miércoles, 26 de mayo de 2010

LA COFRADIA - CAPITULO 14

XIV
Pese al tiempo en que sus hermanos había estado ausentes, Lucil podía sentir el Castillo con un latir diferente. Era ridículo ocultarse, pero aun se sentía insegura de cómo tomarían la noticia.
— ¡Tienen que alegrarse, sin duda alguna! —dijo para sí misma mientras se ponía en pie frente a una ventana que le mostraba el desastre en que había convertido a Kara. Desastre que ella no veía que se negaba a ver como todo lo que sucedía a su alrededor en esos últimos días. Mientras que pensaba en lo feliz que sería; sintiendo con todo su ser cada una de las cosas que rodeaba su nueva aventura. Dio un largo suspiro y sonrío para sí, mientras continuaba hablado para sí — Hoy será el final y el principio de todo.
Camino segura de sí misma en dirección al pasillo donde sabia con toda seguridad que se encontrarían sus hermanos y se de tubo frente a una puerta, instintivamente poso su mano sobre el picaporte, al tiempo que se habría rápidamente la puerta y dejaba entre ver una habitación llena de luz rodeada, en el centro una mesa triangular en la cual esperaban impacientes todos sus hermanos.
— Chicos que gusto verlos — aseguro sonriendo felizmente Lucil
Todos se asombraron al verla, sin duda alguna había habido un gran cambio en el humor de Lucil en las últimas horas.
— Pues sin duda alguna, está sufriendo muchísimo — repuso sarcásticamente Azuer — vean como sobrelleva sus últimas horas de vida
Iliac volteo instintivamente hacia Azuer que lo reto con la mirada a lo cual Iliac sostuvo su reto y le obligo a callar
— ¡Iliac basta!, sabes perfectamente que no debemos emplear nuestros poderes contra nosotros mismos y Azuer, no hables — ordeno Elther
— Chicos ustedes nunca cambian y aun que eso antes me causaba risa ahora me es un poco preocupante — explico Lucil — necesitaran estar unidos hoy más que nunca, por ustedes mismos, por la familia, por papá, pero principalmente por el bien de la Comunidad. Solo así podrán enfrentar los posibles peligros que le esperan en el futuro.
— ¿Y tú qué? No olvides que tu también estas en este barco —agrego Lara
— ¡O que! ¿Pretendes abandonarnos? — pregunto acusadoramente Elther
Lucil guardo silencio y bajo la mirada reviviendo en su mente las últimas horas de angustia, se había engañado así misma pensando que ellos comprenderían. Se había prometido ser fuerte y no quebrantarse como el día anterior. Entro en la habitación y tomo asiento en derredor de la mesa al igual que sus hermanos.
Sus hermanos se había percatado del cambio, ahora se tornaba triste y acentuaba aun más su demacrado semblante dejando ver la poca fuerza que la rodeaba y que a duras penas le era suficiente para seguir sobreviviendo. Cerró los ojos y respiro profundamente como queriendo absorber toda su debilidad y convertirla en fortaleza, por algunos segundos todos vieron como su hermana se elevaba por algunos segundos enfocando todas sus energías en demostrar lo que había planeado. Abrió los ojos y volvió a sonreír a todos a su alrededor.
— ¿Así pretendes ocultar todo lo que sientes? — pregunto seriamente Elther — «No intervengas, no ahora»
Iliac en sé momento intento intervenir, para evitar una escena anterior, pero Elther le miro altivamente y el volvió a su estado inerte.
— ¡No es posible que te hallas hecho esto!, ¡no puede ser que le hallas hecho esta a la Comunidad! ¿Cómo nos pudiste traicionar de esa manera? — prosiguió Elther al ver el silencio de Lucil
— ¡Nunca pensé que tú me dirías eso!— repuso Lucil al tiempo que se ponía en pie y se disponía a abandonar la habitación
— ¡Nunca pensé que tu serías capaz de olvidar! — dijo Elther
— ¡Olvidar! ¡Tú! ¿Me hablas de olvidar? ¿Dime donde te encontrabas cuando yo más te necesite? ¿Dime donde se encontraba cualquiera de ustedes cuando yo y Kara más lo necesitamos? — pregunto Lucil irasciblemente — Para ti es muy fácil juzgar. Cuando no estuviste aquí.
— Así y según tu. ¿De quién teníamos que salvar a Kara? — pregunto retadoramente Azuer
— ¡Azuer! No volveré a repetirlo— repuso Elther — sino guardas silencio tendrás…
— ¡Déjalo! Tiene derecho a intervenir. A eso he venido — repuso Lucil
— Responde entonces…— arremetió Azuer
— ¡De mi! — dijo Lucil — Las cosas han cambiado mucho aquí desde que ustedes se fueron, y lo seguirán haciendo. Aunque lamentablemente no estaré para verlo, espero ustedes prosigan cuidando de este lugar, porque realmente vale la pena.
— ¿Y tú que harás a donde iras? — se apresura a preguntar Iliac con la voz entrecortada
— A un no sé cómo llamarlo, pero iré en busca de lo que alguna vez tuve que abandonar
— Volverás a la Tierra — sugirió Lara
— Hace mucho que mi vida ya no es la Tierra, por algún tiempo pensé que era mi destino permanecer y hacer mi vida en Kara, pero recientemente y esta debo agradecérselos a ustedes sin su ayuda jamás habría podido descubrir lo que ahora se y saber que realmente pertenezco ahí…
— Todo es muy bueno y tus planes son geniales, para ti. ¿Pero no te has puesto a pensar por un segundo que será de la Comunidad si tú la abandonas? Se romperá la Cofradía y por lo tanto la mayor fortaleza que posee la Comunidad — explico Sirine
— ¿Qué sucederá con Rar?— pregunto Elther— ¿No te has puesto a pensar en que sucederá cuando el vuelva a la vida? Atacara sin duda alguna a la Comunidad.
— Eso jamás sucederá, el será el primero en saber que yo ya no me encontró aquí. Y por lo tanto la única razón por la cual quisiera atacar a la Comunidad ya no existirá. Así que no debes agobiarte por ello, el jamás los atacara si yo no estoy aquí. Además de que dudo mucho que vuelvan a saber de él.
— ¿Pero y tú? ¿Cómo lograras salvarte de él o es que ya sabes cómo acabarlo? — pregunto preocupado Iliac
— Eso ya no importa — repuso Lucil
— No si importa — aseguro Elther —No evadas tu realidad. No evadas tu responsabilidad con la Comunidad
— No sabes lo que dices. ¿No evadir mi responsabilidad? ¿¿¿Cuál???
— ¿¿¿ Cual???... — repuso Elther
— ¡Sí! ¿Cuál? Hasta donde yo se la Comunidad Kariana necesitaba una Elegida para liberarse del dominio que ejercía sobre ella Neiro y todo su ejército. Ahora “Neiro ya no existe” y ya no tengo nada que hacer aquí. Mis razones para permanecer en Kara se han acabado. Ahora debo de proseguir con lo que abandone para estar en Kara.
— Y no puedes proseguir con ello aquí— pidió Iliac
— No. Pese a que hay muchas cosas y personas a las que aprecio aquí, no he podido realizarlo. Lamentablemente lo que busco no está aquí. Por ello me tengo que ir. No espero que comprendan, ni que me perdonen, pero es que. ¡¡¡Yo también merezco ser feliz!!! “Es lo único que busco.” ¡Ser feliz!
— ¿Y a que le llamas tu felicidad?— pregunto Elther
— ¿Qué acaso felicidad, no es estar con la familia, apoyarse el uno al otro…? —continuo Lara
— ¿Encontrar el amor? —agrego Iliac mientras su voz temblaba, ante la idea de perder nuevamente a Lucil
— Antes de que ustedes se fueran para mí eso era la felicidad, pero mi mundo cambio radicalmente, también esos días y ahora lo que yo considero felicidad, ustedes lo considerarían una locura. No puedo, ni pretendo explicárselos, porque hasta para mi aun es confuso, pero en mi interior se lo que es, y sé que es lo que busco.
En ese momento. Lucil se dio media vuelta y abandono la habitación, dejando a todos sus hermanos consternados.
— ¿No entiendo que es lo que pretende? — pregunto Lara
Iliac que yacía en sus propias cavilaciones se levanto repentinamente de su asiento y abandono intempestivamente la habitación. Y pese a los llamados de Elther este no dio media vuelta para dar una explicación.
— Ya era extraño que no saliera detrás de ella. ¡Ya se había tardado!— comento Azuer
— Pues pese a lo que diga, su semblante no es de una persona que busque la felicidad, sino más bien que está en vuelto en un sin fin de desgracias — explico Sirine
— Y eso que no la viste anoche— dijo Elther — No pretendo decir que haga una locura, pero la verdad es que no creo nada de lo que dice. ¿Buscar la felicidad? ¿Cuándo no sabe ni que es lo que ella misma quiere? ¿Y desde cuando no le importa lo que sucederá con Rar? Y que acaso no ve en qué situación se encuentra la Comunidad.

Iliac que había salido apresuradamente detrás de Lucil, que en un principio había considerado muy difícil la tarea que se había impuesto así mismo, la había visto recompensada al salir Lucil de la habitación inmarcable a la cual había estado esperando desde hacia algunas horas. Ella llevaba algunos libros y algunas otras cosas a las cuales no le había puesto mayor atención Iliac, enfocando todo en la puerta de aquella habitación donde él sabía muy bien que encerraban los más íntimos secretos de la vida de su hermana. Ella paso distraídamente frente ha él mientras que el aun se mantenía oculto intentando lograr que no se cerrase la puerta de la habitación —por medio de su telequinesia— antes de que este pudiese entrar. Rápidamente después de que Lucil abandono el pasillo entro en la habitación, teniendo el cuidado obstaculizar que esta se cerrase —recordando no poder salir sin que Lucil se lo permitiera, la última vez que había estado dentro de ella—. Y empieza a buscar algo que le pudiera indicar lo que sucedía con Lucil.

Mientras tanto Lucil que ahora estaba decidida a terminar lo que hace tiempo había empezado y que había planeado con tanto esmero desde ese día — ahora no solo estaba emocionada con la idea de vivir por siempre en la dimensión del silencio, sino que había encontrado la manera de evitar una reencarnación y así vivir por siempre en la dimensión. Pero para ello debía encontrar un lugar donde pudiera haber mayores vibraciones en conexión con la dimensión y por conclusión solo un lugar cumplía con esa característica y era donde alguna vez el castillo el bortex que habían destruido ella e Iliac.

Ella partió en dirección a la Cámara de la Fuente para despedirse
— Creo que es el final — dijo Lucil al entrar en la Cámara de la Fuente
— Por última vez Lucil no cometas el mismo error que cometió tu madre. No abandones todo por una felicidad ilusoria—advirtió la Fuente
— Pese a lo que me digas, es demasiado tarde ya he tomado una decisión “y no cederé, porque se trata de mi felicidad.”— agrego tercamente Lucil saliendo decidida de la cámara de la Fuente

Así caminando sigilosamente para no ser descubierta por sus hermanos se dirigió a los pasadizos que se encontraban por debajo del castillo. Al llegar inicio con una profunda meditación, preparándose para la unión al camino de la dimensión del silencio.

Mientras tanto Iliac descubrió el diario de la madre de Lucil donde hablaba sobre la dimensión del silencio, al igual que encuentra lo que planea esta y sale en su busca y lo gran encontrarla justo a la mitad del rito cuando, ella empieza su ascensión del camino.
— Rey de los mundos por los cuales se unen en puentes inquebrantables a los cuales yo recurro para llegar a mi objetivo te ofrezco esta mi sangre — rezaba Lucil mientras se hacia un profundo corte en la muñeca sangrando copiosamente— para que me dirijas en el Neoben Nyt…
En ese momento llega Iliac corriendo — quien había sentido su presencia desde hacía algunos minutos mientras la estaba buscando.
— No me hagas, ni te hagas esto — grito Iliac a la vez que le sostiene la daga con la cual continuaba rasgando su propia piel.
— Tu no entiendes, debes dejarme seguir mi camino — prosiguió Lucil forcejeando con el
— No puedo, se lo que pretendes y no puedo permitírtelo, porque… — continuo muy nervioso con un hilo de voz Iliac a la vez que aun le sostenía con gran fuerza la mano que tenía la daga
— Lo siento…— se lamento Lucil tristemente
— ¡¡¡No… No, No!!! No te quiero perder como paso la última vez, no ahora. No puedes porque… porque te amo — dijo Iliac desesperado al ver que Lucil se negaba tomarlo en cuenta
Lucil quedo en silencio por un minuto y volvió a suplicar
— Si me amas me dejaras partir
— Te seguiré a cualquier parte que tú vayas. Porque no puedo concebir la vida sin ti — dijo decidido Iliac
— ¡NO!— repuso Lucil un poco desesperada al ver la decisión con lo que aseguraba su resolución Iliac
— ¡Si, lo haré!— aseguro aun más vehementemente Iliac
— ¡Tú no puedes!— suplico esta vez Lucil con mayor temor — No puedes hacerme esto. No podría cargar con eso en mi conciencia. ¿Cómo podría continuar, sabiendo lo que harías?
— Lo haré si me obligas. Jamás estaré más sin ti. No permitiré más esto. Si lo quieres hacer adelante no te detendré más, pero te seguiré — decía esto mientras le arrebataba la daga a Lucil e iniciaba un corte en su propia muñeca
— ¡NO! ¡No lo puedo permitir!— exclamo Lucil dolorosamente al ver sangrar a Iliac al igual que ella
Lucil se puso en pie y le arrebato la daga a Iliac y le curó, haciendo el lo mismo con ella. Ella tomo su propia muñeca curada y callo desvalida en medio de aquel lugar sombrío, ella empezó a llorar sacando todo el dolor y frustración que sentía, el se arrodillo a su lado y trato de reconfortarla. Al tiempo que llamaba a sus hermanos, llegando estos minutos después.

A partir de ese instante jamás volvieron a dejar sola a Lucil. Ellos se turnaban para estar con ella pese a los protestas de esta, la obligaban a comer al ver no lo hacía por su propia voluntad y en varias ocasiones la forzaron a volver de la dimensión del silencio con ayuda de la Fuente al ver que esta se extraviaba, evitando en gran medida que ella pudiera estar por mucho tiempo en la dimensión del silencio. Fue así que con el tiempo lograron entender lo que le sucedía a Lucil, al recuperar un poco su confianza y al empezar a comprender gracias a la información que había obtenido Iliac que aun que aun no sabía que se trataba de la dimensión del silencio, tenía una idea vaga de lo que se podría tratar.


Las cosas habían ocurrido tan rápido, pero que significaba todo aquello. Nunca se había puesto a racionalizarlo detenidamente “”Qué la había detenido””, era muy cierto. Pero ¿Por cuánto tiempo? Y ¿Por qué? Jamás había sentido tanto vació En su interior al saber que ella se iría y el no podía hacer nada. Pero después de eso que había sido. El aun seguía sintiendo aquella aura que envolvía a la de Lucil haciendo casi imperceptible la diferencia entre una y otra.
En los siguientes días el la había visto aceptar de buen grado la vigilancia que tanto el cómo sus demás hermanos hacían —la cual había sido impuesta por su padre — aun que ella aun desistía en algunas cosas.
El la había visto sin hablar, negándose a probar alimento. Haciendo solo caso a los ruegos de su padre que aun moría de preocupación al ver que su hija se estaba dejando morir.
— Si todo lo que le rodea le parece una tontería. ¿Por qué no solo dejarlo? — sugirió Elther — en vez de hacer todo esto ¿Qué le estorba tanto la vida?
Un leve remordimiento le acuso. En todo ese tiempo no les había comentado lo que había leído en el diario de la madre de Lucil
— …. Lugares hermosos, pero ninguno comparado con Kara en mi opinión — continuo protestando Elther a la vez que Iliac se sumergía aun más en sus propios pensamientos, intentando descifrar cual era la razón por la cual Lucil huía a la Dimensión del Silencio y ¿Cómo había logrado entrar ahí?
— No creo que sea por lo hermoso que tenga el lugar. Ella misma lo dijo, es algo más — agrego Lara
— Por supuesto que es algo más, ¿pero qué? — dijo Azuer— Pensé en un principio que era solo una bagatela, pero al verla ahí con la firme intención de terminar con todo. No solo me lleno de miedo, sino me hizo recordar lo que alguna vez vivimos con Iliac al atacarlo la sombra
Con lo que Iliac solo se estremeció en un prolongado escalofrió al recordarlo
— No habrá alguna sobra que la incite hacerlo — sugirió Sirine
— No lo creo. Hay algo más que puedo sentir. ¿Ustedes no lo sienten? — pregunto Lara a los demás
— Desde que llegamos — agrego Iliac saliendo de su ensoñación
— ¿Y qué piensas?
Iliac solo elevo los hombros en señal de ignorar lo que sucedía
Sirine que permaneció por unos segundos pensativa miró directamente a sus hermanos y comento
— Ahora que lo mencionan, Si también yo lo pude sentir, pero también hay otra energía en ocasiones que está muy cerca de ella, aparte de la que dicen, es muy absorbente y pavorosa
— Hay otra cosa más de Lucil — advirtió Iliac
— ¡Que!
— A veces logro escuchar sus sentimientos y si me esfuerzo logro penetrar sus pensamientos y debo de agregar que no son nada alentadores
— ¿Pero qué es lo que has sentido dentro de ella? — pregunto Azuer muy interesado
— Una profunda tristeza, una gran soledad y un ansia insaciable que siempre está sintiendo por algo que aun no he logrado descifrar. Y sus pensamientos son muy vagos son como fragmentos de conversaciones inaudibles e incomprensibles. ¡Al menos para mí! Lo que más me preocupar es su negación a hablar sobre Rar — dijo Iliac olvidando que sus hermanos no sabían nada acerca de la dimensión del silencio y sus relación con Lucil — porque, ella sin duda alguna sabe…
— ¡Sabe! — dijo Elther inquisitivamente —acaso sabes más de lo que nosotros
— Bueno… — agrego Iliac, pensando en cómo salir del aprieto — Me refiero a que cada día está más cerca su llegada y seguimientos como en un principio
— Eso es muy cierto — alego Azuer
— ¡Azuer, por favor! ¡No, más…! — dijo Sirine
— ¡Gracias! — dijo agradecido Elther ante la intervención de Azuer
— Hay algo que aun no entiendo y que a la vez me da algo de temor. Y es su comportamiento. En todo este tiempo, solo ha estado mirando por la ventana o sentada en la orilla de su cama, con la mirada perdida como esperando algo que jamás sucederá — explico Sirine
— Yo tampoco sé lo que sucede ó porque lo haga, pero de lo que si me he dado cuenta es que cada vez es más prolongado el tiempo que permanece así y cada vez que sale de su adormecimiento, la siento cada vez más alejada de nosotros y con mayor conflagración con la energía que la rodea y que cada vez consume más su vida — añadió Iliac con mucha preocupación
— Pues no sé qué es lo que pueda suceder, pero por el momento, pienso que estamos haciendo mal dejándola sola como ahora, así que iré hacerle compañía. Aún que no es más que como si acompañara a un vegetal — añadió Lara
Lara salió de la habitación seguida por Sirine que la acompañaba muy de cerca, ambas chicas se veía algo exhaustas por las jornadas de días anteriores en que se habían encontrado cavilando como destruir a Rar. Ya que pese a que los Miriar ya no eran una amenaza inminente para la Comunidad Kariana, aun existía una relación directa con Rar, pese a que en los meses anteriores habían estado en negociaciones con el Pugilato para terminar con toda minucia de resistencia que pudiera existir en Miriar, pero aun se decía existían pequeñas congregaciones que aun creía en el poder y benevolencia de su dios Rar y con el sueño de algún día llegar a fundar Imperio del Silencio.

Aun en el exilio pequeños grupos de fieles a Rar soñaban con la grandeza con el imperio y lloraban la pérdida de su más consagrado guía, que los llevaría a la gloria y arrasaría con las sociedades o grupos de planetas que empezaban a formar un solo, como la Comunidad Kariana. Convirtiendo todo aquello en lo que para ellos sería la paz. ¿Pero acaso podría existir paz y tranquilidad en el universo sin antes haber luchado por ella? “Sin antes haber derruido la sombra de la impiedad que formaban todos aquellas Comunidades conllevando a la destrucción al universo entero. “Ellos, ellos” eran la salvación y Neiro era el profeta que llevaría a la libertad de sus mentes y sus corazones esclavizados que mantenía en las sombras esa gran impiedad, la Comunidad Kariana.

Pero ahora ¡¡¡Que!!! ¿Quién los sacaría de aquella oscuridad en que habían caído? Primero la muerte de su más amado guía, Neiro y después la desaparición de Irene la única luz que ennoblecía la casa de Göw dhé Hevretmar — la más antigua casa en linaje de Miriar — había sido apagada por aquellos a quienes ahora se le llamaba como la Cofradía, el grupo más mezquino y poderoso en el círculo de la magia. Ellos eran a los que debían toda su desdicha, ellos eran los culpables de su exilio, ellos eran los principales causantes de toda aquella oscuridad que ahora rodeaba el universo. Y ahora ellos, exiliados del mundo, exiliados de sus vidas, perdidos en un gran pantanal que ahora los rodeaba, ahora ellos debían luchar por quienes había sacrificado todo lo que eran, ahora a ellos les tocaba entregar su vida por la noble causa de la liberación de las tinieblas del universo para que el sacrificio de la vida de su amado guía Neiro y tal vez la vida sucumbida de su amada princesa Irene Göw dhé Hevretmar valiese la pena, ellos, los éclairer— como ahora se hacían llamar — llevaría la leyenda del imperio del Silencio a la realidad.

Ahora era todo diferente ya no eran Mirianos, ya no luchaban por sus ideas ahora los éclairer lucharía por su amado dios quedado en el olvido. Y que combatía por no ser desterrado por la Cofradía, la insana Fuente — de toda maldad — y el regente de la Comunidad aquel Legado Hinior que ahora yacía al frente y que los alejaba más de su tierra.

Y esto era muy cierto Omed ahora se encontraba en conjunto con el pugilato tomando la decisión más importante para Miriar. El ser desterrado por completo de toda unión a la Comunidad Kariana o en el punto primordial de la adhesión a esta misma, pues los Mirianos finalmente se había decidido por la opción más sensata.
— Nunca en el tiempo que llevo de vida se había visto tal fusilería — alego furioso un conclave, miembro más anciano del Pugilato — Con el respeto que me merece su señoría, pienso que no debemos ni siquiera pensar en alguna negociación con el causante de tanto terror y destrucción en nuestra amada Comunidad, Legado Hinior — agrego el conclave respetuosamente
— ¿Pero, no es la gratitud, la paz y el perdón lo que hemos prodigado generación tras generación desde la edad del nuevo nacimiento de Kara? — refutó otro conclave
— Ciertamente es innegable lo que ha dicho nuestro honorable sabio, pero temo ir en contra de su conocimiento — dijo Omed por primera vez, ya que había permanecido expectante a las opiniones diversas de sus conclaves — al refutar su opinión pues ciento que es más importante los principios que se han inculcado en nuestra raza desde tiempo inmemorables, como ha dicho sabiamente nuestro último interlocutor, pero no por ello debemos olvidar quienes son. Por lo que propongo dar un tiempo en el cual ellos nos prueben que realmente podemos confiar y solo entonces se pensará en el inicio del procedimiento que siempre conlleva unirse a nuestra amada Comunidad Kariana.
— Habiéndose tomado consejo y escuchado propuestas quedará asentada en el acta número RLO-9845-WER correspondiente a la petición de unión del planeta Miriar a la Comunidad Kariana que se votara tanto dicha petición como la propuesta nuestro honorable Legado Hinior mencionadas en el actual cabildeo las cuales tendrán un periodo de los siguientes tres días para informar a todo habitante de la Comunidad para después llevar a cabo dicha votación y en los subsecuentes días dictar las leyes con las cuales se regirán los resultados de dicha votación — explico el secretario del legado Hinior sentado a su izquierda

Hasta entonces Omed había estado ocupado en los asuntos que conllevaban su trabajo, pero había días en que no podía dormir recordando aquellos ojos llenos de melancolía que le recordaban tanto a su amada Niggel en sus últimos días. No podía creer que su pobre hija tuviera que sufrir lo que su amada. Había mantenido por tanto tiempo alejada a su hija de todo aquello, siempre viviendo con horrible dolor por no tenerla a su lado y un profundo remordimiento por no poder darle el amor que deseaba y sabía que necesitaba. A veces no sabía si llorar o gritar ante la desesperación de que su única hija estaba en medio de una guerra que su madre había luchado tanto por apartarla de ella, indudablemente sabiendo quien era. Pero fue inevitable, no podía negar a su propio pueblo la única posibilidad de paz, que con llevaba a la aparición de la Elegida, pero ¿Por qué tenía que ser su hija? Su propia hija que había sufrido tanto, su propia hija a la que él y su esposa habían sacrificado no teniéndola a su lado para que no sufriera un mal incensario manteniéndola alejada de la Comunidad, ¿pero que había ganado con eso? Al final, la Fuente la llamo y ella tomo su propia decisión. Aun que no podía culparla al saber que en un principio se había negado, el mismo se lo negaba al enterarse, al no poder soportar que su hija tuviese que conllevar una carga tan pesada. Eso le recordaba mucho a Niggel. Ciertamente ella nunca había tenido una responsabilidad tan grande como su hija, ella era su compañera y siempre lo había apoyado, sin embargo su esposa cambio mucho después de haberse casado con él. Al parecer había dejado caer una enorme roca sobre sus hombros, que se veía obligada a arrastrar desde ese momento hasta unas semanas antes de su muerte. Y ahora Lucil se comportaba con su madre. No podía creer que después de haber destruido a Neiro, ahora que las cosas empezaban a estar en paz ahora su hija tal vez moriría, si no hacia algo. ¿Qué podría hacer? ¿Qué era lo que tanto daño le hacía a su hija? ¿Porque tenía que sufrir tanto?

Sus hermanos había sido una gran ayuda para ella y para la salvación de la Comunidad y tomando en cuenta que ella jamás había enfrentado cosas así, su desenvolvimiento había sido excepcional, pese a que él no podía olvidar el daño que Neiro le había causado al enfrentarla al desfibrilador y el hecho de que haya tenido que vivir todos aquellos episodios llenos de sufrimientos y demencia a consecuencia de eso.

Ahora solo cabía en él la esperanza de que sus hermanos la ayudaran, ya que él se veía víctima del dolor incapacitado ante el recuerdo del fracaso por su amada Niggel. El no podría soportar un fracaso más y mucho menos de la magnitud que significara la muerte de su pequeña.

Omed salió de la Cámara de cabildeo seguido por algunos miembros del pugilato que aun intercambiaban algunas impresiones acerca de la reunión. Mientras que el pensaba en su hija y en como poder sacarla de aquella melancolía que la estaba matando poco a poco.
El subió las escaleras que lo separaban de su oficina, entrando distraídamente en ella. Dentro sentado a uno de los lados se encontraba Iliac que lo esperaba ansiosamente. El se dio cuenta de su presencia solo hasta que su hijo se paro precipitadamente y corrió abrazarlo, llorando amargamente. Él lo asió con gran fuerza y lo acompaño en su dolor haciendo uno solo, con el que él sentía.
— ¿Qué es lo que sucede hijo? Pregunto con un hilo de voz Omed
— ¡Papá! La amo. No quiero perderla — musito Iliac entre sollozos
— Yo tampoco, pero ¿Qué ha sucedido?
— Nada, sigue igual. Solo que ya no lo soportaba. El verla ahí, en medio de... algo que ni yo mismo puedo explicar
— Debemos ser fuertes. Debes ayudarme, debes ayudarla. Por mi, por ella, por el amor que sientes por ella. No debemos permitir que se baya. No otra vez. No quiero que se repita la historia en sí. No quiero que sufras lo que yo sufrí y mucho menos que mi hija muera así.
Iliac no entendía lo que su padre había dicho.
— ¡Papá! ¿De qué hablas? La madre de Lucil murió por una maldición ¿No es así?
— ¡Maldición! — dijo pensativamente y a la vez extrañado — ¿Quién te dijo eso?
— Lucil
— ¡No entiendo!
Iliac le explico lo que alguna vez había confiado Lucil, sobre su madre y la maldición que rodeaba su familia.
— Ahora que me lo dices no resulta tan descabellado, aun que debo decir que la muerte de Niggel encierra muchos secretos que ni yo mismo entiendo y tal vez nunca entenderé. Pero lo que si te puedo asegurar es que ahora le está sucediendo a mi hija y no permitiré que pase otra vez. También te puedo afirmar que mi hija no está embarazada y que la razón que la tiene así no tiene que ver con ninguna maldición.
— Eso lo sé. Lo que no entiendo es ¿Por qué?
— Todos nos hacemos la misma pregunta
En ese mismo instante ella volaba libremente como nunca lo había hecho, disfrutaba tanto sentir que nada importaba porque todo era tan claro y sin importancia. Todas las cuestiones que le podía preocupar, no existían ahí. No había ataduras que la pudieran sujetar a aquella pesada carga que había llevado consigo anteriormente. No existía miedo, ni hambre, frió o sed. Nada que le impidiera ser feliz. No había secretos u cualquier otro cosa que perturbara su amada existencia simplemente disfrutando que aquello que le rodeaba y que le era tan preciado a ella.

Lo que más disfrutaba era la soledad, para sentirse transportada y completamente en armonio haciéndose uno con lo que le rodeaba. Sin en cambio, no le molestaba la compañía de aquellos seres sin forma que a veces la rodeaba y que la llenaba de paz, haciéndola sentir más dichosa de la que había sido en su vida.

Expuesta a toda aquella belleza era inmensamente dichosa, en compañía en ocasiones de lo que ella llamaba su guía que la había acogido y le había mostrado hasta el momento los más increíbles lugares de la dimensión del silencio. No sabía quién era, ni que era lo que la llevaba abrazarla con tal fuerza que a veces la ahogaba en su esencia enfundándole los más hermosos sentimientos. Pero lamentablemente existía algo que le impedía ser completamente feliz. Su prisión de carne que la retenía en aquel lugar lleno de dolor. Cada día que regresaba a ese mundo en el que tenía que cargar con su vida era sufrir el más insondable dolor, pese a que su guía estaba en todo momento con ella apoyándola y haciéndola fuerte y a veces brindándole de su propia energía para que ella pudiera sobrevivir. Era inevitable volver; sin duda alguna la Fuente era demasiado fuerte y había logrado arrebatarle su felicidad más de un ciento de veces y ahora con la presencia de sus hermanos la fuerza de la Fuente se había incrementado considerablemente haciéndola imposible permanecer más que algunas horas al día.

Esa tarde se sentía peor que nunca, la Fuente la había arrebatado sin ningún miramiento, sin haberle permitido reponerse del viaje agotan te que conllevaba ir la Dimensión del Silencio. Sus hermanas la acompañaba sentadas a su lado sobre la cama intentando que recobrara por completo los sentidos que los tenía muy adormilados. ¿Que era todo aquello para ella? Ya no importaba. Aquellos seres sentados a su lado sobre la cama los desconocía por momentos. Eran ajenos a ellos a su vida. No eran más que la barrera que la separaba de lo que más amaba.
Y ella ahí tendida con su cuerpo estropeado, indefenso y más débil. Se preguntaba hasta cuando tendría que sufrir esa agonía. De repente sintió un leve desvanecimiento en todo su cuerpo y de repente un profundo escalofrió que rodeaba y que la hacía temblar. En un par de segundos la poco visión se nublando aun más hasta perderse en las tinieblas.

Lara la tomo apresuradamente intentándola hacerla reaccionar, pero sin ningún éxito. Al tiempo que Sirine llamaba por su multifuncional a sus hermanos. Los cuales llegaron segundos después. Apresuradamente llevaron a Lucil al Hospital. Minutos más tarde tanto su padre como Iliac llegaban junto al resto de la familia que yacía apesadumbrado en la sala de un hospital.
— Debo verla inmediatamente. Yo puedo curarla en tan solo algunos segundos — dijo apresuradamente Iliac
— No puedes estar siempre haciendo lo mismo. Esto ya ha ocurrido en varias ocasiones ya no podemos seguir así — explico Omed
Todos guardaron silencio expectantes a la llegada de cualquier doctor que les pudiera brindar alguna información. La cual se hizo factible después de una hora de espera, en la que ya la mayoría se encontraba al punto de la desesperación.
— Su señoría — saludo un doctor joven, con una leve inclinación
A lo que Omed respondía de la misma manera para después preguntar aceleradamente
— ¿Cómo esta mi hija, doctor? ¿Qué es lo que tiene?
— La joven se encuentra muy débil. Consecuencia de una desnutrición inminente. Es importante que sepan que si no corregimos esto, muy probablemente, suceda algo que jamás pensaría decir. Deben procurar resolverlo porque no solo depende la vida de ella. Si no es inminente que la Comunidad. Por lo que ella representa para todos nosotros
— Lo sé doctor. Haremos hasta lo imposible — agrego Omed muy preocupado — Al parecer usted comprende completamente la magnitud del problema. Por lo cual le suplico su más comprensiva discreción
— No es necesario que la pida. Esto no se deberá saber jamás. Significaría un desastre en la Comunidad.
— Perdón, pero ¿Podemos verla?— interrumpió Iliac
— Por el momento no es conveniente. Se le está suministrado un tratamiento para balancear la desnutrición en la que se encuentra. Tal vez mañana.

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Era algo que el siempre había esperado, sabía lo que sucedería y que era lo que significaba, pero valdría la pena al final.
El Göland no podía permitirse tonterías, había sacrificado tanto en ese nuevo proyecto, que jamás había pensado en las consecuencias que pudieran contraer con su pueblo, la idea de la traición. Había demasiado de por medio. Tenía que haberlo, había sacrificado tanto, pendía su reputación y tal vez si descubrían su mentira su propia vida estaba en juego.

Ese día le había asustado tanto, sin embargo había valido la pena. Aun que él fuera tan especial. Su poder era inmenso y sin duda; el su más fiel allegado obtendría una muy buena tajada del poder que tanto le había prometido.
Sin él jamás se habría podido convertido en un ser vivo y aun que nunca externaba sus planes, el sabia que pronto se acercaría la hora de la tan llegada lucha y el esperaría paciente el momento.



Era hermoso el respirar, se sentía viva y feliz. Camino tranquilamente hacía la cima de la colina empinada que tenía frente así. Quería bolar y hacerse una sola con el aire que le movía los cabellos sueltos. Al fin de algunos minutos pudo llegar a la punta de la colina. Donde podía observar a su alrededor una valle basto y grandioso que cubría toda la extensión de su vista se recostó sobre el pasto que aun estaba húmedo por la brizna de la lluvia del día anterior soltando un suspiro involuntariamente, por lo grandioso que veía a su alrededor y por lo feliz que se sentía.
Pronto llegaría el y al fin podría huir de toda aquella pesadilla. Serían felices al fin. Pronto escucho una voz que le llamaba desde atrás que se acrecentaba cada minuto.
— Sa… — pudo escuchar entre el soplar del viento que ahogaba la voz haciéndola inteligible
Repentinamente todo tomo una cierta luminosidad que le lastimaba la vista, haciendo inaudible la voz que la llamaba. Repentinamente empezó a sentir cada una de las partes de su cuerpo pesado y débil, nublándose por completo la vista de aquel escenario para después aquella luminosidad que no la había dejado ver se convirtiera en tinieblas y nuevamente en luz que le lastimaba la vista. Escuchando solo pequeños murmullos a su alrededor.
Abrió lentamente los ojos con un poco de dificultad para enfocarse por la luz del foco que pendía sobre ella.
Lograba escuchar en la lejanía un pequeño susurro de voces y un continuo Tin que resonaba al lado de su oído. Se incorporo un poco más y esta vez pudo ver con más claridad. Estaba en una habitación completamente blanca, rodeada de aparatos conectados a ella.
En la boca tenía una tipo sonda que atravesaba toda su garganta con un diminuto tubo con apenas algunos milímetros de diámetro, para sentir después un pequeño calor en la punta del estomago y donde podía sentir que desembocaba aquel pequeño cilindro. Intento jalárselo, pero al levantar la mano descubrió un pequeño dolor en su muñeca donde dos grandes agujas se pendían en el interior de su piel suministrándole ambas un liquido parduzco y otro blanquecino en la otra mano la tenía sujeta a un aparato que marcaba su estado de conciencia y algunas otras cosas que no comprendía.
Se sentía muy adolorida y mareada. Quería salir de ahí intentándolo varias veces, pero esta vez no pudo traspasar la barrera que la Fuente había hecho para que ella no abandonase más ese mundo. Jamás le había sucedido, sin duda se debía a su estado de debilidad en el que se encontraba, pensó al tiempo que no se sentía a gusto en ese lugar dentro de un cuerpo que solo le ocasionaba dolor, pero deicidio no viajar contra corriente y esperar a estar mejor para lograr salir de su prisión. Solo debía descansar y esperar.

Después de algunos minutos de permanecer despierta, logro concebir el sueño, para despertarse dos horas después esta vez por algunos murmullos que se encontraban un poco más cerca. Entre abrió los ojos para saber de dónde provenía. Frente a ella se encontraban Azuer y Elther que platicaban silenciosamente en su habitación. Volvió a cerrar los ojos, fingiéndose dormida sin ganas para hablar con sus hermanos.
— Las cosas están empeorando. No solo se encela porque estoy aquí con ella. Ahora ella ya metió en paranoia a Iliac y tu ya viste del humor que se puso cuando propuse quedarme — dijo Elther
— Es que tu das pie a todo — repuso Azuer
— ¡Tu más que nadie sabe que ya no siento nada más por Lucil! — protesto Elther —No he dado pie para que Lara piense eso
— Eso a mí no me lo tienes que demostrar. Lara es quien lo piensa y al parecer ahora también Iliac
— ¡Ni lo digas!
— ¡Exacto! No se va quedar con los brazos cruzados — advirtió Azuer —tu sabes que tan celoso es y ahora mucho más
— Pues sí, pero no es mi culpa que mi padre piense que yo soy el más indicado para quedarme
— ¿Tú crees que piense que ella aun siente algo por ti?
— Ella jamás sintió algo más que amistad y hermandad por mí. Cuando su mundo no se veía atacado por los Miriar, Neiro o Rar. Ellas solo pensaba en su amado Manolo. Me purgaba que estado yo ahí y sabia que pensaba en el. En todo caso de quien debe de temer Iliac no es de mi si no de “ESE” — agrego despectivamente Elther.
— Te recomiendo no digas nada de Lucil en ese tono porque cualquier otro diría que aun te duele y al menos pienso que no es un buen momento para problemas ni con tu hermano, ni con tu novia.
— Tienes razón
— Ahora debemos prepararnos para Rar y lograr que Lucil salga de su loca idea de suicidarse paulatinamente
— ¿Tú crees que sea eso lo que quiere?
— Pues si no lo es, se está desvían mucho. Y si lo es, lo está logrando con éxito
— El que también me preocupara es Iliac. No está nada bien con este. A dormido las últimas dos noches a su lado— dijo señalando hacia la cama de Lucil
— Es lógico como estarías tú si Lara estuviera en la misma situación
— Lara jamás haría lo que está haciendo Lucil — replico Elther — porque yo lo sabría antes de que lo intentará. Y no lo digo porque lea sus pensamientos. ¡NO ME VEAS ASÍ! — agrego molesto— sino porque ella y yo estamos comunicados al cien y siento lo que le pasa. ¿Cómo supongo tú también lo sientes con Sirine?
— Si. Pero resulta que esta empatía Iliac no la siente porque ella no lo ama y mucho menos han sido novios para que se fortalezca esa unión que sabes que se necesita
— ¡Ya lo sé! ¿Y que con eso?
— Pues que Iliac sentía que algo malo le pasaba a Lucil, pese a no tener ese tipo de unión. ¿O no te acuerdas cuantas veces nos suplico que regresáramos al castillo?
— Si ¿pero a un no sé qué me quieres demostrar?
— Que si le hubiéramos hecho caso ella no estaría así
— Pues si pero ya no ganamos nada lamentándonos
— Pero hay algo más
— ¿Qué?
— Que Iliac sabe algo más que no nos quiere decir. No has visto como a veces nos evade — añadió Azuer
En ese momento Lucil se incorporo un poco para lograr escuchar mejor la plática
—…pero además el es la solución…— Azuer cayo repentinamente al ver por unos segundo a la cama de Lucil y observas que esta medio incorporada escuchando la plática — Veo que ya estas despierta
Elther volteo y fue a sentarse al lado de Lucil que volvió a reposar en su cama. Le acaricio el cabello y el rostro
— No entiendo que es lo que haces, pero creo que nos estas matando de la preocupación.
Ella intento decir algo, pero el tubo que tenía en la boca le molestaba al hablar y sus palabras se escuchaban entrecortadas y sin significado.
— No te esfuerces, pronto estarás bien
Los siguientes días fueron cansados escuchando las indicaciones del médico y soportando los cuidados de sus hermanos así como su reproches al no querer comer.
A la semana de salir del hospital, ella al fin se pudo ver libre de sus hermanos.
— No puedo decir mucho de que está bien o que está mal, pero al menos puedo señalar que ya no ha estado embelesada, turbada en otro mundo
Ese día Lara e Iliac mantenían una plática ajena a la alegría de su padre y al fastidio de Lucil.
— Está destruyendo mi corazón — dijo taciturnamente Lara
— Yo más que nadie te comprendo, a mi me duele tanto como a ti. Es mi hermano, sangre de mi sangre quien me aleja cada día más de la mujer a la que amo — repuso tristemente Iliac
— ¡No puede ser que nos esté haciendo esto! ¿Y ella…?
— ¡Ella no ha hecho nada! Él es quien está con ella. Lucil en ningún momento ha hecho algo para provocarlo— repuso molesto Iliac
— Si pero ella…
— Lara, ella no hace más que yacer en esa cama, no nos habla, no nos quiere ver. ¿Cómo puedes pensar que ella tenga algo de culpa?


Iliac salió de la habitación y bajo los pisos que le separaban donde yacía Lucil bastante mejorada.
El había tenido mucha razón al asegurar que ella no tenía la más leve intención de cruzar algunas palabras con cualquiera de ellos.
Se limitaba a observarlos cual criaturas extrañas se tratara. Así prosiguieron los días por el lapso de una semana. En muchos aspectos ella había cambiado. Continuaba siguiendo las indicaciones del médico, a la vez que todos se alegraban de que no continuara dejando de comer. Además ahora desde que había ingresado al Hospital; ya no había presentado aquella actitud de abandono y mutismo en el que se encontraba antes. Y es que aun que ella deseaba con todo su ser volver a su felicidad. No lo había logrado pese a su insistencia constantemente desde su llegada al castillo. Primero debido a lo delicado de su estado salud, pero al salir del hospital se encontraba mucho mejor, sin embargo aun así no había logrado penetrar en la dimensión del silencio. Cosa que se hacía cada días más insoportable. Ya no aguataba más estar sin su guía. La necesidad se hacía más eminente. Al extremo que al tercer día de la segunda semana. Se paró de la cama sin previo aviso. Dejando todas las preguntas de Azuer en el aire al salir de la habitación.
Furiosa traspaso los pasillos sin oír más que su propia cólera que explotaba en su interior. Sin importarle las veces que se escuchaban a su alrededor. Camino aun más rápido y entro aceleradamente en la Cámara de la Fuente.
— ¡QUIEN TÉ CREES QUE ERES PARA ALEJARME DE ELLA! — grito furiosa Lucil a la vez que sus hermanos llegaban a la puerta y escuchaban sus protestas — ¡NO ERES NADIE!
— El bienestar de la Comunidad es primero. Eso meda el derecho a intervenir — repuso tranquilamente la Fuente
— ¡¡¡LA COMUNIDAD!!! — grito más exasperada Lucil mientras que escuchaba la respiración que provenía de la puerta de la cámara y volteo. En su mirada se reflejaba la furia que sentía, con un rápido lanzamiento de su muñeca dejó cerrada la puerta dejando fuera a sus hermanos.
— TE EXIJO NO INTERVENGAS
— No puedo. Lo que deseas pone en peligro al legado y por lo tanto a la Comunidad
— MI VIDA ME PERTENECE. Y SOLO YO DECIDIRÉ QUE HACER CON ELLA. ASÍ QUE POR ÚLTIMA VEZ TE EXIJO RETIRES LA BARRERA QUE ME RETIENE AQUÍ
— No
— ¡BIEN! PUES ENTONCES TENDRÉ QUE ROMPERLA
— Consumirás en ello la mayoría de tus energías y no te quedarán para emprender el viaje y permanecer ahí mucho tiempo
Lucil río sarcásticamente y contesto
— AUN QUE EN ELLO ME LLEVE LA VIDA. ¡LO HARÉ!
Segundo después salió de la cámara. En el pasillo aun la esperaban sus hermanos a los cuales solo les dedico una mirada de odio y continuo su camino perdiéndose en una puerta interdimensional que la llevo al jardín del castillo.
—Jamás la había notado tan furiosa con la Fuente — comento Azuer
— O más bien con cualquier persona… — agrego Elther
— ¡Yo si la he visto así o más! — añadió Iliac
— ¿Ya la lograste encontrar Sirine?— pregunto Azuer
— No — repuso Sirine mientras buscaba la señal de Lucil en su intercomunicador
— ¿A quién creen que se refería? — pregunto Azuer
— No sé. Le preguntamos una y otra vez a la Fuente y lo único que contesta es que si Lucil lo mantienes en secreto. Ella no puede hacer nada para revelarlo — explico Elther
— Lo que sea que fuese, no entiendo como mantiene contacto con ella. En el tiempo que llevamos aquí no ha salido del castillo. Me consta que solo se la pasa “dizque dormida” — atajo Sirine — en su cuarto
— Además desde que llegamos a estado muy débil. No tiene suficiente fuerza como para comunicarse mágicamente con nadie — explico Elther
Iliac permaneció pensativo. Aquel ser con el que mantenía contacto Lucil se encontraba en la dimensión del silencio al igual que era el lugar donde se encontraba. Al momento se encontró temblando de terror ante la posibilidad que aquel ser se la arrebatase y sin duda lo estaba logrando. Eso lo estaba consumiendo.
Un peso cayó sobre su corazón al recordar la energía que siempre se encuentra cerca de Lucil y que la envolvía absorbiendo cada pequeña parte de su vida. Algo perdía y se convertía en desesperación en la mente de Iliac. Instintivamente entro en la cámara cerrando tras de sí la puerta— sin que sus hermanos se dieran cuenta.
— Lo sé todo — empezó diciendo Iliac
— ¡Todo! — exclamo interrogativamente la Fuente
— Si se adonde va cuando permanece en trance con la mirada perdida y además se que ella la consume
— ¿Sabes qué es? ¿Porque lo hace? ¿Cómo llego ahí? ¿Quién es y porque esta con ella?
— Es una energía
— Eso hasta tus hermanos lo saben. Ella no es importante, jamás le haría daño. Lo importante es saber ¿porque hace esto Lucil? Y ayudarla a superarlo. Como te lo dije desde hace mucho tiempo. Solo eso detendrá su martirio.
— Tú lo debes de saber, como todo lo que sucede en Kara. ¿Por qué no solo lo dices y nos ahorras este sufrimiento?
— Sabes que no puedo traicionar los secretos de un Kariano. Nunca volvería a ser lo mismo. El equilibrio se rompería y las consecuencias serían muy graves e irreparables. Tú debes encontrar la respuesta, está en ella. Solo necesitas esforzarte un poco. Ya que ni todas las respuestas que yo te pueda dar repararan lo que Lucil siente. Es más allá de este mundo. Traspaso el universo mismo haciendo participe a la dimensión de silencio. Solo en ella y en ustedes esta el salvar su vida porque nadie podrá detener el correr de sus decisiones si no la hacen desistir de ellas.
— Será muy difícil, sin embargo lo lograremos y la ayudaremos a superarlo.

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«Nuestra historia siempre ha estado marcada por la separación, jamás he pensado en vivir sin ti pese a que nuestra alejamiento fue inminente. Nunca debí permitirte alejarme de ti pese al tiempo, y todo lo que nos rodeaba. Y ahora te resistes a seguirme. Sin saber que lo único que he deseado desde que te conocí era estar por siempre a tu lado.» — pensaba para si aquella imagen que no era más humana que una simple sombra. Cada momento se volvía más fuerte, pero no lo suficiente como para poder tener un cuerpo propio. Eso no le importaba mucho. Sabía de la existencia de los Éclairers, eran aun muy pocos, pero si lograba penetrar lo suficiente en el grupo de los ardas, tanto ellos como sus aliados le darían el poder suficiente para manifestarse por completo en el mundo y así poder enfrentar a la Cofradía.

Por ahora lo que ocupaba sus pensamientos era ella desde hace unos meses que la sentía más lejos, penetraba constantemente en el mundo donde él había permanecido por tanto tiempo a la espera de su regreso. Ella dominaba la senda de la muerte y penetraba en ella sin más quedando fuera de su alcance.
Ahí donde ella entraba el no podía permutar, se lo tenía prohibido debido a la marca en su ser. Pero el la sentía, sabía lo que hacía y con quien estaba. Al parecer no era el único que la estaba perdiendo, aquellos chicos tontos que se hacían llamar la Cofradía no podían retenerla a su lado. Y contrariamente a lo que él pensaba, ella perdía más fuerza sin poder dominar su energía desperdigando tanta como fuese necesario en atravesar el sendero de la muerte. Por otro lado él sabía que los hermanos de ella eran capaces de traerla de nuevo; jamás permitirían que su Elegida muriera por lo que eso no le preocupara ahora. Debía centrar toda su energía en encontrar la manera de liberar a la señora de Göw dhé Hevretmar pues no solo representaba su más fiel servidora después de Neiro, sino que también ella tenía una conexión directa con su amada y eso lo ayudaría a mantenerse más cerca de ella. Inconveniente para ello debía evadir la vigilancia de la Fuente y la Comunidad Kariana. Lo cual sería muy peligroso pero le animaba la idea que su amada representaría una gran ayuda en la distracción en tanto sus tontos hermanos no tendrán ojos para otra cosa más para ella. Convenientemente también el ayudaría con un poco de su propia energía a su amada para que pudiera derrumbar la barrera de la Fuente — de la cual se había percatado hace algunas semanas se hacía más fuerte, haciéndole a él a veces infranqueable la entrada al castillo — y así ella pudiese partir a la dimensión del silencio mientras que el penetraba la seguridad de la Fuente — desgastada por el esfuerzo de intentar retener en este mundo a su amada. Pero para ello antes debía encontrar a Irene.


Omed había llamado a su oficina al mayor de sus hijos. Elther entro consternado ya que hace tiempo que no estaba ahí por especifico llamado de su padre desde que había sabido del levantamiento de armas de Neiro, por lo que le preocupo que se debiera a una causa semejante.
— Hola, hijo ¿Como sigue Lucil, no tuve tiempo verla esta mañana? — saludo Omed
— Hola, supongo que bien aun que ninguno de nosotros la hemos visto desde ayer que salió de la cámara de la Fuente
— ¿Pero, aun continua en el castillo, no?
— Si, aun que no nos quiere ver
— ¿Ni, a ti?
— No. ¿No sé qué es lo que te hizo pensar que ella quería hablar conmigo? No crees que…
— Hijo, ella es lo más importante para mí en estos momentos y aun que Lara e Iliac no esté de acuerdo, el único que pienso al menos por ahora que puede mantenerla a salvo de sí misma eres tú.
— Iliac le ama, siento que es el más indicado para esto
— Estoy seguro de ello pero tú lo has visto. ¡No está listo! Y mientras eso sucede mi hija se está pierdiendo. Además ella no lo soporta. Tu eres su mejor amigo, por eso te Elegí
— Lo sé pero mi relación con Lara esta peligrando. Tú sabes que es muy celosa, sin contar que mi hermano me quiere totalmente fuera de la vida de Lucil.
—Ya he hablado hoy con él. Al parecer la Fuente también lo había hecho. Lo he notado más tranquilo y ha prometido no ocasionar más problemas de los que ya tenemos. Pero eso no es de lo que quería Hablar contigo cuando te cite aquí
— ¿Que sucede?
— Tú sabes que los Mirianos ahora están en un acuerdo en proceso de análisis de adhesión
— Si
— Bueno desde que los Mirianos lo propusieron varios de ellos fueron expulsados de su planeta por oponerse y ahora se están uniendo y haciendo nuevos grupos en contra de Kara. Esto hace mucho que lo sé, pero no quise decírtelo, primero porque pensé que pronto se resolvería lo de Rar y porque las actitudes de mi hija me sacaron por completo de la concentración de mis deberes.
— Lo sé papá y no te juzgo. Te prometo averiguar qué es lo que sucede y…
— No. Por eso solo te llame a ti. No quiero que los demás lo sepan. Sabes que Rar es muy listo y puede penetrar cuando quiera en el castillo y saber todo lo que sucede en el. Necesito que hagas esto tu solo.
— Pero entonces Iliac es el es el más indicado
— Iliac está muy afectado por lo de Lucil no están centrado como tu, para darle prioridad a ambas cosas. Además con las actitudes de mi hija. Me temo que ahora solo este para salvaguardar Kara
— También están los demás
— Yo he hablado con tus hermanos y ellos se encargaran de averiguar todo lo que respecta a Rar. Necesitarán de toda su concentración y fuerza para evadirlo y saber más de él. Como verás solo cuento contigo. Espero también puedas a poyar a Iliac con Lucil en el tiempo que permanezcas en el castillo
— Te lo prometo. Los encontrare y me infiltraré, además por Iliac no te preocupes él la cuidara muy bien. Significa demasiado para el
— Tendrás la ayuda de un comando especial, pero tú serás el único que este entre ellos.

Lucil se sentía mejor y pensaba que tal vez en dos días más estaría lista para emprender nuevamente el camino hacia la dimensión del silencio. Ahora con la ausencia de sus hermanos se sentía con mayor libertad. También progresivamente pensaba en lo extraña que se sentía al principio o cuando había regresado sus hermanos, esa tristeza y añoranza por tenerlos a su lado se hacía ajena a ella, se preguntaba constantemente a que se debería. La necesidad de no sentirse tan intranquila, aquel sentimiento de tristeza y soledad que rodeaba su entorno cuando se encontraba sola en el castillo no lo entendía, ahora ya completamente ajeno a ella. Toda la culpabilidad que había sentido al pensar que los traicionaba cuando había vuelto, también había desaparecido. Todo el mundo que había conocido, todos los seres que la rodeaban cada día resultaban más extraños y fuera de su vida, pese a que la rodeasen y los sintiese. Pero ella ya no se sentía parte de nada, ni parte de nadie. Solo era ella y su eterno deseo por regresar a lo que ahora reconocía como su hogar y no le importaba cuanto debía de arriesgar para conseguir lo que ahora deseaba su corazón.

Lo que menos entendía era lo que sucedió con Iliac al detenerla. Era un martirio el pensar que causa el no podría llegar a Neoben Nyt. Eso era su única salida y el la había frustrado por mucho tiempo. Y no era que le importara mucho lo que él pudiera hacer, sino lo que significaría la muerte de él. Su traición a la Comunidad Kariana era suficiente y si a ello tuviera que dejarlos sin el tercer sustento más importante —después de la Fuente y ella— de la protección mágica de la Comunidad. No podía permitir tal falta de lealtad a la Fuente. Que ahora que se encontraba tan lejos de percibir los sentimientos humanos era la única forma viviente que le interesaba. Por ella es que limitaba su partida inconsciente ya de ese mundo terrenal. Se había convertido en un ser deseoso de la ascensión y de poder alcanzar su más preciado anhelo sin tener que preocuparse por las consecuencias de sus actos. No importaba más que ella. Su necesidad la había vuelto envidiosa y muy superflua. No le interesaba más lo que le rodeaba y mucho menos si apenas si podía enterarse en medio de su perturbadora ansiedad e inexplicable necesidad de estar en la dimensión del silencio — del daño que le hacía a lo que era su hogar, a lo que por tanto tiempo sus hermanos y ella habían luchado por conservar. Era solo un extraño recuerdo olvidado por el tiempo perteneciente a otra vida o a otra persona que no fuese ella.

Rar que había permanecido constante en ese tiempo se había convertido en no más que una extraña molestia en medio de su mutismo y su desesperación. Ella no sabía cómo había llegado a estar tanto tiempo lucida en ese universo constantemente le dolía el respirar o cualquier otra cotidianidad.

Había veces en que pensaba en que se trataba de una horrible pesadilla y que pronto desaparecería. Algunas otras se convencía de que era un castigo que le había infringido su guía — a la cual aun sentía pero no estaba con ella— para después recordar que ella jamás sería capaz de hacerle eso — ningún ser que perteneciera a la dimensión del silencio lo haría, nunca, ni eso, ni nada que le pudiera causar daño físico o sufrimiento espiritual — y entonces llegaba a ella un recuerdo lejano de pertenecer extrañamente a ese lugar de seres vivientes. ¿Pero porque ella? Si hasta donde recordaba era un ser libre. ¿Qué era lo que había hecho para llegar a ese lugar? ¿Cómo lo había logrado? ¿Acaso había cometido algún error? Pero no todo iba más allá, era consciente de pertenecer a ese mundo. ¿Desde cuándo? ¿Dónde vivía y que era todo aquello que la rodeaba?

Muchas veces se sumía en profundas meditaciones sobre su situación actual, pero nunca llegaba a nada. Siempre se quedaba en punto primordial ahora de su existencia, regresar a la dimensión del silencio. Lo que le era constantemente difícil por su falta de energía y a su incapacidad por concentrarse en deshacer la barrera que la separaba de su destino.
Estaba en medio de dos mundos incapaz de partir a su hogar e incapaz de concentrarse en recordar lo que era y para lo que está ahí, en ese universo inmerso en su cárcel de carne y hueso.
En medio de esta confusión Iliac había intentado hablar con ella en varias ocasiones, siempre teniendo el mismo resultado, una mirada vacía incapaz de ver lo que la rodeaba.
El se ponía muy mal al ver sus actitudes, no comprendía cómo había llegado a ese estado. Su mente se nublo al ver que día a día la perdía. En ese momento el la miraba de frente. Sabía que le gustaba ese lugar. Desde antes que sucediera todo eso. Ella acostumbraba a ir a ese jardín localizado al este del castillo sentada bajo la sombra de aquel pequeño mirto.

Ese árbol había sido testigo de tantas confesiones y periodos de silencio en medio de cavilaciones que sumergían a Lucil como ahora se encontraba. El quería más que nada pertenecer a su mundo, no le gustaba que ella lo excluyera. Como acusarla, el había sido el culpable de ello. Primero con su coraje y prepotencia y después con su profunda indiferencia al querer ella ayudarlo. Pensándolo de cierta forma pese a su negligencia y necedad el siempre había contado con ella.

Se acerco pensativo donde yacía sentada ella. Ella mantenía los ojos cerrados, pero él sabía que solo pensaba, estaba ahí.
Hacía más de dos semanas que ella no había intentado ir a la dimensión del silencio, razón por la cual el se alegraba, desconcertándole a la vez. La notaba muy agitada y aun que trataba de controlar su nerviosismo la que se hacía evidente cuando estallaba en prolongadas caminatas. Sin pronunciar ninguna palabra, pero veía con la misma furia y desesperación que había visto cuando ella salio la última vez de la cámara de la Fuente.

Iliac se paro frente a ella y la observo detenidamente mientras ella entre abría los ojos. El la miro directamente a los ojos intentando por todos los medios llamar la atención de aquella mirada vacía y se sorprendió al ver que ella le enfocaba y por primera vez en tanto tiempo, ella lo vio algo extraño y le miro cual si fuese la primera vez que lo viera algo como él.
El se acerco aun más a ella y se puso en cuclillas e intento sostenerle la mirada, le acaricio el contorno de su rostro y ella sintió el toque suave y puso su mano sobre la de él.
— Te quiero tanto — dijo Iliac
— ¿Qué eres? ¿Dónde estoy?
Iliac la miro extrañado y algo preocupado
— Estamos en casa, en Kara
— ¿En casa? ¿Me ayudarías a llegar a mi hogar?
— La dimensión del silencio no es tu hogar — dijo comprensivamente Iliac
— Jamás dirías eso si alguna vez hubieras estado ahí. ¿Qué puede decir de un hogar un ser viviente que para conocer la felicidad tiene tantas necesidades?
Evadió la mirada de Iliac y volvió a sus cavilaciones
— Tienes razón no sé como sea la dimensión del silencio pero si se que el hogar esta donde esta lo que más amas ¿Dime que hay ahí que te haga pensar que es tu hogar y no aquí que es donde viven los seres que te quieren?
Lucil no contesto nada y prosiguió con su meditación
— Está papá, Elther, Sirine, Lara, Azuer, la Fuente, la Comunidad que te necesita y te apoya. Y estoy yo…
— ¡Recuerdo lo que eres! — dijo precipitadamente Lucil — EL VIVIENTE QUE ME OBLIGO A PERMANECER FUERA DE MI CASA — continúo azorada
— ¡Tu hogar! ¡Viviente! Jamás he hecho nada para obligarte a nada. Eso estaba mal. ¿No te das cuenta?
— ¿Darme cuenta? ¿Quién puede decir que estoy mal? ¡¡¡TU!!!
— Bueno si lo deseas tanto porque no lo haces. Al parecer ya no te interesa nada, ¿Qué te retiene aquí? ¡No puedo ser yo! ¿Por qué si dices que te obligue, si no te importa lo que me suceda?
— Es muy cierto La Fuente es lo único que me importa. La traición que significa tu muerte, dejando este lugar sin ninguna protección.
— ¡Así que eso es lo único que retuvo ese día!
— ¡Sí!
— ¿Qué puede tener ese lugar que este no tenga?
— No lo comprenderías
Lucil volvió a guardar silencio y se sumió por completo en meditación decidiendo que era tiempo. Olvido donde se encontraba y lo que era y se entrego a su más intimo sentimiento, recordando su hogar y tratando de llegar a la unión con su guía, que aunque lejos aun la sentía tan cerca. Pronto lucharía por derrumbar esa barrera. Sin importar las consecuencias de eso.


Las consecuencias que caerían sobre Lucil y Kara como habían caído en otras partes, como Gilbray que era un planeta alejado de todo esplendor y benevolencia. Todo quien viviera en el, era ruin y malévolo. Siempre rodeado por aquellas construcciones en ruinas que rara vez tocaban el sol que se sentía arenoso y viejo. Su luz no emitía calor, sino un simple sopor que rodaban el lugar. El aire se sentía pesado y con cierto aroma a humedad y a vejez. La tierra era gris sin grandes posibilidades de ser fertilizada, razón por lo que escaseaban los alimentos.

Ya había pasado tanto tiempo al menos eso le parecía a Irene que no recordaba cuanto tiempo había pasado desde que había sido abandonada ahí, igual que muchos otros ruines que peleaba por el poder del territorio. Ella siempre trataba de mantenerse oculta y no llamar la atención. Había aprendido a guardar silencio y a olvidarse de la abundancia que había tenido antes. Dando gracias por los alimentos que precariamente conseguía, la mayoría de las veces hurtando. Evitaba las relaciones con las otras personas que habitaban Gilbray.

Ya había olvidado lo que significaba la abundancia y belleza de las cosas. Se resigno al abandono en ese horrible planeta en la que había sido exiliada. No le quedaban más que los recuerdos que alimentaban su alma y que le ayudaban a mantener la esperanza en medio de aquella oscuridad. Añoraba más que nada a Iliac y a su gran dios al que ahora amaba por encima de todo. Había dado la vida entera por haber sido ella la Elegida. Pero todo había sido tan cruel. La habían despojado del ser que más la había amado, Neiro.

Había pensado tantas veces que había sido de Neiro en ese tiempo. ¡Cómo se había olvidado de ella! Sabía por su situación que sus planes habían fracasado. Si tan solo hubiera sabido que esa tonta de Lucil era la Elegida. Jamás había caído donde estaba ahora. Si hubiera terminado con ella tal como Neiro y su amado señor le habían indicado ella no tendría porque estar ahí.
Por otro lado estaba Iliac que la había visitado antes de ser llevada a Gilbray, la había dejando acabada. Sabía que él la amaba y al saber que lo había traicionado. Jamás se lo perdonaría. Y por su estupidez ahora Lucil tenía todo lo que por derecho a ella le pertenecía. Aun que aun existía en su corazón una pequeña esperanza. Si tan solo su señor alcanzara el suficiente poder, sabría que encontraría la manera de liberarla, porque ella era la Elegida para gobernar a su lado. Eso era lo que amaba y odiaba de Neiro, el estaba tan cerca del maestro, lo sentía, le hablaba y era el elegido para traerlo a la vida.
Alguna vez llego a pensar en que tal vez pudiera estar cerca de él para que el amor que sentía por su señor se viera reflejado a través de él, pero Neiro jamás le permitió acercarse lo suficiente.

Muy lejos esta de pensar en la que sucedía realmente encerrada en su prisión imposibilitada de comunicarse de alguna manera al exterior de ese planeta. Diariamente trataba de reconocer la comedía que había sido su vida para no caer en la locura.


En tanto en otra parte del universo el soñaba con su futuro lleno de magnificencia rodeado de todo lo que había deseado en su vida que importaba lo que el gran Kankan le había advertido si al fin obtendría todo lo que la vida le había negado. No le importaba cuales serían las consecuencias si es que fracasaba. Tampoco le importaba el precio que el y su pueblo pudiera pagar a cambio de su egoísmo, pensaba solo en el reconocimiento que obtendría.

Göwland camino fuera de su morada, el sol inundaba el horizonte con un tenue calorcillo que le avivaba su piel. Rápidamente su piel empezó a absorber el calor del sol empezando a aumentar de temperatura para después iniciar un tranquilo fuego que emanaba de toda su piel — cual si fuese antorcha encendida—Göwland dio un profundo suspiro y continuo pensativo. Aun no sabía cómo lograría que los Ardas lo siguieran. Su pueblo nunca había sido condescendiente con los propios miembros de la Comunidad y aun que había logrado convencer a algunos pocos, aun que le hacía falta un arduo camino por lograr el pleno convencimiento de los más allegados al gran Kankan, tanto como su convencimiento total de este último. Solo así obtendría el apoyo de los aliados de Moira. Tendría una oportunidad más esa tarde. Era la primera vez que se entrevistaría con Sparks el Kankan — emperador de todos los Ardas en Moira—. Debía estudiar cada una de sus palabras para obtener su cometido. El hecho de apoyar al enemigo de la Comunidad más grande de la galaxia, implicaba muchos problemas, aunque también eso implicaba beneficios inmemorables para los Ardas. Rar había prometido grandes riquezas y el poderío del cual gozaba la Comunidad — aun que ellos sabían perfectamente que eso se debía a su gran Fuente de magia que rodaba a toda esta y que a la vez le serbia como protección — además de su propia defensa.

Göwland decidió tener una entrevista antes con Rar, tenía aun algunas dudas sobre lo que Sparks estaba seguro preguntaría. Salió de su casa provocando que los rayos del sol una vez más su piel se incendiara. Camino por largo tiempo bajo el sol en dirección a unos grandes montículos de piedra que yacían a unos cuantos kilómetros de distancia de su casa. No tardo en llegar a ellos.
El los rodeo y penetro en una de ellos por una pequeña ruta que se abría paso en medio de la piedra escarpada que se perdía en el interior de la roca en una profunda pendiente dirigiéndolo a lo a varios metros profundidad de la tierra. Llego a una pequeña cámara por la corría un hilito de agua cristalina. Continuo su descenso en dirección a pequeño riachuelo momentos después vaciló al llegar a lo más profundo de la gruta, temeroso de que la sombra no estuviera de buen humor, como algunas otras veces que explotaba contractualmente. El no entendía como alguien — o algo — pudiera emanar tal furia que cimbraba la tierra.
Entro por fin, la sombra no se encontraba, era un buen signo — al menos no se quejaría de la energía que gastara en esperarlo—.
— ¡Mi señor! — llamo tímidamente Göwland frente a un muro donde siempre aparecía la sombra, cuando no se encontraba en la caverna.
Göwland tuvo que esperar algunos minutos, para ver traspasar a la sombra. El no espero más que una décima de segundo para saludar a la sombra con una profunda reverencia.
— ¿Qué deseas? —dijo una voz lúgubre que salía de un ser hecho de humo sin casi forma humana
— ¡Ha llegado el día! El Kankan desea verme. He conseguido lo que por tantos meses hemos estado esperando, pero aun no sé cómo explicarle los beneficios que obtendríamos nosotros al intentar atacar a la Comunidad Kariana — explico incomodo Göwland
— Pensé que esta todo claro — dijo molesta la sombra
— ¡Perdone mi ignorancia, Señor! Indudablemente usted ha sido muy claro. Pero mi estupidez me impide verlo claramente— dijo Göwland a la vez que se deshacía de miedo
— Su contribución a mis planes será ratificada haciendo a Moira la principal Fuente de poder después del Imperio del Silencio que será el origen de la energía misma y que conformaran también ustedes bajo mi mandato y protección — explico algo arto la sombra
— Mi señor — agrego humildemente Göwland — Yo apreció su benevolencia. Pero Sparks no se conformara con eso. Querrá el máximo poder. El control total.
— Lo obtendrá solo si logra vencer a la Cofradía y a la protección de la Fuente. Que como sabes “NADIE” ha logrado traspasar esos dos obstáculos. Por eso es probablemente invencible, para cualquier ser de este universo. Pero no para mí. No para un ser como yo que no sabe de fronteras y mucho menos de límites. Mi poder va más allá de lo que abarca este universo o cualquier dimensión que le pertenezca. Y mis aliados pueden llegar a ser inimaginables. ¿Dime quien más que yo puede llegar a realizare lo imposible? — agrego molesta la sombra
Göwland no quiso inquietar más a su señor y se retiro con una reverencia.

La sombra no puso mayor atención a Göwland y volvió a su vigilancia. Ya faltaba muy poco tiempo para lo que esperaba con tanto ahínco. Había logrado saber donde se encontraba Irene, solo tenía que esperar para obtener lo que deseaba aun que se sentía muy débil. Le había resultado muy caro el otorgarle la energía suficiente a Lucil. Aun que gastaba más en acercarse a ella por la protección de la Fuente y de su guía que ahora ejercían sobre ella. El notaba su presencia y aunque se encontraba tan lejos era tan fuerte como para debilitarlo de tal forma que le costaba tanto trabajo poder regresar al mundo de los vivos. Pero al final todo sería recompensado cuando tuviera nuevamente a su lado a Lucil con él.


En tanto Lucil se iba fortalecíendo y abrazaba tanto su deseo de volver a la dimensión del silencio como fuego ardiente consumiéndola por completo, repitiéndose constantemente para si «No voy a dejar el sueño de mi vida, MI DESTINO, aun que en ello empeñe todo lo que soy.» Sus primeros intentos de volver a su morada fueron vanos pese a lo fortalecida que se sentía, pero a la vez sentía más débil a la Fuente con cada uno de sus acometidos, mientras que ella se sentía cada vez mejor cosa que no entendía.

Por esos días Iliac había logrado llamar su a tensión algunas veces, aun que no había vuelto a hablar con ella. Sin embargo le animaba mucho el saber que ella ya no había vuelto a cruzar el umbral que la separaba de la dimensión del silencio. El consideraba que había pasado el tiempo suficiente como para volver a intentar lo que ya había planeado con tanto sigilo en esos días.

Una tarde en que Lucil bajaba a los jardines del castillo. Camino largo rato entre los árboles hasta llegar a una avenida rodeada de arbustos — no mayores a tres metros, con las flores más bellas que ella había visto nunca—. El arbusto era de corteza delgada completamente blanca y con una pequeñas hojas verde agua que sobre salían de todas sus ramas. Lo que hacía que Lucil amara ese lugar al cual llamaba el Camino Enoue debido a que ese era el nombre que recibían los arbustos que rodeaban toda la avenida— alojado aquí y allá a algunas estatuas y una que otra banca. Lucil se sentó en una de ellas, anterior mente había disfrutado tanto estar en ese lugar pero ahora solo vagaba sin rumbo por los jardines pensando en el mejor lugar para obtener mejores resultados en su cometido.

Iliac la había empezado a seguir desde que la vio salir del castillo. Sabía que ella ahora prefería los espacios abiertos.
Al verla sentarse en esa banca, muy pensativa temió que si tardaba aun más ella conseguiría su deseo. Se apresuro a llegar a su lado parándose frente a ella — como acostumbraba a hacerlo— ella le miro sin importancia (cual si fuese más que algo más que formara parte del jardín).

Después de varios intentos logro obtener su atención.
— ¿Ahora ya no te interesa más lo que le suceda a la Comunidad?— pregunto Iliac
Lucil le miro detenidamente, como si por primera vez se hubiera percatado de su presencia
— ¿Cómo puedes pensar en aquel lugar como tu hogar? — continuo preguntado Iliac
Lucil le miró con más intensidad, a medida que el le hablaba recordándole todo lo que habían vivido en Kara y lo que ella había sufrido para mantener a la Comunidad y a Rar fuera de ella. Término casi exhausto diciendo todo lo grandiosos que era vivir ahí e intentando por todos los medios convencer a Lucil, que lo miraba atentamente, silenciosa esperando que terminara de engrandecer a ese universo que ella veía como uno más.
— ¡Jamás lo entenderías!— exclamo Lucil interrumpiendo a Iliac.
— ¿Por qué?
— Nunca has estado ahí. No conoces más que lo que tus ojos pueden ver. No atraviesan capa tras capa desmenuzando todo. Aclarando cada silencio, cada existencia, cada razón para cada una de las cosas. Nunca verías como yo, cuan sublime néctar para el alma es el mundo del silencio
— ¡Muéstramelo, entonces!
— ¡¡¡JAMÁS!!!
— ¿Por qué? Acaso…
— ¡No puedes!— intervino Lucil — Tu alma esta marcada y yo nunca podría partir de aquí si traicionara a la Fuente
— ¡Mi alma! ¡¿Que sabes tú de mi alma?!!— pregunto indignado Iliac— Si jamás has querido hablar conmigo o saber de mis sentimientos, mucho menos de mi alma. Solo tienes más que pequeños retazos de lo que soy.
— Se más de lo que crees, conozco tu dolor.
Iliac volteo incrédulo
— Eso deja marca, no hay transparencia al pasar el velo y estoy completamente segura de que querrías por siempre quedarte — continuo diciendo Lucil
— ¿Qué sabes tú de lo que yo querría? ¡Nunca pensaría en abandonar esto! No me conoces lo suficiente… Bueno tal vez si tu partes definitivamente, entonces no dudare en seguirte
— Tu madre es razón suficiente, no necesitas más. — intervino Lucil — Ese cambio a la dimensión del silencio no es solo la vida después de la muerte es demudar capa a capa nuestra esencia, absorbiéndote poco a poco cual agua penetrando en la tierra; mudando tu ser en una total confusión, dejando tus emociones palpitando cual lumbrera ardiente perdiéndote en el valle de los lamentos donde sangran todos tus pesares, mostrándote la verdad, para después reanudar tu fuerza al ver sentir lo que hay en la dimensión del silencio que te abraza y sana todas tus heridas.
— ¿Eso es lo que te sucedió? —pregunto comprensivo Iliac
— ¡No! Es lo que te sucederá si te muestro lo que es.
— Nunca caería
Lucil sonrió irónicamente y pregunto
— ¿Piensas que lo has superado?
— Relativamente tengo en quien apoyarme y si es necesario para llegar donde tu estas, lo haré
Lucil emitió una risa burlona y agrego
— ¿Realmente piensas que mi padre o nuestros hermanos te salvarían? Caerías irremediablemente, pues yo no soy una buena razón para sacrificar tanto. El proceso nos muestra verdades que no queremos ver o que ni siquiera sabemos que existen. Y por lo tanto yo jamás lo haría, sabiendo que no lo superarías. Significaría la perdida de mi última esperanza.
— ¿A que le temes?
— A que por tu culpa me quede por completo varada en este lugar sin posibilidad de vivir mi verdadera felicidad
— ¡Si es realmente eso! ¿Por qué no mostrármela? ¿O qué? ¿Eres tan envidiosa que eres capaz de no compartir con los demás la verdadera felicidad?
— Si lo vez de alguna manera “Si”. Contigo Si.
Después de eso Lucil volvió a sus cavilaciones ignorando por completo las preguntas de Iliac, que continuaba a su lado. Al final de algunos minutos y ver que perdía su tiempo Iliac decidió irse.

Esa conversación le había dejando mucho que pensar, tenía que saber más sobre ello y dado que Lucil ocultaba algo que como él y sus hermanos sabían —era su verdadera razón para ir a la dimensión del silencio—, pero dado que ella se negaría a hablar más sobre el tema decidió investigar por su parte.

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Las cosas habían sido muy difíciles para Elther en esas últimas semanas. La empresa que le había pedido su padre había resultado mucho más complicada de lo que había pensado. El localizar a los Éclairers resulto ser más difícil. Ahora se trataba de un pueblo nómada que se ocultaba de todo mundo temiendo que los Karianos los atacarían, pero este no era el fin que perseguía su padre o el mismo. Solo deseaba mantener completamente alejado a Rar para evitar que aumentara su poder.
Aun que aparte de eso él debía parecer uno de ellos lo cual resultarías bastante sencillo ya que solo bastaría con un poco de maquillaje y algunos otros cambios — los Karianos resultaban ser ligeramente diferentes a los Mirianos, los primeros tenían tez muy clara, un poco rosada y la mayoría de ellos de ojos claros y cabellos castaños muy delgados, eran bastante altos Mientras que los Mirianos eran mucho más parecidos a los terrestres (aun que su piel no oscilaba entre muy clara y muy oscura, como estos), eran de piel apiñonada que brillaba con él sol. Suelen ser muy hermosos, aun que no tanto como la raza Kariana.

Después de varios intentos de entrar en el pequeño círculo de los Éclairers, logro integrarse aunque los Mirianos jamás habían sido muy buenos con los de su propia raza — a través del tiempo su principal enemigo de los Éclairers había sido su propia raza que los perseguía sin cesar para acabar con todos ellos, pues ahora ellos eran una mancha que empañaría sus planes en integrarse a la Comunidad. Esto lo sabían muy bien los Éclairers lo que les hacían odiarles pero lo que les hacía tener más rencor sobre ellos, era la idea de que ahora que habían cambiado las cosas no reconocieran a su señor dándole las espalda por completo. Ignorando todo lo bueno que había hecho por ellos y principalmente olvidando todas sus enseñanzas.

Elther se pudo adentrar en la base inferior de las castas de estos y aun que resultaran ser ruines con los demás entre ellos eran una unidad. Sorprendiéndole por completo; habían resultado ser un pueblo unido y mucho mejor que otros hubiera conocido el. Lo que la hacía pensar que sería muy difícil derrotarlos porque sería complicado disgregarlos. Sin embargo, estando dentro del círculo resultaría más sencillo que haciéndolo desde el exterior.

Por su parte sus hermanos se encontraban en el castillo discurriendo en cuáles serían los pasos a seguir para saber más de Rar.
— Iliac una vez me comento sobre un libro que los Mirianos tiene acerca de Rar — explico Azuer
— ¡Es cierto!
Este sería un buen comienzo para ellos ocupando su tiempo y todas sus posibilidades por conseguir la mayor información que fuese posible. Después de algunas semanas no solo ellos y sus demás hermanos empezaron a haber cambios en sus tareas. La más importante fue la de Lucil que después de tanto empeño consiguió tanto por lo que había luchado. Esto no fue solo la incursión nuevamente en su mundo lleno de maravillas, sino hubo graves cambios en la Comunidad que se vio afectada considerablemente debido a lo débil que había quedado la Fuente al romper las barreras Lucil.


Rar sintió al instante este cambio que había esperado más de una semana para llevar a cabo sus planes. Simultáneamente Irene y todos los habitantes de Gilbray sintieron una profunda sacudida en todo el planeta, cayendo todos en pánico, pensando que eso sería su fin. Ella se arrincono a un más en su refugio viendo como la gente corría de un lado para otro desesperada.
De repente entre toda la polvareda que hacían el ir y venir de los trascendentes vio como una nubosidad se iba reuniendo en el aire formando una figura deforme que se aproximaba lentamente hacia ella. Irene se colapso en un paroxismo nervioso al ver que cada segundo eso la estaba cercando. Segundos después la sombra estaba frente a ella.
— Sígueme — dijo firmemente la voz cavernosa que helo la sangre de Irene
Momentos después Irene se incorporaba y seguía a la sombra involuntariamente, gobernada por el mandato de esta que la envolvía en su densa neblina absorbiéndola poco a poco, a cada paso que daba.
En medio de su furor y nerviosismo se sintió cada vez más perdida y mareada. Cerró los ojos apretándolos todo lo posible, sintiendo como todo aquello la transportaba, quedando inconsciente minutos después.

Cuando despertó se encontraba en una caverna oscura con olor a azufre muy penetrante. Todo estaba herrumbroso y oscuro. Irene se encontraba tendida en la piedra fría, confundida. Observando a su alrededor en medio de la tinieblas, incorporándose y palpando la piedra paso a paso encontró una hendidura que penetraba en una inclinación, camino esperanzadoramente en ella —tratando de encontrar una salida a la superficie— cuando de repente una luz incandescente se hacía más clara a cada paso que ella se internaba en la caverna sin que ella se percatara. De pronto una voz cavernosa que emanaba de la luz envuelta en una espesa niebla.
— ¡Detente! — ordeno la voz
Irene quedo helada pensando que ese tal vez sería uno de los últimos minutos de su vida.
— ¿Pretendes abandonar a tu salvador, después de que te libero del olvido? — continuo la voz a un más ronca
Momento después la voz ahora formaba parte de una sombra que miraba fijamente a Irene que permanecía de espaldas inmóvil.
— ¿Ya has olvidado todo lo que significo para ti?— volvió a preguntar la sombra que iba acercándose lentamente a Irene que yacía paralizada
Segundos después todo quedo en silencio rodeando el lugar de un aire frío que congelaba el lugar. La sombra llego hasta donde Irene se encontraba y le hablo quedamente al oído
— ¿Te has olvidado ya de tu señor?
Irene sintió un profundo escalofrío que le helo todo el cuerpo.
— ¿Ignoraras tu realidad y simplemente perdiste todo lo que habíamos construido o es que la muerte de Neiro no significo nada para ti?
Irene sintió que el alma se le iba del cuerpo al escuchar el nombre de Neiro. Después de todo ese tiempo solo alguien al que creía perdido se atrevería a pronunciar ese nombre en medio de todo el universo, sin temor a que la fuerza de la Comunidad lo intimidara, pero él había desaparecido desde hace mucho tiempo. Sin embargo, tan solo esa idea le hacía renacer las esperanzas, al sentirse que habían muerto en esa maldita prisión en que le había confinado Lucil.

Irene no se atrevió a mirar aquel ser que le hablaba, pero algo más sucedía. El lugar en el que se encontraba no era nada parecido a Gilbray. El aire era aun más limpio. No olía a humedad, el ambiente se sentía tan ligero, no le dolía la cabeza y mucho menos se mareaba a pesar de que se encontraba con eso. Ella tardo algunos minutos en pensar en ello.
— ¡No puede ser cierto! — dijo Irene pensativa interrumpiendo el silencio que llenaba la cavernaLa luz aun brillaba e iluminaba parte del camino de salida de la gruta y ella aun sentía la presencia de eso, repentinamente recordó que estaba en Gilbray, ocultándose de algo que la llenaba de temor y ahora estaba ahí, en un lugar totalmente diferente en el cual no recordaban más que una gran sombra que la rodeaba. Ella volteo aun petrificada por el temor pero reconocía cada vez más a esa presencia y ahí frente a ella estaba lo que le había llenado tanto de temor en Gilbray. Era algo irregular pero lo reconocía. Al fin era el por lo que tanto había luchado, estaba ahí, su salvador.

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