lunes, 20 de octubre de 2014

LEYENDAS: EL DIABLO DE VISITA (MEXICO, GUANAJUATO)

Fue en el vecino mineral de San Juan de Rayas, descubierto en el año de 1550, y aún sigue dando las bonanzas de Valenciana. Primeramente, de 1760 a 1815 posteriormente hasta los tiempos actuales.

El relato trata de un niño de precoz inteligencia y de intachable conducta. Hijo de rica familia que resolvió al seminario con la idea, justa por cierto,  de que realizara severos estudios. Pasó, pues nuestro personaje, a la ciudad de Morelia, capital del Estado de Michoacán.

Una vez ordenado sacerdote y de regreso al hogar paterno, cumpliendo devotamente con todos los deberes de su ministerio. Este joven sacerdote, se convirtió tiempo después en el historiador Don Lucio Marmolejo, se inscribió en el Colegio de la Purisima, actualmente Universidad para  estudiar la carrera de Derecho.
Naturalmente dejo la sotana y su corte circunspecto, para lucir la chistera y la levita, prendas masculinas propias de aquellos tiempos.
Terminada la profesión se dedico empeñoso a la aplicación de las leyes —!Sorpresa¡— descolló en los lindes de la política, pues si anteriormente había sido buen predicador, ahora era un notable orador.
Sin embargo, ¿que es lo que acontecía en el interior de Lucio? ¿Que luchas había en su espíritu o que inquietudes dominaban su vida? Lo cierto es que, de pronto,  viene en él otro cambio y lo vemos nuevamente en la Iglesia de San Juan de Rayas.
Aclaremos que el mineral de Rayas fue descubierto allá por mediados del siglo XVI y que el hallazgo de la veta se debió  aun arriero llamado Juan de Raya, y que cuando llegó a su mayor apogeo, paso a ser propiedad de Sardaneta y Legaspi, tercer Masqués de Rayas, dueño que fue del inmenso tesoro.


Entonces fue cuando se construyó el hermoso templo que lleva el mismo nombre. Templo éste por cierto, que víctima de la incurría y el abandono hubiera desaparecido, de no ser por que un grupo  de caballeros, ya en nuestro tiempo, costeó la fachada y torrecilla fueran trasladados a la capital y empotrados en el llamado templo de Pardo, donde son un verdadero recreo para la vista del visitante.

Una tarde de ejercicios se presentó en la casa de ejercicios de encierro un sujeto de porte misterioso inquiriendo por el sacerdote. Le dijeron que no podía atenderle por hallarse en un retiro. Sin embargo ante la tenacidad del visitante el padre  Lucio se vio abrigado a recibir al misterioso sujeto.
era un hombre corpulento, correctamente vestido, un caballero por lo menos en apariencia.

Dirigiéndose al sacerdote le dijo — he aquí otra sorpresa , quizás la mayor—:  Acompáñame a una fiesta que se da en Guanajuato, habrá baile, bebida, mujeres y toda clase de diversiones.
El padre Lucio, quedó mas que sorprendido, estupefacto, pero rehaciendo el ánimo contesto: Si para esto usted me mandó llamar, ya puede retirarse, de ningún modo podría aceptar tal invitación; y sin mas le dio la espalda.
Como no pudo evitarse que los demás ejercitantes se dieran cuenta de la extraña visita, su sorpresa no tuvo límites al ver que el padre se retiraba, pero  no así el extraño personaje,  que ante sus ojos se hizo invisible , con la siguiente  sorpresa y temor para rodios los presentes. 

Mas tarde vinieron  los comentarios: Era el diablo en persona, decían unos, que quería  llevarse al padre Lucio.

Cierto o no, el elegante caballero desapareció ante los ojos atónitos de quienes presenciaron  este hecho que se antoja increíble y sobrenatural.

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