jueves, 12 de junio de 2014

ASPECTOS GENERALES SOBRE LOS AZTECAS

Un fascinante testimonio

Yo, Bernal Díaz del Castillo... lejos de la costa de México, descubrimos países densamente poblados habitados de indios. Construían casas de cal y canto, adoraban dioses a los que sacrificaban seres humanos, cultivaban maizales y poseían oro... Cuando les preguntamos de qué parte traían el oro y aquellas joyezuelas respondieron que de hacia donde se pone el sol, y decían Culúa y México...

En la mañana del 7 de noviembre de 1519 partimos de Ixtapalaya muy acompañados de aquellos grande caciques... íbamos por nuestra calzada adelante, la cual es ancha de ocho pasos y va tan derecha a la ciudad de México que me parece que no se torcía poco ni mucho... Desde que vimos cosas tan admirables, no sabíamos qué decir, o si era verdad lo que por delante parecía, que por una parte en tierra había grandes ciudades y en la laguna otras muchas, y veíamoslo todo lleno de canoas, y en la calzada muchos puentes de trecho a trecho, y por delante estaba la gran ciudad de México; y nosotros aún no llegábamos a cuatrocientos... Ya que llegamos donde se aparta otra calzadilla que iba a Coyoacán, que es otra ciudad, donde estaban unas como torres que eran adoratorios, vinieron muchos principales y caciques con muy ricas mantas sobre sí, con galanía de libreas diferenciadas las de los unos caciques de los otros y las calzadas llenas de ellos. Aquellos grandes caciques enviaban al gran Moctezuma adelante a recibirnos, y así como llegaban 

5ante Cortés decían en su lengua que fuésemos bienvenidos...
El gran Moctezuma venía muy ricamente ataviado según su usanza y traía calzados unos como cotaras, que así se dice lo que se calzan, las suelas de oro, y muy preciada pedrería por encima de ellas...
En el comer, le tenían sus cocineros sobre treinta maneras de guisados, hechos a su manera y usanza, y teníanlos puestos en braseros de barro chicos debajo, porque no se enfriasen, y de aquello el gran Moctezuma había de comer guisaban más de trescientos platos, sin más de mil de para la gente de guarda... Le guisaban gallinas, gallos de papada, faisanes, perdices de la tierra, codornices, patos mansos y bravos... Cuatro mujeres muy hermosas y limpias le daban aguamanos en unos como a manera de aguamaniles hondos, que llaman xicales... Traíanle frutas de todas cuantas había en la tierra, mas no comía sino muy poca. De cuando en cuando traían unas como a manera de copas de oro fino con cierta bebida hecha del mismo cacao...
Figura l. Encuentro de Hernán Cortés y Moctezuma en una de las plazas de México-Tenochtitlán


Tenía muy buenos arcos y flechas, y varas de a dos gajos, y otras de a uno, con sus tiraderas, y muchas hondas y piedras rollizas hechas a manos, y unos como paveses que son de arte que los pueden arrollar arriba cuando no pelean, porque no les estorbe, y al tiempo de pelear, cuando son menester, los dejan caer y quedan cubiertos sus cuerpos...

Dejemos esto y vamos a la casa de aves, y por fuerza me he de detener en contar cada género de qué calidad eran, desde águilas reales y otras águilas más chicas y otras muchas maneras de aves de grandes cuerpos y hasta pajaritos muy chicos, pintados de diversos colores, y también donde hacen aquellos tan ricos plumajes que labran de plumas verdes... Digamos de los grandes oficiales que tenía de cada oficio que entre ellos se usaban. Comencemos por lapidarios y plateros de oro y plata y todo vaciadizo, que en nuestra España los grandes plateros tienen que mirar en ellos... Pues labrar piedras finas y chalchiuis, que son como esmeraldas, otros muchos grandes maestros. Vamos adelante a los grandes oficiales de labrar y asentar de pluma y pintores y entalladores muy sublimados...

Puede observarse la diferencia de culturas por sus vestimentas.

Pasemos adelante y digamos de la gran cantidad que tenía el gran Moctezuma de bailadores y danzadores, y otros que traen un palo con los pies, y otros que parecen como matachines... No olvidemos las huertas de flores y árboles olorosos... y de sus albercas y estanques de agua dulce...

Cuando llegamos a la gran plaza, como no habíamos visto tal cosa, quedamos admirados de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en todo tenían... Comencemos por los mercaderes de oro y plata y piedras preciosas, plumas y mantas y cosas labradas, y otras mercaderías de indios esclavos y esclavas. Traían tantos de ellos a vender a aquella plaza como traen los portugueses los negros de Guinea, y traíanlos atados en unas varas largas con collares a los pescuezos, porque no les huyesen, y otros dejaban sueltos... Pasemos adelante y digamos de los que vendían frijoles y chía y otras legumbres y hierbas a otra parte. Vamos a los que vendían gallinas, gallos de papada, conejos, liebres, venados y anadones, perrillos y otras cosas de este arte, a su parte de la plaza...
Como subimos a los alto del gran Cu, en una placeta que arriba se hacía, adonde tenían un espacio como andamios, y en ellos puestas unas grandes piedras, a donde ponían los tristes indios para sacrificar, allí había un gran bulto de como dragón, y otras malas figuras, y mucha sangre derramada de aquel día...
Luego Moctezuma le tomó por la mano y le dijo que mirase a su gran ciudad y todas las demás ciudades que había dentro del agua, y otros muchos pueblos alrededor de la misma laguna en tierra, y que si no había visto muy bien su gran plaza, que desde allí podría ver mucho mejor.
Después de bien mirado y considerado todo lo que habíamos visto, tornamos a ver la gran plaza y la multitud de gente que en ella había, unos comprando y otros vendiendo, que solamente el rumor y zumbido de las voces y palabras que allí había sonaba más que de una legua. Entre nosotros hubo soldados que habían estado en muchas partes del mundo, en Constantinopla y en toda Italia y Roma, y dijeron que plaza tan bien compasada y con tanto concierto y tamaña y llena de tanta gente no la habían visto...

El historiador Bernal Díaz del Castillo, que acompañó a Hernán Cortés durante todo el periodo de la conquista, no describió la ciudad de Bagdad y su mercado, aunque se diría que el relato se aproxima a un escenario de «las mil y una noches». Estaba exponiendo su primera impresión de México Tenochtitlán, la capital del imperio azteca, y de su máximo gobernante.

¿Qué enigmas rodean a los aztecas?

Podríamos asegurar que los mismos que a los otras dos grandes civilizaciones de América: los mayas y los incas. Sin embargo, los aztecas ofrecen una singularidad específica, ya que su «imperio» no cubrió los dos siglos, cuando los mayas superaron el milenio.
Este pueblo que se hacía llamar «los hijos del Sol» se regía por el sistema de clanes, que estaban obligados a repartir el trabajo entre las familias y, sobre todo, a cubrir las necesidades de cada uno de sus miembros. Los mismos clanes se cuidaban de seleccionar a sus dirigentes, hasta llegar a la pirámide de la que saldría el máximo gobernante.
Sin embargo, la verdadera autoridad se hallaba en manos de los sacerdotes-astrónomos, cuyos conocimientos científicos, mágicos, médicos y adivinatorios eran inmensos. Desde que el niño nacía quedaba a merced de estos religiosos de «todo». Pero, ¿de dónde provenía el gran saber de los sacerdotes? Ésta es una de las respuestas que vamos a intentar responder en su momento.
Es cierto que ha quedado otra cuestión en el aire, sobre todo luego de leer la introducción de Bernal Díaz: ¿cómo fue posible que algo más de medio millar de españoles pudieran someter a Moctezuma y a los cinco millones largos de habitantes de México? ¿De qué medios se sirvieron? ¿Acaso intervino una fuerza misteriosa, un poder sobrenatural?
Otra cuestión que aparece en el relato son los sacrificios humanos. Se habían realizado esa misma mañana del 7 de noviembre de 1519, ya que la sangre era reciente... ¿Qué tipo de ritual es éste? ¿Para qué lo necesitaban los aztecas? ¿Quiénes eran sus víctimas? ¿Cuántos llevaron a cabo?
Desde la primera línea del mismo escrito, se puede apreciar que los españoles fueron recibidos como huéspedes. Entraron en palacio, permanecieron en las estancias privadas de Moctezuma, recorrieron los jardines y, más tarde, visitaron el gran mercado de México-Tenochtitlán, que a todos los pareció más grande que los conocidos en Europa. Entonces, ¿qué pudo cambiar la situación hasta el punto de que estallase una guerra en la que morirían casi cien mil aztecas y sólo doscientos españoles?
No hay duda de que muchos son los enigmas que se encierran en este acontecimiento. Un gran número de ellos los intentaremos despejar por medio de una veraz información, que se halla respaldada por los documentos históricos.

La vida normal de los aztecas

No quisiéramos ofrecer la idea de que los aztecas eran unos seres perversos, que apresaban a sus enemigos para someterlos a sacrificios ritualizados, que en ocasiones se convertían en actos de canibalismo. Todos estos seres humanos mantenían una vida muy bien organizada. Desde los templos les indicaban las horas de la actividad diaria y nocturna. Sabían lo que debían realizar en cada momento; y trabajaban con una gran eficacia. Ninguna otra civilización ha celebrado más fiestas que ésta, todas las cuales se hallaban regidas por un calendario perfecto, en el cada día y cada mes tenía su nombre y su divinidad.
Los momentos claves de su existencia: el nacimiento, el bautismo, el proceso de aprendizaje, el matrimonio, la llegada de los hijos y la muerte contaba con un ritual, junto a unas obligaciones y derechos, que impresionaron a los europeos que los conocieron. Ante la dificultad que presentaba la capital del imperio para realizar las labores agrícolas, debido a que había sido edificada en una inmensa laguna, que la convertía en una especie de Venecia, crearon un sistema de cultivo de lo más original y práctico, con lo cual todas las familias pudieron disponer de una milpa o terreno para sembrar maíz, su alimento básico, y otras plantas comestibles.
Como no sólo era una sociedad materialista, a los aztecas llamados servidores (no deben ser considerados siervos, mucho menos esclavos), les enseñaban los oficios con tal maestría, que ésta se aprecia en unos trabajos que alcanzan el nivel de artísticos. Algo que se ve en los monumentos, las joyas, las pinturas, los bordados, la cerámica y en tantas otras obras extraordinarias.
A los aztecas guerreros, desde niños se les acostumbraba a las armas. Pronto aprenderían su manejo y, al llegar a la adolescencia, ya estarían participando en batallas cortas, donde las victorias debían ser inmediatas al no disponer de animales de carga y moverse en un terreno muy hostil.
Mientras, memorizaban canciones, escuchaban historias y se movían al ritmo de los adagios o los refranes. La necesidad de contar con muchos guerreros llevó a que se consintiera la poligamia, siempre que el marido pudiese alimentar a todas las concubinas, sin olvidar que esposa era la primera mujer y la que mandaba sobre todas las demás.



Las pirámides y la astronomía

Casi no hace falta que se diga, porque los documentales televisivos nos han dejado ver que las pirámides de la India y Birmania son muy parecidas a las de México, aunque no tanto como las de Egipto. Más de una docena de historiadores han querido encontrar una relación entre estas civilizaciones, por no considerar casual el hecho de construir unos templos de tan peculiar geometría. Otros estudiosos apuntan la idea de que ciertos estados espirituales llegan a propiciar esta tendencia a lo triangular, en un plano gigantesco, para aproximarse a la idea más ancestral que se tiene de los dioses.


Sin despreciar ninguna de estas ideas, lo que va a importarnos ahora es que las pirámides representan una suma de conocimientos propios de una civilización muy adelantada. En especial cuando el suelo del que se dispone, como sucedía en México, se hallaba sometido a terremotos y a la actividad volcánica. Estos imprevistos cataclismos geológicos no ocurrían con mucha frecuencia, pero el simple hecho de que apareciesen en periodos no inferiores a los tres años, cuando no se presentaban dos o más en uno solo año, debía ser tenido en cuenta por los arquitectos.
¿Qué podríamos decir de la astronomía? Existen pruebas de que los aztecas obtuvieron muchos de estos conocimientos de otros pueblos anteriores a ellos, lo mismo que los mayas; pero su calendario era distinto al de éstos, lo mismo que su horóscopo. También utilizaban una escritura pictográfica diferente; y se servían de otro tipo de matemáticas.

El dios Quetzalcóatl

Los aztecas adoraron a Quetzalcóatl, un dios que también se encuentra en la mitología olmeca, al que llamaban Serpiente Emplumada o la Estrella de la Mañana (el planeta Venus), que les enseñó todo lo mejor de la civilización, al convertirles de salvajes en seres humanos capaces de crear y superarse. No obstante, un día los indígenas dejaron de oírle y, desengañado, tuvo que marcharse hacia el este. Se alejó por el Gran Lago (el océano Atlántico); pero prometió que volvería. Los aztecas le esperaban desde hacía mucho tiempo... ¿Qué relación tuvo esta creencia con la llegada de los españoles a las costas de México?
Al mismo tiempo, no olvidaremos que este pueblo se llama «hijo del Sol«, porque lo habían colocado en el primer lugar de su panteón divino. Las religiones que comenzaron a venerar al Sol provienen del Paleolítico Superior, una época que coincide con la última glacialización de la Tierra, precisamente cuando el estrecho de Bering estaba cubierto por los hielos, con lo que permitió las grandes migraciones de los nómadas asiáticos al continente americano, donde no sólo se extendieron para sobrevivir, sino que llevaron sus ideas y creencias.
El profesor Marcel Homet realizó una serie de viajes por Sudamérica, debido a que le interesaba estudiar las religiones que adoraban al Sol. Esto le llevó a descubrir que en todas partes había testimonios de estas creencias, desde Venezuela a la Patagonia. Lo mismo pudo comprobar al remontar el ecuador terrestre para llegar a México. Así pudo resaltar la paradoja de que los aztecas, como otros indígenas «cristianizados», hubieran cambiado su religión primitiva por otra surgida en unas tierras donde también se adoró al Sol, hasta que la Biblia y, más tarde, el Nuevo Testamento produjeron el gran cambio.
Lo que tampoco pasó por alto, fue que los indígenas más sencillos, los que vivían en las regiones míseras, mantenían una religión que era una mezcla de la cristiana y la antigua azteca, por lo tanto entre sus dioses se encontraba el Sol, al que en ocasiones representaban con una cruz resplandeciente.

Un frívolo testimonio

Los sacerdotes-hechiceros proporcionaban a los enamorados una serie de conjuros para influir en la persona deseada. En este caso sólo eran palabras, las cuales componen un frívolo testimonio, que puede resultar revelador a la hora de valorar el grado cultural de los aztecas. El conjuro fue recogido por Patrick Johansson en su libro «La palabra de los aztecas»:


En el cristalino cerro donde se paran las voluntades, busco una mujer y le canto amorosas canciones, fatigado del cuidado que me dan sus amores y así hago lo posible de mi parte. Ya traigo en mi ayuda a mi hermana la diosa Xochiquetzal (Venus), que viene galanamente rodeada de una culebra y ceñida por otra y trae sus cabellos cogidos en su cinta. Este amoroso cuidado me trae fatigado y lloroso ayer y anteayer, y esto me tiene afligido y solícito. Pienso yo que es verdaderamente diosa, verdaderamente es hermosísima y extremada, hela de alcanzar no mañana ni otro día, sino luego al momento; porque yo en persona soy el que así lo ordeno y mando. Yo el mancebo guerrero que resplandezco como el Sol y tengo la hermosura del alba; ¿por ventura soy algún hombre de por ahí y nací en las malvas? Yo vine y nací por el florido y transparente sexo femenil...

Curiosamente, el sortilegio no terminaba en este punto; sin embargo, el texto fue censurado por el transcriptor, al considerarlo muy procaz o, como lo llamaríamos hoy día, «pornográfico». Una valoración que no existía para los aztecas, ya que consideraban lo carnal como una práctica más, y no de las primeras en el orden de sus deseos, aunque ninguno la hiciera ascos si la ocasión se le presentaba.
Conviene resaltar en este punto que la violación de una joven virgen, como de cualquier otra mujer, era severamente castigada. Esto no quitaba para que, como se suponía que la futura esposa iba a sufrir al perder la virginidad, se debiera acostar antes con los hermanos o amigos más íntimos de su marido, para no obligarle a «sufrir un instante que podía castigar al matrimonio con un mal principio«. Luego, como nadie creía que ella pudiera quedarse embarazada mientras era desflorada, los hijos que pudieran venir se consideraban de la pareja, sin el «cachondeo» que se hubieran traído los mozos castellanos, de la misma época, si lo mismo se lo hubieran hecho a una pareja del pueblo.
Nunca ha de abandonarnos la idea de que estamos describiendo otra civilización, un universo cultural muy distinto al nuestro. Tampoco se parecía al existente en Europa entre los siglos XIII y XVI. Sin embargo, en muchas otras cosas resultaba bastante similar, como iremos exponiendo más adelante.



Sin que importe pecar de reiterativos, todos los que nos proponemos estudiar a los aztecas, hemos de reconocer que la tarea hubiera sido imposible de no contar con la extraordinaria documentación acumulada por unos frailes extraordinarios, auténticos misioneros, hasta el punto de que predicaban desde «el interior del alma de los indígenas», por eso aprendieron su idioma, estudiaron su cultura y comprendieron su idiosincrasia. Gracias a esto, lo que iba en contra de las ordenanzas inquisitoriales, supieron recoger toda la información que les iban proporcionando los aztecas; pero sabiendo lo que era real de lo imaginario. Es posible que se guiaran más de la intuición que de unos recursos técnicos, ya que no contaban con nada parecido. Pero la calidad de sus trabajos ha sido comprobada posteriormente por los historiadores, en especial por los actuales, que son los que realmente se han tomado el trabajo como una tarea más científica que literaria.

FUENTE: YAÑEZ Solano, Manuel. LOS AZTECAS.

0 comentarios: