lunes, 16 de abril de 2012

AMOR ENTRE DIMENSIONES (PARTE 2)

— Porque no te acomodas y duermes un poco, tardaremos algunas horas en llegar— dijo Jess preocupada como una madre por su hija

Me recosté en el asiento trasero y escuche una melodía extraña que salía del radio de Roy y me arrullo poco a poco la música tranquila, cheque que ninguno de los dos me viera y poco a poco subí mi mano a la altura de mis ojos y revise mi trasladador, destape la caratula de reloj que tenía y las dos luces de las tres que tenía se prendían; la roja aún estaba completa, que era la que me señalaba el tiempo que me restaba en esa dimensión, la segunda si Alec había estado aquí, esta estaba prendida a la mitad lo que me indicaba que estaba aquí o hace muy poco que había partido; sin embargo él estaba muy lejos o se encontraba en otra dimensión pues la luz verde no estaba prendida. Esto me desanimo un poco, pero aun cabía la posibilidad de que él estuviera lejos.

Respire profundamente e intente conciliar mi sueño. Después de algún tiempo llegamos a Benoles y como había dicho Roy el centro del pueblo solo se componía de unas pocas casas que abarcaban unas cuantas manzanas y después se iban desperdigando hasta desvanecerse dentro del bosque. Cenamos algo muy ligero y después Jessica me presto algunas cobijas para pasar la noche.

Al día siguiente saque de entre mis cosas la foto que llevaba conmigo.
— ¿Le han visto?— pregunte a la pareja antes de despedirme
— Creo que no. Tal vez si preguntas al chico de la taquilla, el tal vez lo haya visto

Nuevamente, tiempo perdido. Alec nunca piso este pueblo y tal vez jamás fue a Bristol, pues con cada kilómetro recorrido se evapora la luz de mi comunicador. Es tan penoso viajar de un lugar a otro sin descanso, han pasado solo cuatro días de estar en este mundo y nuevamente me siento sola y pese a que aún faltan algunos días para mí partida la luz azul se ha esfumando, Alec no está más aquí.

He llegado a un nuevo mundo más, aquí el olor a humedad es incontrolable, la tierra casi se ha adentrado en el océano. Y esta vez — como muchas otras— ni la luz azul, ni la verde han prendido. Alec jamás ha estado aquí, pero no debo perder las esperanzas. Tal vez el siguiente mundo sea el indicado.

Los días son tan monótonos y la gente es muy apática y extraña, más sin en cambio no tengo más que esperar el tiempo adecuado para alejarme de este mundo.

Por fin un nuevo mundo, todo está muy oscuro, pero puedo percibir fuerzas extrañas alrededor mío. Tengo mucho miedo, tengo una energía dentro de mí. Creo que estoy dentro de una cueva, intento ubicarme y controlar mis miedos, pero aun siento esa presencia constante. La piedra se siente viva y percibo la energía de la piedra palpando mi propia energía intentando descubrir de donde salí y que hago a su lado. Por fin su curiosidad ha sido satisfecha, pero yo aún estoy a ciegas y después de unos momentos logro escuchar a lo lejos el fluir de un río. Pronto la cueva se empieza a ensanchar y busco alguna hendidura, justo en la orilla una pequeña corriente de agua se perdía entre un montículo de rocas. Localice la hendidura, era lo suficientemente grande como para entrar en ella. Lo palpe poco a poco reconociendo un tipo de tobogán muy resbaladizo, me introduje en el procurando no resbalar, ni lastimarme. Pronto me deslice en lo profundo de la montaña cayendo de lleno dentro de un río subterráneo. Era tan oscuro y atemorizante que procure nadar a alguna de las orillas he intentar buscar una salida. Palpe la piedra resbaladiza hasta una saliente que se profundizaba dentro de la montaña, salí del agua y camine entre la oscuridad sintiendo como la piedra intentaba comunicarme algo.

Después de algún tiempo una pequeña luz en la lejanía se filtraba dentro de la penumbra. Fui rápidamente a ella y revise ágilmente mi transportador y por primera vez la luz verde que señalaba la presencia de Alec, estaba prendida. Inmediatamente intente poner mi mente en claro y tomar una decisión de hacia dónde ir. Estaba en medio de un bosque lleno de vegetación, una vez más sentí esa energía que emergía del follaje y de todo lo que me rodeaba. Sentí que me estudiaban, sin embargo, no eran invasivas e intente olvidarme de ellos y decidir mi camino.

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