lunes, 28 de noviembre de 2011

El temor de un hombre sabio de PATRICK ROTHFUSS



Sinopsis
Músico, mendigo, ladrón, estudiante, mago, héroe y asesino. Kvothe es un personaje legendario, el héroe o el villano de miles de historias que circulan entre la gente. Todos le dan por muerto, cuando en realidad se ha ocultado con un nombre falso en una aldea perdida. Allí simplemente es el taciturno dueño de Roca de Guía, una posada en el camino.Hasta que hace un día un viajero llamado Cronista le reconoció y le suplicó que le revelase su historia, la auténtica, la que deshacía leyendas y rompía mitos, la que mostraba una verdad que sólo Kvothe conocía. A lo que finalmente Kvothe accedió, con una condición: había mucho que contar, y le llevaría tres días.Es la mañana del segundo día, y tres hombres se sientan a una mesa de Roca de Guía: un posadero de cabello rojo como una llama, su pupilo Bast y Cronista, que moja la pluma en el tintero y se prepara a transcribir...El temor de un hombre sabio empieza donde terminaba El nombre del viento: en la Universidad. De la que luego Kvothe se verá obligado a partir en pos del nombre del viento, en pos de la aventura, en pos de esas historias que aparecen en libros o se cuentan junto a una hoguera del camino o en una taberna, en pos de la antigua orden de los caballeros Amyr y, sobre todo, en pos de los Chandrian. Su viaje le lleva a la corte plagada de intrigas del maer Alveron en el reino de Vintas, al bosque de Eld en persecución de unos bandidos, a las colinas azotadas por las tormentas que rodean la ciudad de Ademre, a los confines crepusculares del reino de los Fata. Y cada vez parece que tiene algo más cerca la solución del misterio de los Chandrian, y su venganza.



Lo puedes descargar completo en el siguiente link:


lunes, 17 de octubre de 2011

AMOR ENTRE DIMENSIONES (Parte 1)

Una vez más ha llegado el momento de partir, no dudo que es un castigo el que debo cumplir, el vagar sin rumbo fijo, siempre con la ilusión de que en mi siguiente destino el este ahí.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde la primera vez? No losé. Simplemente le busco, sin remedio alguno. El recordar sus cabellos oscuros cayendo desordenadamente alrededor de su rostro mientras preparaba algo para celebrar nuestra unión. Esa voz tan cálida con la que pronunciaba mi nombre hacia estremecer todos mis sentidos; su rostro tan gentil y lleno de ensoñación que me hacía viajar a través del universo siendo absorbido por completo por la mirada de sus ojos penetrantes, a veces haciéndome olvidar hasta mi propio nombre.

No resisto su ausencia, vivo solo de mis recuerdos que pronto en este mundo árido serán consumidos y quedara solo el olvido. Recuerdo haberlo prometido a esa chica que viajaría conmigo, pero ha esperado ya suficiente. La hora del choque se acerca y ella no llegara a tiempo.

Veo nuevamente mi transportador y la luz que señala el tiempo preciso de la apertura está muy cerca, veo hacia la lejanía y no hay nada más que arena y un calor abrazador. Trato de protegerme sobre la piedra yerta que me sirve para no estar bajo esa temperatura demencial.

- Nada- digo en voz alta - deberé dejarte si no estás a tiempo- repito para mí en medio de la soledad del desierto

Espero algunos minutos y la puerta empieza abrirse. No hay más ella no ha llegado. Tal vez se ha perdido o tuvo miedo. Lo que sea, no hay más tiempo. La formación de la puerta ahora es completa y yo me introduzco son más al nuevo mundo que me espera al otro lado. Veo a mi alrededor, está oscuro y estoy en medio del bosque, decido esperar unos minutos más antes de cerrar la puerta, con la esperanza que ella llegue, pero el tiempo pada y finalmente me he dado cuenta que nunca llegara; cierro sin más la puerta y veo a mi alrededor, escucho el crepitar de las hojas por el viento que sopla. Trato de guardar silencio en medio de la oscuridad y escuchar alguna señal de civilización.
Es muy tenue pero al fin logro escuchar algo. El ruido de un vehículo. La carretera está cerca, estoy segura. Reviso a mi alrededor que la puerta se haya cerrado y me encamino hacia la carretera.

A solo algunos kilómetros se una carretera en medio del bosque, camino por algunos minutos sobre ella hasta que veo que un automóvil se acerca; le hago la señal de autostop y este se aparca delante de mí, corro para llegar a él y me doy cuenta que va una pareja dentro.

— ¿A dónde vas?— pregunta el hombre
— A la ciudad más cercana
— Sabe nosotros vivimos en Bondes, es el pueblo más cercano. Te podemos dejar en el centro de paso
— Gracias
— Hola, yo soy Jessica y este es Roy. ¿Cómo te llamas— pregunta la mujer
— Cris
— ¿De dónde vienes y que haces en la carretera a estas horas de la noche?— pregunta Roy
—Mo novio se perdió más atrás en la camioneta, tuvimos una discusión y preferí dejarle antes de que estallara en furia. Lamento decirlo pero es algo violento cuando las cosas no van como lo planea— mentí abiertamente. Segundos después me remuerde un poco la conciencia pues Jessica se preocupo mucho
— ¿Qué es lo que harás llegando a Bondes?— inquiero Jessica
— Bueno no sé si haya alguna central de autobuses. Quiero regresar a casa
— si la hay, pero solo es una parada. Nuestro pueblo no es muy grande y usualmente es solo de paso a Bristol que ya es una urbe, pero dudo que ha estás horas allá— repuso Roy
— Creo que te podrías quedar con nosotros está noche y mañana podrás partir. Bondes es muy tranquilo, pero eres una mujer y estás sola. No creo que sea conveniente que te quedes por ahí. ¿Tú qué opinas Roy?
— Yo no tengo ningún inconveniente. Nuestra casa no es muy grande, pero es muy cómoda, Eres bienvenida.
— ¿En verdad no es una molestia?— averiguo apenada y arrepentida de mentirles a estas buenas personas
— De verdad— dijo Jessica sonriendo
Sonrisa que yo reitero con agradecimiento

jueves, 6 de octubre de 2011

El temor de un hombre sabio

Bueno pues despues de mucho tiempo aqui esta el tan esperado Pack de capitulos! de 1 al 70

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domingo, 4 de septiembre de 2011

Literatura India (Parte 2)

Siva


En el trío sagrado, aparece como el destructor, se le considera un vengador iracundo, pero también un pastor de almas, está vinculado con el yoga y presenta un acusado aspecto erótico.
Se le suele representar sentado sobre su toro Nandi, se le rinde culto en forma de linga o falo sagrado. El mito cuenta que un día aparece tiznado y los sabios creen que intenta seducir a sus esposas, y lo maldicen con la castración, entonces el mundo oscurece y los sabios pierden potencia viril. Los sabios le fabrican un ligam, y los perdona. Era un tanto gótico, destacan el collar de calaveras, una guirnalda de serpientes, la media luna y el tercer ojo que simboliza la iluminación y la destrucción. Es también el dios de la lanza, fuente de todo movimiento del universo. Siva alentado por su esposa, acudió a un sacrificio al que no debía ir. Una gota de sudor calló en la tierra y brotó un hombre rechoncho y peludo, era la “ENFERMEDAD”. Brahma le prometió que podría acudir a todos los sacrificios futuros si calmaba su ira y dominaba el mal que había creado. Entonces Siva dividió la enfermedad, cada ser tendría su propio mal: los elefantes, dolor de cabeza; los toros, dolor en las pezuñas; la tierra, salinidad; las vacas, ceguera; los caballos, tos; los pavos, la cresta partida; los loros, hipo; los tigres, cansancio y la humanidad, fiebre.

Devi

Bajo el nombre “Devi” o de “Mahadevi”, se agrupan las diversas diosas del Panteón hindú. Se le vincula con Siva, reencarnación de la primera esposa de él (Sita).

Durga

Es una diosa guerrera, inalcanzable para los pretendientes e invencible en el combate. Su tarea es combatir a los demonios.



Kali

Es más aterradora que Durga, brota de la frente de Durga cuando se enfada. Kali llamada “la oscura” o “el tiempo”, se dedica a destruir a los demonios que alteran el orden. A veces se emborracha con la sangre de las batallas. Se le representa como una bruja demacrada, con collar de cabezas cortadas o calaveras, oscura y flaca, con largos colmillos, para rendirle culto se sacrifican animales y en épocas pasadas víctimas humanas.
Hay diosas relacionadas con problemas más específicos, como la diosa de la viruela, la diosa de las serpientes, y diosas del parto. Otras diosas menores son las de las aldeas, suelen caracterizarse por su virginidad, ya que suele pensarse que están casadas con la aldea.







Autores




  • Kalidasa: Su poema la “Nube Mensajera”, fue muy admirado por los mánticos occidentales.
    Es clave de bella ficción, el desterrado envía un mensaje a su lejana amada mediante una nube, esta bella ficción le permite describir desde la altura física y poética, el paisaje de la región del Ganges.



  • Jayadeva: Poeta del S.XII, escribió una obra, la “Gitagovinda” o “Canto del pastor”, una serie de himnos amorosos, para ser acompañados por música y danza. Desarrolla los amores idílicos de Govinda, bajo el aspecto de pastor, y de Radha, en quienes se representa alegóricamente a dios y el alma humana. Se puede acompañar con el cantar de los cantares de Salomón.



  • Bartrihari: Primera mitad del S.VII, coleccionó una serie de poemas entre tres Satakas. La primera dedicada al amor, expone teorías sobre la pasión y las mujeres, sus atractivos y delicias. Acaba con reflexiones sobre la caducidad de la vida, la vanidad de los placeres y las engañosas mañas del sexo femenino. La segunda trata sobre la vida sensata del hombre y sus deberes. A tercera para renunciar a las cosas mundanas, propone la meditación en soledad (germen del yoga con filosofía de vida).

    • jueves, 4 de agosto de 2011

      El temor de un hombre sabio de Patrick Rothfuss

      Los críticos han equiparado a Patrick Rothfuss con grandes escritores como J.R.R. Tolkien, Ursula K. Le Guin y George R.R. Martin, debido a su maestría como narrador y la originalidad de su historia. En todo el mundo, lectores de todas las edades, aficionados o no a la literatura fantástica, recomiendan con entusiasmo su primera novela, El nombre del viento. El temor de un hombre sabio, su tan esperada continuación, es uno de los lanzamientos más esperados de los últimos años.Kvothe es un personaje legendario, el héroe o el villano de miles de historias que circulan entre la gente. Dado por muerto, en realidad permanece oculto bajo un nombre falso en una aldea perdida. Allí simplemente es el taciturno dueño de Roca de Guía, una posada en el camino.Pero un día, lo reconoce un viajero llamado Cronista, quien suplica que le revele su historia, la que mostraba una verdad que sólo Kvothe conocía. A lo que finalmente Kvothe accede, con una condición: había mucho que contar, y le llevaría tres días.Es la mañana del segundo día, y tres hombres se sientan a una mesa de Roca de Guía: un posadero de cabello rojo como el fuego, su pupilo Bast y Cronista, que moja la pluma en el tintero y se prepara a transcribir…El temor de un hombre sabio empieza donde termina El nombre del viento: en la Universidad. De la que luego Kvothe se verá obligado a partir en pos del nombre del viento, en pos de la aventura, en pos de la antigua orden de los caballeros Amyr y, sobre todo, en pos de los Chandrian


      miércoles, 27 de julio de 2011

      Literatura India (Parte 1)

      Origen de la Cultura India








      “Aquel que reconoce la verdad del cuerpo puede entonces conocer la verdad del universo”



      La cultura india ha estado dominada por una continua interacción entre diferentes grupos religiosos, lingüísticos y sociales, y de ella surgió una mitología de ricas texturas de gran diversidad y cantidad (se cree que hay más de 300 dioses indios).

      En su mitología siempre subyace el tema central de la tensión entre creación y destrucción. El orden surge del caos y el universo vuelve al caos siguiendo una pauta cíclica.
      Otro tema básico, es que las cosas no son las que parecen y la realidad es casi siempre ilusoria( nuestros sentidos nos engañan).
      El mas antiguo Partenón védico contaba con 33 dioses, pero con la llegada del hinduismo se paso al TRIMURTI, que estaba compuesto por los tres dioses mayores: Brahma (el inventor), Visnú (el mantenedor), Siva (el destructor).

      Más adelante se optó por un grupo de cinco dioses (Visnú, Siva, Devi, Sunya y Ghanesa) Para explicar el origen del mundo de la mitología, no parte de la idea de creación, sino de ordenación.
      Son mas frecuentes las alusiones al Germen Dorado, embrión o huevo del mundo, que flota sobre las aguas del caos y del que emerge la primera deidad, el cual ordena el mundo.
      El primer dios crea niños, y entre ellos Alba. El dios comete incesto con su hija. Ella asustada se transforma en ciervo y las gotas de semen derramadas que no caen en Alba, crean al ser humano.



      Indra


      Es el dios que domina la región intermedia del mundo (atmósfera). Cuerpo enorme y fuerte, brazos poderosos, pelo leonado, gran guerrero (rasgos de Hércules). Nacido del cielo y la tierra es el jefe de los dioses y los dirige contra los Asuras. Empuñando el rayo, mató a la serpiente Uritra. Al matarla fluyen las aguas, los ríos y las montañas.
      En el Ramayana se cuenta como Indra seduce a Ahalya, esposa del sabio Gautama. Este le echa una maldición. El dios perdió los testículos, y la joven se hizo invisible.
      En el periodo clásico, paso a ser dios de la lluvia, inculándolo con la agricultura; ayudó a Surabhi, la vaca de la abundancia. Indra a causa de su anomalía sufre frecuentes humillaciones de dioses más jóvenes. Krishna para convencer a su pueblo de que deje de adorar a Indra levanta un gran monte para proteger a los suyos de la lluvia. Después Indra con arcos y flechas ataca a Krishna.






      Brahma


      Aparece como el creador y el que concede favores, se le representa con un demiurgo. Nace del loto del ombligo de Visnú. Se representa como un dios cuatricéfalo montado sobre un ganso silvestre cuyo vuelo simboliza los esfuerzos del alma por liberarse. Emite los elementos materiales del universo (tierra, fuego, aire, agua).










      Visnu


      Se llama “el de los grandes pasos”, por haber dado tres pasos que ordenaron el cosmos, he hicieron habitable el universo para dioses y hombres. Es amigo y aliado de Indra, es un dios benévolo y nunca se enemista con la humanidad.
      Se le idéntica con la columna cósmica, en el centro del universo. Su consorte Shri, diosa de la prosperidad y de la buena fortuna, símbolo de lealtad y esposa modélica.
      En una época posterior Visnú tendrá mejor expresión de avatar o reencarnación. Se reencarnará en diez animales distintos (el pez, la tortuga, el jabalí, el hombre león, el enano, con otro braman casta sacerdotal, se le confunde con Rama y Krisna, con Buda y con Kalki, que aparece como un guerrero en un caballo blanco).






      Rama

      Es el héroe del Ramayana, y tiene semejanzas con Indra.
      Argumento: Un rey sin descendencia, pide ayuda a los dioses y Visnú se reencarna en cuatro hijos, uno de los cuatros hijos es Rama. Rama es capaz no solo de tensar el arco de Siva, sino que también lo rompe.
      Se casa con la bella Sita. Cuando el rey muere, es desterrado por su madrastra y su hermano rapta a Sita.
      Durante la búsqueda se encuentra con Hanuman, ministro del rey de los monos, y le ayuda a encontrar a Sita. Tras varios combates, derrota a su hermano. Duda de la fidelidad de Sita y esta rechazada es sometida a la purificación y horda lía del fuego del alma. Al final los dioses se le aparecen y le comunican que es una reencarnación de Visnú, el dios del fuego le devuelve a Sita sana y exculpada. Rama reina con justicia durante 100 años.


      Krisna


      “El adorable”, aparece en el Mahabharata, como compañero de los héroes. Desde su nacimiento muestra grandes habilidades, le quita la vida a la diablesa Putana, amamantándose de ella, y mata a la serpiente Kaliya. Se enfrenta con Indra. Su travesura favorita de la infancia, consiste en robar mantequilla.
      Mata a un toro demonio, a un caballo demonio y derrota a un malvado monarca.
      Las “golpi” o jóvenes de la tribu se enamoran de él, al sonido de su flauta ellas abandonan sus casas y sus maridos, y se veían con él en la selva para ejecutar la danza Ras. Radha era la favorita de Krisna, la adoraba. La morenez de Krisna y la dorada belleza de Radha simboliza la complementariedad. Su amor simbolizaba la intimidad del devoto con dios. Se burla de unos sabios que lo maldicen. Un día es herido en la planta del pie por un cazador. Krisna muere y recupera así su naturaleza divina.



      jueves, 30 de junio de 2011

      Literatura Hispanoamericana



      Hispanoamericana, Literatura, literatura de los pueblos de México, Centroamérica, Sudamérica
      y el Caribe escrita en lengua española. Su historia, que comenzó durante el siglo XVI, en la época de la conquista, se puede dividir a grandes rasgos en cuatro periodos. Durante el periodo colonial fue un simple apéndice de la que se escribía en España, pero con los movimientos de independencia que tuvieron lugar a comienzos del siglo XIX entró en un segundo periodo dominado por temas patrióticos. En la etapa de consolidación nacional que siguió al periodo anterior, experimentó un enorme auge, hasta que alcanzó su madurez a partir de la década de 1910, llegando a ocupar un significativo lugar dentro de la literatura universal. La producción literaria de los países latinoamericanos forma un conjunto armónico, a pesar de las diferencias y rasgos propios de cada país. Para la literatura latinoamericana en portugués, véase Literatura brasileña.


      Periodo colonial

      Las primeras obras de la literatura latinoamericana pertenecen tanto a la tradición literaria española como a la de sus colonias de ultramar. Así, los primeros escritores americanos —como el soldado y poeta español Alonso de Ercilla y Zúñiga, creador de La Araucana (1569-1589), una epopeya acerca de la conquista del pueblo araucano de Chile por parte de los españoles— no habían nacido en el Nuevo Mundo.
      Las guerras y la cristianización del recién descubierto continente no crearon un clima propicio para el cultivo de la poesía lírica y la narrativa, por lo cual la literatura latinoamericana del siglo XVI sobresale principalmente por sus obras didácticas en prosa y por las crónicas.
      Especialmente destacadas en este terreno resultan la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (1632), escrita por el conquistador e historiador español Bernal Díaz del Castillo, lugarteniente del explorador también español Hernán Cortés, y la historia en dos partes de los incas de Perú y de la conquista española de este país, Comentarios reales (1609 y 1617), del historiador peruano Garcilaso de la Vega, el Inca. Las primeras obras teatrales escritas en Latinoamérica, como Representación del fin del mundo (1533), sirvieron como vehículo literario para la conversión de los nativos.
      El espíritu del renacimiento español, así como un exacerbado fervor religioso, resulta evidente en los textos de comienzos del periodo colonial, en el que los más importantes difusores de la cultura eran los religiosos, entre los que se encuentran el misionero e historiador dominico Bartolomé de Las Casas, que vivió en Santo Domingo y en otras colonias del Caribe; el autor teatral Hernán González de Eslava, que trabajó en México, y el poeta épico peruano, aunque nacido en España, Diego de Hojeda.
      México (actualmente Ciudad de México) y Lima, las capitales de los virreinatos de Nueva España
      y Perú, respectivamente, se convirtieron en los centros de toda la actividad intelectual del siglo XVII, y la vida en ellas, una espléndida réplica de la de España, se impregnó de erudición, ceremonia y artificialidad. Los criollos superaron a menudo a los españoles en cuanto a la asimilación del estilo barroco predominante en Europa. Esta aceptación quedó de manifiesto, en el terreno de la literatura, por la popularidad de las obras del dramaturgo español Pedro alderón
      de la Barca y las del poeta, también español, Luis de Góngora, así como en la producción literaria local. El más destacado de los poetas del siglo XVII en Latinoamérica fue la monja mexicana Juana Inés de la Cruz, que escribió obras de teatro en verso, de carácter tanto religioso —por ejemplo, el auto sacramental El Divino Narciso (1688)— como profano. Escribió asimismo poemas en defensa de las mujeres y obras autobiográficas en prosa acerca de sus variados intereses. La mezcla de sátira y realidad que dominaba la literatura española llegó también al Nuevo Mundo, y allí aparecieron, entre otras obras, la colección satírica Diente del Parnaso, del poeta peruano Juan del Valle Caviedes, y la novela Infortunios de Alonso Ramírez (1690), del humanista y poeta mexicano Carlos Sigüenza y Góngora.

      En España, la casa Borbón sustituyó a la Habsburgo a comienzos del siglo XVIII. Este acontecimiento abrió las colonias, con o sin sanción oficial, a las influencias procedentes de Francia, influencias que quedaron de manifiesto en la amplia aceptación del neoclasicismo francés y, durante la última parte del siglo, en la extensión de las doctrinas de la ilustración. Así, el dramaturgo peruano Peralta Barnuevo adaptó obras teatrales francesas, mientras que otros escritores, como el ecuatoriano Francisco Eugenio de Santa Cruz y el colombiano Antonio Nariño, contribuyeron a la difusión de las ideas revolucionarias francesas hacia finales del siglo.
      Durante esta segunda época, surgieron nuevos centros literarios. Quito en Ecuador, Bogotá en Colombia y Caracas en Venezuela, en el norte del continente, y, más adelante, Buenos Aires, en el sur, comenzaron a superar a las antiguas capitales de los virreinatos como centros de cultura y creación y edición literarias. Los contactos con el mundo de habla no hispana se hicieron cada vez más frecuentes y el monopolio intelectual de España comenzó a decaer.

      El periodo de independencia

      El periodo de la lucha por la independencia ocasionó un denso flujo de escritos patrióticos, especialmente en el terreno de la poesía. La narrativa, censurada hasta el momento por la corona de España, comenzó a cultivarse y, en 1816, apareció la primera novela escrita en Latinoamérica, El Periquillo Sarniento, del escritor y periodista mexicano José Joaquín Fernández de Lizardi. En ella, las aventuras de su protagonista enmarcan numerosas vistas panorámicas de la vida colonial, que contienen veladas críticas a la sociedad. La literatura y la política estuvieron íntimamente relacionadas durante este periodo en que los escritores asumieron actitudes similares a las de los tribunos republicanos de la antigua Roma. Desde sus inicios dan claras muestras de su preocupación por destacar los aspectos costumbristas de la realidad, así como de su interés por los problemas de la crítica social y moral. El poeta y cabecilla político ecuatoriano José Joaquín Olmedo alabó al líder revolucionario Simón Bolívar en su poema ‘Victoria de Junín’ (1825), mientras que el poeta, crítico y erudito venezolano Andrés Bello ensalzó los paisajes tropicales en la silva A la agricultura de la zona tórrida (1826), similar a la poesía bucólica del poeta clásico romano Virgilio. El poeta cubano José María Heredia se anticipó al romanticismo en poemas como Al Niágara (1824), escrito durante su exilio en los Estados Unidos. Hacia ese mismo año, en el sur, comenzó a surgir una poesía popular anónima, de naturaleza política, entre los gauchos de la región de La Plata.


      Periodo de consolidación

      Durante el periodo de consolidación que siguió al anterior, las nuevas repúblicas tendieron a dirigir su mirada hacia Francia aún más que hacia España, aunque con nuevos intereses regionalistas. Las formas neoclásicas del siglo XVIII dejaron paso al romanticismo, que dominó el
      panorama cultural de Latinoamérica durante casi medio siglo a partir de sus inicios en la década de 1830. Argentina entró en contacto con el romanticismo franco-europeo de la mano de Esteban
      Echeverría y, junto con México, se convirtió en el principal difusor del nuevo movimiento. Al mismo tiempo, la tradición realista hispana halló continuación a través de las obras llamadas costumbristas (que contenían retratos de las costumbres locales).

      La consolidación económica y política y las luchas de la época influyeron en la obra de numerosos escritores. Muy destacable fue la denominada generación romántica argentina en el exilio de oponentes al régimen (1829-1852) del dictador Juan Manuel de Rosas. Este grupo, muy influyente también en Chile y Uruguay, contaba (además de con Echeverría) con José Mármol, autor de una novela clandestina, Amalia (1851), y con el educador (más adelante presidente de Argentina) Domingo Faustino Sarmiento, en cuyo estudio biográfico-social Facundo, civilización y
      barbarie (1845) sostenía que el problema básico de Latinoamérica era la gran diferencia existente entre su estado primitivo y las influencias europeas.
      En Argentina, las canciones de los bardos gauchos fueron dejando paso a las creaciones de poetas cultos como Hilario Ascasubi y José Hernández que usaron temas populares para crear una nueva poesía gauchesca. El Martín Fierro (1872) de Hernández, en el que narra la difícil adaptación de su protagonista a la civilización, se convirtió en un clásico nacional, y los temas relacionados con los gauchos pasaron al teatro y a la narrativa de Argentina, Uruguay y el sur de Brasil.
      La poesía en otras zonas del continente tuvo un carácter menos regionalista, a pesar de que el romanticismo continuó dominando el ambiente cultural de la época. Los poetas más destacados de esos años fueron la cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda, autora también de novelas, y el uruguayo Juan Zorrilla de San Martín, cuya obra narrativa Tabaré (1876) presagió el simbolismo.
      La novela progresó notablemente en este periodo. Así, el chileno Alberto Blest Gana llevó a cabo la transición entre el romanticismo y el realismo al describir la sociedad chilena con técnicas heredadas del escritor francés Honoré de Balzac en su Martín Rivas (1862). Escribió la mejor novela histórica de la época, Durante la reconquista (1897). Por otro lado, María (1867), un cuento lírico sobre un amor marcado por un destino aciago en una vieja plantación, escrito por el colombiano Jorge Isaacs, está considerada como la obra maestra de las novelas hispanoamericanas del romanticismo. En Ecuador, Juan León Mera idealizó a los indígenas de América al situar en la jungla su novela Cumandá o un drama entre salvajes (1879). En México el
      más destacado de los realistas románticos fue Ignacio Altamirano, en la misma época en que José Martiniano Alencar inició el género regional con sus novelas poemáticas e indianistas románticas (cuentos de amor entre indios y blancos), como El Guaraní (1857) e Iracema (1865).
      Los novelistas naturalistas, entre los que se contó el argentino Eugenio Cambaceres, autor de Sin rumbo (1885), pusieron de manifiesto en sus obras la influencia de las novelas experimentales del escritor francés Émile Zola. El ensayo se convirtió en este periodo en el medio de expresión favorito de numerosos pensadores, a menudo periodistas, interesados en temas políticos, educacionales y filosóficos.
      Un artista y polemista muy característico del momento fue el ecuatoriano Juan Montalvo, autor de Siete tratados (1882), mientras que Eugenio María de Hostos, un educador y político liberal portorriqueño, llevó a cabo su obra en el Caribe y en Chile, y Ricardo Palma creó un tipo de viñetas narrativas e históricas muy peculiar denominada Tradiciones peruanas (1872). El modernismo, movimiento de profunda renovación literaria, apareció durante la década de 1880, favorecido por la consolidación económica y política de las repúblicas latinoamericanas y la paz y la prosperidad resultantes de ella. Su característica principal fue la defensa de las funciones estética y artística de la literatura en detrimento de su utilidad para una u otra causa concreta. Los escritores modernistas compartieron una cultura cosmopolita influida por las más recientes tendencias estéticas europeas, como el parnasianismo francés y el simbolismo, y en sus obras fundieron lo nuevo y lo antiguo, lo nativo y lo foráneo tanto en la forma como en los temas.
      La mayoría de los modernistas eran poetas, pero muchos de ellos cultivaron, además, la prosa, hasta el punto de que la prosa hispana se renovó al contacto con la poesía del momento. El iniciador del movimiento fue el peruano Manuel González Prada, ensayista de gran conciencia social a la vez que osado experimentador estético. Entre los principales poetas modernistas se encontraban el patriota cubano José Martí, el también cubano Julián del Casal, el mexicano Manuel Gutiérrez Nájera y el colombiano José Asunción Silva, aunque fue el nicaragüense Rubén Darío quien se convirtió en el más destacado representante del grupo tras la publicación de Prosas profanas (1896), su segunda obra mayor, y él sería el verdadero responsable de conducir el movimiento a su punto culminante. Solía mezclar los aspectos experimentales del movimiento con expresiones de desesperación o de alegría metafísica, como en Cantos de vida y esperanza (1905), y tanto él como sus compañeros de grupo materializaron el mayor avance de la lengua y de la técnica poética latinoamericana desde el siglo XVII. A la generación más madura pertenecieron escritores como el argentino Leopoldo Lugones y el mexicano Enrique González Martínez, que marcó un punto de inflexión hacia un modernismo más íntimo y trató temas sociales y éticos en su poesía. El uruguayo José Enrique Rodó aportó nuevas dimensiones artísticas al ensayo con su obra Ariel (1900), que estableció importantes caminos espirituales para los autores más jóvenes del momento. Entre los novelistas se encontraban el venezolano Manuel Díaz Rodríguez, que escribió Sangre patricia (1902) y el argentino Enrique Larreta, autor de La gloria de Don Ramiro (1908). El modernismo, que llegó a España procedente de Latinoamérica, alcanzó su punto culminante hacia 1910, y dejó una profunda huella en varias generaciones de escritores de lengua hispana.
      Al mismo tiempo, otros muchos escritores ignoraron el modernismo y continuaron produciendo novelas realistas o naturalistas centradas en problemas sociales de alcance regional. Así, en Aves sin nido (1889), la peruana Clorinda Matto de Turner pasó de la novela indianista sentimental a la moderna novela de protesta, mientras que el mexicano Federico Gamboa cultivó la novela naturalista urbana en obras como Santa (1903), y el uruguayo Eduardo Acevedo Díaz escribió novelas históricas y de gauchos.
      El relato breve y el teatro maduraron a comienzos del siglo XX de la mano del chileno Baldomero Lillo, que escribió cuentos de mineros, como Sub terra (1904), y de la de Horacio Quiroga, autor uruguayo de historias de la jungla, quien, en Cuentos de la selva (1918), combinó un enfoque de tipo regional centrado en la relación entre los seres humanos y la naturaleza primitiva, con la descripción de fenómenos psicológicamente extraños en unos cuentos de misterio poblados de alucinaciones, mientras que el dramaturgo Florencio Sánchez enriqueció el teatro de su país con sus obras sociales de carácter local.


      Literatura contemporánea

      La Revolución Mexicana, iniciada en 1910, coincidió con un rebrote del interés de los escritores latinoamericanos por sus características distintivas y sus propios problemas sociales. A partir de esa fecha, y cada vez en mayor medida, los autores latinoamericanos comenzaron a tratar temas universales y, a lo largo de los años, han llegado a producir un impresionante cuerpo literario que ha despertado la admiración internacional.
      Poesía
      En el terreno de la poesía, numerosos autores reflejaron en su obra las corrientes que clamaban
      por una renovación radical del arte, tanto europeas —cubismo, expresionismo, surrealismo— como españolas, entre la cuales se contaba el ultraísmo, denominación que recibió un grupo de movimientos literarios de carácter experimental que se desarrollaron en España a comienzos del siglo. En ese ambiente de experimentación, el chileno Vicente Huidobro fundó el creacionismo, que concebía el poema como una creación autónoma, independiente de la realidad cotidiana exterior; el también chileno Pablo Neruda, que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1971, trató, a lo largo de su producción, un gran número de temas, cultivó varios estilos poéticos diferentes e incluso pasó por una fase de comprometida militancia política, y el poeta colombiano Germán Pardó García alcanzó un alto grado de humanidad en su poesía, que tuvo su punto culminante en Akróteras (1968), un poema escrito con ocasión de los Juegos Olímpicos de México. Por otro lado, surgió en el Caribe un importante grupo de poetas, entre los que se encontraba el cubano Nicolás Guillén, que se inspiraron en los ritmos y el folclore de los pueblos negros de la zona.
      La chilena Gabriela Mistral, premio Nobel de Literatura (1945) otorgado por primera vez a las letras latinoamericanas, creó una poesía especialmente interesante por su calidez y emotividad, mientras que en México el grupo de los Contemporáneos, que reunía a poetas como Jaime Torres Bodet, José Gorostiza y Carlos Pellicer, se centró esencialmente en la introspección y en temas como el amor, la soledad y la muerte. Otro mexicano, el premio Nobel de Literatura de 1990 Octavio Paz, cuyos poemas metafísicos y eróticos reflejan una clara influencia de la poesía surrealista francesa, está considerado como uno de los más destacados escritores latinoamericanos de posguerra, y ha cultivado también la crítica literaria y política.

      Teatro

      El teatro latinoamericano continuó su proceso de maduración en gran cantidad de ciudades, en especial Ciudad de México y Buenos Aires, en las que se convirtió en un importante vehículo cultural, y vivió un periodo de afianzamiento en otros países, como Chile, Puerto Rico y Perú. En México pasó por una completa renovación experimental, representada por el Teatro de Ulises (que comenzó en 1928) y el Teatro de orientación (en 1932), activados por Xavier Villaurrutia, Salvador Novo y Celestino Gorostiza, que culminaría con la obra de Rodolfo Usigli y continuaría con la de un nuevo grupo de dramaturgos, con Emilio Carballido a la cabeza. Por otro lado, entre los más destacados autores de teatro argentinos se encuentra Conrado Nalé Roxlo.


      Ensayo

      Los ensayistas posteriores al modernismo han sido muy activos, han adoptado una dirección nacionalista y más universal, y han ofrecido una gran variedad de puntos de vista intelectuales. La generación del Centenario de la Independencia de 1910 tuvo representantes como José Vasconcelos, conocido por su sueño utópico de una “raza cósmica” (La raza cósmica, 1925), el erudito dominicano Pedro Henríquez Ureña, autor de Seis ensayos en busca de nuestra expresión (1928), y Alfonso Reyes, supremo mexicano universal, humanista completo y autor de Visión de Anáhuac (1917). Por otro lado, el ensayista colombiano Germán Arciniegas sobresale como un cualificado intérprete de la historia en El continente de siete colores (1965), y el argentino Eduardo Mallea, autor de Historia de una pasión argentina (1935), destaca entre los novelistas de ese país.

      Narrativa

      A partir de comienzos de siglo, la novela latinoamericana en español ha experimentado un enorme desarrollo que ha pasado por tres fases: la primera, dominada por una gran concentración en temas, paisajes y personajes locales, se vio seguida por otra en la que se produjo una extensa obra narrativa de carácter psicológico e imaginativo ambientada en escenarios urbanos y cosmopolitas, para llegar finalmente a una tercera en la que los escritores adoptaron técnicas literarias contemporáneas, que condujeron a un inmediato reconocimiento internacional y a un continuo y creciente interés por parte del mundo literario.

      La narrativa de carácter regional tuvo en el argentino Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra (1926), la culminación de la novela de gauchos; al colombiano José Eustasio Rivera creador de La vorágine (1924), de la novela de la jungla, y al venezolano Rómulo Gallegos Freire, autor de Doña Bárbara (1929), de la novela de las planicies. La revolución mexicana inspiró el género propio: “la literatura de la Revolución mexicana”, que inauguró Mariano Azuela, autor de las novelas Andrés Pérezmaderista (1911) y Los de abajo (1915), y a Gregorio López, que escribió El indio (1935). La situación de los indígenas atrajo el interés de numerosos escritores mexicanos, guatemaltecos y andinos, como el boliviano Alcides Arguedas, que trató el problema en Raza de bronce (1919), y el peruano Ciro Alegría, autor de El mundo es ancho y ajeno (1941), mientras que el diplomático guatemalteco Miguel Ángel Asturias, que recibió en 1966 el Premio Lenin de la Paz y en 1967 el Premio Nobel de Literatura, se reveló como un excelente autor de sátiras políticas en su obra El señor presidente (1946).
      En Chile, Eduardo Barrios se especializó en novelas psicológicas como El hermano asno (1922), y Manuel Rojas se alejó de la novela urbana y cultivó una especie de existencialismo en Hijo de ladrón (1951). Otros escritores, entre los que se cuenta María Luisa Bombal, autora de la novela La última niebla (1934), cultivaron el género fantástico.

      En Argentina, Manuel Gálvez escribió una novela psicológica moderna acerca de la vida urbana, Hombres en soledad (1938). En este país, así como en Uruguay, se desarrolló una rica corriente narrativa donde se hacía gran énfasis tanto en los aspectos psicológicos como fantásticos de la realidad. Así, el argentino Macedonio Fernández abordó el absurdo en Continuación de la nada (1944), mientras que Leopoldo Marechal escribió una novela simbolista, Adán Buenosayres (1948), y Ernesto Sábato una novela existencial, El túnel (1948). Jorge Luis Borges, por otro lado, fue en sus comienzos un poeta ultraísta y, más tarde, se convirtió en el escritor más importante de la Argentina moderna, especializado en la creación de cuentos (Ficciones, 1944), traducidos a numerosos idiomas. Colaboró en varias ocasiones con Adolfo Bioy Casares y despertó el interés por la novela policiaca complicada y por la literatura fantástica. Bioy Casares fue pionero en el terreno de la novela de ciencia ficción con La invención de Morel (1940), y el uruguayo Enrique Amorim inauguró la novela policiaca larga con El asesino desvelado (1945). Otro de los escritores que obtuvieron inmediato reconocimiento internacional por su brillantez y originalidad fue el argentino Julio Cortázar, en especial debido a su antinovela experimental Rayuela (1963). Entre los autores uruguayos centrados en la novela psicológica urbana se encuentran Juan Carlos Onetti con El astillero (1960) y Mario Benedetti con La tregua (1960). La nueva novela mexicana evolucionó a partir del crudo realismo como consecuencia de la influencia de escritores como James Joyce, Virginia Woolf, Aldous Huxley y, especialmente, John Dos Passos y William Faulkner. Con un escenario y una trama de carácter local, a la que añadieron nuevas dimensiones psicológicas y mágicas, José Revueltas escribió El luto humano (1943) y Agustín Yáñez Al filo del agua (1947). Juan Rulfo escribió en un estilo similar su Pedro Páramo (1955), mientras que Carlos Fuentes, en La región más transparente (1958), alterna lo puramente fantástico y psicológico con lo regional, y Juan José Arreola, autor de Confabulario (1952), destaca por sus fantasías breves, de carácter alegórico y simbólico. Otros novelistas han experimentado con técnicas multidimensionales, como, por ejemplo, Vicente Leñero, creador de la novela Los albañiles, que ganó el Premio Biblioteca Breve en 1963 y que el autor convirtió en pieza dramática en 1970, y Salvador Elizondo, que escribió Farabeuf (1965).

      Entre los restantes novelistas latinoamericanos que han escrito en español y que han conseguido reconocimiento internacional, el antiguo regionalismo ha sido superado por nuevas técnicas, estilos y perspectivas extremadamente variadas. La etiqueta estilística realismo mágico se puede aplicar a muchos de los más destacados narradores —aquellos capaces de descubrir el misterio que se esconde tras los acontecimientos de la vida cotidiana. El novelista cubano Alejo Carpentier añadió una nueva dimensión mitológica a la novela ambientada en la jungla en Los pasos perdidos (1953), al tiempo que su compatriota José Lezama Lima consiguió crear en Paradiso (1966) un denso mundo mitológico de complejidad neobarroca. Por otro lado, el peruano Mario Vargas Llosa descubrió a sus lectores variadas perspectivas escondidas en el aparentemente cerrado mundo de una academia militar en La ciudad y los perros, novela que consiguió en 1962 el Premio Biblioteca Breve y que fue una de las que inauguró el boom de la Literatura latinoamericana, mientras que el colombiano Gabriel García Márquez, galardonado con el Premio Nobel en 1982, se dio a conocer internacionalmente con su novela Cien años de soledad (1967), en la que, a través de una mágica e intemporal unidad, logró trascender el ámbito puramente local en el que se desarrolla la trama narrativa. Con la obra de estos escritores, la novela latinoamericana escrita en español no sólo alcanzó su mayoría de edad, sino que parece estar atrayendo la atención de un público internacional cada vez más numeroso.

      miércoles, 15 de junio de 2011

      LITERATURA ANTIGUA DE LA INDIA


      Durante la Antigüedad, en el subcontinente indio floreció una gran civilización en la que la literatura conoció multitud de formas, géneros y manifestaciones. Esta literatura se escribió en sánscrito, el antiguo idioma del país y el más antiguo dialecto indoeuropeo conocido, conservado como lengua de cultura.

      Período védico

      La primera fase de la literatura sánscrita toma su nombre de la palabra veda, «ciencia». Básicamente, consiste en una amplia serie de textos religiosos (rezos y fórmulas rituales, himnos, tratados filosóficos, aforismos, etc.). Los más antiguos, agrupados en la recopilación denominada Rig-Veda, se remontan al siglo XV a.C.

      Período clásico

      Comienza hacia el s. IV a.C. y presenta ya una notable diversidad de géneros:


    • Epica. La epopeya tradicional nos ha legado dos grandes obras, el Mahabharata y el Ramayana, ambas recogidas por escrito en el s. II. El Ramayana, atribuido en sus orígenes a un tal Valmiki, narra los esfuerzos del rey Rama por rescatar a su esposa, raptada por el rey de los demonios. De gran cuidado formal, incluye leyendas y nociones de filosofía. Siguiendo el modelo del Ramayana, a partir del s. VII surgió una épica artística y culta de tema histórico y legendario.

    • Teatro. Desde el s. II a.C. se desarrolla una rica tradición dramática. Las obras, que alternan verso y prosa, y lengua culta y popular, son de una gran variedad temática. Destacan títulos como Sakuntala de Kalidasa, una bella historia de amor, o el llamado «Romeo y Julieta hindú», Malatimadhava de Bhavabhuti (s. VIII).

    • Poesía lírica. El mejor poeta indio es Kalidasa (s. IV-V), autor de composiciones como Ritusamhara o Meghaduta. Fundamental figura de las letras hindúes, ya citado como gran dramaturgo y autor también de poemas épicos, fue admirado por los románticos europeos.
      Narrativa. De las abundantes recopilaciones de cuentos y fábulas indias, la más antigua y famosa es el Panchatantra (s. IV-V).

    • Prosa. El tratado erótico Kamasutra (s. V), escrito por Vatsyayana Mallanaga, se incluye además dentro de los textos religiosos de la India. Por otro lado, en las abundantes obras inspiradas en la figura de Buda se basó una biografía árabe, Barlaam y Josafat, que a través del castellano llegó a Occidente.
    • domingo, 8 de mayo de 2011

      1 - ¿PERO QUÉ ES LA LITERATURA? CARACTERIZACIÓN DE LOS TEXTOS LITERARIOS

      Es muy difícil que encontremos una definición clara, concisa y exacta de lo que es la literatura. Sobre ello se han vertido ríos de tinta y, aún hoy, no podemos def inirla; probablemente porque eso sea imposible. Tradicionalmente se ha intentado definir la literatura por oposición a un uso común del lenguaje y en función de una serie de características:


    • Originalidad. El lenguaje literario es un acto de creación consciente de un emisor con voluntad de originalidad. El lenguaje común está gastado, es repetitivo; el literario debe ser inédito, extraño, siempre original.

    • Voluntad artística. Se usa el lenguaje con una voluntad artística, es decir, intentando crear una obra de arte. No existe, pues, una finalidad práctica, sino estética.

    • Especial intención comunicativa. Este lenguaje tiene una singular intención comunicativa, y nunca una finalidad práctica sino estética.

    • Desviación: concepto. Llamamos así a la "recurrencia" o repetición en un texto breve de dades lingüísticas de cualquiera de los niveles, es decir, aparición estadísticamente superior de una unidad determinada si la comparamos con su frecuencia de aparición en el lenguaje "normal".

    • Lo connotativo. Es un lenguaje esencialmente connotativo. En un texto literario no existen signif icadosunívocos (ello diferencia radicalmente a este lenguaje de los técnicos y científicos). Se utiliza un lenguajeabierto a la evocación y a la sugerencia a través de los significados secundarios de las palabras: además, y por encima de las connotaciones habituales de algunas palabras (connotaciones universales o grupales), es posible provocar nuevas connotaciones, propias de cada lector, de cada autor o de cadaépoca en que se recree, al leerlo, el texto. En este sentido, hablamos de plurisignificación.

    • Mundo propio. El mensaje crea sus propios mundos de ficción cuyos referentes no han de corresponder necesariamente con la realidad exterior. El habla normal depende del contexto extraverbal. No ocurre así en el texto literario. El lector no conoce el contexto hasta que lee.

    • Importancia del significante. A pesar de Saussure, podemos afirmar que, en un mensaje literario, el significante puede estar motivado: musicalidad, aliteraciones, simbolismos fónicos... En general, podemos hablar de la importancia de la forma: la literatura usa como materia prima el lenguaje, que se toma de una lengua, con su forma, con su "contextura" propia. Además, hay quien opina que la lengua conforma el pensamiento. Por estos motivos algunos autores han negado la posibilidad de la traducción.

    • La función poética. Recordemos el estudio de las funciones del lenguaje (Jakobson): el lenguaje desempeña una función estética o poética cuando llama la atención sobre sí mismo, sobre la manera de decir las cosas. El texto literario se caracteriza por la especial atención que recibe el mensaje. Si bien puede aparecer en textos no literarios, su presencia en los mensajes literarios es obligada, se da sistemáticamente y se puede considerar un fin en sí misma .

    • A pesar de las características enunciadas anteriormente debemos hacer una serie de matizaciones, y para eso lo más oportuno es que vayamos analizando diferentes relaciones que pueden hacerse entre la literatura y otros saberes, disciplinas o ámbitos vinculados.

      1.1. Literatura y arte.-


    • La literatura es un arte, por lo que consiste, fundamentalmente en la manipulación de un material (en este caso, el lenguaje), para producir objetos distintos al material de partida, imprimiéndoles una forma determinada.

    • Como todos los objetos artísticos, no debe analizarse sólo en términos de significante/significado, sino en términos de sentido (‘lo que quiere decir’ un texto, frente a ‘lo que dice’).

    • La obra literaria es plurisignif icativa. Es decir, más que un significado, funcionan varios signif icados a la vez, y admite varias interpretaciones. Eso no quiere decir, sin embargo, que pueda signif icar cualquier cosa que se le ocurra a un lector individual. El conjunto de los significados está dentro de unos límites,que son el objeto de la investigación literaria.

    • Carece de finalidad práctica. Esa fue una de las razones por las que Jakobson consideró que pertenecíaa una función del lenguaje diferente a las demás.



    • 1.2. Literatura y comunicación.-


      La literatura es de naturaleza f ictiva, lo que quiere decir que los elementos del proceso de comunicación han de ser entendidos de forma especial:

    • El emisor resulta una ‘máscara’ tras la que una persona real se ha ocultado. Las manías, grandezas, preferencias, los sentimientos , etc., no han de corresponderse con los de la persona que está detrás. En los casos de coincidencia hablamos de “biograf ismo” o de “confesionalismo” (y aun así, pocas veces encontraremos sinceridad...)

    • El receptor no es una persona concreta, sino una hipótesis exigida por el propio texto en sí. Por mucho que vaya dedicada una obra, en realidad se dirige a una construcción ideal que es ese ser que comprende idealmente todos los recovecos y claves de la obra, que se percata del sentido último del texto, de lo que quiere decir la obra. Este lector ideal es inalcanzable, y cuanto más acertada sea nuestra interpretación, más cerca estaremos del receptor ideal.

    • El canal sufre el mismo problema que el de otras obras de arte. Al ser un producto que puede ser recibido por personas de las más diversas épocas y zonas, sufre problemas de transmisión:alteración de los textos, cortes, formas de editar variables, pérdidas, etc.

    • Como todo producto artístico, la obra literaria es recibida por personas de épocas y lugares no necesariamente previstos por el autor, por lo que el contexto puede variar muy seriamente,especialmente en la faceta que definíamos como s ituación. Pero, además, como el texto es ficción, nos encontraremos que el propio autor, por muy “realista” que nos parezca, ha desarrollado su propio contexto.

    • ¿Y el referente? Desde muy pronto hubo un gran acuerdo en la teoría de la Literatura sobre la autorreferencialidad del texto literario. Es decir, el referente de la obra literaria (en realidad, el de toda obra de arte) es ella misma. Crea su propio mundo, en el que las condiciones de verdad y mentira pueden variar: sabemos en qué consistió la sensación de La Regenta cuando recibió el beso desmayada, pero jamás podremos saber algo tan sencillo como si tenía un lunar en la
      espalda.

    • Para el código literario, dedicaremos un apartado.


    • 1.3. Literatura y código.-


      Más que un código específico, la literatura emplea una variedad de diferentes códigos que se superponen, y que hay que desvelar para interpretar completamente un texto. La diferencia con un mensaje no artístico (“normal”) es que el literario no se puede interpretar literalmente. Podemos fijar, como los fundamentales:

    • El propiamente lingüístico, como un componente más.

    • Las claves propias de la obra: personajes, repeticiones, referencias a elementos ya mencionados o quevan a aparecer después, etc.

    • Género: ya sea en sus tres grandes conjuntos (lírica, narrativa, dramática) o en sus denominaciones concretas (novela rosa, elegía, entremés...). Suponen una estrategia de comunicación que tanto autor como lector deben acordar.

    • Ideología: conjuntos de mitos e ideas propios de una época, que todo autor (como ser humano que es) comparte y/o rechaza, según qué casos...

    • Intertextual: influencia de otras obras y textos, ya sea como imitación, versión o simple inspiración.


    • 1.4. Literatura y lenguaje.-


      Lo cierto es que todos estos códigos se acaban proyectando en un mensaje verbal, y que, de una u otra manera, pueden presentar peculiares usos del lenguaje. Esto no quiere decir que en esos usos resida lo literario, sino que son marcadores (algo así como la punta del iceberg) de que ese mensaje es ficticio. A estas diferencias que a veces es posible detectar lingüísticamente es a lo que algunos lingüistas han denominado desviación. Hay que tener claro que estas diferencias no son un “adorno”, algo que se añade al texto, sino que surgen como consecuencia de la creación literaria. Un texto literario no se produce primero literalmente y luego se “adorna”, o se “traduce” a lenguaje poético, sino que se crea en su propio lenguaje.

      sábado, 7 de mayo de 2011

      Patrick Rothfuss - The Wise Man's Fear (The KingKiller chronicle, day 2)





      The Kingkiller Chronicle: Day 2



      The Wise Man's Fear






      Crónica del Asesino de Reyes, día 2



      El temor de un hombre Sabio






      "Hay tres cosas que todos los sabios temen: el mar en tempestad, una noche sin luna, y la ira de un hombre amable"






      En el "Nombre del Viento" conocimos a Kote, un humilde tabernero en un remoto pueblo. Tras su apariencia tranquila y serena, se esconde la historia de uno de los heroes más infames del mundo, pues Kote no es otro sino Kvothe, el Asesino de Reyes, escondido y retirado. Aunque afortunadamente ha accedido a contarnos su historia, toda su historia, desde que era un niño hasta convertirse en la leyenda que es hoy día. Para ello necesitará 3 días.






      El primer día, Kote nos relató su niñez, con los Edena Ruh, troupé de actores ambulantes; el asesinato de sus padres, a mano de los Chandrian, unos misteriosos demonios que asolan el mundo y que no les gusta que se cuente su historia; su vida como vagabundo en las calles de Tarbean, la ciudad más grande del mundo; y finalmente su ingreso en la Universidad, cómo se las ingenió para ir avanzando en sus estudios, sin dinero, trabando grandes amistades y grandes enemistades por el camino, descubriendo el amor y sin perder nunca su objetivo de vista: aprender lo máximo posible sobre los Chandrian, para vengar a su familia.






      Y ahora empezamos el segundo día de estas crónicas. La taberna está en silencio, esperando a que llegue su dueño, para continuar con su relato.



      NOTA IMPORTANTE: El libro es en idioma Ingles.



      Continuación del exitoso libro, "El Nombre del Viento", publicado recientemente en inglés y se publicara hasta Noviembre de 2011 en castellano






      Formatos dentro del rar: Epub, Mobi, Rtf, Lit, Irf












      Nota Importante: Recientemente para los que no entienden el Ingles hay un blog que se esta dedicando a traducirlo al español (aun que solo tiene algunos capitulos):




      Nota. En este blog ya no se esta haciendo la traducción para lo que deseen tener la traducción chequense esta entrada: