martes, 28 de octubre de 2014

El altar de muertos: origen y significado en México

 Através de la historia del hombre, el culto a los muertos se ha manifestado en diferentes culturas de Europa y Asia, como la china, la árabe o la egipcia, pero en las culturas prehispánicas del continente americano no ha sido de menor importancia; así, la visión y la iconografía sobre la muerte en nuestro país son notables debido a ciertas características especiales, como el sentido solemne, festivo, jocoso y religioso que se ha dado a este culto, el cual pervive hasta nuestros días.
La muerte es un personaje omnipresente en el arte mexicano con una riquísima variedad representativa: desde diosa, protagonista de cuentos y leyendas, personaje crítico de la sociedad, hasta invitada sonriente a nuestra mesa.
En México, las culturas indígenas concebían a la muerte como una unidad dialéctica: el binomio vida-muerte, lo que hacía que la muerte conviviera en todas las manifestaciones de su cultura. Que su símbolo o glifo apareciera por doquier, que se le invocara en todo momento y que se representara en una sola figura, es lo que ha hecho que su celebración siga viva en el tiempo.
Es así, una ardua tarea entender la muerte y su significado, labor que abarca momentos de innumerables reflexiones, rituales y ceremonias de diversa índole, lo que ha erigido el máximo símbolo plástico de la representación de esta festividad: el altar de muertos. Dicha representación es quizá la tradición más importante de la cultura popular mexicana y una de las más conocidas internacionalmente; incluso es considerada y protegida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

Para conocer más acerca de la festividad del Día de Muertos y el significado que tiene hoy el altar, es necesario echar una vista atrás a la historia, hacia las épocas prehispánica y colonial, para tener un panorama más amplio de su significado.

La época prehispánica

Los orígenes de la tradición del Día de Muertos son anteriores a la llegada de los españoles, quienes tenían una concepción unitaria del alma, concepción que les impidió entender el que los indígenas atribuyeran a cada individuo varias entidades anímicas y que cada una de ellas tuviera al morir un destino diferente.
Dentro de la visión prehispánica, el acto de morir era el comienzo de un viaje hacia el Mictlán, el reino de los muertos descarnados o inframundo, también llamado Xiomoayan, término que los españoles tradujeron como infierno. Este viaje duraba cuatro días. Al llegar a su destino, el viajero ofrecía obsequios a los señores del Mictlán: Mictlantecuhtli (señor de los muertos) y su compañera Mictecacíhuatl (señora de los moradores del recinto de los muertos). Estos lo enviaban a una de nueve regiones, donde el muerto permanecía un periodo de prueba de cuatro años antes de continuar su vida en el Mictlán y llegar así al último piso, que era el lugar de su eterno reposo, denominado “obsidiana de los muertos”.
Gráficamente, la idea de la muerte como un ser descarnado siempre estuvo presente en la cosmovisión prehispánica, de lo que hay registros en las etnias totonaca, nahua, mexica y maya, entre otras. En esta época era común la práctica de conservar los cráneos como trofeos y mostrarlos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento. El festival que se convirtió en el Día de Muertos se conmemoraba en el noveno mes del calendario solar mexicano, iniciando en agosto y celebrándose durante todo el mes.
Para los indígenas la muerte no tenía la connotación moral de la religión católica, en la cual la idea de infierno o paraíso significa castigo o premio; los antiguos mexicanos creían que el destino del alma del muerto estaba determinado por el tipo de muerte que había tenido y su comportamiento en vida. Por citar algunos ejemplos, las almas de los que morían en circunstancias relacionadas con el agua se dirigían al Tlalocan, o paraíso de Tláloc; los muertos en combate, los cautivos sacrificados y las mujeres muertas durante al parto llegaban al Omeyocan, paraíso del Sol, presidido por Huitzilopochtli, el dios de la guerra. El Mictlán estaba destinado a los que morían de muerte natural. Los niños muertos tenían un lugar especial llamado Chichihuacuauhco, donde se encontraba un árbol de cuyas ramas goteaba leche para que se alimentaran.
Los entierros prehispánicos eran acompañados por dos tipos de objetos: los que en vida habían sido utilizados por el muerto, y los que podía necesitar en su tránsito al inframundo.

La época colonial

En el siglo XVI, tras la Conquista, se introduce a México el terror a la muerte y al infierno con la divulgación del cristianismo, por lo que en esta época se observa una mezcla de creencias del Viejo y el Nuevo Mundo. Así, la Colonia fue una época de sincretismo donde los esfuerzos de la evangelización cristiana tuvieron que ceder ante la fuerza de muchas creencias indígenas, dando como resultado un catolicismo muy propio de las Américas, caracterizado por una mezcla de las religiones prehispánicas y la religión católica. En esta época se comenzó a celebrar el Día de los Fieles Difuntos, cuando se veneraban restos de santos europeos y asiáticos recibidos en el Puerto de Veracruz y transportados a diferentes destinos, en ceremonias acompañadas por arcos de flores, oraciones, procesiones y bendiciones de los restos en las iglesias y con reliquias de pan de azúcar –antecesores de nuestras calaveras– y el llamado “pan de muerto”.

La época actual

El sincretismo entre las costumbres españolas e indígenas originó lo que es hoy la fiesta del Día de Muertos. Al ser México un país pluricultural y pluriétnico, tal celebración no tiene un carácter homogéneo, sino que va añadiendo diferentes significados y evocaciones según el pueblo indígena o grupo social que la practique, construyendo así, más que una festividad cristiana, una celebración que es resultado de la mezcla de la cultura prehispánica con la religión católica, por lo que nuestro pueblo ha logrado mantener vivas sus antiguas tradiciones.
La fiesta de Día de Muertos se realiza el 31 de octubre y el 1 y 2 de noviembre, días señalados por la Iglesia católica para celebrar la memoria de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos. Desde luego, la esencia más pura de estas fiestas se observa en las comunidades indígenas y rurales, donde se tiene la creencia de que las ánimas de los difuntos regresan esas noches para disfrutar los platillos y flores que sus parientes les ofrecen.
Las ánimas llegan en forma ordenada. A los que tuvieron la mala fortuna de morir un mes antes de la celebración no se les pone ofrenda, pues se considera que no tuvieron tiempo de pedir permiso para acudir a la celebración, por lo que sirven solamente como ayudantes de otras ánimas. El 28 de octubre se destina a los muertos que fueron asesinados con violencia, de manera trágica; el 30 y 31 de octubre son días dedicados a los niños que murieron sin haber sido bautizados (limbitos) y a los más pequeños, respectivamente; el 1 de noviembre, o Día de Todos los Santos, es la celebración de todos aquellos que llevaron una vida ejemplar, celebrándose igualmente a los niños. El día 2, en cambio, es el llamado Día de los Muertos, la máxima festividad de su tipo en nuestro país, celebración que comienza desde la madrugada con el tañido de las campanas de las iglesias y la práctica de ciertos ritos, como adornar las tumbas y hacer altares sobre las lápidas, los que tienen un gran significado para las familias porque se piensa que ayudan a conducir a las ánimas y a transitar por un buen camino tras la muerte.

El altar de muertos
Como ya comentamos, el altar es la representación iconoplástica de la visión que todo un pueblo tiene sobre el tema de la muerte, y de cómo en la alegoría conduce en su significado a distintos temas implícitos y los representa en forma armónica dentro de un solo enunciado.
El altar de muertos es un elemento fundamental en la celebración del Día de Muertos. Los deudos tienen la creencia de que el espíritu de sus difuntos regresa del mundo de los muertos para convivir con la familia ese día, y así consolarlos y confortarlos por la pérdida.
El altar, como elemento tangible de tal sincretismo, se conforma de la siguiente manera. Se coloca en una habitación, sobre una mesa o repisa cuyos niveles representan los estratos de la existencia. Los más comunes son los altares de dos niveles, que representan el cielo y la tierra; en cambio, los altares de tres niveles añaden a esta visión el concepto del purgatorio. A su vez, en un altar de siete niveles se simbolizan los pasos necesarios para llegar al cielo y así poder descan- sar en paz. Este es considerado como el altar tradicional por excelencia. En su elaboración se deben considerar ciertos elementos básicos. Cada uno de los escalones se forra en tela negra y blanca y tienen un significado distinto.

En el primer escalón va colocada la imagen de un santo del cual se sea devoto. El segundo se destina a las ánimas del purgatorio; es útil porque por medio de él el alma del difunto obtiene el permiso para salir de ese lugar en caso de encontrarse ahí. En el tercer escalón se coloca la sal, que simboliza la purificación del espíritu para los niños del purgatorio. En el cuarto, el personaje principal es otro elemento central de la festividad del Día de Muertos: el pan, que se ofrece como alimento a las ánimas que por ahí transitan. En el quinto se coloca el alimento y las frutas preferidas del difunto. En el sexto escalón se ponen las fotografías de las personas ya fallecidas y a las cuales se recuerda por medio del altar.
Por último, en el séptimo escalón se coloca una cruz formada por semillas o frutas, como el tejocote y la lima.

Las ofrendas y su significado
Las ofrendas deben contener una serie de elementos y símbolos que inviten al espíritu a viajar desde el mundo de los muertos para que conviva ese día con sus deudos.
Entre los elementos más representativos del altar se hallan los siguientes:
Imagen del difunto. Dicha imagen honra la parte más alta del altar. Se coloca de espaldas, y frente a ella se pone un espejo para que el difunto solo pueda ver el reflejo de sus deudos, y estos vean a su vez únicamente el del difunto.
La cruz. Utilizada en todos los altares, es un símbolo introducido por los evangelizadores españoles con el fin de incorporar el catecismo a una tradición tan arraigada entre los indígenas como la veneración de los muertos. La cruz va en la parte superior del altar, a un lado de la imagen del difunto, y puede ser de sal o de ceniza.
Imagen de las ánimas del purgatorio. Esta se coloca para que, en caso de que el espíritu del muerto se encuentre en el purgatorio, se facilite su salida. Según la religión católica, los que mueren habiendo cometido pecados veniales sin confesarse deben de expiar sus culpas en el purgatorio.
Copal e incienso. El copal es un elemento prehispánico que limpia y purifica las energías de un lugar y las de quien lo utiliza; el incienso santifica el ambiente.
Arco. El arco se coloca en la cúspide del altar y simboliza la entrada al mundo de los muertos. Se le adorna con limonarias y flor de cempasúchil.
Papel picado. Es considerado como una representación de la alegría festiva del Día de Muertos y del viento.
Velas, veladoras y cirios. Todos estos elementos se consideran como una luz que guía en este mundo. Son, por tradición, de color morado y blanco, ya que significan duelo y pureza, respectivamente. Los cirios pueden ser colocados según los puntos cardinales, y las veladoras se extienden a modo de sendero para llegar al altar.
Agua. El agua tiene gran importancia ya que, entre otros significados, refleja la pureza del alma, el cielo continuo de la regeneración de la vida y de las siembras; además, un vaso de agua sirve para que el espíritu mitigue su sed después del viaje desde el mundo de los muertos. También se puede colocar junto a ella un jabón, una toalla y un espejo para el aseo de los muertos
Flores. Son el ornato usual en los altares y en el sepulcro. La flor de cempasúchil es la flor que, por su aroma, sirve de guía a los espíritus en este mundo.
Calaveras. Las calaveras son distribuidas en todo el altar y pueden ser de azúcar, barro o yeso, con adornos de colores; se les considera una alusión a la muerte y recuerdan que esta siempre se encuentra presente.
Comida. El alimento tradicional o el que era del agrado de los fallecidos se pone para que el alma visitada lo disfrute.
Pan. El pan es una representación de la eucaristía, y fue agregado por los evangelizadores españoles. Puede ser en forma de muertito d e Pátzcuaro o de domo redondo, adornado con formas de huesos en alusión a la cruz, espolvoreado con azúcar y hecho con anís.
Bebidas alcohólicas. Son bebidas del gusto del difunto denominados “trago” Generalmente son “caballitos” de tequila, pulque o mezcal.

Objetos personales. Se colocan igualmente artículos pertenecientes en vida a los difuntos, con la finalidad de que el espíritu pueda recordar los momentos de su vida. En caso de los niños, se emplean sus juguetes preferidos.

El altar de muertos como enunciado
La cultura mexicana tiene su más colorida representación en la celebración de Día de Muertos, festividad que se ha visto retratada en diferentes expresiones culturales, las que abarcan todas las manifestaciones: desde el arte prehispánico hasta el popular de nuestros días. Actualmente, la muerte hecha objeto, la muerte representada, no nos toma por sorpresa. Para el mexicano no radica esta visión en el desprecio sino en su valoración, pues se entiende como una manifestación y una explicación del mundo, heredadas y evocadas inconscientemente.
La fusión de ambas culturas hace del altar un producto comunicativo que evoca constantemente los elementos que le dieron origen y que lo traducen en una repetición y evocación constantes del mundo indígena y del católico, con símbolos que adquieren un nuevo significado.

La muerte, en este sentido, no se enuncia como una ausencia ni como una falta; por el contrario, es concebida como una nueva etapa: el muerto viene, camina y observa el altar, percibe, huele, prueba, escucha. No es un ser ajeno, sino una presencia viva. La metáfora de la vida misma se cuenta en un altar, y se entiende a la muerte como un renacer constante, como un proceso infinito que nos hace comprender que los que hoy estamos ofreciendo seremos mañana invitados a la fiesta.

Fuente: http://www.uv.mx/cienciahombre/revistae/vol25num1/contenido.html

Harry Potter. La colección completa




HARRY POTTER

Autor: J. K. Rowling

FORMATO: EPUB


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Harry Potter es una heptalogía de novelas fantásticas escrita por la autora británica J. K. Rowling, en la que se describen las aventuras del joven aprendiz de mago Harry Potter y sus amigos Hermione Granger y Ron Weasley, durante los siete años que pasan en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. El argumento se centra en la lucha entre Harry Potter y el malvado mago Lord Voldemort, quien mató a los padres de Harry en su afán de conquistar el mundo mágico. Desde el lanzamiento de la primera novela, Harry Potter y la piedra filosofal en 1997, la serie logró una inmensa popularidad, críticas favorables y éxito comercial alrededor del mundo. Para diciembre de 2007, se habían vendido más de 400 millones de copias de los siete libros, los cuales han sido traducidos a más de 65 idiomas, entre los que se incluyen el latín y el griego antiguo. El séptimo y último libro, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte fue lanzado mundialmente en inglés el 21 de julio de 2007, mientras que en español se publicó el 21 de febrero de 2008.

CONTENIDO:

Libros: 
Rowling J K - 01 - Harry Potter Y La Piedra Filosofal
Rowling J K - 02 - Harry Potter Y La Camara Secreta
Rowling J K - 03 - Harry Potter Y El Prisionero De Azkaban
Rowling J K - 04 - Harry Potter Y El Caliz De Fuego
Rowling J K - 05 - Harry Potter Y La Orden Del Fenix
Rowling J K - 06 - Harry Potter Y El Principe Mestizo
Rowling J K - 07 - Harry Potter y las Reliquias de la Muerte

lunes, 20 de octubre de 2014

LEYENDAS: EL DIABLO DE VISITA (MEXICO, GUANAJUATO)

Fue en el vecino mineral de San Juan de Rayas, descubierto en el año de 1550, y aún sigue dando las bonanzas de Valenciana. Primeramente, de 1760 a 1815 posteriormente hasta los tiempos actuales.

El relato trata de un niño de precoz inteligencia y de intachable conducta. Hijo de rica familia que resolvió al seminario con la idea, justa por cierto,  de que realizara severos estudios. Pasó, pues nuestro personaje, a la ciudad de Morelia, capital del Estado de Michoacán.

Una vez ordenado sacerdote y de regreso al hogar paterno, cumpliendo devotamente con todos los deberes de su ministerio. Este joven sacerdote, se convirtió tiempo después en el historiador Don Lucio Marmolejo, se inscribió en el Colegio de la Purisima, actualmente Universidad para  estudiar la carrera de Derecho.
Naturalmente dejo la sotana y su corte circunspecto, para lucir la chistera y la levita, prendas masculinas propias de aquellos tiempos.
Terminada la profesión se dedico empeñoso a la aplicación de las leyes —!Sorpresa¡— descolló en los lindes de la política, pues si anteriormente había sido buen predicador, ahora era un notable orador.
Sin embargo, ¿que es lo que acontecía en el interior de Lucio? ¿Que luchas había en su espíritu o que inquietudes dominaban su vida? Lo cierto es que, de pronto,  viene en él otro cambio y lo vemos nuevamente en la Iglesia de San Juan de Rayas.
Aclaremos que el mineral de Rayas fue descubierto allá por mediados del siglo XVI y que el hallazgo de la veta se debió  aun arriero llamado Juan de Raya, y que cuando llegó a su mayor apogeo, paso a ser propiedad de Sardaneta y Legaspi, tercer Masqués de Rayas, dueño que fue del inmenso tesoro.


Entonces fue cuando se construyó el hermoso templo que lleva el mismo nombre. Templo éste por cierto, que víctima de la incurría y el abandono hubiera desaparecido, de no ser por que un grupo  de caballeros, ya en nuestro tiempo, costeó la fachada y torrecilla fueran trasladados a la capital y empotrados en el llamado templo de Pardo, donde son un verdadero recreo para la vista del visitante.

Una tarde de ejercicios se presentó en la casa de ejercicios de encierro un sujeto de porte misterioso inquiriendo por el sacerdote. Le dijeron que no podía atenderle por hallarse en un retiro. Sin embargo ante la tenacidad del visitante el padre  Lucio se vio abrigado a recibir al misterioso sujeto.
era un hombre corpulento, correctamente vestido, un caballero por lo menos en apariencia.

Dirigiéndose al sacerdote le dijo — he aquí otra sorpresa , quizás la mayor—:  Acompáñame a una fiesta que se da en Guanajuato, habrá baile, bebida, mujeres y toda clase de diversiones.
El padre Lucio, quedó mas que sorprendido, estupefacto, pero rehaciendo el ánimo contesto: Si para esto usted me mandó llamar, ya puede retirarse, de ningún modo podría aceptar tal invitación; y sin mas le dio la espalda.
Como no pudo evitarse que los demás ejercitantes se dieran cuenta de la extraña visita, su sorpresa no tuvo límites al ver que el padre se retiraba, pero  no así el extraño personaje,  que ante sus ojos se hizo invisible , con la siguiente  sorpresa y temor para rodios los presentes. 

Mas tarde vinieron  los comentarios: Era el diablo en persona, decían unos, que quería  llevarse al padre Lucio.

Cierto o no, el elegante caballero desapareció ante los ojos atónitos de quienes presenciaron  este hecho que se antoja increíble y sobrenatural.

BEST SELLERS excelentes para leer

1. Kraken, de China Mieville.


El autor es poco conocido en estos lados, pero es una de las mejores nuevas voces de la literatura inglesa, además de un tremendo personaje en sí mismo. Político de izquierda, anarquista en su juventud, Mieville ha marcado pauta por sus campañas contra la monarquía y el partido conservador, tanto a través del Parlamento como en encendidas columnas en medios de comunicación, donde además la ha agarrado contra la literatura más “pechoña” de su país de origen, siendo Tolkien y C.S.Lewis los favoritos de sus dardos. Mieville es fundador de lo que se llama “nuevo pulp”, mixtura de género donde lo histórico se mezcla con lo político y ambos se cuelan a través de una amalgama de ciencia ficción barata, erotismo y horror cósmico. Es el caso de Kraken, su premiada y última novela, la segunda disponible en español. La trama es simple. Alguien roba el cadáver de un calamar gigante del Museo de Londres y el conservador de la institución inicia una investigación privada que revela un culto pagano y sexual de la aristocracia inglesa y el Partido Conservador a grandes dioses ancestrales sacados de la literatura de Lovecraft, donde el calamar robado es tomado como un dios absoluto que traerá el caos y la anarquía a Londres. 


2. El asesino de Green River, de Jeff Jenson y Jonathan Case.

Si usted está pegado a la nueva serie de HBO, True Detective, esto le va a interesar mucho. La novela gráfica, ganadora del Eisner 2012 al mejor cómic basado en hechos reales, es una de las tres obras en las cuales se basa la estupenda nueva producción policial de la cadena. Celebrado como el mejor libro de género negro publicado en Estados Unidos en los últimos años, por gente tan diversa como Stephen King o el director Christopher Nolan, la historia recorre los diez años de investigación del detective Tom Jensen en el caso de un asesino serial que ultimó a prostitutas y niños en la localidad de Green River, al sureste de Estados Unidos. Tom es el padre de Jeff, el autor del libro, quien decidió contar el relato del trabajo más duro que investigó su progenitor para entender cómo estos crímenes seriales afectaron su vida familiar y personal. Ojo con las primeras diez páginas, que deben estar entre lo más escalofriante que ha parido la literatura tanto gráfica como tradicional. Un absoluto nuevo clásico.


3. Asesino cósmico, Robert Juan-Cantavella.

Contra lo que puede leerse en el título, ésta no es una novela de ciencia ficción. Sí, es una novela con ciencia ficción, que gira alrededor de la figura real de Curtis Garland. ¿Quién fue Curtis Garland? Un tipo que nació en Barcelona en 1929 con el nombre de Juan Gallardo y que en 1960 ingresó como escritor de literatura popular a Bruguera, editorial que lo contrató para hacerse cargo de publicar mensualmente al menos dos novelas fantásticas en formato de bolsillo. Bajo el seudónimo de Curtis Garland, Gallardo fue a la ciencia ficción lo que Corín Tellado al género romántico y como su colega rosa llegó a firmar más de 2 mil novelas. La gracia es que los seguidores de Garland, entre los que se destaca Cantavella, han descubierto que hay lazos entre cada novela suya, los que delinean una gran saga y la creación de un universo propio, que es el tema de esta novela homenaje, que por un lado es una biografía de Garland y por el otro un viaje a través del cosmos que creó este curioso narrador de la España franquista. 


4. El Factor Q, de J.C. Dörr.

No mucha atención mediática ha tenido este novelón escrito por un abogado chileno y uno de los pocos casos de thriller con firma nacional. Sin embargo, el libro está logrando muy buenas ventas y consiguiendo una legión incondicional de seguidores. El Factor Q es un certero híbrido entre novela histórica, thriller científico y relato, que difunde conocimientos prohibidos vinculados a sociedades secretas como los Templarios, lo que además es matizado por una trama repleta de información, buenos personajes y giros dramáticos que construyen una novela muy difícil de abandonar. El lector quiere saber qué va a pasar y sobre todo conocer más del complicado pero fascinante mundo armado por Dörr. El protagonista es John Feller, un médico santiaguino que se ve envuelto en un complot a raíz de un descubrimiento realizado en el cráneo de un tigre Dientes de Sable que puede cambiar todo lo que conocemos respecto del origen del hombre, iniciando un trayecto por Europa, América y África tras una verdad que afectará a la ciencia y a la religión entera. 


5. La leyenda de Broken, de Caleb Carr.

Una tremenda alternativa para los viudos de Juego de tronos/Canción de fuego y hielo de George R.R.Martin. Fantasía histórica y oscura, intrigas políticas, violencia, sexo y magia negra para una novela muy bien escrita, que destaca con ventaja sobre sus similares. Broken es un reino rodeado de colosales muros de piedra, tan elevados como montañas, los que fueron construidos por dioses antiguos en una edad de oro que está cada vez más lejana. Broken está a merced de una guerra civil y de una peste negra que está diezmando a la población. En ese ambiente, cuatro fuerzas antagónicas se enfrentan por el control del reinado: Lord Baster, el noble más poderoso del reinado amurallado; Sixt Arnem, un guerrero que ha levantado un ejército rebelde contra el gobierno de Broken; Keera, un espía que conoce los secretos de un bosque oscuro y Caliphestros, un filósofo exiliado que busca la venganza contra sus cuatro competidores. De esa suma salen casi mil páginas de magia negra, espadas, bestias imposibles y conspiraciones políticas. 


6. El océano al final del camino, de Neil Gaiman.

El autor de fantasía urbana más importante y premiado de las últimas dos décadas. Narrador formado en el periodismo que consiguió la gloria y el reconocimiento global con su saga de novelas gráficas para DC Comics/Vertigo, Sandman, protagonizadas por Morfeo, el señor de los sueños. Tras terminar esa epopeya del cómic, Gaiman se pasó a la literatura hace ya doce años, con la excelente American Gods, de la cual El océano al final del camino es su última heredera. La novela es una hermosa fábula situada a medio camino entre la literatura adulta y la infantil, hay fantasía, hay delirio, pero también hay mucha madurez y harta nostalgia y tristeza. Un funeral es la excusa del narrador para visitar la casa de una vieja amiga de la niñez, en cuyo jardín hay secretos infantiles que chocarán contra la lógica adulta del protagonista. ¿Cuáles son los verdaderos fantasmas, los sobrenaturales o los que nos acompañan al crecer? Gaiman más que un autor de género es un género en sí mismo. 


7. Temerario: El dragón de su Majestad, de Naomi Novik.

Otra buena alternativa para los viudos de Juego de tronos/Canción de fuego y hielo de George R.R. Martin, que tiene el plus de que sus derechos acaban de ser adquiridos por Peter Jackson para ser llevados en formato de serie de televisión. La historia es bastante simple, el retrato ucrónico y alternativo de las guerras napoleónicas a inicios del siglo XIX, con la salvedad de que las principales armas usadas entre Inglaterra y Francia son dragones, que de hecho existen en todas partes del mundo y que han instaurado la guerra aérea como principal forma de conflicto entre las diversas naciones. En esa realidad, por ejemplo, la lucha de la independencia latinoamericana se está decidiendo en choques entre dragones argentinos con símiles europeos llevados por los españoles; China es además el principal exportador de dragones de guerra y su economía entera depende de este comercio. Entretenida a morir, sobre todo por la reconstrucción de este mundo alternativo liderado por lagartos voladores escupefuego. Ojo, es la primera de una saga de 9 novelas, de las cuales las 4 primeras ya están disponibles en español. 


8. El paciente, de Juan Gómez-Jurado.

La nueva novela del niño de oro de la narrativa española, uno de los cuatro superventas de nuestro idioma que han salvado la industria editorial de la madre patria en esta era de crisis. Gómez-Jurado ha coqueteado en casi todos los géneros: thriller conspiranoico, thriller religioso, novela histórica y ahora debuta en uno de los géneros más populares del planeta: el suspenso sicológico con ingredientes policiales y políticos. Le fue tan bien que El paciente vendió en España 20 mil ejemplares en cinco días e hizo que su autor firmara un contrato para ser editado en 40 idiomas el mismo día en que el libro salió a la venta. Ambientada en Washington, la trama gira en torno al cirujano encargado de operar del corazón al Presidente de los Estados Unidos, quien es chantajeado por un psicópata que ha secuestrado a su hija para que asesine al Mandatario en la mesa de cirugía. 


9. Historia de las tierras y los lugares legendarios, de Umberto Eco.

Un hermoso volumen a todo color, bellamente impreso y escrito como los dioses en los que el best sellerista y semiólogo italiano repasa la historia de los grandes lugares que no existen, pero que hemos conocido a través del mito, la religión y la literatura. El relato nos lleva desde el jardín del Edén hasta el centro hueco de la tierra, pasando por la Atlántida, la isla de Avalón, Mú y el departamento de Sherlock Holmes en Londres. Geografía de lo imposible narrado desde lo posible, donde la imaginación de autores y cuentacuentos se convirtió en parte de nuestra cultura. Por algo, sostiene Eco, si uno realiza una encuesta en cualquier lugar, la mayoría de la gente cree que la Atlántida efectivamente existió. Un volumen precioso para leer y guardar en la mesa de centro, arriba de esos libros de arte que en el fondo nadie revisa.