miércoles, 26 de mayo de 2010

LA COFRADIA - CAPITULO 17

XVII


El día al fin llegó, Lucil no pudo dormir muy bien, estaba cansada. Su cuerpo respiraba nerviosismo e inquietud. Se incorporo taciturnamente — pensando en el día que le esperaba — viendo un cielo plomizo lleno de aire — recordándole la visión de la torre de Rar—, dio un profundo suspiro y vio el vestido que utilizaría esa noche.
Su padre estaba tan feliz por el día, había dicho en varias ocasiones que los Karianos al fin necesitaban un día de celebración después de tanto sufrimiento que pasaron en los últimos años y aun que él sabía que aun existía el peligro de Rar, los Karianos no tenían porque enterarse de más desgracias.
La tarde paso rápidamente sin saber qué hacer y si su plan resultaría; mientras el sol se ocultaba tras el crepúsculo y las nubes oscilaban precariamente a su alrededor. Ella escucho la algarabía de Lara y Sirine que se preparaban nerviosamente con vertidos de gala para la ocasión, mientras los chicos se arreglaban con trajes de celebración. Ella y Elther se encontraban al borde del colapso nervioso, sabiendo como su corazón presentía con mayor energía a Rar y que ese día sería primordial, sin concebir que aun no tenían como vencerle. Elther le había visto varías veces esa día preguntado si realmente pasaría y conforme pasaba la tarde no solo ya no le quedaba duda, sino se paseaba nerviosamente porque al parecer ellos dos no había sido los únicos en sentir su fuerte presencia, Iliac había preguntado varías veces sobre esa energía relacionándola por completo con Rar; sin embargo ellos lo habían negado todo aun que él se mostraba incrédulo — los sentidos de Iliac jamás le habían engañado y el no se podía sacar de la cabeza sabiendo que ellos le ocultaban algo .
Cayó la noche con tranquilidad y su inseguridad se acrecentaba, no solo por el nerviosismo de ambos, sino por la insistencia de Iliac por saber.

La reunión fue preparada en la el jardín de la ciudad central — como Lucil sabía que sería— para que todas las personas de la ciudad pudiesen ser participes de la celebración. Todos hablaban felices, viendo como en tanto tiempo no había visto a su padre tan afable en medio de tanta gente, en la cual la mayoría que lo rodeaba eran miembros del pugilato, representantes de las colonias que formaban parte de la Comunidad Kariana, mientras tanto Azuer y Sirine chanceaban alegremente con sus antiguos amigos — que no habían tenido ocasión de estar con ellos desde hace mucho tiempo y de los cuales Lucil ni siquiera sabían que existían — mientras que Lara intentaba integrar a la plática a Elther e Iliac que miraban a Lucil vigilantes e imperturbables, sintiéndose ella completamente ajena a la reunión, apartándose poco a poco sentía como una barrera imaginaría se iba formando en derredor, separándola de todo lo que le rodeaba llevándola a extraviarse en sus propios pensamientos sin darse cuenta de que se estaba aislando aun que Iliac siempre intentaba atraerla hacía su conversación pero ella insistía en mantenerse a alejada siempre manteniendo la idea de que Rar llegaría en cualquier momento.
Evitaba el contacto con las demás personas que se mostraban muy interesadas en su compañía en tanto ella se deshacía en nerviosismo sintiéndolo cada vez más cerca, percibiendo como al aparecer repentinamente el halo —Rar iba destruyendo paso a paso las barreras infranqueables de la Fuente que siempre se habían visto sobre Kara y que era la protección que esta otorgaba al planeta — se vio rodeado de una densa bruma que había difuminado fundiéndose en el cielo estrellado, opacando la luz de las lunas que rodeaban Kara, envolviendo el cielo en una mancha borrosa que se acercaba claramente a la superficie y toco tierra muy cerca de la reunión. El gran estruendo que ocasiono provoco gran alboroto siendo los chicos los primeros en acercarse. Lucil al verlos — y recordar lo que pasaría— penetro dentro de sus mentes y ordeno que se detuvieran, sin embargo Iliac aun seguía su camino y sin previo aviso fue derrumbado por un gran rayo que término estallando frente a su cara provocando que saliera expulsado a varios metros de distancia de la densa neblina de donde provenía el rayo, mientras ella se acercaba intranquila empezando a temblar convulsivamente, siéndole imposible evitarlo sus hermanas corrían a ayudar a Iliac. Ella se detuvo apenas dos metros de distancia mientras veía pasar todo como en una cámara lenta como la sombra de su visión se hacía cada vez más visible a la vez que sus hermanos se acercaban — ya libres de su dominio— mientras Iliac yacía inerte sobre el pasto. Ella podía sentir su presencia sabía quién se ocultaba tras esa neblina de la cual todos se alejaban espantados — no era la única que percibía la maldad que emanaba de aquella cosa que había penetrado la protección de la Fuente y que era mucho más fuerte de lo que sintió en su visión — en tanto se dejaba escuchar en el ambiente un profundo estertor soplando sorpresivamente un viento frió en dirección a ella — quien se había mantenido inerte frente a la neblina — y que ahora apreciaba como el aire que la rodeaba se iba transformando en materia, sintiendo el leve roce de algo que la rodeaba y se adueñaba por completo de su realidad esclavizándola al más colápsante terror que alguna vez pudiera sentir. El poder extraño que ahora la rodeaba no le permitía moverse, ni pensar claramente, viendo como al fin tomaba forma aquella fuerza en un ser enérgico que la sostenía potentemente, su corazón palpito con mayor rapidez paralizándole por completo, era él.
Poco a poco todos se fueron dando cuenta a su alrededor que un extraño la tenía prisionera, más sus hermanos no tardaron en comprender lo mismo que ella sabía. Rar la tenía sujeta y miraba dominante y retadoramente a su alrededor, deseaba que se enteraran que estaba ahí y que era mucho más fuerte que ella. Ella intento resarcirse, pero él la sostuvo fuertemente a la vez que la lastimaba aun más, no le importaba.
Ahora todos se alejaban de ella y del hombre de rostro demoníaco que la mantenía presa, a la vez que sus hermanos acudieron pronto atacándolo varias veces con infinidad de hechizos, con sus propios poderes, mientras ella se mantenía cada vez más alejada de su realidad, dejándose llevar solo por un mal sueño del cual deseaba ferviente despertar. Los minutos pasaban a la vez que veía como sus hermanos por más intentos de ataque que hacían él se mantenía igual. Ella no pudo reaccionar de esa pesadilla hasta que vio a Iliac reincorporarse con ayuda de su padre; al instante él la enfoco y ella convulsivamente se comunico con Elther, debía alejarlo de ahí.
Elther rápidamente se acerco a su hermano olvidando por un momento lo que pasaba frente a él— había olvidado por completa no intervenir guiándose por su instinto, sin embargo esto era diferente la vida de su hermano corría peligro, tratando de refrenar a Iliac — que no tenía ojos más que para lo que pasaba frente a él— quien lo quito de su paso y camino delante de sus hermanos
— Uno a uno — le escucho decir Lucil siendo la chispa que le despertó por completo de su ensoñación
Rar estallo en una carcajada escalofriante que le helaba el alma a la vez que ella lanzaba lejos a Iliac con un simple pensamiento.
Rar callo de repente y la vio sin comprender lo que sucedía mientras ella reunía toda la fuerza que tenía para darse valor
— Es suficiente — alego Lucil
— Yo diré cuando sea suficiente — dijo desafiante Rar
Iliac se incorporaba nuevamente bastante confundido al tiempo que veía a Lucil mirar directamente a Rar y decirle
— Tu sabes también como yo que perderás lo que realmente has venido a buscar si continuas haciéndoles daño
Rar le miró fríamente esperando receloso alguna explicación — sin poder creer aun que conseguiría eso que tanto deseaba tan fácilmente
— Las cosas siempre han sido así ¿Por qué tendrían que cambiar?
— Porque quiero llegar a un acuerdo contigo, si tu olvidaras o no intervinieras ni directamente o indirectamente en la Comunidad Kariana y con los que la integran yo me iría contigo
Rar le observo incrédulo pero acepto sin pensar y en tan solo un minuto se difumino la Comunidad, la fiesta, sus hermanos — aun que aun escuchaba sus gritos en aire — y todo lo que la rodeaba; poco a poco se visualizo un pasillo oscuro y escucho como se deslizaba pesadamente algo; él la tomo violentamente del brazo arrojándola después en una oscura habitación. Ella callo totalmente desprotegida asustada. Había perdido todo por lo que había luchado, sufría por estar lejos de su familia y por no tener cerca de ella todo lo que creía la hacía fuerte. Se sentía ahora tan vulnerable, sabiendo que tal vez todo terminaría, guardando en su ser solo el saber que Rar no se entrometería con la Comunidad mientras ella estuviera con él. Tendría que olvidarse de sí misma y someterse al ser que le había hecho tanto daño.
Lloro toda la noche sin encontrar consuelo en todo su ser encerrada en esa lúgubre habitación; al siguiente día aun permanecía en medio de su cárcel sabiendo que ya no era más un sueño sino la pesadilla de la que tanto había huido y que duraría por el resto de su vida, se sentía sin fuerza y no podía luchar más contra lo inminente.

Al tercer día de su encierro ella se encontraba tan debilitada por la falta de alimento manteniéndose perdida en su triste realidad, repentinamente Rar entro con actitud desafiante y frenético al verla totalmente abatida aumento su frenesí — habiendo esperado una lucha con ella y al final la dominación, pero eso que veía no sabía como enfrentarlo sintiéndose completamente frustrado— al ver que ella no lucharía mas y simplemente se perdería en su torpeza
— ¿Con esa actitud pretendías vencerme?— pregunto iracundo
Lucil no contestó, vibro de terror no podía luchar más. El se acerco y la tomo violentamente levantándola con fuerza, lanzándola después con potencia sobre la cama.
— Te creí más valiosa — dijo Rar con exasperación mientras abandonaba la habitación
Ella se encogió intentando protegerse, no sabía cuanto tiempo sobreviviría a ese maltrato siendo un ser tan violento y lleno de odio temblaba ante la idea de ser incapaz de imaginarse lo que sería capaz de hacerle si se atrevía a desobedecerle


Se odiaba así mismo por portarse así con ella, pero no lo podía evitar, tendría que aceptarlo, debía de amarlo tal como era «… después de todo es lo que los mortales predican, cuando realmente existe el amor»

Sonreía después de tanto tiempo al fin tenía lo que tanto había buscado era, tras era. Irene lo observaba absorta «se ve tan hermoso con esa sonrisa, le amo tanto» pensaba para sí mientras intercambiaba ideas con Finrod —líder de los Éclairers — que le explicaba detenidamente como podían penetrar sin ningún problema la Comunidad
— Eso no se hará — ordeno irreflexivamente Rar al escuchar a Finrod
— Pero, señor… — intervino Finrod confundido
Rar le miraba desafiante mientras el acallaba por pavor
— Desde cuando se cuestionan mis ordenes
— Lo siento, mi señor
— Irene, ¿le has dado a nuestra invitada todas las comodidades?
Irene bajo la mirada, era la única que sabía que había ido a la Comunidad y regresado con Lucil como recompensa, desde entonces él le había ordenado se encargara de sus necesidades, pero ella la había dejado simplemente abandonada, sin alimento alguno desde entonces, debía pagar todo lo que le había hecho.
— Contesta — ordeno Rar
Si mentía él lo sabría, era incapaz de ocultarle algo
— No — repuso Irene con un hilo de voz
La ira se reflejo en los ojos de Rar
— Lo intente, pero pensé que ella escaparía — dijo Irene excusándose
— Estás aquí para obedecer mis ordenes no para pensar — dijo Rar escuchándose a lo lejos un rayo que hizo temblar a Irene
— ¡Mi señor! — intervino Finrod
— ¡¡¡ No intervengas!!!— recrimino Rar dirigiéndose a Finrod para después decir —¡Entendiste Irene!—Irene asintió apenada

**********


Iliac corrió todo lo rápido que pudo no podía dejar que se fuera, mientras veía desvanecerse frente a sus propios ojos a Lucil en compañía de Rar. Llegaba a su cometido demasiado tarde ya no estaban, sus hermanos gritaba detrás de él intentando detenerlos también pero todo era inútil se la había llevado.
— ¡¡¡NO!!! — grito con voz desgarradora Iliac
Elther se acercaba apenado, él sabía lo que sucedería y no pudo evitarlo y ahora se enfrentaría a las explicaciones sin sentido, sintiendo muy hondo el dolor de su hermano y de su propio padre que había llegado segundo después de que Lucil y Rar se desvanecieron en el aire.
— Tu lo sabías — increpo Iliac
— No había otra solución — explico Elther temeroso
— ¿Otra solución a qué? — preguntaron al unísono Iliac y Omed
Elther explico en medio de torpes palabras todo lo que Lucil le había comentado, mientras veía como aumentaba el coraje en su padre e Iliac, mientras los demás no alcanzaban comprender como una vez más los dejaba fuera
— Ahora todo será imposible, está en sus manos — añadió Sirine
— No, ella me dijo que debíamos seguir luchando, ella lo seguirá haciendo donde quiera que este — explico Elther
— ¡¡¡Y qué!!! ¿Piensas que ese demente no la descubrirá? — añadió colérico Iliac — Debemos buscarla y sacarla de donde esta
— NO — intervino más calmado Omed — lo que debemos hacer es seguir adelante con los planes de destrucción del imperio del Silencio. Ella nos dio tiempo, debemos aprovecharlo
— Pero… — insistió Iliac
— Iliac ella se fue con él, como dice mi padre nos dio tiempo. Ella eligió ese camino antes de que ambos terminaran muertos — explico Elther
— ¿Entonces insinúas que la dejaremos en sus manos? Estará muerta en cuestión de horas
— Sabes que él jamás la mataría. La quiere para sí, como tú lo haces
Desde ese momento Iliac intentó en varias ocasiones encontrar a Lucil, pero al parecer hasta la Fuente se negaba a que lo hiciera, negándole la entrada a los lugares que él deseaba, permanecía en constante mal humor mientras sus hermanos habían aceptado de mala gana la orden de su padre.



Irene oprimió de mala gana el botón de la puerta de Lucil.
— Luces — dijo
Lucil permanecía en el suelo semiabandonada hecha un ovillo ocultando su rostro después de tantos días de oscuridad. Irene se carcajeó se sentía satisfecha al verla acabada.
Lucil levanto la mirada aun le lastimaba mucho la luz, pero esa riza le llenaba de furia, sentía el odio de la persona que tenía frente así — sabía que tendría que soportar los maltratos de Rar pero no los permitiría de nadie más, mucho menos de ese ser tan ordinario como el que tenía enfrente sin más magia que una piedra común—. Abrió repentinamente los ojos y visualizo el bulto, aun le lastimaba terriblemente la luz pero no importaba no necesitaba visualizar a la perfección lo que tenía frente así, penetro sin ningún problema las capas de la mente que tenía frente así, estaba llena de miedos irracionales, visualizo algo conocido no le dio importancia lo único que debía hacer era fabricarle una Ilusión.
Repentinamente Irene se vio rodeada de una gran oscuridad dejando rápidamente la bandeja de comida sobre la cama, pero era demasiado tarde yacía nuevamente en esa espantosa cárcel, con su sol a media luz y ese maldito olor a humedad, corría asustada intentando salir.
— ¡¡¡NOOOO!!! — grito despavoridamente mientras sollozaba
El grito se escucho en todos los corredores cercanos a la habitación, Lucil sonreía satisfactoriamente lo había logrado. En ese instante entraba intempestivamente dos figuras.
— ¿Qué sucede aquí? — dijo la primera que reconoció ella como la voz de Rar mientras la otra se acercaba a la Irene intentando despertarla — veo que aun tienes fuerzas — agrego Rar viendo a Irene
Lucil dejó libre a Irene, mientras esperaba con un poco de miedo el castigo por su atrevimiento. Rar se acerco a ella ayudándole a incorporarse, los ojos le dolían tanto, no podía ver mientras escuchaba algunos metros el sollozo de la chica, explicándole a la otra figura su mala experiencia
— Señoría, no dejara impune esto — escucho decir de la segunda figura que abrazaba a la chica
— Ella solo obtuvo lo que merecía, le advertí que no debía meterse con ella — dijo enérgicamente Rar
Entonces Lucil sintió como una segunda persona se acercaba a ellos, sentía su enojo, ella reacciono instintivamente lanzándolo lejos de ella.
Firond choco con la pared adolorido mientras Rar sujetaba a Lucil y la dejaba sentaba sobre la cama
— Es suficiente, ustedes dos váyanse — ordeno Rar y dijo a Lucil — Y tu será mejor que te prepares y te pongas algo de ropa que hay en la cómoda, dentro de algunas horas me acompañaras
Rar salió después de su habitación dejándola sola nuevamente con la luces prendidas.
Ella se mantuvo largo tiempo en silencio sin poder ver, resultaba extraño había intentado traer algo comida y de su propia ropa con el intercomunicador, pero al parecer la fuerza de Rar era mayor que lo que la de la Comunidad dado que el lugar en el que estaba se hacían impenetrable. Después de algunos minutos reconoció el olor a comida que tenía a algunos metros de ella, palpo la superficie rugosa del lecho en busca de lo que deseaba, encontrándolo sin dificultad después de revisarlo y saber que realmente lo que tenía frente así intento resistir por algunos minutos en medio de su necesidad pero le fue imposible su estomago le había hecho una mala jugada ahora gritaba desesperadamente por acallar su desdicha. Empezó a comer poco a poco para evitar devolver.
Después de algunas horas se encontraba mejor había saciado el hambre que le estaba matando durante los días, la luz ya no le lastimaban los ojos y ahora debía tomar un baño de la puerta contigua de donde había estado tomado agua.
Se sentía extraña algo abatida aun, pero su esperanza había vuelto a renacer, sus ideas de que fuera un ser encarnado, sanguinario y sin sentimientos había superado un espasmo completo, demostrándole Rar algo que tal vez los demás no descubrieron, «él tiene sentimientos, me defendió, me ama» esa última palabra callo como manaza sobre su rostros, siempre lo había visto como un espectro que le amenazaba constantemente sin razón alguna.
Siempre le importó solo el hecho de que sufría por su causa, pero ahora ella había cambiado la situación y debía conocer las razones para ello, ya no era solo una sombra molesta, sino un ser de oscuridad que le abrió la puerta a su vida muy fácilmente «como un amante deseando recuperar lo perdido».
En su interior sintió nuevamente como palpitaba la nueva energía, debía ser cuidadosa y conocer más de él, saber donde esta, conocerle, sin importar ahora un poco el futuro de la Comunidad o el futuro mismo del orden no importaba, debía conocerle, debía ganar su confianza.

Abrió despreocupadamente los cajones en busca de la ropa que él le había dicho, mientras pensaba distraídamente «que tipo de mujer le gustara, una donde pudiera tener el control total, con iniciativa…» lo descubriría muy pronto. Saco distraídamente un vestido sin importarle como fuera, se desnudo tranquilamente cuando quedo paralizada, cometía un error elemental «lo olvide, pero él se dará cuenta, no es un tonto» miró con detenimiento el vestido que ahora tenía en sus manos — hacia mucho que solo elegía la ropa para sí, no para gustar a nadie, hacia tanto tiempo que lo había olvidado —, regreso a la cómoda molesta consigo misma por haber olvidado algo tan elemental, reviso uno a uno los cajones en busca de la ropa adecuada. La mayoría de ella era de estilo Miriar — como ya lo sabía — no le gustaba, pero que importancia podía tener ahora su opinión, si a él le gustaba tendría que usarla.

Tomo uno — considerándolo no muy elegante, pero si lo suficiente como para una reunión informal, — y se lo puso detalladamente, rió de sí misma se sentía tonta como una colegiala en su primer cita, de pronto ese pensamiento le dio un vuelco en el corazón aun le dolía Manolo, el recuerdo de la ilusión de Elther la dejo sin aliento. Recordaba su sonrisa, la manera tan repentina en que se conocieron, sus momentos felices, su engaño; sin esperarlo algunas lágrimas corrían por su rostro. Y Elther lo cariñoso que se portaba con ella, su apoyo incondicional, «El es todo lo que siempre
Desee tener, lástima que no pudo durar; pues su lugar esta con Lara y yo…». Inesperadamente pensó en Iliac reflejándosele una sonrisa, al recordar todo lo que había pasado juntos, siempre con peleas, sorpresas y locuras; al descubrir lo que había hecho relacionar a Manolo — el amor de su vida e Iliac «¿Por qué?» estaba confundida. No importaba ahora escuchaba unos pasos firmes que se dirigían a ella, sabía de quien se trataba, estaba lista.
— ¡Estás lista!— dijo Rar inmutable al entrar
Ella se puso de pie y salió del cuarto de baño. El al vio detenidamente mientras ella sentía como le trasmitía involuntariamente como una ráfaga de viento que corre en medio del desierto en pleno día «te ves tan hermosa». Suprimió un sonrisa, no debía enterarse que ese pensamiento había llegado a ella mientras se acrecentaba el odio a él en su interior.

Rar la tomo de la mano firmemente mientras ella se dejaba guiar, el aligero su dureza al ver que ella no oponía resistencia — estaba confundido, desde su llegada ella había cambiado su forma de ser, era muy diferente cuando él estuvo en Kara ¿Sería posible o solo intentaría engañarlo? Sin embargo, no lo sentía. La guió en silencio por varios pasillos donde predominaba poca luminosidad.
— Serás mi invitada esta noche, conocerás a los principales miembros de mi consejo — dijo Rar y termino advirtiendo— espero que te comportes
Lucil solo asintió, no tenía voluntad de jugar a ser anfitriona. Cruzaron las puertas del gran comedor revestido de cristal, al centro se encontraba una gran mesa de piedra negra que reflejaba la luz con leves tintineos rodeada de una docena de personas, solo dos asientos se encontraban vacíos uno en la mera cabecera para Rar y otro junto a este del lado derecho — el izquierdo estaba ocupado por Irene — Lucil se detuvo en seco al verla mientras ella sonreía triunfantemente — el la había sacado— , ella volteo a ver a Rar pero él la ignoro.

Rar la presento ante todos mientras que el los iba nombrando ellos le daban la bienvenida, ella por su parte no le dio importancia a sus nombres deseaba saber más de su esencia solo así sabría como vencerles.
Tomo asiento en silencio mientras escuchaba los comentarios a su alrededor. Irene le observaba enojada, esperando como lobo hambriento el momento propicio para atacar mientras Finrod le apoyaba en su intento. Rar le miraba esperando que iniciara la plática con alguien más pero, ella jamás había sido de muchas palabras ¿sabría lo que estaba haciendo? Miro a su alrededor tratándose de grabar cada uno de los lugares.
— ¿Te gusta? — le escucho decir a Rar tomándola por sorpresa
Ella le observo directamente a los ojos y asintió, repentinamente sus ojos eran como un imán que invitaban a mirar en su interior sabía que no debía hacer, pero sus ojos ahora se mostraban en un espeso remolino oscuro, poco a poco todo se iba oscureciendo paulatinamente dejándole ver solo el contorno del remolino que ahora se iba convirtiendo en un inmenso hoyo negro; aspiro el último viento fresco del remolino que le revolvió el cabello.
Vio con más detenimiento el centro del agujero negro vislumbrándose una pequeña luz, invitándola a ir a su lado, la solicitud era más fuerte cada segundo convirtiéndose en una imperiosa necesidad. Simultáneamente Rar la veía embobado sentía como ella se estaba yendo poco a poco, vio como su rostro ondeaba con un aire imperceptible, intento retenerla con toda su fuerza a su lado pero por más que lo intentaba ella se percibía más lejos. No quería dejarla partir sabía que no se dirigía a la Dimensión del Silencio era algo ajeno mucho más alejado donde un ser vivo jamás había penetrado.
— ¿Pero cómo? — pregunto irracionalmente
Instintivamente ella evadió la hermosa luz que la llamaba
— No es tiempo — se escucho decir regresando al instante a su realidad
Rar le miraba preocupado, sabía que había cambiado no entendía cuanto le había afectado su estancia en la dimensión del silencio. Todos le miraban extrañados, solo ellos entendían lo que sucedía.
— ¿Te sientes bien?— pregunto intranquilo Rar
Lucil se asombro se humanizaba más cada que estaba cerca de ella, todo le sería más fácil así
— Si —repuso tranquilamente
El resto de la velada paso sin más sobresaltos, después del incidente todos intentaban mantenerse alejados de Lucil que los observaba apartada, rodeaban constantemente a Rar intercambiado ideas de los subsecuentes ataques mientras él la miraba de soslayo siempre con el presentimiento de que volviera a suceder.
Al retirarse ella, Rar le acompaño nuevamente dejándola frente a su habitación
— ¿Estarás bien? — pregunto Rar
— Es lo que conlleva a estar conmigo, siempre sucede lo mismo — dijo Lucil sonriendo
El la miro suspicazmente, sabía que decía la verdad, había presenciado sus vaivenes desde que estuvo a su alcance, pero jamás de cerca. Ahora entendía la preocupación constante de sus hermanos por ella tomando ahora el su lugar, respiro profundamente y siguió su camino mientras ella le observaba irse.



El camino había sido cansando y muy difícil en medio del valle de los lamentos y pese a que los cuatro permanecían siempre juntos, la predominación por los Alicantes era demasiada, esos seres tenebrosos los rodeaban cada que tenían oportunidad separándolos y confundiéndolos. Elther quien fue el primero en enfrentarlos había logrado superar su tretas, pero sus hermanos a un permanecían expectantes. Por otro lado las pistas que tenían en ese momento, eran muy alentadoras, pero lamentablemente imposibles al menos en ese momento en que se sentían tan inseguros. El penetrar en un valle aun peor que este no lo podrían soportar, tendrían que esperar. Mientras tanto Iliac quien permanecía —furioso con ellos aun — se encargaba de la seguridad del la Comunidad aun que ellos sabían que seguía intentando encontrar la manera de penetrar en la dimensión del silencio sin importar las consecuencias y entrando en ella cada que podía por medio del conjuro Miriar. Había penetrado en cualquier parte y seguía a delante todo lo que le permitiese el conjuro, el no buscaba pistas, la buscaba ella.



Lucil pasaba largo rato encerrada en su habitación, no se atrevía a salir de ahí, sin embargo con el pasar del tiempo desde su regreso de la dimensión del silencio había ido descubriendo varios cambios de los cuales jamás se había percatado recordando a la vez partes olvidadas de su visita que mantenía olvidadas hasta ese momento. Ahora era capaz de ver a trabes de los valles con el simple recuerdo de los demás, le bastaba más que un pequeño retazo de recuerdo para salir de esa torre y viajar por el inmerso universo sin necesidad de salir de esa habitación. Sabia de que Rar estaba consciente de ello, pero mientras se mantuviera alejada de la Comunidad él no le negaría el placer de ello.
Cambiaba constantemente en su presencia satisfaciéndole en todo por más mínimo que fuese, todo con tal de verle sonreír gracias a él. Ella se sentía confundida porque nunca imagino que un ser como él podía sentir amor, sin embargo la contra parte era sus planes la maldad que planeaba hacer era irreversible, lo veía dentro de él y sabia que aun que ella se lo pidiera el jamás sedería era algo que estaba más allá de el mismo.

Las cosas cambiaba a su alrededor sin pensar en un solo momento primero viendo como las sociedades se negaban pagando las consecuencias, mientras que otras aceptaban temiendo la probable destrucción.
El nuevo regimiento dirigido por Rar se hacía más fuerte con cada contra ataque. Nadie era lo suficientemente poderoso como para vencer a Rar y ahora menos que todos sabían que Lucil había dejado la Comunidad y se había unido a él pese a que ella en varias ocasiones escucho a su padre negar tal hecho, pero hubo demasiados testigos y empezaba a aceptar que la mayoría de los Karianos y que tal vez sus propios hermanos pensaran lo mismo.
— ¡¡¡No importa!!! — se dijo así misma mientras observaba el figura de su padre hablar en la pantalla holográfica — «Estoy decidida a terminar con esto con ayuda de ellos o sin ella, solo tengo que encontrar la manera de entrar a ese lugar aterrador»

Había pasado los últimos dos días analizando las palabras de Himunir y había llegado a la misma conclusión de Elther.
«El pertenece a la dimensión del silencio, pero… no a los valles — ella tembló involuntariamente — se parecen tanto a los seres que me platico alguna vez mi guía, son seres oscuros que solo pueden ser encontrados en el caos; pero él sabrá cuando llegue a ahí, además no me atrevo a entrar ahí y si no lo hago todo caerá en manos del imperio del silencio y de cualquier manera perecerá la Comunidad. Por otra parte el ha dicho varias veces que su esencia se une con la de su mundo como la unión que mi guía confundiéndose en este lugar». Lucil sonrío para sí, estaría a salvo si saltaría directamente al caos, sin embargo sentía un miedo irracional a lo desconocido, sabía que no había ningún problema al entrar ¿pero qué tipo de entes se encontraría ahí?
Recordó la primera vez que estuvo en la dimensión del silencio llamando la atención de todos a su alrededor al aparecer de improviso — ¿llamaría la atención de la misma manera aunque por ello tuviera que penetrar desde el valle de las tinieblas? — respiro hondo, tal vez tendría que esperar un poco de más tiempo…

Mientras tanto Finrod permanecía pensativo frente al parlamento de guerra, había dado su opinión acerca de la dudosa procedencia de la Elegida — y dado que nadie se atrevía a ir en contra de Rar — empezaba a dudar que haya sido buena idea el hacerlo pese a que su princesa se lo haya pedido, después de todo quien era él para cuestionar el mandato del ser que les había brindado todo el éxito que ellos había obtenido hasta el momento. A la vez que escuchaba el leve siseo opinando respecto a comentárselo a Rar o no, — pese a que el encarecidamente había ordenado silencio—mientras su nerviosismo iba en aumento
— He cometido un grave error — dijo arrepintiéndose de repente de su acusación — no soy quien para juzgar a nuestro líder. Por ello yo mismo le diré mi osadía
Finrod había elegido el peor momento para hacer tales acusaciones, Lucil no había dado ningún motivo para ser juzgada de tal manera había demostrado lealtad ante los presentes dando a veces su punto de vista, pero sería verdad lo que decía acerca de los Karianos o simplemente mentiras. Resultaba ser algo complicado porque los Karianos jamás habían demostrado la debilidad que ella decía — se preguntaba a veces el parlamento— sin embargo, no podía poner en entre dicho su palabra dado que era la protegida de Rar y dado que ella respondía sin preámbulos lo que el cuestionaba el la favorecía a un más. Aun así había algo en ella que le hacía tenerle admiración, pero aun más le recordaba ella algo que se hubiera perdido en el tiempo, algo que Finrod conocía y que se negaba a aceptar porque simplemente ante sus ojos era imposible.

Rar entro imponente frente su parlamento sabia de lo que trataban en la reunión y no permitiría ninguna subversión de su parte mucho menos de Finrod que empezaba a significar más una molestia que lo que ayudaba; mientras Irene estuviese a su lado ningún éclairer estaría en su contra
— He visto que las reuniones ahora se presiden sin mi — dijo molesto al momento que se enfrentaba a su parlamento
— No es lo que usted cree — añadió Göwland
— Estás de su lado — añadió furioso
— No mi señor es solo que no todos pensamos como Finrod ha cometido la peor estupidez de su vida
— Eso espero porque he depositado mi confianza en ti Göwland y jamás perdonaría una rebelión de tu parte
— ¡JAMÁS MI SEÑOR!
— ¿Y de ustedes, que he de esperar?
Los demás miembros del parlamento volteaban asustados, temían su furia
— Nosotros jamás tramaríamos nada en su contra, le tenemos una fe ciega y confianza absoluta en su buen juicio
Rar les miro estudiando con sumo cuidado sus pensamientos mientras miraba al traidor de Finrod que veía hacia al suelo apenado por ello y sumido en el terror por el castigo que le esperaba
— Y tu, conspirador ¿Qué tienes que decir en tu favor? Sabiendo que siempre he mantenido bajo protección a tu pueblo
— Mi señor, nada tengo a favor. Merezco que caiga toda su furia sobre mí
Rar le miro con desprecio
— Mañana sabrás cual será el castigo a tu osadía — añadió ecuánime
Cuando finalmente Lucil esa noche deicidio superar todos sus miedos estaba segura de terminar con esos absurdos errores mientras que la Comunidad podría estar en peligro muy pronto, mientras ella desfallecía en dudas entre el terror a lo que encontraría en el abismo del Caos y la aprensión a ser descubierta por Rar.

Trato de tranquilizar su corazón que latía salvajemente concentrando todo su ser en hallar la forma de de evitar el valle de las tinieblas pero era inevitable, entro tratando de ser inadvertida por Rar quien estaba frente al parlamente en ese momento.

Ella percibió la melancolía del lugar sabia que los Alicantes pronto llegarían e inevitablemente la rodearían, continuo su camino lo más rápido posible, percibiendo como aparentemente se iba oscureciendo paulatinamente.
Lucil quedo paralizada por completo, el Gehena se vislumbraba imperturbable frente así rodeada de una gran bruma espesa inundándole el más profundo pavor que pudiera sentir en su vida. Por un instante pensó en regresar y jamás volver a ver la puerta de ese abismo que se perdía en la inmensidad de las penumbras pero fue atraída hacia el Gehena como las moscas a la miel e inconscientemente deseaba adentrarse más en medio de su inexorable terror. Al atravesar el Gehena se encontró en el inicio de un gran abismo rodeado de criaturas ocultas a su vista en medio de la negrura que cada vez se hacía más intensa. Repentinamente sintió como varias de ellas intentaban tomarla y adentrarla más aprisa —tal vez pensando que se trataba de un alma arrancada por la muerte — mientras ella luchaba por desasirse de ellos. Era inevitable aquellas criaturas llenas de maldad se regocijaban con su sufrimiento mientras ella luchaba por librarse, ya no aguantaba más debía salir de ahí. Regreso un poco aturdida sin embargo aun sentía los seres
— ¡No puede ser! — se dijo aterrada al percibir en su habitación la presencia de tres esencias demoníacas, los había liberado sin querer
Salió corriendo conmocionada de su habitación en tanto que sentía como esas presencias malignas la seguían mientras perdía por completo la cordura convirtiéndose en una tortura que le aterraba. Distinguía como disfrutaban a carcajada abierta el atormentarla siguiéndole como perros rabiosos.
Ella corría ahora descompuesta sin rumbo alguno intentándose ocultar.

Rar se encontraba frente al parlamente mirando ofensivamente a Finrod quien trataba de ocultarse empequeñeciéndose cuando repentinamente abordo una oleada de furia intensa a Rar al sentir como Lucil penetraba de la dimensión del silencio, dejó sin más preámbulo la sala y fue a buscarla llegó a su habitación esperando encontrarla ahí, pero Lucil ya había huido, su furor iba en aumento. Se intento concentrar para encontrarla más fácilmente pero su cólera era mucho más fuerte haciéndole inevitable localizarla. Respiro profundo e intento evadir su irritación y se concentro una vez más la sentía pero era tan confuso, sentía su terror y desesperación, pero ¿Por qué? Aun así no podía olvidar su desobediencia siguió sus pasos pese a que ella corría sin rumbo por toda la torre — sin saber si lo evitaba a él o a otra cosa — intento pensar adonde se dirigía, se anticiparía a su actos.

Lucil perdía la esperanza de encontrar a alguien que la auxiliara había intentado algunos ataques pero solo los hacía más fuertes mientras que ellos se regocijaban forzándola a ir más rápido para evitar ser alcanzada. Se empezaba a sentir agotada cuando repentinamente tropezó con un gran bulto que había salido de improviso al paso frente a ella cayendo de bruces hacia atrás mirando instintivamente hacia atrás veía como las criaturas se arremolinaron por algunos segundos hacia atrás desapareciendo en el acto seguido. Después ella un poco más tranquila pudo darse cuenta de una mirada penetrante, tenía frente así completamente fuera de sí. Sin más ni más ella se lanzo a sus brazos — sin permitirle si quiera reprocharle algo — buscando protección, el intento rechazarla con violencia mientras ella se aferraba aun más a él.
— No, me dejes por favor— dijo Lucil con voz suplicante totalmente aterrorizada — No me dejes por favor, No me dejes por favor, No me dejes por favor — repetía cada más desesperada
Rar se mantenía a un molesto pero no podía rechazarla, su naturaleza le gritaba que la protegiera a pesar de lo que hizo, e irracionalmente sentía el temor de ella, un miedo absurdo dado que no sabía en que estaba infundado pero que irremediablemente existía. La escucho por unos segundos más suplicar, cuando se dio por vencido al saber que ella una vez más había ganado.
No sabía cómo tranquilizarle, sin embargo veía como se iba recuperando al asegurarle el que se mantendría a su lado. Ella guardo silencio en todo el camino en tanto el pensaba en los sucedido «debió de haber sido eso intento saltar, pero mi relación con el mundo del caos es más fuerte. Seguramente atrajo su atención y la siguieron hasta aquí»
— Lucil, aquí estás segura, pero si atraviesas el velo que separa a este mundo con la dimensión del silencio yo jamás podré protegerte. Ellos son parte de mi, dominan tanto como yo este lugar. Si no quieres tener que lidiar nuevamente con ellos tendrás que evitar saltar al mundo de los espíritus
— Y si ya están aquí
— Ellos no volverán
— Y si, si vuelven
— No mientras no regreses a la dimensión del silencio, eso fue lo que los atrajo
— Y si no salto y ellos aun siguen aquí
— Ellos no tienen porque estar aquí. Al menos que… No ellos no volverán — dijo terminantemente Rar
Lucil no hablo más pero la preocupación se observaba en su mirada. El no soportaba verla así — le hacía recordar los primeros días en que estuvo en la torre.
— Escucha, tu estas viva, ellos no. Su vibración es muy diferente a la tuya y jamás la podrán cambiar, pero tu sí. Solo es cuestión de evitar el terror y hacer lo más parecida tu vibración a la suya para que te dejen en paz.
— Se dice fácil, pero ¿Cómo hacerlo si son espantosos? — dijo Lucil reprochando
Rar se molesto aun más resultaba a veces insoportable, pero tal vez tendría que comprenderle o enseñarle a que ese sería el mundo que le rodearía desde el momento en que decidió seguirle.
Llegaron a la puerta de la habitación de Lucil, él la abrió y se despidió de ella a la vez que ella le observaba partir sin atreverse a entrar en la habitación, estuvo por varios minutos en la puerta indecisa, hasta que decidió cerrarla nuevamente y esperar a que esa energía negativa que emanaba del interior de la habitación tal vez desapareciese.

Habían pasado solo una hora cuando escucho el rumor de unas voces aun lejos, sintió a Irene acompañada de Finrod; lo último que deseaba era encontrarse con ella en ese momento así que se incorporo rápidamente y abrió la puerta. Olvidando por algunos segundos el miedo entro en la habitación cerrando tras de sí la puerta.
La oscuridad era más intensa de lo que recordaba, ella miraba nerviosamente a su alrededor, sentía que la observaban moviéndose rápidamente de un lugar a otro. Guardo silencio escuchando tras la puerta la voz apagada de Irene y Finrod que pasaban en ese momento.
Un ruido repentino sonó al fondo de la habitación que la hizo estremecerse; sin volverse hacia atrás salió corriendo asustada en dirección a los aposentos de Rar.
Minutos después Rar abría la puerta de su habitación bastante molesto.
— ¿Quién se atreve a molestarme y a tocar así mi puerta? — preguntaba Rar al ver a Lucil
— ¿Te molestaría si puedo quedarme contigo? — pregunto ella
— No, pero ¿Qué te sucede?
Lucil le miraba aun asustada
— Han vuelto, ¿Verdad? No te preocupes haré que se vallan. Mientras puedes quedarte aquí, nadie te molestara.
— Gracias
— Solo recuerda no debes regresar a la dimensión del silencio para no provocarlos



En la Comunidad Kariana Iliac aun permanecía molesto; sus hermanos se encontraba siempre fuera en la dimensión del silencio y él era el único que debía permanecer dentro de la Comunidad sin poder hacer nada. Sus sentimientos iban en aumento de la frustración al odio hacia Lucil lo había relegado a un simple espectador dejándolo completamente fuera y por más que buscaba una razón lógica nunca lograba entenderla.
«Porque me hace esto por más que busco dentro de la dimensión del silencio no puedo llegar a nada, los demás son demasiado rápidos me dejaron solo hace muchos días, se internaron en aquel desolado territorio dejándome solo en compañía de la guía de Lucil que no la ha vuelto a ver, que puedo hacer la necesito tanto, la siento tan lejos su presencia aun es tan fuerte como si aun siguiera en Kara, pero a la vez es lejana mientras que siento más cerca a Rar de ella que are si realmente se enamora de el, sería una maldición, no puede hacerlo, pero porque presiento que el ha cambiado»

Salió de su habitación, esa tarde se debería reunir con su padre frente al Pugilato ya que ellos exigían una explicación por el comportamiento de su hija, además de necesitar saber la verdadera condición en la que se encontraban actualmente.
— Hemos exigido la presencia de todos los miembros de la Cofradía — dijo el Conclave — creo que después de haber depositado tantos años la confianza en ellos al menos nos merecemos una explicación de cada uno de ellos
— Es imposible — refuto Omed imparcial
— El Pugilato ha demostrado estar de su parte hasta hace poco tiempo. ¿Cómo podemos seguir confiando si ellos no respetan nuestras decisiones? — repuso Emunir quien era el Jefe mayor de las Guardias de la Comunidad Kariana y tercero al mando después del Legado Hinior y el Conclave
— Es bien sabido que los miembros de la Cofradía jamás han seguido las ordenes del Pugilato — repuso Omed
— Por el bienestar de la Comunidad algunas cosas deberían de cambiar ahora que la Elegida ha traicionado sus raíces— explico el Conclave
— Mi hija jamás… — pretextó Omed
— Las cosas han cambiado — interrumpió Iliac olvidando que su padre hablaba y llamando la atención del Pugilato
— Por supuesto que han cambiado — dijo Emunir — y el orden también debe hacerlo
— Nunca se podrá
— Iliac, se que tu estás de parte de mi hija, pero…
— Es que ustedes no entienden, el orden y todo ha cambiado, nosotros ahora no somos más que simples marionetas
— Si marionetas de la Elegida
— ¡NO! Marionetas de la verdadera protectora de la Comunidad; del Legado
— Insinúas que lo que era solo una simple Leyenda nos dirige a todos, sin saberlo — alego Emunir
— ¿De que estas hablado Iliac?
— De lo que ha ocultado todo este tiempo Lucil, padre. Ella lo sabía y todo lo que se está haciendo es bajo sus órdenes. La misma Fuente sigue su mandato
— La Fuente nunca ha seguido las ordenes de nadie; ella protege imparcialmente a la Comunidad siguiendo las reglas impuestas para nuestra protección desde hace mucho tiempo — explico Bayir el Conclave
— Eso fue cierto hasta que el Legado tomo el control de todo, la Fuente y todos ahora debemos seguir su mandato hay que recordar la leyenda — alego Iliac
— Suponiendo que el Legado haya tomado el lugar que le corresponde por derecho en nuestra Comunidad ¿Qué tiene que ver eso con la traición con la Elegida? — razono Emunir
— Ella seguía sus ordenes, siempre ha sido así
— Y ahora vendrás a decirme en tu favor y en la de todos los miembros de la Cofradía que todos han seguido las ordenes del Legado y es por eso que todos ustedes se han desentendido por completo de la protección de la Comunidad
— La Comunidad jamás ha estado sin nuestra protección, la misma Elegida a mantenido la protección dentro de la Comunidad pese a que ella no se encuentra aquí — dijo molesto Iliac
— Es muy difícil mantener esta situación más en el momento en el que nos encontramos, sabiendo que la Unión que encabeza Rar es más fuerte cada día teniendo el peligro latente de un ataque contra nosotros.
— Por su puesto más sabiendo que la Elegida esta de su parte y cuenta con su poder
— Ella jamás se podría de su parte
— Emunir, recuerda que ella se fue con él para darnos más tiempo y poder reforzar nuestras defensas. Y así peleando como lo estamos haciendo no creo que nos lleve a nada. Hay que recordar que el penetro en la Comunidad pese a todas nuestras barreras lo que necesitamos hacer es reforzar aún más nuestra protección tanto mágica como militar y separados no lo conseguiremos. No debemos olvidar que eso llevo a la destrucción a la antigua Kara.
Todos aceptaron las palabras de Omed, tenía toda la razón tanto las legiones de Emunir era imprescindibles como la protección de la Fuente y la Cofradía, solo juntos lograrían salir avantes del problema.

La confesión que Iliac había dado al Pugilato corrió como polvorín dando a todos nuevas esperanzas sabiendo que el Legado era la Fuerza más poderosa con la que contaba la Comunidad.
— Es imposible Omed. ¿Cómo pudo ocultarnos una cosa así tu hija? — pregunto Emunir después de la reunión
— Ni yo mismo lo sabía y por lo visto los miembros de la Cofradía se enteraron recientemente
— Siempre se ha dicho que la Elegida es muy especial, pero esto es excesivo es algo que todo Kariano tiene derecho a saber
— Tienes mucha razón, pero también sabes que ella es muy independiente lo demostró en la destrucción de Neiro y lo sigue demostrando ahora. Además no debes olvidar que ninguno de nosotros somos perfectos
— Se que es tu hija pero no tienes porque justificar sus errores. Ella está al frente de nuestra protección, es nuestra principal representante; sabía a lo que se enfrentaba cuando acepto la responsabilidad de ser la Elegida
— No sabes ni la mitad de cómo empezó todo Emunir. Pero no seré yo quien te lo diga sin embargo, tienes que saber que gracias a que mi hija acepto; es que la Comunidad aun existe
— Eso lo sé, pero…
— Pero no debes de juzgar sin saber antes los hechos. Tu mismo viviste el desastre en que nos hallábamos antes de que ella apareciera y las consecuencias que tendríamos si no aceptaba.
— Siempre pensamos que ella sería diferente, pero cuando la presentaste era tan parecida a ella…
— No quiero hablar sobre ello Emunir
— Amigo sabes que siempre contaras conmigo
— Lo sé aun me duelo su muerte y ahora mi hija está en peligro. Tu lo vez como una traición, pero yo me muero pensando que pueda perderla en cualquier momento y es cuando entiendo porque mi querida Niggel la quería tan lejos de aquí, solo deseaba su bienestar aun que con ello conllevara el final de la Comunidad.
— A veces pienso que ella sabía más del futuro de tu hija que la Fuente misma o que nosotros
— Eso mismo pienso yo
— Tal vez si…
— No quiero remover un pasado que aun duele



Entre tanto Lucil tardo varios días ocupando la habitación de Rar mientras que el utilizaba la que estaba al lado — Irene se había enterado estaba furiosa, pero había quedado relegada por completo desde la llegada de Lucil, ya no la podía controlar y mucho menos hacerle algún daño dado que le temía —. Ella regreso a su habitación, lucia diferente ya no existía más esa energía que le atemorizaba, sin embargo esos días le había servido para pensar detenidamente las cosas, Rar le había dado la respuesta solo tenía que cambiar su energía hacerla igual a ellos. ¿Resultaría de igual manera en la dimensión del silencio? Después de todo ella estaba viva en este mundo como en la dimensión del silencio. Esa tarde lo intentaría y si resultaba no ser cierto pagaría las consecuencias dado que Rar no le perdonaría más insurrecciones.

Ella se encontraba ahí pensativa y muy insegura sabía que lo que le esperaba al otro lado era la vivencia más espantosa que podía concebir, su tristeza o cualquier dolor que antes hubiera pasado resultaría ligeramente desagradable en comparación con lo que ahora se enfrentaría.
Había practicado tenazmente toda la tarde intentando hacer lo que Rar le indico pero resultaba muy complicado sabiendo al lugar al que se dirigía. Suspiro profundamente y volvió a intentar sentir furia y desprecio por todo lo que le rodeaba era una de la principales claves para lograrlo. De pronto vio frente así todo los desprecios que había sentido en la escuela, a Manolo en la cama con otra — lo odiaba con todo su ser— e Irene sintiéndose la Elegida y despreciando a todo mundo, sintiéndose superior cuando no era más que un peón más en el plan que había fraguado su madre para protegerla, sentía tanta lastima y odio por ella y Rar pensando que tal vez pudiera amarlo después de todo el daño que le había hecho. Cerro los ojos y pudo sentir tal cólera que destruyo sin quererlo —con la simple fuerza de su mente —la mesita de noche que estaba a su lado. Estaba lista iría a ese lugar para acabar con toda lo que le rodeaba.

Una vez más se vio rodeada de sombras pero esta vez podía jugar con ellas era parte de ellas, era su hogar con el paso del tiempo dejó de sentir las emociones banales de inseguridad y temor no era más que un sitio, sabía en su interior que no pertenecía ahí y que con un poco de suerte nunca tendría que habitarlo eternamente. Fue entonces que sabía que estaba perdida le afectaba la escasez de luz haciéndola extrañar la satisfacción de la alegría y los más puros sentimientos que pudiera sentir un ser vivo siendo remplazado en un principio por leves gemidos que salían de las penumbra que rodeaba todo el lugar, sintiéndose rodeada de energías suplicantes y a la vez malignas entrelazadas con la criaturas demoníacas que le habían seguido. Se daba cuenta también que en el ambiente se siente cada vez más sofocante al adentrarse más en el Gehena, sintiendo a veces que el calor era intolerable, con un aire denso e insoportable acompañado de un espantoso hedor que se acrecentaba cada que ella penetraba más dentro del abismo del caos.
Avanzó más, cuidadosamente tratando de no llamar la atención, nota como de entre la densa neblina la seguían con la mirada, tratando de no acercarse a ella, le temían. Lucil no lograba notar la diferencia entre el principio y el final toda estaba oculto; no había nada que escuchar más que el sonido del sufrimiento; lamentos y quejidos en derredor, ella puede sentir el dolor que penetra dentro del alma de aquellos que murieron sabiendo que en ese lugar jamás entraría la luz del Ser Único. De repente se vio envuelta en una imagen que le aterro viendo como el abismo del caos estaba dividido en submundos temiendo que cual más profundo entrase peor fuesen las torturas.

Lucil siguió su camino, no importa ahora el dolor que ellos pudieran sentir, no podía hacer nada por ellos. Continuo sin rumbo alguno aun no sabía lo que buscaba, ni como lo encontraría; tal vez más adelante pudiera tener algún contacto con esos seres de oscuridad que tanto le infundían temor por ahora solo se conformará con salir de ahí sin ninguna compañía.

El volver a su cuerpo fue gratificante podía sentir nuevamente el aire fresco y todo lo que anhelaba estando dentro del Gehena, sintiéndose como un alma que tuviera una segunda oportunidad para enmendar sus errores, sin embargo aun sentía algo de esa esencia del Abismo de Caos . «Rar tenía razón el esta tan unido a ese lugar como yo a la Comunidad» pensó para sí un poco más tranquila al descubrir que no había traído a nadie consigo

**********


La historia era siempre la misma, su hermano gritaba ordenes y ella debía obedecerle, no suficiente con ello odiaba que la sobreprotegieran él y su padre. A veces se arrepentía por haber tenido la loca idea de inscribirse en la misma academia y pese a que tanto ella como su hermano llevaban el mismo rango, su padre siempre le encomendaba las tareas más sencillas y tal vez ahora no sería la excepción.
El departamento de Arabella se encontraba en las afueras de séptimo condado de Schleswing desde donde se podía observar a lo lejos la imponencia del Nurrudil de la Fonte.
Todos soñaban con entrar algún día al castillo, pero desde tiempo inmemorables jamás se había sabido que alguien pudiese hacerlo y ella no sería la excepción, pero su padre menciono en varias ocasiones a los Elegidos y eso le hacía mantener nuevamente el interés en el castillo.
— Si tan solo pudiera hablar con alguno de ellos
La luz matinal rozo su piel rosada mientras recogía su cabello en una coleta distraídamente. Su mente viajaba a mil por hora, sus ideas la habían llevado hasta donde estaba, deseaba tanto servir a la causa formar parte verdaderamente del movimiento, pero por cuánto tiempo más esperaría el círculo interior para dejar que la guardia tome un puesto más dinámico.
Ella no sabía si el círculo interior había cometido un terrible error entregándole la total protección a los Elegidos, pero respetaba demasiado a la Elegida como para atreverse a cuestionar sus dediciones —tanto ella como un gran número de Karianos a un la apoyaban— pero era bien sabido que desde la partida de la Elegida, el poder de Rar sobre los planetas era mayor y su nombre ya se escuchaba en toda la galaxia como el próximo líder.
Sin embargo el pacto que Lucil había hecho los hizo ganar tiempo e intentar reagruparse, pero gracias a la separación de la Elegida cada día se encontraban más solos y no sabían si seguirían contando con lo aliados con lo que actualmente contaban y su padre lejos de aceptar las dediciones de “un pequeño puñado de engreídos muchachos” — como él los llamaba— se dio a la tarea de intentar convencer al pugilato, al Conclave y la guardia era la clave para que pudiera sobrevivir al ataque la Comunidad. Sin embargo, ella no pensaba así el Legado Hinior había mantenido siempre la paz y el retirarle a él y la Cofradía el derecho de protección los ponía en total desventaja.
Y pese a que su padre fuera uno de los mejores amigos del Legado Hinior sabía muy bien lo que planeaba y ella no lo permitiría, la vía militar nunca sería la verdadera respuesta.
— Si tan solo ella regresara — dijo en voz alta— ¿Y si no quiere? ¿Si realmente nos traiciono?
Se negaba a aceptar que Lucil los había abandonado, no después de todo lo que habían luchado juntos los Karianos para mantenerse a flote, no después de saber que gracias a ella la Comunidad renació después de tantos años de oscuridad y guerra.



Azuer camino inquisitivo desde su llegado a la dimensión del silencio las cosas no habían ido muy bien, el Pugilato se había puesto en su contra y Sirine buscaba la forma de convencer a Elther de abandonar la búsqueda asustada por los seres que rodeaban los valles — como bien se los comento Lucil.
— No vale la pena que todos vallamos en busca de ello viendo que el Pugilato se ha declarado en contra de nosotros— dijo Sirine
— ¿Qué sugieres? — pregunto Elther
— Bueno tal vez Lara y yo podamos buscar a poyo en otros planetas para que se unan a nosotros. No todos pueden estar de lado de Rar
— Si pero cuantos piensas que puedan ir en su contra más ahora que piensan que Lucil está de su lado — añadió Azuer
— Si, pero además Lara estará conmigo ¿No es así amor? — pregunto Elther
— Cariño yo te amo, tú lo sabes; pero no me pidas ir ahí. Es un lugar espantoso, no sé cómo pudo sobrevivir Lucil tanto tiempo ahí — contesto Lara
— ¡Que! Pero si tú me lo prometiste — dijo Elther
— Si pero…
— Vamos amigo estaré contigo, además conozco a alguien que estaría encantado de formar parte de nuestro grupo, lástima que no esté preparado — repuso Azuer dando ánimos a Elther
— ¡Ya que!
— Claro si lo vez de manera positiva, nosotros estaremos reforzando nuestras fuerzas, además te aseguro que Emunir nos ayudara si se lo pedimos — dijo Sirine
— Porque no le dicen a Iliac tal vez les ayude y deje de insistir en ir a la dimensión del silencio en busca de Lucil— propuso Elther
— Es buena idea, aun que dudo que desista
— Solo inténtenlo
Elther y Azuer volvieron a introducirse en la dimensión del silencio en medio de las sombras que les había hecho enmudecer de pánico al ver reflejados sus principales temores en medio del valle. No habían conseguido avanzar mucho sobre la destrucción de Rar dado que nada les llevaba viajaban a ciegas como si la pista que esperaban jamás hubiese existido. Elther a veces se desesperaba sabiendo que tal vez Lucil no tuviera oportunidad de buscar por ella misma esto y ellos sin poder conseguir alguna otra pista. Por otro lado Sirine y Lara hablaron con su padre ese mismo día sobre sus planes.
— Haré todo lo posible porque la guardia les brinde la ayuda necesaria — dijo Omed
— Gracias Papa
— Aun que debo de advertirles que Emunir pretende montar una guardia muy estricta en todas las comunicaciones al exterior de la Comunidad
— Pero tú sabes que nosotros no utilizamos los canales comunes
— Sabes muy bien que eso ningún miembro del Pugilato lo sabe
— Además debemos de ver primero a Iliac ¿No sabes donde se puede encontrar papa?
— No, la última vez que lo vi fue el día de la reunión con el Pugilato, desde entonces se ha mantenido lejos del castillo, realmente no sé donde pueda encontrarse en estos momentos
— Bueno, lo buscaremos no te preocupes
— Bien. Espero que esta misma tarde puedan tener una reunión con Emunir para que se pongan de acuerdo con él en lo que necesitan
— Gracias papá
Ambas salieron haciendo planes estudiando los planetas que tal vez podrían apoyar a la Comunidad Kariana mientras que Lucil regresaba del abismo del Caos en la Torre de Rar. Ella aun no se acostumbraba a la oscuridad del Gehena y al prolongado hedor que destilaba el ambiente. La temperatura era muy diferente sofocante e inexorable todo hacia que Lucil avanzara despacio sobre la lobreguez rodeada de seres demoníacos que la observaban con algo de interés y aun que ella no se atrevía acercarse a ellos sabia que tarde o temprano lo tendría que hacer porque no sabía qué era lo que buscaba y solo ellos podrían ayudarle.

Después de sus inserciones lo que más ansiaba era la luz, pero ese lugar se volvía más melancólico con el paso de los días la fuerza de Rar lo estaba convirtiendo en otro infierno sobre la tierra. Lucil camino a un ventanal donde a veces observaba el atardecer. Las montañas se mostraban grises y terregosas, y la cascada que rodaba la ladera donde se encontraba la torre se veía cada día más seca y donde antes alumbraba el sol a hora solo quedaba un río de nubes que oscurecían los cielos, era como si todo rescoldo de vida y luz estuviera siendo absorbida por una energía que era superior e inimaginable quedando solo la pétrea sombra de lo que alguna vez fue un gran paisaje.

Ella estaba aprendiendo a lidiar con su nuevo estilo de vida pese a que aun sentía tan cerca de la Fuente y a sus propios hermanos y muy a su pesar tenía que reconocer que los extrañaba sobre manera. Deseando tanto de nuevo estar en su hogar, pero ¿Cuánto más tenía que pasar sobre las sombras para encontrar lo que salvaría a la Comunidad de la inminente destrucción? No podía esperar más tiempo tendría que adentrarse por completo en el Gehena; Rar ganaba partido a gran velocidad y el paisaje que la rodeaba cada día se parecía más a su visión. No podía esperar a que sus hermanos se internaran en el Abismo de Caos por ella.

«El tiene que decirme más sobre el lugar, como tratarlos para saber lo que necesito» pensó para sí mientras sostenía con fuerza un trozo del ventanal. «…tengo que acercarme a él… » no podía conformarse con lo que él pudiera decir, se había alejado considerablemente de Rar ya que empleaba la mayoría de su tiempo estando en el Gehena en tanto el se veía más envuelto en la empresa de conquista que al parecer estaba siendo un triunfo. Ella había escuchado en varias ocasiones que el mismo hacia frente a sus enemigos provocando la devastación inminente de su contraparte en tan solo unos cuantos minutos; también había escuchado decir que Finrod e Irene siempre se encontraban a su lado siendo participes de su grupo, consideraba como segundo al mando a Finrod que no tenía ojos más que para Irene a la que idealizaba como su estandarte de la suerte. Ella escuchaba a veces las burlas soeces de esta al ver que Rar le ponía menos atención a ella, al parecer Irene pensaba que eso le interesaba mucho a ella; muy por el contrario ella agradecía encarecidamente que Rar le tomara menos interés así ella se veía libre de hacer con su tiempo lo que más le pareciera. Más sin embargo, ahora tendría que ser ella un miembro más de su sequito de seguidores al menos por algún tiempo mientras que los miembros de su parlamento tendrían que soportarla — ellos le tenían miedo ya que los había sorprendido en algunas ocasiones observándola justo cuando se encontraba en el abismo del caos.

— ¿Dónde está Rar? — pregunto de improviso a Göwland a quien le habían puesto “para protegerla” aun que ella más bien pensaba que en realidad era para vigilarla
— Se encuentra en Naglimund mi señora — dijo Göwland suspicazmente, desde su llegada el había intentado en varias ocasiones cuestionarle su comportamiento pero ella le controlaba a la perfección dejando solo en su memoria lo que a ella le convenía
Lucil sin pensarlo abrió una puerta interdimensional y entro por ella, no sin antes escuchar las advertencias de Göwland
— Mi señora, ¡NO! El se enfurecerá, No provoque su ira
Ella salió en un lugar desterrado, frente a ella se levantaba un campamento, camino con paso decidido hacia él mientras los soldados que lo custodiaban la observaban absortos — la habían visto salir de la nada. Ella los adelanto en un segundo sin que ellos le prohibieran el paso. Ella se concentro sentía a Rar cerca, se encontraba alegre por haber vencido en Neglimund, sin embargo no sabía cómo tomaría su llegada, pero eso no le importaba mucho, hacia ya mucho tiempo que le había perdido el miedo, sabía que jamás le haría ningún daño mientras ella permaneciera a su lado, sin importar lo que hiciese, además ya era tiempo de que realmente la conociese tal y como era, no solo el lado gentil y dulce que siempre le mostraba.
Lucil camino con paso decidido a una gran carpa en el espacio central del campamento y donde ella sabía se quedaba Rar.
La Carpa estaba custodiada por dos soldados ocultando tras de sí la puerta. Ellos la observaron obstaculizándole la entrada.
— No puede pasar — dijo uno de ellos
Lucil no dijo nada simplemente les mando mentalmente que se quitaran, ellos le obedecieron cual zombis al instante. Ella penetro dentro de las puertas cerradas sin atisbo de dificultad; en el interior se escuchaba la voz alterada de Rar— al parecer no todo había salido como él esperaba— que gritaba a diestra y siniestra a sus insubordinados mientras que Irene se encontraba a su izquierda sentada observándole — cual tonta enamorada — y Finrod a su lado le daba los pormenores de las fallas.
— Mi señor le aseguro que hicimos todo lo posible, pero ellos se resistieron — decía un capitán de su guardia, al tiempo que Rar lo convertían en cenizas al no satisfacerle lo escuchado
— Estoy arto de estar rodeado de incompetentes y ese será el castigo que tendrán todos lo que cuestiones mis órdenes — advirtió a los demás
Finrod le observaba algo atemorizado, tal vez pensando que tendría la misma suerte que al que yacía en cenizas frente a él.
— Finrod, tu estarás al frente. Espero que no seas como esta bola de ineptos que no saben cumplir con su objetivo
Finrod agradecía la oportunidad con una amplia caravana y despidió a los soldados que tenía detrás de el
Lucil no espero a encontrase sola con Rar y camino con paso decidido hasta donde él se encontraba cruzándose por algunos segundos con los soldados que se retiraban y que la miraban con algo de temor
— Así que en esto se a convertido todo — dijo fuerte y claro Lucil
— ¿Qué haces tú aquí? — pregunto furioso Rar al verla mientras que los soldados que salían regresaban a verla con lastima esperando el peor castigo para ella
— ¡Que, qué hago aquí! — alego retadoramente ella mientras veía a Irene feliz al ver su probable sufrimiento
— Si, ¿qué diablos haces aquí? — grito Rar completamente fuera de sí, esperando descargar su ira en la primera persona que lo retara así se tratara de ella
— Pues no sé qué es lo que esperabas, después de tanto tiempo. ¿Crees que solo estoy contigo para estar olvidada? ¡Yo no soy como ella! — dijo Lucil señalando a Irene utilizando el mismo tono que el utilizase con ella — que solo se conforma con tu limosna
— Esto no te lo voy a permitir
— ¿Qué no me vas a permitir? Te recuerdo que no estoy aquí porque sea tu prisionera. Soy libre ¿Lo olvidas? Y por lo tanto puedo ir a donde me plazca
— ¡¡¡MI señor!!! — exclamo desesperadamente Göwland que entraba en ese momento
Todos le miraron al mismo tiempo que él se percataba que Lucil se encontraba ahí
— ¿Qué quieres? — pregunto Rar aun furioso
— Yo.. solo — tartamudeo Göwland al ver la furia de Rar
— ¿Qué?
— Solo quería decirle que la señora — dijo Göwland refiriéndose a Lucil
— Había escapado — intervino Lucil
— ¡¡¡Silencio!!! ¡No intervengas! — advirtió Rar
— ¡No! Yo no soy ningún de tus perros falderos que te sigue por amor al poder
— Pagarás tu osadía
— ¡Atrévete!
Rar estallo en una carcajada seca al escuchar a Lucil
— Sonríe ahora — agrego ella felizmente
— ¿Crees que me podrás vencer? — pregunto burlonamente
— ¡Lógico que no!
— ¿Entonces como te atreves a cuestionarme irreverente?
— Porque sabes muy bien que perderías todo por lo que has estado luchando en todo este tiempo — dijo Lucil mientras que sonreía abiertamente disfrutando la frustración de Rar y el desconcierto de los presentes — y no me refiero a esa tonta idea de conquistar “lo inconquistable”, sino a lo que has estado luchado vida tras vida como tenerlo, ahora me pregunto yo, ¿estás dispuesto perderlo por un simple berrinche?
Rar volvió a reír
— Creo que te he demostrado lo suficiente como para que sepas sin importar el tiempo que pase soy muy paciente y tarde o temprano o más bien en esta vida o en otras se cumplirá nuestro destino
— En algún otra momento te lo habría creído y tal vez habría cedido, pero tienes que recordar que ahora todo ha cambiado. Sabes perfectamente que existe un lugar en el cual tu jamás podrás estar
— No serías capas de abandonar a tu amada Comunidad
— Y que sabes tú de lo que yo soy capaz de hacer, después de todo tu de cualquier forma perderías. Y yo jamás
— No has pensado que para poder penetrar definitivamente en la dimensión del silencio tendrías que morir y tu amada Comunidad se vería completamente desprotegida
Irene y Finrod los miraban anonadados; había escuchado hablar del mundo de los muertos pero al parecer ambos lo conocían a la perfección. Ella lo hubiera esperado de su amado Rar, pero ¿Lucil?
— Y no has pensado tu, que al yo morir la Fuente moriría conmigo ¿Jamás pensaste en eso verdad? Todos sabemos lo que deseas realmente de la Comunidad. El poder de la Fuente en particular
— ¿Y no has pensado tu en que pasaría con tus amados miembros de la Comunidad?
— Eso está cubierto — mintió Lucil tentando a su fortuna — aquí el único que perdería serias tu. Porque todos sabemos el futuro de la Comunidad. Se lo que harás con ella así que no importa mucho después de todo lo que pueda pasar con la Comunidad más bien lo que te debes de preguntar es ¿si estarías dispuesto a renunciar por lo que has luchado por tanto tiempo?
— Déjennos a solas — ordeno Rar
El se encontraba asombrado, nadie jamás había intentado imponerse ante él, pero ella era diferente, no quedaba nada de lo más dulce y gentil de lo que alguna vez pensó que era. Se encontraba agotado, los éxitos a veces son buenos pero el ya no le encontraba sentido a todo, para el llevar a cabo esa tarea no era más que el culminamiento de un trato, pero ahora ella se interponía «como lograr que no lo haga, estoy en sus manos, no debe de saberlo» camino inquisitivamente alrededor de la habitación, mientras Lucil le observaba había logrado llegar a su objetivo.
— Ahora que todos se fueron podrías hablar realmente de lo que sucede aquí
— ¿Qué es de lo que quieres hablar?¿De cómo cuestionas mis órdenes o de lo que eres capaz de hacer con tal de lograr tu objetivo? — dijo aun molesto Rar
Lucil sonrío comprensivamente
— Sabes si no me hubieras gritado, yo jamás te hubiera dicho nada. Mi intención no es iniciar una guerra, es suficiente con la que tu estás haciendo es solo que no me gusta ser tratada como un peón más que hace solo lo que los demás le imponen; toda mi vida ha sido así y estoy harta
Rar estaba confundido, primero lo había atacado y ahora le explicaba las razones por las cuales lo había hecho «ella no es la misma»
— Tu no eras así
— Es cierto, pero todo cambia. No estoy en Kara, ni tú eres más un espectro molesto
— ¿Qué es lo que quieres decir?
— Nada. Solo deseo entender lo que pasa a mí alrededor. Ya te he dicho que no quiero ser otro peón más que se mueve a voluntad de cualquiera de las partes
— ¡Entender!
— Si, entender
— ¿Y qué es lo que quieres saber?
— Bueno muchas cosas, pero lo que más me interesa saber es si tu
— ¿Si realmente soy capaz de destruir a la Comunidad?
— No, ¿Saber si tu realmente eres del abismo de Caos?
— ¡Que! ¿Y que puede importar eso?
— Tu sabes que he estado en la dimensión del silencio, pero sabes que jamás podré penetrar en el abismo del caos
— Es un lindo nombre, pero nosotros lo llamamos Sheol
— Sheol, Abismo del caos, como se llame no interesa. Lo que quiero saber es como es
— Todos lo conocen, hasta tu sabes como es. No es nada diferente de cómo los vivos se lo imaginan
— Si pero yo que conozco la dimensión del silencio te puedo decir que guarda muchos secretos ¿es igual con el Sheol?
— Si, es un lugar de mucho poder, maligno por supuesto. ¿Por qué es tanto tu interés en conocerlo?
— Bueno desde que sucedió el incidente de que esos seres vinieron aquí bueno me interesa saber más sobre ellos, si es que puedes hablar como su igual o son seres llenos de malicia que no se interesan por otra cosa más que por sí mismos
— Comprendo. Ellos te dejaron muy asustada. Pero no tienes porque temer, no volverán mientras estes conmigo
— Y si alguna vez me cruzo con alguno de ellos y no estas
— No lo creo al menos que entres nuevamente en la dimensión del silencio o quieras entrar en el Sheol lo cual considero improbable
— Tienes razón, pero ¿no me dirás?
Rar sonrío por primera vez su rostro duro se había relajado y hablaba afablemente y el coraje que sentía se había desvanecido por completo.
— Ellos solo obedecen a sus propios instintos y al temor. Solo podrás razonar con ellos si es que los amenazas o si eres más poderosa que ellos
— Genial, linda manera de lidiar con el problema
Rar sonrió ampliamente y añadió
— No es la mejor manera de resolverlo, pero es la más factible para ese tipo de entes
— ¿Y tú eres igual que ellos?
— Lo era
Lucil le sonrió y pregunto nuevamente
— ¿Y los puedes destruir?
— ¿Para qué querrías destruirlos, simplemente con decírmelo ellos estarían acabados?
— Claro, eres el clásico macho que debe de proteger a la mujer en desgracia aun que esta pueda hacerlo por si misma
— No comprendes
— NO tu eres el que no comprendes. Yo no quiero depender de nadie, a la fecha no lo he hecho y no será el momento que empiece a hacerlo
— ¡Esta bien! — añadió algo arto por la discusión — eres más necia de lo que esperaba. Hay muchas maneras de destruirlos pero la más fáciles con su contra parte y no me pidas que te diga más porque no lo haré, dudo que alguna vez tengas que enfrentarte a alguno de ellos. ¿Al menos que te quieras deshacer de mi?
— Si deseara hacerlo no estaría aquí tratando de mantener un equilibrio
Rar le miró despectivamente, se arrepentía por haberle dado un arma más en su contra, pero no le podía negar nada eso iba más allá de su razonamiento no lo controlaba, y mucho menos le agradaba estar a su disposición se sentía indefenso ante ella aun que si otras fueran las circunstancias no le habría importado, pero sabía muy bien que ella no estaba a su lado porque así lo deseaba sino era solo para evitar la destrucción de la Comunidad, al menos por el momento.
«Todo cambiara, pronto no serás más una amenaza y te convertirás en lo que siempre debiste de haber sido, mi compañera»

*********


Arabella caminaba algo confundida hacia horas que había perdido la pista del Elegido, era demasiado ágil y aun que su legión se encargo de tratar de seguirle la pista el cambiaba muy fácilmente de lugar causándole desconcierto total y más en esta última ocasión que ya casi lo conseguía sin embargo, tendría que empezar nuevamente aun que no entendía para que ir de un lugar a otro sin rumbo alguno siempre después de la partida de las tropas de Rar.
— ¿Tienes algo Fengal? — pregunto Arabella
— No mi General — repuso Fengal
— Mi general — repuso Yule (otro subordinado) la tropa del centro a reportado su llegada a la Comunidad
— ¡Que! ¿En tan poco tiempo?
— Por algo son los Elegidos
— Es cierto, regresemos chicos, no tenemos nada que hacer aquí
Arabella se sentía frustrada, los últimos tres días se la había pasado siguiendo ha Iliac siempre con la iniciativa de hablar con él no obstante siempre llegaba demasiado tarde cuando ya había partido de regreso a la Comunidad, dentro del castillo donde ella no tenía acceso
— Mi General y si intenta contactarse con él, ¿Tal vez sea más fácil? — sugirió Fengal
— ¡Sabes cuantos Karianos al día quieren comunicarse con los Elegidos y cuantos lo logran! — repuso molesta
— Mi general — dijo Yule existen varias personas que han tenido éxito, no por medio de un intercomunicados, sino por medio de las sobras de los Elegidos, dicen que ellos les han ayudado
— ¿Pero yo no necesito ayuda Yule, yo necesito hablar con alguno de ellos? Y como verás es imposible si uno de los cinco que quedan es el único que sale y por si fuera poco es casi imposible de rastrearle
— ¡La Fuente! — añadió excitado Fengal
— ¿Qué dices?
— Qué la Fuente puedes ser un buen medio para hacerlo, mi General
— Ya lo intente, se niega a hacerlo, dice que no intervendrá. No mientras exista esperanza de que ellos derroten a Rar y mucho menos pasando por encima por las ordenes de mi padre. Sabes lo estricta que es con el reglamento.
Arabella se dirigió al centro contacto y se retiro junto con su tropa a la Comunidad Kariana despidiéndose sin más preámbulos de sus insubordinados. Estaba decidida a hablar con alguno de los miembros de la Cofradía — las cosas no podían seguir así — así tuviese que pararse frente al Nurrudil de la Fonte noche día con tal de conseguir lo que deseaba
En la tarde del segundo día de esperarlo Iliac salía al patio se veía muy desmejorado su tés estaba muy pálida y su ánimo que antes había sido muy afable ahora se encontraba totalmente contrariado. Arabella trato de llamar su atención por piedritas que lazaba hacia adentro del jardín, pero al parecer él se encontraba demasiado absorto en sus pensamientos como para darse por enterado de ella. Fue entonces que ella decidió gritarle; solo hasta ese momento Iliac se entero de que estaba ella cerca del castillo. El se acerco algo cansado.
— ¿En qué te puedo ayudar? — pregunto algo confundido
— Bueno en realidad he tratado de contactarte desde hace una semana porque me interesa ayudarles
— Lo que debes hacer es protegerte. En estos tiempos no es seguro que ningún Kariano este al acecho mucho menos si no tienes la preparación
— Lo sé, tal vez no te acuerdes de mi. Soy Arabella, la hija Emunir Jefe mayor de las Guardias y General de la legión central del norte y quisiera formar parte más activa de la causa
— ¿Tu padre está de acuerdo? — pregunto Iliac interesado
— En realidad no. Esta más bien en contra, pero no creo que eso sea un impedimento
— ¿Qué tanto estarías dispuesta a arriesgar?
— Todo si es necesario
Iliac atravesó la puerta del castillo y se adelanto
— Sígueme
El se coloco un disfraz holográfico para no ser reconocido y se adentro con ella en la ciudad, camino por largo rato hasta llegar al otro extremo en las afueras de la ciudad, se detuvo frente a un tronco tirado y se sentó. Después sin más preámbulo le lanzo un intercomunicador especial y dijo
— Con esto tendrás contacto exclusivamente conmigo sin necesidad de que esperes afuera del castillo
Ella asintió
— ¿Estás realmente segura de que lo quieres hacer, es muy peligroso?
— Estoy entrenada para ello
— No creo que estés entrenada para enfrentar a un demonio. Porque eso es lo que es el
— ¿Y alguno de ustedes lo está?
— No, pero al menos nos podemos defender mejor que tu o cualquier Kariano
— Y por eso es que no incluyen a ningún miembro de la guardia. Nosotros también tenemos derecho es nuestra guerra también.
— Tienes razón es solo que hemos perdido a un miembro muy importante para nosotros y yo realmente no quisiera que nadie más pasara lo que nosotros ahora estamos pasando.
— Eso no demuestra nada más que tu nobleza, pero ¿de que sirve que ella se haya ido si el problema continua?
— Eso lo sé. Además estoy seguro que corre mucho peligro al lado de ese ser maligno. Y es en lo que quiero que me ayudes. ¿Cuento contigo?
— Si y con toda mi cuadrilla
— Gracias, pero no puedes hablar por todos ellos. Ellos deben de decidir. Lo que enfrentaremos no es cualquier cosa, pueden morir muchos en el intento. Ni yo mismo estoy seguro de que pueda lograrlo, porque él es muy hábil se aleja tan rápido que casi me es imposible seguirle. Evita a toda costa cualquier enfrentamiento conmigo.
— Tal vez si vamos directamente a su cuartel general, debe de tener uno ha fuerzas
— Es lo mismo que yo pensé y aun que me costó mucho trabajo al fin he conseguido su localización. Se encuentra en Moira — decía Iliac mientras mostraba un atlas del Universo localizando a Moira
— Entonces, ¿Qué estamos esperando?
— Debes entender que el sobre pasar a Rar no es una tarea muy sencilla, el la vigila muy bien jamás permitirá que un grupo se pueda acercar lo suficiente, sin embargo con tu ayuda podría introducirme sin ningún problema
— Pero tú has dicho que es muy peligroso, tal vez si contaras con un grupo de apoyo
— No puedo hacerme cargo de la seguridad de alguien más, solo arriesgare mi vida, de nadie más
Iliac y Arabella se pusieron de acuerdo en dejar para la noche de ese día el estudio del terreno para la siguiente noche iniciar sus planes; ese mismo día Emunir se presentaba con Sirine y Lara en la oficina de su padre para platicar sobre su propuesta, la cual le había interesado mucho a él.
— Mi hija, como tú sabes Omed; estoy segura estará dispuesta ayudarles en todo lo posible. Me alegro mucho que se interesen en la unidad de la Comunidad. En el esfuerzo que debemos hacer todos los Karianos por conservar nuestro bloqueo — dijo Emunir
— Gracias
— Las cosas recientemente se han complicado pero esperamos pronto salir de los problemas que aquejan a la Comunidad. Ustedes por su parte ya están proporcionándola de debida protección a los ciudadanos de la Comunidad— explico Lara
— Es cierto. Bueno no les quito más su tiempo Arabella se pondrá en contacto con ustedes
Sirine le sonrió afablemente mientras su padre se despedía de Emunir



Lucil regreso al segundo día junto con Rar a Moira, su ilusión iba en aumento cuando descubrió su dominio sobre el Sheol sin embargo, no podía confiar en las indicaciones de los demonios causa ello había perdido la ruta en dos ocasiones y empezaba a pensar que los entes dudaban de su veracidad. En varios ocasiones le cuestionaban sobre su identidad y que era lo que realmente buscaba, pero ella se alejaba sin darles respuesta y aun que la intentaron seguir en varias ocasiones ella los evadía regresando al mundo de los vivos.

El camino de las tinieblas le resultaba cada día más difícil sus alucinaciones a veces le hacían perder la noción del tiempo, siempre deseando regresar al mundo normal donde no existían tantos lamentos y seres infernales que cuestionaran la veracidad de su verdad. Cada día que se adentraba en el mundo de la oscuridad buscando la verdad. Hasta entonces nunca se había cuestionado que tan importante era conocer las verdaderas razones de la existencia de Rar y dado que los demonios se negaban a hablar la mayoría le temía y los demás eran demasiado poderosos para Lucil y enfrentarse a ellos o el siquiera atravesarse en su camino representaría el término total de cualquier oportunidad de salir viva del Sheol.

Lucil salió de la dimensión del silencio en el momento en que Irene atravesaba frente a ella. Irene la miró despectivamente «nunca te quedarás con el» pensando para sí; Lucil escucho su pensamiento con claridad y sonrío sabiendo que lo único que movía a Irene era el amor al poder. Rar la necesitaba aun no entendía de que manera, pero de lo que si estaba segura es que sería desechada en el momento de que ya no fuera necesaria y tal vez eso era lo que más le atemorizaba de Rar ¿Qué tanto estaría interesado en ella para conservarla? Y lo principal “”¿¿¿Por qué???””
— Debes de estar feliz — dijo Lucil
Irene se detuvo extrañada jamás le había dirigido la palabra desde su llegada
— Al menos no más que tu — agrego Irene molesta
— ¿Por qué? — pregunto Lucil «Todo lo que necesito es un poco de tiempo ella le conoce debe saber que es lo que realmente persigue»
— Porque al fin tienes lo que yo he deseado por tanto tiempo. Siempre lo haces Usurpadora
Lucil la miraba sin importarle, escuchaba las palabras en el aire sin sentido mientras se adentraba en lo más profundo de sus pensamientos sabiendo todo lo que había vivido en Gilbray ahondo más en sus sentimientos penetro la ligera tela que separaba el recuerdo del razonamiento normal para encontrarse con lo que buscaba vio la niñez de Irene y como había sido educada por su tía y presentada a Neiro desde entonces y solo conocía de Rar lo poco que le mostraba Neiro además después de su llegada a Moira no había tenido mucho contacto con él, dejando en medio de un gran vació a Lucil
— Esperaba más de ti — dijo Lucil
— ¿Me escuchaste? — pregunto ofuscada Irene que había terminado con todas sus ofensas por el momento
Lucil la ignoro y siguió su camino, el conocer a Rar no sería tan fácil como lo había esperado, tendría que entregar su tiempo a hablar con él y recordar los hechos pasados con Neiro que al parecer era el único de todo el universo que le conocía un poco más que los demás.
Ella siguió su camino sentía la necesidad de volver a la Comunidad la Fuente la estaba llamando sabía que las cosas se habían complicado desde su partida, «el se dará cuenta si abandono la torre o si penetro en la dimensión del silencio»
Adelanto su paso, no sabía lo que sucedía pero sentía más cerca que nunca a su guía la llamaba también; de momento la necesidad de pertenecer nuevamente a la dimensión del silencio se hacía inminente y no podría esperar más arriesgaría lo que fuera por sentirse en aquel lugar. En su mente se entre mezclaba el llamado de la Fuente, de su Guía, sintió una tercera energía que se adentraba dentro de ella que la desnudaba por completo, era Rar había percibido el llamado. Debía de controlar su necesidad y más por inercia que por percatarse de los hechos corrió, corrió a la abertura más cerca, tenía la necesidad de sentir el aire sobre su frente saberse viva, en ese momento la Fuente absorbía su esencia entregándole sus pensamientos, los hechos que había sido participe desde la partida de ella, a la vez que su guía se concentraba en la comunión de ambas haciendo una mezcla de sentimientos e ideas. Sus ruegos se había escuchado sabía lo que ignoraba, la respuesta no se encontraba entrelazada en el Sheol algo más la había llamado a ese lugar aun no sabía qué, pero estaba predestinada a tener que adentrarse más ignoraba aun lo que la oscuridad ocultaba pero era más que el hecho de conocerlo sabía que se encontraba en el fondo protegido por el peor de los castigos, pero ahora eso no importaba conocía la respuesta, su madre, su guía, el mismo Himunir había hablado de un equilibrio era lógico que la contraparte no se encontrara en el Gehena, sino en el cosmos de la Luz —al que todos conocían como Moksha.
Rar la encontró en la cima de la torre, el viento le acariciaba el rostro con su vaivén mientras ella observaba perdida en el horizonte.
— Pensé que te irías
Lucil continuo perdida en sus pensamientos por unos segundos más, por un momento pensó que frente a ella se reflejaba el Nurrudil de la Fonte y que de alguna manera podía ver la cámara de la Fuente, sentía que sus pensamientos se entrelazaban con ella. Era la primera vez que la sentía tan cerca desde su partida.
— ¿Porque habría de irme? — pregunto Lucil
— Por ella
— Las cosas han cambiado mucho, realmente no sé qué es lo que esté sucediendo en la Comunidad, pero ese no es mi lugar ahora
— ¿Y cuál es?
Lucil respiro profundamente aun sentía la imperiosa necesidad de regresar a la dimensión del silencio, pero acallo su impulso y dejó que partiera con el último soplo de aire puro que jugaba con sus cabellos.
— Tú debes de saberlo, lo sentiste
— ¿Te ha pasado antes? ¿Qué es? — exigió saber
— Nada de lo que a mi me pasa desde que tengo uso de razón tiene lógica alguna. Ese es el problema conmigo. Ese es el problema con todo
— Recuerda que tenemos un trato
— Lo sé. Aún no es tiempo — dijo para sí involuntariamente mientras recordaba aun ese llamado incesante que vibraba a un en su ser
El la tomo del brazo y la guió a la gran sala donde de se reunía con su parlamento «un día más, un planeta más al servicio de Rar»


En la dimensión del silencio Azuer luchaba por destruir la esfera de poder que había llegado a ellos sin más, se había adentrado demasiado en el valle de las tinieblas siendo atacados por una energía que les prohibía ir más allá. La guía de Lucil le había advertido varias veces sobre ello, pero ellos debían seguir adelante. Repentinamente la energía que les había atacado tomo forma les asió arrastrándolos fuera del valle de las tinieblas y del valle de los lamentos.
Elther y Azuer yacían algo aturdidos y poco a poco iban llamando la atención de los espíritus que pasaban junto a ellos mientras que la guía de Lucil se acercaba a ellos
— Les advertí sobre lo sucedido
— Pero tenemos que seguir adelante — repuso Azuer
— Ya no más, no es tiempo. Ella les ha mandado un mensaje, ahora sabe lo que necesitaba y ustedes tienen que encontrar lo que ella necesita
— Hablas de Lucil. ¿La has visto? ¿Está aquí? — pregunto Elther azorado
— Ustedes llegaron más lejos de lo que se han imaginado, pero la protección que los atraído aquí es la misma que los retiro del camino en que ya no deben de seguir; ahí no hay nada para ustedes, al menos no por el momento y Lucil desea que la ayuden, deben buscar el último eslabón que ocultaba el secreto del Legado ella conoce el secreto que terminara con Rar
— ¡El último eslabón!
La guía se retiro, ellos notaban un poco de cansancio en ella ahora que la conmoción había pasado. Ellos mismos se sentían exhaustos de luchar en contra de esa energía inexorable que los había forzado a volver. Salieron sin muchos ánimos de la dimensión del silencio.
— Todo para que. No comprendo. ¿Por qué quiere Lucil que busquemos el último eslabón del Legado si ella misma tiene contacto directo con él? — explico confundido Elther
— Tal vez interpretamos mal las palabras de Himunir
— No lo creo. Además después de tanto tiempo, no creo que Lucil no se haya dado cuenta
— En todo caso estamos empezando desde cero, ni siquiera sabemos quién pertenece al Legado y mucho menos quien es el último eslabón— agrego Azuer — Odio todo esto, si tan solo estuviera aquí Lucil podríamos resolver más rápido esto
— Olvidas que si no estuviera con él, ni ella y mi hermano existirían y nuestra historia habrá sido diferente; Rar habría acabado con la Comunidad en dos segundos como se dice ha hecho con otros mundos
— Si ya lo sé
— No sé porque pero siento que todo esto lo sabe ya Iliac y nos lo ha estado ocultando
— ¿Qué ganaría haciéndolo?
— Bueno tal vez lo sabe pero ignora que es de mucha importancia, después de todo nosotros nos acabamos de enterar y bueno tu sabes que desde que se fue Lucil el ya no habla con nosotros; ha olvidado todo fin, solo le interesa recuperarla, olvidando que tal vez esta es la única manera
— Entonces debemos buscarlo antes de volver a entrar a la dimensión del silencio
— Tal vez ya le hayan encontrado Lara y Sirine


Mientras tanto Iliac se encontraba con Arabella en la afueras del monte Zahabit donde se podía observar a lo lejos la gran torre que había sido construida especialmente para Rar y tenía a todo su alrededor sumido en la muerte y tristeza.
Iliac analizaba las probables entradas mientras que esperaba por la brigada que había mandado Arabella.
— No sé si haya sido correcto que tus soldados hayan ido, es muy peligroso
— Es tiempo de que ustedes respeten lo que hacemos, no son los únicos que pueden arriesgarse sin correr ningún peligro
Iliac guardo silencio, le era difícil pensar en otra cosas que no fuera la seguridad de Lucil, esa noche entraría en la torre pese a las consecuencias que pudieran darse. Recorrieron el trecho que les alejaba del acantilado en que se levantaba la imponente torre mientras Iliac sentía cada vez más cerca esa energía aterradora que había rodeado por mucho tiempo a Lucil y que ahora se fundía en el ambiente. Escalaron en trecho poco a poco que los separaba de la entrada; cerca de media noche alcanzaron la cima de la montaña e Iliac se alejaba del grupo para acercarse rápidamente a la Torre que rodeo en busca de alguna entrada. Pasaron algunas horas en que Arabella no sabía si ir en su búsqueda o esperar; ya entrada la madrugada Iliac al fin regreso.
— Es tiempo de separase — agrego al momento que se despedía de ellos
— ¿Por dónde iremos? — pregunto Arabella
— Ustedes a casa, no hay forma de penetrar
— No hemos llegado tan lejos como para que nos ignores
— No hay manera de que ustedes entren sin ser descubiertos. La torre esta rodeaba por una protección, no hay ventanas, ni puertas, por las cuales se pueda entrar o salir sin ser descubierto
— Pero tú lo harás
— Si, pero regresan — ordeno Iliac a la vez que Arabella se interponía a su paso siguiéndoles después sus subordinados, los cuales rodearon por completo a Iliac
— Regresen — les ordeno telequineticamente esta vez mientras que ellos segundos después partían obedientes hacia Kara Iliac quedo en silencio en medio de la oscuridad, solo frente a la imponente torre, camino sigilosamente hacia ella traspasándola pared de granito macizo.

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