lunes, 13 de octubre de 2014

LOS DIOSES CELTAS

No es muy propio hablar de dioses celtas en general, como acostumbramos mencionar a los dioses griegos o romanos. Los celtas constituían una cultura mixta, al conquistar territorios y yuxtaponer sus propias creencias a las locales, a las de los pueblos conquistados. Así veremos que los celtas galos se caracterizan por su ausencia de ciclos míticos, en tanto que los irlandeses poseen uno de los más ricos de toda Europa.
Dada la vastedad territorial que ocuparon, su panteón resulta numerosísimo, pues dioses y héroes variaban de un pueblo a otro. Por estas razones, que ya mencionamos en el capítulo anterior, haremos hincapié en el panteón celta insular, ya que es considerado no sólo el más rico sino también el original.

Dioses del panteón irlandés

Para interpretar el carácter de estos dioses, recapitulemos primero algunos elementos propios del mundo celta:

  • Amplia expansión territorial y sincretismo. Idiosincrasia belicosa.
  • Fanático sentido de independencia.
La suma de estos elementos dio como resultado que su panteón fuera uno de los más complejos que se conocen. Los dioses variaban de una región a otra o al menos recibían distintos nombres. Debido a esto, existen docenas de nombres de dioses y diosas del mundo celta, llegados a nosotros a través de diversas fuentes como, por ejemplo, las talladas en piedras.
Básicamente, el universo celta se dividía en niveles; el del común de los mortales, el de los héroes y el de los dioses. Creían en la reencarnación. No hay pruebas en los ciclos míticos de que hubiera algo parecido a la noción de cielo, ni hay rastro de ello en las fuentes históricas. A lo sumo, por lo que sabemos de las enseñanzas druídicas, existía una especie de inframundo en el que pasaban las almas el tiempo entre una encarnación y otra.
Si bien más adelante volveremos sobre las creencias religiosas en general (ver Capítulo IX), por ahora tomamos el panteón irlandés por ser éste el más completo y popular. Y porque las otras culturas se basaron en él.
Es honesto (como deberían serlo cuantos escriben sobre este misterioso pueblo) reiterar que gran parte de lo que sabemos está cimentado en fuentes romanas, pues los celtas no dejaron orgánicamente fuentes escritas. Todo su conocimiento lo transmitían de manera oral, lo consideraban sagrado y no deseaban que cayera en manos impías. Por lo tanto, sus creencias han llegado a nosotros de manera muy vaga.
Los relatos irlandeses contienen los datos más antiguos que se conocen sobre mitología celta. Aunque, en principio, parecen estar relacionados sólo con Irlanda, los dioses que aparecen allí pertenecerán luego a las creencias de todos los celtas.
Se considera que los Fir bolgs (ver Capítulo III), habitantes de Irlanda por la segunda ola conquistadora desde Grecia, derrotados y expulsados a las Islas Occidentales por los Tuatha de Danann —los hijos de Danu—, se convirtieron en hadas por necesidad, ya que se vieron obligados a refugiarse bajo las colinas herbosas. Pudieron hacerlo porque los Fir bolgs eran grandes maestros de magia.
Lo mismo ocurrió luego con los vencedores, que fueron llamados por el pueblo Daoine Sidhe —hijos de Danann que habitan en montículos mágicos—. Ellos constituyeron el pueblo feérico de Irlanda.

Los hijos de los Tuatha de Danann, que tenían sangre divina, se convirtieron primero en héroes y luego en hadas.
Estos hijos de Danann, que eran altos y hermosos, con el correr del tiempo fueron disminuyendo gradualmente de tamaño hasta convertirse en un pueblo de gente diminuta. Eran auténticos héroes mágicos que vivían como los caballeros de las viejas épocas; montaban a caballo, cazaban, bailaban y eran grandes amantes de la música y el canto.

Danu: predecesora de los Tuatha, estaba considerada como la diosa madre de la que descendían todos los demás. Es la diosa más antigua del panteón celta. El varón era importante en la antigua sociedad celta, pero la diosa madre parece haber sido la deidad dominante. Era la madre divina de toda la tribu, y si recibía la debida adoración, hacia florecer la tierra y traía prosperidad y paz al pueblo.



Aiffe: era la diosa guerrera de la Isla de las Tinieblas. Dirigía una escuela de guerreros a la que asistió en su juventud Chulainn (veremos más adelante sus hazañas), quien luchó con Aiffe y la venció. Aun así, ella se enamoró de él y le dio un hijo, Connla. Se la evoca como protección contra ataques y agresiones. También como fuente de conocimiento y de inspiración para transmitirlos.



Airmid: hija del dios de la medicina, Diancecht. Fue la que implantó a Nuada una mano de plata, célebre porque le permitía manejar su espada como una mano normal. Esto suscitó la ira de su padre Diancecht, que se sintió superado por esta hazaña de su hija. Amenazada de muerte por el padre, huyó de su lado porque éste ya había matado a uno de sus hijos, por envidia de sus habilidades curativas. Se la invocaba para ayuda general en las artes mágicas orientadas hacia la sanación; en la herboristería; y es por supuesto la diosa de los plateros. Sus símbolos son el caduceo, los brazaletes de plata y el romero.



Ayne: es la diosa irlandesa de los ganados; también lo es del sol y del fuego. Se la asocia con la festividad de Randaghadh; en ella se celebran procesiones con antorchas en honor de Ayne, agitando las llamas sobre los campos sembrados para asegurar una buena cosecha. Se dice que esta diosa fue raptada y violada por Ailill Ollum, un rey al que luego ella misma destruye con sus artes mágicas. Ayne se impuso una regla por la cual se obligaba a no dormir jamás con un hombre de cabellos canos. Pero cuando se enamoró del joven Finn MacCumhall, su celosa hermana engañó al guerrero llevándolo a un lago encantado que encaneció sus cabellos. Ayne vio a su amado con los cabellos blancos como la nieve pero, a pesar de su enorme pena, mantuvo su promesa y no se acostó con él. También es Ayne una diosa lunar menor. Se la invoca como protectora de las mujeres y rectora de las hadas conocidas como Dinshenchas. Su símbolo es el fuego, especialmente de madera de nogal o avellano.



Dagda: deidad pancelta. Tenía diverso nombre en cada lugar. Deriva de Dagdevos (que significa «deidad múltiple o polifacética»). Es el omnipotente dios de los druidas y druida él mismo es el señor de la sabiduría.
Es el dios absoluto; guerrero, artesano, agricultor. Druida supremo, posee un caldero mágico en el que puede revivir a los guerreros muertos en batalla. Posee además un arpa mágica y maneja la rueda de la vida. Trajo del mundo superior la piedra del destino y la espada de Nuada. Poseía cuatro palacios en las profundidades de la tierra y bajo las colinas huecas, y donó dos a dos de sus hijos. Le dio uno a Lug, y otro a Ogme. Se guardó dos para sí, el principal de los cuales era muy grande y estaba lleno de maravillas. Pero su hijo Angus se lo arrebató, ofendido porque había quedado excluido del reparto. Cuenta la leyenda que Angus se lo pidió prestado por un día y una noche. Cuando terminó ese plazo, Angus dijo que su padre se lo había dado para siempre, porque todo el tiempo consistía en un solo día y una sola noche, que se sucedían una al otro eternamente. Dagda debió entregárselo, pues aunque era el dios supremo, podía ser vencido por la astucia. También era padre de Badb, diosa celta de la guerra; Brigit, diosa del fuego y de la poesía; Ogma, dios de la literatura y de la fuerza; y Donn, dios de los muertos.




Angus MacOgg: Angus es el arpista de los Tuatha de Dañan. Hijo de Dagda, su nombre significa el hijo de la virgen, en sentido laico. Es el dios del amor, la juventud y la belleza.



Badb: se la asimila con frecuencia a la faceta de la ira, en la temible y malévola trinidad llamada Morrigan. Su arquetipo es una diosa guerrera; se encuentra asociada con la muerte, la destrucción y la guerra. Algunos la asimilan con la letal hada irlandesa Bean shide (en inglés Banshee), la cual solía aparecer donde alguien estaba próximo a morir. Hermana gemela de la irlandesa Ernmas, se la conoce también como la encargada del Caldero de la Muerte del mundo inferior, en el cual se funden las almas humanas después de la muerte y antes de la resurrección. Cuenta la leyenda que será la responsable de provocar la destrucción del período terrestre del ser humano cuando vierta el caldero que convertirá al planeta terrestre en un desierto estéril y deshabitado. Era invocada para fortalecer los contactos espirituales y conocer las vidas pasadas. Se dice que su invocación permite también conocer, a quienes lo deseen realmente, la fecha y hora exacta de su muerte. Sus símbolos son el cuervo, la guadaña y el báculo.



Balor: era un cíclope. Su vida y reinado dependían de que mantuviera cerrado su ojo, ya que con él podía matar a cualquier ser vivo que mirara. Esto era el resultado de una maldición que le arrojó su padre cuando era niño, por espiar en su cuarto de magia. Según la leyenda, Balor se trabó en combate con su nieto, Lugh, quien le arrojó con su honda una piedra que hizo que el único ojo, atravesando la nuca, volara hasta el cielo.



Bean-Bha: no se tiene mucha información de esta diosa guerrera, excepto que protegió a la isla Erin de los invasores. Forma parte de la trilogía de diosas irlandesas, junto con Eire y Fothla. Bean Bha constituye el aspecto terrenal de las tres. Según la tradición, fue una famosa hechicera. En los rituales era invocada para intensificar las cualidades de liderazgo en las batallas, mantener la tradición y ayudar en las artes mágicas humanas.



Brigit o Brid: era tan amada y popular que la Iglesia no pudo desterrarla; entonces acabó convirtiéndola en Santa Brígida de Irlanda. Era una poetisa y, por lo tanto, los poetas la adoraban. Era además sanadora. Un lado de su cara era feo pero el otro era muy bello. El significado de su nombre era Flecha de Fuego.



Diancecht: patrono de la medicina. Amaba a sus dos hijos, Airmid y Miach, hasta que éstos lo superaron. El dios, irritado, mandó matar a Miach, mientras que Airmid huía. En la tumba de Miach crecieron hierbas medicinales que, se decía, curaban todas la enfermedades. Airmid las clasificó según sus propiedades curativas. Su padre nuevamente envidioso las desordenó; por eso hoy no se pueden curar todas las enfermedades.



Eire: ha sido el nombre de Irlanda desde siempre. Se la consideraba protectora de la isla Esmeralda. Hija de Dagda y Delbaeth, la magia de Eire es muy poderosa. Arroja hacia sus enemigos bolas de barro, que caen transformadas en cientos de guerreros luego de tocar el cielo. Es la esposa de MacGreine y su nombre significa «hija del sol». Se invoca por sus cualidades de liderazgo y en recuerdo de las tradiciones. Sus atributos son el arpa y el trébol.
Goibnyu: el herrero, equivalente al Vulcano romano. Es parte de la trilogía masculina formada además por Luchtayne, el joyero, y Credne, el calderero. Eran los encargados de construir armas mágicas: lanzas que no podían fallar, espadas que atravesaban el metal, escudos impenetrables. En cada herrería se mantenía un fuego permanentemente encendido en su honor. Su símbolo es el yunque y se lo invoca para estimular la actividad en las artesanías y perfeccionar la creación de artículos mágicos.



Lugh, Brazo Largo: nieto de Balor. Tenía muchas habilidades (carpintero, guerrero, hechicero, poeta…), por eso fue aceptado entre los Tuatha. Recordemos que le atravesó la cabeza a Balor y le sacó el ojo por la nuca.



Luchtayne: integra el mencionado tríptico de dioses artesanos. Se lo invoca para solicitar creatividad en la confección de las herramientas mágicas. Su símbolo es el tridente.



Morrigan: diosa guerrera. Forma la trilogía de la guerra junto con Nemand y Macha. Es la más importante de las tres. Son la forma tripartita de Badb. Nemand confunde a los ejércitos del enemigo, haciendo que guerreen por error entre sí; Macha goza con la matanza indiscriminada y Morrigan es la que infunde fuerzas y valor sobrenaturales a los héroes.



Nuada: su epíteto característico es Brazo de Plata (recordemos: el que le hizo Airmid). Primer rey de los Tuatha de Danann y dios guerrero. Poseía la Espada Infalible.




Ogma: dios de la literatura y de la fuerza. Uno de los hijos de Dagda, a quien éste dio uno de sus Montículos.



Éstos son los principales dioses irlandeses. Vemos que no eran ajenos a la envidia, la cólera, la venganza, ni inmunes a los engaños. Todo este mundo resulta, en primera instancia, impenetrable. Pero luego nos atrapa su extraña belleza. Lo extraño deriva de haber sido producto de un pueblo de fiera belicosidad, pero que confirió a sus deidades un sugestivo halo mágico. Esto se verifica también en sus leyendas, que inmediatamente trataremos.


La vida cotidiana

Las tribus celtas vivían en zonas geográficas tan diferentes que la vida cotidiana no se puede generalizar en absoluto. Pero arqueológicamente se demuestran ciertos rasgos comunes. Vivían en fortalezas en las colinas, o en casas fortificadas en las llanuras. Las casas podían ser muy grandes; eran circulares, con tejados de paja en forma de cúpula. En el continente había casas ovaladas o cuadradas, pero en Inglaterra e Irlanda solían ser redondeadas. Tenían una chimenea que atravesaba el tejado de paja y que permitía encender un fuego central. Un gran caldero colgaba siempre sobre el mismo.
Hacían pan en hornos o en planchas y también tenían agujeros en el suelo para co cinar animales enteros. Las clases más altas bebían leche, corma (cerveza hecha con trigo y miel), hidromiel y vino. Las comidas favoritas, engullidas con los dedos, tenían como base el cerdo y adoraban el salmón con miel. Hacían quesos y, como todo pueblo cercano a la naturaleza, usaban hierbas para condimentar y como medicinas.
Aunque sus lugares de residencia no eran lujosos, los mediterráneos los consideraban un pueblo jactancioso. Para ellos era más importante el adorno que llevaban encima que las viviendas. Su principal lujo eran sus cabellos; los que no eran rubios se los decoloraban con cal y los adornaban con cuentas de oro.
Sus armas ornamentales eran muy elaboradas con joyas y oro. El oro era más abundante en las islas; en el continente, la plata. Las ropas de los más poderosos también eran decoradas con hilos y ribetes de oro y gran variedad de cuadros y rayas.
La arqueología confirma lo que figura en las leyendas. Si bien guerreaban sólo ataviados con un collar (los romanos se impresionaban por su desnudez y el infernal sonido de las gaitas), solían llevar capas cuya longitud indicaba el rango del portador. El mencionado collar se denominaba torques y, de acuerdo a quien lo portara, era de oro, plata o bronce.
Así como su principal interés era el combate, no desdeñaban el escuchar música, el reunirse en auditorios de poesías y narraciones. De allí su importante historia mítica oral. Amaban los banquetes tanto como la guerra.
Se apasionaban por los juegos de tablero como el fidchell, algo parecido al ajedrez pero jugado con estacas de madera.

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