron victoriosos, Lugh preguntó si alguien había visto a su padre. Como nadie lo había visto, Lugh emprendió la búsqueda y por fin llegó al lugar donde Cian había muerto. Allí la misma tierra le contó el lugar donde habían enterrado a su padre. Lugh lo desenterró y luego volvió a enterrarlo en otro lugar, donde le hicieron honores fúnebres y le colocaron una lápida.
Luego Lugh se dirigió a Tara y allí, en la corte del rey, vio a los asesinos. Gritó la desventura que sufrió su padre y señaló a los culpables, quienes rápidamente se hicieron cargo del hecho. Delante de la corte, Lugh les pidió una compensación por lo ocurrido. La corte resolvió que los autores de semejante crimen merecían morir. Pero Lugh prefirió imponerles un castigo en lugar de matarlos. Les dijo que la única forma de compensar la pérdida era cumpliendo una multa pequeña. Comentó la multa a medias y los hijos de Tuirenn accedieron, pensando que ésta era relativamente sencilla.
Después del juramento que hicieron los hijos de Tuirenn delante del jurado, Lugh les comentó el castigo con sumo detalle. La multa consistía en traer: tres manzanas del jardín de las Hespérides; la piel de cerdo perteneciente al rey de Grecia; la lanza envenenada del rey de Persia; el carro y los caballos que pertenecían al rey de Sicilia; los siete cerdos del rey de las Columnas Doradas; el perro del rey de Ioruaidhe; un asador que estaba en el fondo del mar, entre Gran Bretaña y Erin; y, por último, debían prometer dar tres gritos en lo alto de la colina de Miodhchaoin, que era un viejo amigo de su difunto padre Cian. Todos aquellos elementos a buscar tenían propiedades mágicas y debían ser entregados en compensación del crimen.
Los tres hermanos emprendieron su tarea, dejando atrás las costas de Irlanda. Pasaron los años y, contra todo pronóstico, los hijos de Tuirenn lograron cumplir todas las condiciones. La última, sin embargo, les costó la vida a manos del amigo de Cian. Así murieron los tres hermanos. Su padre acudió a llorarlos y cayó muerto de dolor junto a ellos. Los cuatro fueron enterrados en la misma tumba.


Los hijos de Lir

Esta historia tuvo lugar cuando los Tuatha de Danann se habían retirado al norte de la Isla; es decir, después de que los gaélicos conquistaran la superficie de Irlanda.
Habiendo quedado vacante el trono de los Tuatha de Danann, se celebró una reunión para escoger un nuevo rey. Lir (el padre del dios marino Manannan, de Bran y Manawydan —en Gran Bretaña—) y Bodb Deargh eran los candidatos a ocupar el puesto vacante. El elegido fue Bodb. Lir, ofendido ante la elección, se marchó hacia sus tierras del norte sin despedirse de nadie.
Tiempo después murió la esposa de Lir, y éste cayó en una depresión sin consuelo. Bodb vio aquí una oportunidad para amigarse con Lir y le ofreció como esposa a una de sus tres hijas adoptivas. Lir escogió a Aeb, la mayor de las tres. Se la llevó y celebró una gran fiesta de bodas.
Aeb le dio cuatro hijos, dos mellizos y dos gemelos.
Primero nacieron su hijo Aed y su hija Fionnguala. Y luego, en un embarazo posterior, nacieron Fiachra y Conn. Pero este parto le costó la vida a Aeb. Lir cayó preso del dolor nuevamente. Sólo los hijos podían ofrecerle un poco de consuelo. Entonces Boldb le ofreció a su segunda hija adoptiva, Aoife. Y Lir aceptó.
Al principio, Aoife mostró un gran cariño por sus cuatro sobrinos y hacía todo lo que podía por ellos. Sin embargo, al cabo de algún tiempo Aoife empezó a sentir envidia de la gran popularidad de los niños. Mientras planeaba el modo de acabar con ellos, fingió estar enferma, permaneciendo en cama durante un año. Una vez pensado el plan, se levantó, aparentemente recuperada de su larga dolencia, y se preparó para ir a visitar a Bodb con sus sobrinos.
Fionnguala, la única hija, tuvo una premonición y no quiso acompañar a su madrastra, pero no pudo impedir que al fin la llevaran. Tras un largo recorrido, camino hacia la residencia de Bodb, Aoife ordenó a sus escoltas que mataran a los hijos de Lir. Pero los escoltas no se animaron a hacerlo.
Siguieron viajando hasta llegar al lago Derryvaragh, y allí Aoife ordenó a los niños que se bañaran en el lago. En cuanto entraron en el agua, los convirtió en cisnes con su vara de druida. Fionnguala rogó a su madrastra que le quitara la maldición. Pero Aoife no se dejó convencer y le dijo a su sobrina que lo único que podía hacer era profetizarles cuándo terminaría el sortilegio. El hechizo era tan poderoso que ni Aoife sabía cómo anularlo. Les profetizó que pasarían 1200 años (300 en Derrivaragh, 300 en Escocia, 300 en Eris y 300 en Inishglory) hasta que pudiera romperse el hechizo. Una vez que pasara todo ese período, una mujer de Münster, en el sur, tendría que unirse con un hombre de Connacht, en el norte. Sólo esto último podría destruir el sortilegio por completo. Por suerte, Aoife, temiendo la ira de su esposo, les otorgó a las aves dotes que no poseen las aves comunes: la elocuencia y el canto.
Luego del sortilegio, Aoife siguió su viaje al palacio de Bodb, y cuando éste le preguntó dónde estaban sus nietos, le contestó que Lir ya no quería confiárselos. Indignado, Bodb le mandó mensajeros a Lir, y la traición de Aoife quedó al descubierto. Bodb tomó su vara de druida y transformó a Aoife en un demonio, condenándola a vagar para siempre.
Bobd y Lir fueron juntos al lago y allí encontraron cuatro cisnes, los más hermosos que jamás habían visto. Al verlos, los cisnes se pusieron a cantar. Su música mágica era tan dulce que todos los que la oyeron olvidaron sus penas, su rabia y su desesperación.
Durante trescientos años, la gente de toda Irlanda acudió a las orillas del lago Derryvaragh para ver a los cisnes encantados. Durante el día, los cisnes conversaban entre ellos, haciendo uso de sus dones de elocuencia y poesía. Por la noche, elevaban sus voces celestiales y cualquiera que los escuchara cantar caía en un sueño plácido y sereno. Cada trescientos años se exiliaban en los lugares que había profetizado Aoife para que pudiera alguna vez romperse el hechizo.
Para cuando finalizaban los trescientos años en Inishglory, el último lugar designado por su madrastra, San Mo Chaemoc había establecido su santuario en Inishglory. Un día, el santo escuchó un canto celestial. Preguntó a la gente del lugar de dónde venía esa melodía maravillosa, y así conoció la suerte de los hijos de Lir. Llamó a los cisnes y los unió por parejas con cadenas de plata.
Los cisnes se quedaron allí, con el santo. En su compañía olvidaron todos los sufrimientos y por fin llegó el momento en que se cumplió la profecía de Aoife: Lairgrin, rey de Conacht, se casó con Deoch, la hija del rey de Münster. Deoch se enteró de la existencia de los cis nes y los reclamó para ella. Pero cuando llegaron los emisarios, encontraron cuatro mortales envejecidos en lugar de cuatro cisnes cantores. Entonces Mo Chaemoc los bautizó y por fin pudieron morir y encontrar la paz en el cielo cristiano (vemos ya aquí el sincretismo religioso).


Ciclo del Ulster

Tiene lugar precisamente en Ulster, entre los años 100 a. C. y 100 d. C. La parte más importante del ciclo es El robo del ganado de Cooley, que conforma la literatura épica más antigua de Europa occidental.
La historia se inicia antes del nacimiento de Cristo, cuando un famoso rey llamado Conchobar Mac Nessa reinaba sobre el Ulster, desde la fortaleza de Emain Macha. Conchobar fue un rey justo, que trajo prosperidad a su pueblo. El ganado engordaba en los prados, las cosechas eran abundantes y los ríos rebosaban de peces.
El palacio real en Emain Macha se alzaba sobre una colina baja y era famoso por su lujo y sus espléndidos banquetes. Era un gran edificio circular, con tabiques de bronce y columnas talladas de tejo rojo, a causa de las cuales la llamaban «la casa de las ramas rojas». Tenía muchas habitaciones y espacio suficiente para recibir a todos los guerreros de Ulster. Allí se jugaba al ajedrez y a las damas; los bardos cantaban proezas heroicas y alabanzas al rey, acompañados por músicos que tocaban arpas y laúdes. Los guerreros se entretenían luchando en equilibrio sobre una cuerda tendida de puerta a puerta.
Una de las hermanas de Conchobar, Dechtire, desapareció misteriosamente durante tres años, con cincuenta de sus doncellas. A su regreso, trajo un hijo llamado Setanta, que había nacido en circunstancias misteriosas. Era hijo de Lugh Brazo Largo, de los Tuatha de Danann. Setanta se crió con su madre y su padre adoptivo en la gran casa de roble de la llanura de Murthemne. Setanta no era un chico común y corriente. A los seis años tenía la fuerza de un chico de doce.
Cuenta una de las leyendas que Culann, el herrero, había invitado al rey a su humilde morada. El herrero le había rogado a Conchobar que no llevara mucha gente, ya que él no era un hombre muy rico. Así, el rey decidió llevar a sus más allegados e invitó a Setanta, mientras éste estaba jugando al shinty. Como el joven estaba ganando el juego, le dijo a su tío que lo alcanzaría en el camino más tarde.
Conchobar y su séquito llegaron antes de lo previsto. Culann era un hombre muy celoso de su ganado y, para cuidarlo, tenía un perro tan feroz que hacían falta tres cadenas para detenerlo. Culann preguntó al rey si estaban todos los invitados y éste, olvidando a su sobrino, le respondió que sí. Luego, Culann soltó al perro para que vigilara el ganado de potenciales ladrones.
A media tarde llegó Setanta por el camino, golpeando distraídamente su pelota con el palo, sin darse cuenta de la presencia del perro. Dentro de la casa oyeron los ladridos. Entonces Conchobar se acordó de su sobrino. Todos se quedaron inmóviles, convencidos de que el chico estaba perdido. Afuera el perro se disponía a atacar al joven cuando éste le tiró la pelota con tal fuerza que le entró por la boca, le atravesó el cuerpo y le salió por el orificio opuesto. Todos felicitaron al joven menos Cu lann, que se limitó a lamentar la pérdida de su perro.
Setanta preguntó al dueño del perro fallecido si no tenía un cachorro. Culann respondió que sí. Y ante esta respuesta, Setanta prometió que entrenaría al cachorro y que él mismo vigilaría el ganado. Cathbad, el padre-druida de Conchobar, le dijo al joven que a partir de ese momento se llamaría, como el perro fallecido de Culann, Cu Chulainn. Así surgió el nombre de uno de los héroes más importantes de Irlanda.
Según mitos posteriores, Cu Chulainn era un mortal, separado de los demás por características curiosas y anormales; aunque humano, era como los héroes griegos, hijo de un dios. Los elementos insólitos de su aspecto eran que tenía siete pupilas en cada ojo, siete dedos en cada mano y siete dedos en cada pie. Sus mejillas estaban rayadas de color amarillo, verde azul y rojo; sus cabellos eran obscuros en la raíz, rojos en el medio y rubios en la punta. Iba cargado de adornos; cien sartas de joyas en la cabeza y cien broches de oro en el pecho. Este era su aspecto en tiempos de paz.
Cuando Cu Chulainn era poseído por el frenesí de la guerra, cambiaba completamente. Giraba dentro de su piel de modo que los pies y las rodillas le quedaban detrás y las pantorrillas y las nalgas le quedaban delante. Sus largos cabellos estaban erizados y cada uno ardía como una chispa de fuego; una llamarada surgía de su boca y de su cabeza brotaba un chorro de sangre negra. Un ojo le salía hasta la mejilla y el otro se retiraba dentro del cráneo; en su frente brillaba «la luna del héroe». Su frenesí era tan grande que tenían que sumergirlo en tres tinas de agua helada para retornarlo a la temperatura normal.
Cuenta la leyenda que Cathbad, el padre de Conchobar, estaba dando clases en la corte. Tenía más de cien estudiantes que aprendían las artes del druidismo. Un día, uno de ellos le preguntó qué augurios tenía para esa jornada. El druida le respondió que si ese día un guerrero tomaba sus armas por primera vez, se haría famoso por siempre pero su vida sería breve. Cu Chulainn lo oyó y fue directamente a Conchobar a pedirle sus armas. El rey le entregó al joven un escudo y una lanza. Pero eran demasiado frágiles para él y se rompieron en cuanto las probó. Lo mismo sucedió con las demás armas que se guardaban en el palacio. Solamente la espada y el escudo del rey resistieron la fuerza del joven.
Al ver que Cu Chulainn tenía tanta fuerza, el rey llamó a su padre para que le dijera si el joven tenía talento para la guerra. Cathbad comprendió que el augurio de ese día debía referirse a Cu Chulainn. Pero para estar seguro, decidió esperar a que se probara la fuerza del pequeño.
Cu Chulainn pidió al cochero, Ibar Mac Riangabra, que lo llevara a lo alto de una cumbre y le enseñase el país. En la cima de una montaña divisaron un fuerte, que pertenecía a tres hermanos que tenían un pleito de sangre con los hombres de Ulster. Antes de llegar al fuerte, se detuvieron a descansar en un valle. En ese momento, aparecieron tres hombres, que eran los hijos del dueño del fuerte. Como reconocieron los emblemas de las tierras de Ulster, les dijeron a los recién llegados que perecerían, porque uno de los hombres de Conchobar había matado a su padre en una reyerta.
Cu Chulainn, ante semejante amenaza, les dijo que ellos morirían en el intento de atacarlos. Los tres hermanos se rieron del niño y éste, encolerizado, los atacó. Uno a uno, los tres hermanos cayeron ante la espada de Cu Chulainn. Luego les cortó las cabezas y emprendió el regreso con Ibar. Se dice que Cu Chulainn tenía siete años cuando ocurrió ese hecho. También se dice que luego de esta experiencia, le agarró un frenesí guerrero que hizo que matara animales por placer.
Cuenta una leyenda que Cu Chulainn tenía tres virtudes que los otros guerreros envidiaban: era joven (sus enemigos se burlaban de él porque no tenía barba), era temerario y era excesivamente bello. Esto último irritaba sobremanera a los guerreros, pues tenían miedo de perder a sus mujeres. Así pues, siguiendo el consejo de aquéllos, el rey Conchobar trató de encontrar una novia para su sobrino, pero Cu Chulainn ya sabía qué novia quería: Emer, la hija de un poderoso caudillo llamado Forgall.
Emer tenía una hermosura que excedía lo corriente y poseía todas las gracias y virtudes que podían desearse de una mujer irlandesa. Según las costumbres de la época, Cu Chulainn tenía que conquistarla por la fuerza, y decidió hacerlo sin ayuda de nadie. Partió en su carro, vestido con sus mejores ropas, para que Emer pudiera verlo en todo su esplendor. Llevaba una túnica roja de cinco pliegues, ceñida con un broche de oro, y una blusa blanca, con capucha, con ribetes rojos entretejidos con oro. Portaba una espada con empuñadura dorada, una lanza roja con mango de madera y hoja brillante, y un escudo rojo con reborde de plata y grabados dorados que representaban animales.
Al llegar a la fortaleza del caudillo Forgall, encontró a Emer con sus hermanastras, que aprendían a coser. Cuando llegó hasta ella, las hermanastras los dejaron a solas. Cu Chulainn le habló a Emer de sus hazañas, de su infancia entre los héroes y druidas de Ulster, de su padre Lugh Brazo Largo, de los Tuatha de Danann. Y luego le propuso matrimonio.
La joven le respondió que sólo podían pretenderla aquellos que demostraran su valía con hazañas imposibles. Como Cu Chulainn estaba decidido, aceptó todas las condiciones que ella puso. No obstante, el padre de la muchacha no estaba muy a gusto con el joven que pretendía desposar a su hija. Para evitar la unión, Forgall fue al reino de Conchobar y se disfrazó de consejero real, logrando que enviaran a Cu Chulainn a Escocia. Allí vivían los feroces dioses y diosas de la guerra, que odiaban a los intrusos. Forgall estaba seguro de que Cu Chulainn nunca regresaría vivo.
Así, pues, el héroe fue a Escocia donde vivió muchos peligros de los que, sin embargo, salió airoso. Cuando llegó el momento de volver a Irlanda y reclamar a Emer, no había nadie en el mundo que pudiera superarlo, ya que la experiencia había aumentado su fuerza y destreza.
Forgall, al enterarse de que el joven hijo de Lugh estaba vivo, se encerró con los suyos en su fortaleza y Cu Chulainn se dispuso a atacarla. Saltó sus tres murallas, sin que nadie pudiera impedirlo. Una vez dentro, mató a veinticuatro de veintisiete hombres que lo enfrentaron. Los tres que escaparon eran los hermanos de su amada. Entonces Cu Chulainn tomó en sus brazos a Emer, recogió dos grandes bolsas de oro y plata, volvió a saltar las murallas y se alejó. Un enorme griterío se alzó de la fortaleza. Se inició una persecución, pero Cu Chulainn fue matando a todos sus perseguidores, camino del palacio de Conchobar. Se dice que Cu Chulainn la hizo su esposa y no se separaron mientras vivieron.


Emain Macha

En las colinas de Ulster vivía, con sus cuatro hijos, un noble llamado Crunnchu Mac Agnoman, viudo desde hacía mucho tiempo. Un día llegó a su casa una mujer elegante y hermosa. Sin decir una palabra, la mujer se puso a hacer todas las tareas domésticas. Luego atizó el fuego y se sentó a su lado. Por la tarde dio instrucciones a los criados y se sentó a cenar junto a Crunnchu. Cuando todo el mundo se retiró, ella apagó el fuego y se tendió junto a él, lo tomó de la mano y así se convirtió en su esposa. Macha y Crunnchu vivieron juntos y, gracias a los esfuerzos de ella, la prosperidad de ambos aumentó.
Muy pronto ella quedó embarazada. Por esa época se celebró un festival, al que Crunnchu asistió. También vino el rey con sus druidas y bardos. Hubo torneos, juegos y procesiones. Se decía que los caballos del rey eran los más rápidos del mundo. Pero Crunnchu, que había visto correr a su mujer más rápido que ellos, se lo comentó a uno de los cortesanos, quien a su vez se lo dijo al rey. Éste mandó llamar a Crunnchu y le pidió que su mujer demostrase tal habilidad. “El noble se negó y el rey lo apresó y envió mensajeros a Macha, diciéndole que para liberar a su esposo debía aceptar la prueba.
En un principio, Macha se negó. Le pidió al rey que tuviera piedad de su embarazo, pero el rey se negó. Ella terminó accediendo y se celebró la carrera. Macha se adelantó a los caballos sin dificultad. Llegó a la meta y, con un grito de agonía, dio a luz a dos gemelos antes que ninguno de los caballos llegara. Entonces Macha, con su último aliento los maldijo:
A partir de ahora, la vergüenza y el deshonor que me habéis provocado serán causa de vergüenza para todos vosotros. Cada vez que Ulster esté en peligro, os sentiréis tan débiles y tan indefensos como una mujer dando a luz. Y esta maldición durará nueve generaciones.

Y así fue. Las únicas personas a las que no afectaba esta debilidad eran las mujeres, los niños y Cu Chulainn, que era de otro lugar. A partir de entonces, el lugar se llamó Emain Macha: los gemelos de Macha.


Ciclo artúrico

Es el último de los grandes ciclos de la literatura celta, basado en la vida de un guerrero que dirigía una banda de escogidos, y que ayudaba a cualquier rey que necesitara de ellos para luchar contra los invasores sajones. Ya en el año 1090, las leyendas artúricas habían logrado amplia difusión. Es importante tener en cuenta que es una de las que tienen más elementos cristianos; por ejemplo, el Grial.


Nacimiento de Arturo

Uther Pendragon se enamora perdidamente de Igraine, esposa de su enemigo, el duque de Cornualles. Tal es su pasión que cae enfermo. Sus caballeros deciden pedirle ayuda a Merlín, puesto que consideran que sólo él puede curar al rey. El mago acepta, siempre y cuando el rey le conceda un pedido. Merlín, que sabe del padecimiento de Uther, le dice:

«Cuando te acuestes con Igraine, ésta concebirá un hijo. Cuando el niño nazca, me lo daréis para que yo lo críe».


El rey está de acuerdo. Esa misma noche el mago le promete que tendrá a Igraine, pero llevando la apariencia del duque, su esposo. El mismo Merlín lo acompañará. Casualmente esa noche, el duque muere en batalla. Mientras tanto, Uther llega con la forma del muerto, se acuesta con Igraine y a la mañana siguiente se marcha temprano. Poco después, Igraine se entera de la muerte de su esposo y se da cuenta de que ha dormido con un extraño, pero se guarda de comentarlo.



Muerto el duque, Uther propone a Igraine matrimonio, que ella acepta. Pronto se hace evidente que está embarazada. Igraine le confiesa la verdad de su embarazo a Uther quien, a su vez, le dice que él había sido el visitante y le revela su acuerdo con Merlín. Cuando Igraine da a luz, el niño es entregado al mago. Antes de morir, Uther designa a su hijo Arturo como su sucesor.

La espada en la piedra

Durante mucho tiempo, Arturo vivió con su padre adoptivo, sir Héctor. Aunque su padre verdadero lo había nombrado heredero, nadie sabía dónde estaba. Esta ausencia de sucesor trajo una serie de luchas por el poder entre los nobles. Merlín aconsejó al arzobispo de Canterbury que propusiera a todos los nobles y caballeros ir a Londres en Navidad. Allí, un milagro revelaría al legítimo rey.
Todos los hombres importantes acudieron. El día de Navidad asistieron a la iglesia y, al salir, vieron una gran piedra de mármol. En el centro de la piedra había un yunque de acero; en el yunque estaba clavada, hasta el puño, una espada. Alrededor de la espada aparecía la leyenda: «Quien saque esta espada de la piedra y el yunque será el legítimo rey de toda Inglaterra».
Como era previsible, los caballeros intentaron desclavar la espada, pero todo fue inútil. Se decidió que intentarían arrancarla por turnos. Para asegurarse de que todos permanecerían reunidos hasta que apareciera el rey, se acordó celebrar un gran torneo el día de Año Nuevo.
A este torneo también acudió Sir Héctor con su hijo Cei, recién armado caballero; Arturo era su escudero. Al dirigirse a la justa, Cei notó que había olvidado su espada. Arturo, su escudero, decide darle a su hermanastro la espada que vio en la iglesia. Tomó la espada por la empuñadura, tiró de ella y la espada salió del yunque con toda facilidad. Entonces se la llevó a Cei, quien reconoció el arma encantada. Así identificaron a Arturo como el heredero de Uther.
Doce días después, se volvieron a reunir todos los caballeros para verificar la prueba. Nuevamente Arturo fue el único capaz de sacar la espada. Fue necesario repetir la prueba tres veces para que los caballeros lo reconocieran como rey. Y en ese momento Merlín contó a todos la verdad.

Excalibur

Al convertirse en rey, Arturo salió a inspeccionar su reino con Merlín. En ese viaje, Arturo es herido y Merlín lo lleva con un experto curandero, que en tres días cura sus heridas. Cuando parten de allí, Arturo ve que ha olvidado su espada. Merlín le promete otra mejor. Poco después llegan a las orillas de un lago de aguas cristalinas. Saliendo de las aguas se ve un brazo que empuña una magnifica espada. Cuando se acercan a la orilla, una hermosa mujer sale de las aguas. Es la Dama del Lago, que acepta darle la espada Excalibur a Arturo a cambio de un regalo, que le pedirá a su tiempo.

La Mesa Redonda

Cuando Arturo se casó con Ginebra, ésta trajo como parte de su dote una enorme mesa redonda de madera, tan grande que podían sentarse a ella ciento cincuenta caballeros. Debido a su forma, nadie ocupaba un sitio preferente. Todos tenían un lugar equitativo.
De todas las aventuras de los caballeros, sin duda la más importante fue la búsqueda del Santo Grial, el Cáliz que Jesús usara en la Ultima Cena. Una noche, el rey y sus caballeros, sentados alrededor de la mesa, oyeron un gran trueno que hizo temblar el palacio. En mitad del estruendo, un rayo de sol penetró en el lugar. Al mirase unos a otros se encontraron más atractivos que nunca, quedando enmudecidos por el asombro.
Entonces, manos invisibles trajeron una copa envuelta en seda blanca. Un aroma dulce se expandió por la sala, y todos vieron aparecer sobre la mesa su comida y su bebida favorita. La copa se movió por la habitación y desapareció tan repentinamente como había aparecido. El rey dio gracias a Dios por enviarles aquella visión. Entonces juraron que partirían en busca del Santo Grial.
En el momento de la partida, Arturo se entristeció porque muchos morirían. Toda la corte quedó apesadumbrada. La visión motivó una larga y difícil búsqueda, en la que casi todos los famosos caballeros fueron derrotados. Finalmente, sólo Sir Galahad, hijo de Sir Lancelot, encontró el Grial. Pero no volvió a la corte para contarlo.

Muerte de Arturo

El reino de Arturo había prosperado, al punto que el rey derrotó también a los sajones. Pero la reina Ginebra, quien no era una casta doncella, estaba perdidamente enamorada de Sir Lancelot. Mordred, hijo de Arturo y su hermana Morgana, difundió los rumores. Arturo instigó a doce caballeros para que dieran muerte a su amigo, Sir Lancelot, quien sin embargo los venció. Así, ese amor oculto acabó por hacerse público. Arturo ordenó arrestar a su amigo y someter a Ginebra a juicio por adulterio.
Sir Lancelot escapó y Ginebra fue condenada a ser quemada viva. Cuando estaba en la hoguera, Lancelot la rescató, pero muchos murieron en la refriega. Arturo los persiguió, dejando el reino al cuidado de su hijo Mordred.
Durante casi un año Arturo asedió el castillo de Lancelot. El caballero, que aún amaba a su rey, trató de evitar la batalla. Entonces renunció a Ginebra y huyó a Francia, pero el rey siguió persiguiéndolo.
Durante la ausencia de su padre, Mordred había presentado cartas falsas en las que se decía que Arturo había muerto en Francia. Con ese pretexto, había convocado al Parlamento y se había hecho coronar rey, reclamando además la mano de Ginebra. Arturo regresó y se entablaron duras batallas entre padre e hijo.
Una noche, antes de un combate, el rey tuvo una visión en la que le dijeron que si al día siguiente luchaba contra su hijo, moriría. Para evitar esto, estableció una tregua y pidió una entrevista con Mordred, que debía celebrarse en el espacio libre entre los dos ejércitos. Ambos se entrevistaron ante la mirada lejana y nerviosa de los guerreros. Los dos grupos se recelaban mutuamente.
Padre e hijo comenzaron a parlamentar. Mordred se conformaba con los ducados de Kent y Cornualles, a condición de ser el sucesor a la muerte de Arturo. El rey accedió y parecía que se iba a firmar la paz. Cuando estaban brindando por ello, una víbora salió reptando de los arbustos y mordió a uno de los caballeros en el pie. Automáticamente, el caballero sacó su espada para matarla. En cuanto vieron el brillo del metal, los dos ejércitos comenzaron la lucha.
La batalla duró todo un día y murieron cien mil hombres. Al anochecer, sólo quedaban vivos en el bando de Arturo él y algunos de sus hombres, que encontraron a Mordred apoyado en su espada, entre un montón de cadáveres. Mordred corrió al encuentro de su padre y éste hundió su lanza en el cuerpo del hijo.
Sintiéndose herido de muerte, Mordred golpeó con sus últimas fuerzas el cráneo de Arturo, abriéndole la cabeza. El único caballero superviviente llevó al rey fuera del campo de batalla. Hablándole con gran esfuerzo, Arturo le ordenó que llevara la espada Excalibur al lago y la arrojara en él.
Al ver la magnífica espada, el caballero no quiso devolverla y la escondió entre las plantas de la orilla del lago. Cuando Arturo preguntó al caballero qué había sucedido cuando la arrojó al agua, éste no le respondió. El rey se dio cuenta de que su caballero mentía y le ordenó que obedeciese al pie de la letra sus órdenes. El caballero devolvió la espada al lago e, inmediatamente, una mano salió del agua y tomó a Excalibur en el aire, blandiéndola tres veces antes de hacerla desaparecer de la superficie.
La Dama del Lago le reclamó al caballero el regalo antaño prometido por el rey: lo que quería era llevarse a Arturo sobre sus aguas. El caballero regresó por su señor y lo llevó a la orilla del lago. Allí, esperándolo, había una barcaza ocupada por tres reinas y sus doncellas, todas llorando por las terribles heridas del rey. El caballero subió al rey a la barcaza y ésta se alejó.
Arturo partió para Avalon a curarse sus heridas. Hay quien dice que Arturo sigue durmiendo mientras sus heridas se curan, esperando el momento de regresar a nuestro mundo.
"Esté donde esté, si su país se encuentra en peligro, el rey Arturo regresará.”


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