miércoles, 26 de mayo de 2010

LA COFRADIA - CAPITULO 12

XII


Lucil no puso mayor atención esa noche en que salió de Kara para no regresar más, intento buscar un lugar donde resguardarse del frío para pasar la noche. Al día siguiente Lucil despertó sorprendida por lo que le rodeaba. Sin duda alguna la noche anterior se había percatado de que estaba rodeada de una meseta rocosa, pero jamás se había imaginado que todo a su alrededor fuera más que el cimiento de una ciudad construida en las alturas y lo que ella había pensado que eran rocas no era más que las plataformas que asentaban los edificios que se elevaban metros arriba de ella. Ella trato de observar con más detenimiento aquella llanura lóbrega, rodeada de un aire arenoso que no la dejaba respirar con libertad. Ella habría esperado algún lugar más apacible, cuando pensó salir de Kara, pero aquella ciudad aparte de ser muy ruidoso resultaba tener un sentimiento de oscuridad y malicia que ella había detectado desde su llegado. Pero habiendo tratado de entender que aquello no era más que un sentimiento de culpa. Pero en ese momento en que ya no estaba influenciada por la tristeza que le desgarro el corazón por abandonar a su familia y a la Comunidad, no le dejaba más que un sabor amargo aquello que veía. Todo tan grisáceo, sin vida. Aun así ella decidió conocer la ciudad antes de decidir irse o no por lo que intento buscar la manera de subir a la ciudad. Esto le fue un poco difícil pues la única manera que encontró fue por una escalera desvencijada que colgaba por cimientos de aquella ciudad volante. A pesar de que tarde varias horas en llegar a su objetivo, al final lo logro. Aun que lo que veía desde abajo era muy parecido a lo de arriba. La gente que ahí habitaba no era muy diferente a ella, por lo que no le costó mucho trabajo confundirse entre ellos al menos físicamente, porque la mayoría de ellos portaba ropa ajustada de un gris oscuro confundiéndose con el color de los muros que era el mismo que la gente usaba. A deferencia de ella que portaba un vestido largo de seda Kariana muy delgada y que dejaba ver su delgadez y color de piel en la desnudes de sus brazos. Por lo que llamaba mucho la atención y no tardo en que aquellas personas comentarán entre ellas con interés de saber porque portaba aquellas ropas tan extrañas para ellos.
— Será ajusticiada si el Gran Pat llega a descubrir su arrogancia al vestir con tan poca diligencia — comento un hombre que otro muy cerca de donde se encontraba Lucil
— El Gran Pat criticaría eso como una gran injuria — le contesto el hombre que le acompañaba— como pueden ser capaces de vestir de esa manera en la gran ciudad de Werbinimon
Lucil se percato que llamaba mucho la atención, además de los constantes comentarios y miradas agresivas de las cuales era víctima.

Werbinimon era parecido a un gran fortín en donde todos estaba acostumbrados a la cotidianidad sin sobre saltos — o en este caso sin personas ajenas a aquel equilibrio tan monótono que cubría completamente aquel lugar. Por ello Lucil decidió que tal vez ese no era el lugar indicado para ella. No al menos el que se habría imaginado encontrar, pero pensándolo bien no era tan extraordinario; el universo era tan vasto en él que se hallaban infinidad de lugares tan distintos, algunos mejores, otros peores o tal vez iguales a Kara, lo único importante aquí era encontrar el sitio idóneo donde ella pudiera pensar tranquila y así solucionar el problema que la había sacado de la que ahora consideraba su casa.

Ella intento alejarse y escabullirse de la multitud que ahora la rodeaba, pero fue en vano el más ligero intento de alejarse de aquella masa resulto en agresión, aquella gente extraña la sostenía forzosamente repitiendo sin cesar
— ¡Debe ser juzgada!
— ¡Debe ser castigada!
Lucil se lleno de pánico e intento tranquilizarse y tal vez soportar eso por algún tiempo. Eso era mejor a llamar la atención tal vez utilizando alguno de sus poderes para defenderse o saliendo por alguna puerta interdimensional, ocasionando mayores problemas de los que ya tenía.
Fue prácticamente obligada a caminar rodeada de aquella muchedumbre escandalosa, a la que cada vez sentía más alejada; en su cabeza no cabía otra cosa que las últimas palabras que Iliac le había dicho. Ella empezaba a pensar en que tal vez el tenía mucha razón. Era su problema, solo de ella. “Jamás debí de a ver inmiscuido a nadie de ellos” se repetía constantemente en su mente.

La procesión fue larga y molesta, hasta que llegaron a un gran edificio que levantaba dos sendas torres, una de cada lado de la construcción que asemejaba una fortaleza y que la rodaba un gran espacio dejando entre el camino que llevaba la aglomeración y aquella fortaleza, un gran precipicio que fue cubierto por un gran puente flotante hecho por baldosas de acero que fueron postulándose una a una al gritar uno de aquellos hombre que rodeaban a Lucil.
— ¡Salve el Gran Pat! — exclamo fuertemente el hombre al instante que elevaba su brazo izquierdo con el puño cerrado al cielo
El gentío camino con mucho más tiento por el puente que los dejó frente a una puerta que se elevaba por encima de los tres metros y que se abrió instantáneamente al llegar la primera persona a la última de las baldosas que componía el puente.

Lucil permaneció en silencio al ver que aquella multitud era detenida por un grupo de soldados que portaba la misma vestimenta que los civiles que la acompañaban — lo único que diferenciaba a unos de otros ere el casco gris que portaban los soldados y una insignia en forma de rombo con un ave de espeso plumaje con las alas entre abiertas simulando la caza de una presa.
— ¿Esta es la acusada que ha ocasionado tanto desorden en la ciudad? — pregunto firmemente el soldado de la compañía
— Si la hemos encontrado deambulando en uno de los pasillos laterales de Amacoem con estas vestimentas escandalosas — repuso el hombre que había dirigido la multitud desde un principio
— Nosotros nos encargaremos de llevarla con el Gran Pat — señalo el jefe de la compañía tomando a Lucil con violencia dejando de el gentío retornara por donde viniera.
Ella fue conducida por un extenso corredor que daba a unas escaleras de caracol, llegando estas al primer piso. Todo en aquella construcción era grisáceo y con escasa luz. En las paredes no había colgado ni un cuadro, era lóbrego y frio.
Después fue conducida por un gran ascensor, en ese punto la compañía se hizo más pequeña —de siete hombres que acompañaban a Lucil de los cuales cuatro de ellos la hacían fuertemente — con tan solo dos miembros. Los tres prosiguieron su camino a un extenso salón muy diferente en la suntuosidad del lugar, comparado con lo que habían visto de esa fortaleza, aun que siempre conservando el tono grisáceo y lóbrego de toda la ciudad.
Los tres miembros del grupo hicieron una parada al llegar a una puerta alta de plata maciza custodiada por dos guardias que entre cursaron sus alfanjes. Al momento un hombre de mediana edad que se encontraba muy cerca de la puerta. Se acerco y pregunto.
— ¿Quién busca al Gran Pat y porque motivo?
— Su señoría, noble Fijar — dijo el jefe de la compañía haciendo una amplia reverencia — esta mujer es acusada de injuria y alboroto en nuestra pulcra y humana ciudad pero primero que nada insulta el nombre del Gran Pat — dijo el hombre al momento que elevaba la mano con el puño cerrado — con su insolencia — término con una leve reverencia
Fijar hizo un pequeño asentimiento hacia los guardias para después hacer una leve señal a los soldados para que lo siguieran. Fijar se acerco a un hombre que yacía sentado en un trono de oro blanco con retoque plateados, haciendo una amplia reverencia
— ¡Salve Ho Gran Pat!— exclamo Fijar con la señal significado de ese nombre
El Gran Pat asintió y así Fijar se acerco a murmurar algunas palabras al oído del Gran Pat por algunos minutos. Después Fijar hizo una señal para que los soldados se retiraran que dando solo el Gran Pat y él en compañía de Lucil que yacía ajena a su alrededor.
— Y bien ¿Qué tienes que decir en tu defensa? — pregunto con imperiosidad el Gran Pat
Lucil que no había puesto mayor atención a lo que sucedía su alrededor, hasta ese momento. Fue cuando pudo ver con mayor detenimiento al Gran Pat. El cual era mucho mayor que ella, pero no que su padre. Lo que realmente tenía en particular aquel hombre era su larga barba que le hacía parecer a un viejo sabio. Solo en su físico porque en su forma de ser, estaba muy lejos de ser noble, pulcro y de naturaleza sencilla como generalmente eran los sabios dedicados sus deberes.

Lucil no se inmuto al escuchar su demanda, solo guardo silencio. La aprensión y la imperiosidad fue mayor al ver el Gran Pat la osadía de aquella mujer al no contestarle
— Al ver que no tienes nada que decir a tu favor y debido a tu gran falta de mesura y a mi nombre, serás castigada con la pena máxima al amanecer — ordeno el Gran Pat
Lucil levanto el seño en señal desaprobatoria pero continuo en silencio. Al siguiente instante Fijar dio la orden de llevar a Lucil a las mazmorras, localizadas en los más bajo de aquella construcción. Al llegar ahí Lucil fue aventada con lujo de violencia a un gran calabozo del cual no tenía ventanas pudiéndose ver tras ellas la meseta rocosa y aquel aire arenoso que Lucil sintió por primera vez al llegar a ese planeta. Ella compartía el calabozo con otras cincuenta mujeres que la miraban cual si fuese leprosa. Ella no le tomo importancia he intento buscar algún lugar para sentarse y observar lo que tal vez ella tomaba como una oportunidad para conocer nuevas costumbres.
Después de algunas horas las mujeres de tener interés en ella y en su lugar pusieron mayor atención a cinco grandes marmitas que los guardias metieron dentro del calabozo abalanzándose locamente tras lo que contenían. Lucil las observo asqueada, hasta que por primera vez una de ellas se acerco y le tendió un pan muy parecido a un bollo
— Si no te apuras te dejarán sin comer — comento la mujer
— No importa — repuso Lucil
— Se porque estás aquí. El revuelo llego hasta el calabozo — dijo la mujer
— ¿El que supuestamente ocasione? — pregunto Lucil
— Si ¿Cómo pudiste arriesgarte de esa manera?
— ¡Arriesgarme!
— ¡Sí! El insultar el nombre del Gran Pat se castiga con la tortura, en la torre mayor, exponiéndote después al público.
— ¡Lo esperaba! — Lucil sonrió sarcásticamente — ¿Tu porque estás aquí?
— Robo, en tres días estaré libre, pero tendré que trabajar para el que le robe por tres meses pese a que solo le quite dos franquiebons
— ¿Qué son los franquiebons?
— Telas de colores como las que tu utilizas. Están prohibidas pero sin embargo se pueden utilizar para la ilación y combinación en baja medida para nuestras ropas, pero los franquiebons son muy caros para personas comunes como nosotros. ¿Cómo conseguiste un vestido así?
— Bueno de donde vengo todos vestimos así.
— Desearía ir ahí
— No creo que puedas.
— Bueno tú debiste de haberte quedado ahí, ahora pagarás demasiado caro por ello
— Tal vez
— ¿No tienes miedo?
— ¿Por qué habría detenerlo faltan más de doce horas para el amanecer? — pregunto Lucil, pensando para sí que dentro de algunas horas saldría de ahí
— Bueno, que bueno que sigas tan calmada porque yo estaría con el alma hecha pedazos. Lo que te harán no es nada agradable
— Cualquier tortura; es eso, una tortura
— ¿Eres muy extraña?
— No eres la primera que me lo dice ¿Y ese Gran Pat, desde cuando gobierna esta ciudad?
— Desde el final de la Guerra de Moicomin. ¿No puede ser posible que no sepas eso?
— ¡Sí! ¿Verdad?
Después de algún largo rato de charla con aquella mujer que no superaba en edad a Lucil. Ella se pudo enterar que el Gran Pat era un emperador dueño de Werbinimon y otras cinco ciudades aledañas. Su patriarcado se basaba en la igualdad en todo — lo que a luces podía observar Lucil no era como realmente se pensaba dejando entredicho aquella igualdad. Por lo que ya harta de la plática y de ese lugar tan desagradable deicidio controlar mentalmente a todas esas mujeres para poder salir sin que estas se dieran cuenta, eligiendo esta vez con un poco de más cuidado su destino, escogiendo al planeta Farel en la galaxia Iqueira del cual no se sabía mucho ya que se trataba de un planeta joven, pero considero que estaría mejor que en el que estaba. Ella abrió de inmediato una puerta interdimensional y apareció en un bosque con follaje muy espeso que no dejaba pasar la luz del sol quedando prácticamente en la oscuridad total. Lucil trato de acostumbrarse a la nueva oscuridad, además del nuevo ambiente tan diferente que tenía a su alrededor. Ella suspiro profundamente alegre de que todo había quedado atrás como un triste recuerdo pensando en que en ese lugar estaría mejor pues el mismo ambiente gritaba libertad y belleza.
Todo a su alrededor a pesar de estar en la penumbra mostraba un toque de alegría en cada cántico de pájaros que se escuchaban a lo lejos, así como el rumor de la hojarasca al caminar sobre ella acompañada del susurro del caer del agua que se escuchaba a lo lejos. Ella siguió por aquel ruido que se acrecentaba a cada momento que ella se acercaba hasta que llego a una pequeña cascada que bajaba peldaño a peldaño como si fuese escalera rodeada de una gran cantidad de maleza por lo que fue tuvo que avanzar algunos metros más adelante para sentarse a descansar quedando dormida a los pocos minutos.

Horas más tarde la despertó un pequeño estruendo que venia del otro lado de la cascada. Intentándose poner rápidamente de pie, se aterrorizo al ver que su cuerpo no le respondía pensando que todo fuera obra de Rar. Pero no existía otra cosa a su alrededor más que ese pequeño siseo que ahora atravesaba el agua sin dejar rastro algún. Cada momento más cerca, hasta que llego junto de ella y cual si fuera títere aquel estruendo tomo control sobre su cuerpo obligándola a caminar hacia atrás siempre viendo hacia la cascada.

Segundos más tardes unas figuras humanas salieron en persecución de ellos tirando lanzas y flechas sin importar que Lucil sirviera de escudo aquella criatura invisible. Al instante aquel ser empezó a correr a cada momento más rápido llevando a Lucila en su loca huida. La persecución se hizo aun más intensa al punto en que ahora los cazadores ahora los rodeaban. Lucil sentía como esa energía que la dominaba se iba transformando en desesperación, mientras que ella luchaba con todos sus medios para librarse de aquello. Al ver que sus perseguidores ahora se preparaban para dar la última emboscada cuando dos de ellos dispararon flechas que hirieron a Lucil, una en el brazo y otra en la espalda al intentar cubrirse. Ella intentaba correr pero debido a lo profundo de la herida — pese a que no sentía dolor— no pudo seguir cayendo de bruces al suelo más, además de que ya la rodeaban totalmente. Al momento sintió como le absorbían todo el aire de los pulmones para después empezar a sentir y a tener control sobre su propio cuerpo y con ello el dolor de las heridas el cual era intenso dejándola inconsciente minutos después.


Tres semanas después Lucil despertó en una aldea en medio del bosque. Ellos la habían curado y cuidado desde aquel día del incidente.
— ¿Dónde estoy? — pregunto Lucil al despertar
— Estas en la aldea de Iribel al norte de las colinas de Salmarían — repuso la anciana que ahora le ayudaba a reincorporarse — aun debe de doler mucho. Debes perdonarnos, pero era la única forma de que te dejara en libertad e intentáramos atraparlo
— ¿Ustedes saben que fue aquello me ataco?
— Fue uno de los espíritus del bosque que cobro la vida de cuatro de nuestros hombres al luchar contra el
— ¿Un espíritu? ¿Cómo puede permanecer en este mundo?
— Los espíritus del bosque son muy fuertes y están aquí para protegerlo y para desdicha de nosotros para sacarnos de él, pese a que también es nuestro hogar. Pero basta de tanta charla debes de descansar nos ha costado mucho trabajo mantenerte con vida como para que ahora recaigas. Ya habrá tiempo de que sepas sobre nosotros así como nosotros de ti.

Los siguientes días Lucil se empapo de toda la cultura de Iribel fue así como supo que se trataba de una pequeña aldea localizada en medio del bosque que les serbia como protección de sus propios enemigos. La gente que ahí habitaba vestía, los hombres con pantalones ajustados y el cabello largo agarrado en una cola y las mujeres con largas túnicas y el cabello cubierto por una seda; su piel era oscura y lustrosa y todos tenían el cabello más blanco que Lucil había visto en su vida. Tenía los ojos sesgados pero sus pupilas variaban en color algunos rojos, otros amarillos y algunos otros lilas pero muy especialmente blancos y sus oídos colgaban con dos gotas de agua y podían ver sin ningún problema en la oscuridad. A su manera eran muy hermosos pero también extraños. Eran practicantes de magia — aun que menos avanzada que la que tienen en Kara — y productores de sus propias telas y alimentos. Rara vez tenía tratos con extranjeros por lo que a los extraños los trataban con algo de recelo. Además de que no podía confiar en ellos por el hecho de que los espíritus del bosque solían ser demasiado engañosos, utilizando varias veces a los extranjeros para sus fines — como lo habían hecho con Lucil — por lo que cuidaban sus fronteros día y noche.
— Los extranjeros suelen ser diferentes a nosotros — comento una vez Arremel (jefe de la guardia de Iribel) — en el color de su piel, pero no en sus rasgos, como tú lo eres
Lucil no supo que decir ante este comentario y evadió la pregunta respondiendo
— No todos los seres vivos de un planeta son iguales. ¿Porque no me platicas de los hallazgos de la noble Umilime, ya que gracias a ella estoy viva?
—Viva, pero no lo suficientemente fuerte como para partir como lo deseas
—Lo que no entiendo ¿es cómo es que murieron esos hombres? Si has dicho que ustedes jamás los atacan. Solo cuando toma la vida de alguien.
— Has de saber que nosotros estando dentro de nuestro territorio estamos protegidos, pudiendo entrar solo ellos por medio de un cuerpo, es por lo que luego usan a los extranjeros, pero hay veces que estamos obligados a salir de nuestra protección como hace algunos días. Y es cuando ellos aprovechan para atacar a nuestros hombres y cobrar nuestra arrogancia al vivir en medio de su hogar sin su permiso con sus vidas. Por eso es que nos asombro sobre manera el hecho de que tú hayas quedado con vida al salir el de ti. Generalmente todos mueres a los pocos minutos, pese a que se encuentren dentro de la aldea siendo expulsados los espíritus de esta.
— Bueno yo tampoco entiendo.
Una tarde después de un mes en que Lucil había permanecido ahí Umilime había apurado a una compañía al bosque ya que siete enfermos — entre ellos Lucil — había caído convalecientes de una extraña infección para la cual solo existía una cura que era una flor que crecía en la naciente de la cascada.
— Deben apurarse solo quedan algunas horas de día, asimismo, la extranjera no creo que soporte la noche, sus heridas han empeorado por la infección — había dicho Umilime al ver partir a los arqueros

Cuando regresaban de traer el medicamento la compañía hoyo un grupo de voces que venían algunos metros más adelante. Arremel y sus hombres caminaron silenciosamente rodeando al grupo de personas que hablaba en la oscuridad del bosque. Fue cuando Arremel pregunto de donde venían y porque estaban ahí, sin esperar mayor respuesta Veromey le recordó la urgencia que los había traído al bosque. Pero no podía permitir que cualquier espíritu aprovechara la ocasión como en muchas otras para atacarlos con cualquiera de los extranjeros por lo que dio la orden de dejarlos inconscientes y llevarlos a la aldea para interrogarlos sin mayor peligro.

Tiempo después tomaron los cinco cuerpos que habían caído inertes y siguieron su camino sin ningún sobre salto.
A su llegada a la aldea les sorprendió el parecido que los nuevos extranjeros tenían con Lucil, a la cual igual que a todos los demás se le había suministrado rápidamente la cura.
Lucil reacciono muy bien y en un par de horas se había recuperado de la infección que le aquejaba, no así de las lesiones que tenía.
— Hemos encontrado en el bosque a cinco extranjeros, que tienen las mismas características que tu — comento Arremel
— ¡¡¡Qué!!! Bueno pueden existir personas igual a mi — contesto Lucil
— No que nosotros hayamos visto antes
— Pues no sé de quién se pueda tratar — dijo Lucil muy segura de sí, debido a que la Fuente le había asegurado que no había manera de que sus hermanos la pudieran localizar
— Mas tarde trae alguno de ellos con Lucil y así podrás saber si ella los conoce o no — sugirió Umilime
Arremel asintió con una pequeña reverencia y se retiro

Unos minutos después, cuando los hermanos de Lucil habían recuperado la conciencia y se había percatado que se encontraban en una celda, mientras los observaba uno de los guardias quien aviso ágilmente a Arremel el cual empezó hablar al llegar a donde ellos se encontraba
— ¿De donde son y qué es lo que buscan? — pregunto Arremel
— De dónde venimos no tiene mucha importancia, pero creo que no les hemos hecho ningún daño para que nos traten así — repuso Elther
— No sabemos qué lugar es este lo único que deseamos es encontrar a nuestra hermana que lleva algunas semanas desaparecida — continuo Sirine
— ¿Tal vez ustedes la hayan visto? — pregunto Iliac
— ¡Hermana! Hemos tenido una chica que cuenta con las misma características que ustedes desde hace unas semanas— contesto Arremel
— Debe de ser ella — aseguro Azuer
— No lo sé, ella nunca se quedaría mucho en un lugar — objetó Iliac
— Bueno eso contestaría el porqué su insistencia de partir desde que llego, pero no ha sido posible ya que se encuentra aun muy lesionada, al menos no está lo suficientemente fuerte como para emprender un viaje largo — explico Arremel
— ¡Herida! ¿Qué le sucedió? Yo puedo ayudarla y de paso nos podemos asegurar si hablamos de la misma persona— dijo Iliac
— No es que dude de tus capacidades curativas pero nuestra anciana jeque ha estado curándola, pese a que su cuerpo no ha aceptado muy bien el médicamente de esta región — refuto Arremel
— Bueno si tal vez le permitieras verla, tan solo algunos minutos podría demostrarte lo que mi hermano puede hacer— pidió Azuer
Arremel confió en las palabras de los hermanos y permitió a Iliac ver a Lucil.
Al llegar a donde ella se encontraba, no le cupo la menor duda de que se trataba de su hermana. El se acerco sin mayor tardanza su lado mientras que ella yacía dormida y la curo rápidamente.
— No hay duda es ella — asegura Iliac
— ¿Cómo la has curado? — pregunto Umilime asombrada
— Es un don, pero…
— Tal vez lo podrías hacer con nuestros enfermos — sugirió Umilime mostrándole a Iliac veinte camas llenas.
Iliac cedió para después reunirse nuevamente con Lucil, que extrañamente se veía mucho más débil pese a que el ya la había curado
— Lo que no entiendo es ¿Por qué se ve tan débil pese a que ya se desvanecieron sus heridas? — pregunto perturbado Iliac
— Las lesiones físicas fueron curadas, lo que no se ha curado es la herida del alma que el espíritu del bosque dejo en ella, al habitarla por tanto tiempo — explico Umilime — es un milagro que esta criatura haya sobrevivido
— ¿La ataco un espíritu del bosque, que es eso?
— Un ser incorpóreo que habito en el interior de este bosque y que absorbe toda la fuerza vital de un ser viviente y que expulsa su alma al salir el del cuerpo — revelo Umilime
— Entiendo, creo que será mejor que tanto ella, como nosotros partamos de inmediato. De dónde venimos ella estará mejor — decía Iliac al momento que Arramel volvía con el circulo interior habiendo salido con anterioridad al ver que Iliac reconocía a Lucil.
— ¿Se encuentra bien? — pregunto preocupado Elther al ver tan pálida y desmejorada a Lucil
— Lo estará, es hora de irnos — repuso Iliac
— Pero ¿no sería mejor que habláramos primero con ella? ¿Puede que no quiera venir? — sugirió Azuer
— No creo este joven ha dicho que de donde ustedes vienen ella estará mejor. Lo más importante por ahora es su vida, además ella no despertará si no hasta mañana — propuso Umilime
Después de esas palabras todos estuvieron de acuerdo con ella regresando a Kara al instante con Lucil
— Yo no quiero estar cuando despierte en la mañana — a punto Azuer
— Yo le explicare todo —sugirió Omed — y me quedare con ella toda la noche
— Yo me quedare contigo — propuso Iliac mientras se sentaba al lado de Lucil sobre su cama en la que yacía dormida
— No tú te encargarás de ahora en delante de no dejar ni un segundo sola. No quiero que haga otra tontería más que ponga en peligro su vida — dijo Omed a lo que Iliac asintió
Después de una noche incomoda, a la mañana siguiente Lucil despertó completamente confundida al ver a su padre a su lado. Él le explico todo lo que sucedió, para después llamar a Iliac.
— Por todo esto es que he decidido que de ahora en adelante no podrás estar ni un minuto sola y no digas que eres lo suficiente mayor como para saber lo que haces, porque en estas semanas lo único que has ocasionado es tu propio perjuicio y no voy a permitir que lo sigas haciendo, pese a que seas la Elegida o tengas relación directa con el Legado, aun sigo siendo tu padre y tengo todo el derecho de decidir qué es lo que es bueno y malo para ti, dejando de lado por completo aquella promesa que te hice hace tiempo, ya que no has demostrado más que necedad por lo que de ahora en adelante Iliac será quién te acompañe y quién te cuide, adonde bayas el ira, ¿entendiste?—repuso Omed severamente sin dejar que Lucil protestará asimismo Lucil acepto de mala gana sus ordenes
— Si — repuso Lucil furiosa — pero…
Omed la miro con el seño fruncido. Lo que basto a Lucil recordar cuan impertinente sería decir algo a su favor en ese momento, conocía a su padre y eso empeoraría las cosas provocando tal vez que la encerraran en un círculo como ella lo había hecho con Iliac. Después de todo solo tendría que soportarlo por algunas semanas mientras su padre olvidara el incidente y volviera a confiar en ella. Pudiendo así poder revalorar la situación y convencerlo de lo contrario.
— Y una cosa más, quiero que prometas jamás volver a huir de la Comunidad como lo hiciste. Son niñerías pese a lo que digas — ordeno furioso su padre
Lucil bajo la mirada y no dijo nada
— ¡No escucho!— ordeno con imperiosidad Omed lo que le recordó a Lucil al Gran Pat, pero a diferencia de esa ocasión en que no había sentido más que arrogancia por aquel tipo, está vez su piel se erizo al escuchar aquella voz amenazadora que jamás había utilizado su padre con ella
— Lo prometo — murmuro Lucil
Su padre fue ágilmente a su lado y la obligo a levantar la cabeza y volvió a repetir la orden a lo que Lucil repitió con voz más audible su respuesta. Fue entonces cuando su padre la soltó y abandono la habitación quedando solo Iliac con ella.
Lucil estallo en una rabieta de ira al ver como su padre la había tratado. Aventando todo lo que tenía a su alrededor y gritando con furia desahogando toda aquella rabia que le provocaba la impotencia de no poder defenderse.
Iliac se alejo de ella dando le espacio para que pudiese desahogarse lo suficiente y no ser víctima de una de aquellas rabietas que pese a lo furiosa que estuviese jamás la había visto tan enojada como esa vez.
Después de una hora de haberse desahogado Lucil se dio cuenta que Iliac la miraba.
— ¿Qué es lo que me ves? Todo esto es tú culpa — grito furiosa Lucil
— Lo sé — contesto tranquilamente Iliac
— ¡Hipócrita! — exclamo irascible Lucil — primero pides perdón y ahora disfrutas lo que me está sucediendo
Iliac sonrío incompasiblemente lo que encolerizo aun más a Lucil provocando que esta se levantase violentamente e intentara atacarlo. Pero ella se desvaneció al levantarse tan rápidamente que Iliac tuvo que correr para evitar que cayera al suelo. El la reposo una vez más sobre la cama y aun que Lucil se encontraba muy débil ella luchaba por lastimar a Iliac ahora que lo tenía cerca
— Así no pareces más que una niña caprichosa que patalea porque no le compraron lo que ella quería — dijo Iliac burlonamente frotándose un rasguño que Lucil que había hecho
Después de aquel comentario Lucil se tranquilizo, aun que no quería ver a Iliac que permanecía ahí sentado a su lado.

Por la tarde sus hermanos acompañaron a Lucil y todos salieron al jardín —Elther llevo en brazos a Lucil, pese a que Iliac se había ofrecido, pero ella no tenía la más mínima intención de deberle nada
— Prometiste explicarnos las cosas, cuando todo se solucionara, ahora ya has regresado. NO por tu propia voluntad, pero estas aquí. Además creo que hablo por todos pero no tenías porque hacerlo — sugirió Elther
Lucil sintió un nudo en la garganta al pensar que la apoyara incondicionalmente y que ella simplemente les había dado a cambio una simple negativa.
— No pretendo hacerme la víctima, ni mucho menos intentar que comprendan todas las cosas que hago, pero hay veces que te sientes ahogar y la única solución resulta ser la más fácil y la más equivocada — explico Lucil
— Pienso que yo tuve gran culpa en ello. Te culpe por cosas que no tenias nada que ver, ¡Perdóname! — pidió Iliac
— No tengo nada que perdonar, yo también lo había pensado así si me hubieras obligado hacerlo que tú hiciste.
— Pero no me obligaste. Solo quiero que sepas que cuentas conmigo incondicionalmente a un que eso implique volver a enfrentar el recuerdo de mi madre — dijo Iliac
— Gracias, pero… — dijo Lucil mientras interrumpía Sirine
— Pero nosotros pensamos que ya no te debes negar y en cambio si explicarnos que es lo que realmente sucede
— No es muy difícil. Todo se resume a un nombre. Nombre con el que están muy familiarizados y causante de toda la guerra de los últimos cinco años — explico Lucil
— Neiro ¡¡¿¿Está vivo??!! — pregunto incrédula Lara
— Ustedes piensan que todo fue causado por el, pero no. Realmente va mucho más allá de Neiro que gracias a Dios esperemos siga tan muerto como hasta ahora — prosiguió Lucil
— ¿Quieres decir que Neiro era un peón más? — pregunto Azuer
— ¿Qué les dice el nombre de Rar? — pregunto espontáneamente Lucil
— Entonces quiere decir que todo lo de su reinado y lo que hablan las leyendas de los Miriar se convertirá en realidad — aludió Elther un poco asustado
— Tubo que haber sido así, sino hubieran detenido a Neiro a tiempo. Por ahora solo se ve reducido a un simple ser sin cuerpo que no puede permanecer en este universo por mucho tiempo— expreso Lucil
— Y es quien te sigue y el causante de todo — dijo Iliac molesto
— Si, todo empezó poco tiempo de llegar con ustedes cuando vi primero empezó como un presentimiento para después convertirse en visiones hasta convertirse a lo que ahora es un ataque constante… — fue entonces que Lucil les platico todo lo que sabía de Rar y todo lo que le había ocasionado
— ¿Entonces si el Legado lo arreglara, no tenemos de que preocuparnos o sí? — pregunto Lara
— ¡El legado…! Estoy totalmente perdida, porque aun que el legado sea la solución, está muy lejos de poder darme lo que busco para eliminar a Rar. El habita en la Dimensión del Silencio y hasta donde yo sé el Legado jamás ha ido ahí sin que antes haya muerto. Sin mencionar que el Legado no es más que un grupo de libros que me dan un sin fin de hechizos — Término desoladamente diciendo sin querer Lucil
— Yo tenía entendido que se trata de una persona — aporto Azuer
— ¿Bueno…? En… realidad si…si lo-es pero…No creo que sirva de mucho. Por eso es que tengo libertad de utilizar el contenido de los libros como mejor me parezca ya que esta persona pues digamos que no sabe nada de nada de cómo destruir a Rar — explico Lucil
— Entonces no nos ayudara — dijo definitivamente Elther
— Si, teniendo la libertad de romper las reglas necesarias para llegar a nuestro cometido, pero de ahí en fuera… — dijo Lucil
— ¡Nada! — añadió Sirine
— ¿Pensé que te tenias una relación más directa con el Legado? — pregunto incrédulo Iliac
— Entiendo lo que dices, pero si supieras toda la verdad sobre el Legado, cabrían en ti las mismas esperanzas que caben en mi sobre la destrucción de Rar. Pero lamentablemente no es posible aun decirlo, tal vez después, pero ahora no — dijo Lucil
— Bien eso no importa, entonces lo primero que hay que hacer es esperar a que estés bien después podremos empezar con todo esto — expuso Elther
— Si y pienso que lo mejor para eso olvidarse por algún tiempo de todo aquello y disfrutar que estamos de nuevo juntos — añadió Sirine mientras veía como Iliac decía algo al oído Elther para después pasar la voz a Azuer y tomar a Lara y retirarse sin decir adiós al igual que Azuer y Sirine.
— ¿Qué pasa porque se van? — pregunto Lucil — ¿Qué les hice?
— No lo sé — mintió Iliac mientras se sentaba a su lado
— En verdad perdóname por lo que te dije. Todo lo que te sucedió fue mi culpa — pidió Iliac
— Sabes eres muy extraño — sugirió extrañada Lucil al ver el cambio de actitud que había tenido Iliac desde el último día que lo había visto
— ¿Por qué lo dices? Recuerdas el día que sucedió eso bueno yo hable contigo y si no más recuerdo te dije que intentaras olvidar todas las estupideces que hice y que volviéramos a empezar
— Pensé que solo era pasajero, ¿Por qué cambias de manera de pensar?
— Somos hermanos ¿no? No podemos estar peleando siempre
— Si es así, olvidado esta
— Bien
— ¿Y ya regresaste con Saident?
— ¡Saident!
— ¡Si tu novia! — exclamo reafirmando Lucil
— ¡Se quién es y lo que fue! — declaro Iliac
— ¿Entonces porque dices ¡Saident! Como si te hablara de alguien que jamás has visto u oído hablar de ella?
— No te enojes. ¿Nunca te han dicho que tienes un carácter muy explosivo?
— ¡NO!
— Bueno pues lo tienes. Y… respecto a Saident la verdad es que no la he vuelto a ver desde el día que me dijo que la habías corrido, no me despedí y por su puesto tampoco regrese con ella
— ¿Pensé que la querías? Después de todo el drama que montaron porque mi padre no los dejaba estar juntos — comento burlonamente Lucil
— Eso no fue porque la quisiera o la amara
— ¿Entonces para que tanto teatro?
Iliac río al pensar en ello y Lucil solo lo miro incompresiblemente
— Pues porque mi padre nos hubiera obligado a empezar una relación y como verás en ese momento no tenía muchas ganas de estar contigo — explico Iliac
— ¿Y que ahora si?
— Si… ¿Porque no?
Ella guardo silencio y cambio de tema
— ¿Has vuelto a ver a Irene?
— No desde que se la llevaron de Kara
— ¿Pensé que la habías visto? Al menos eso me hiciste pensar
— Si la vi una vez, pero no más. Realmente no tiene gran importancia ahora. Pero dime ¿tu habrías aceptado iniciar una relación conmigo? — pregunto sonriente
— Cuando yo llegue con la Fuente por primera vez, hicimos un pacto que me salvaba de cualquier cosa que mi padre inventara además está la promesa
— Que se disolvió cuando te obligamos a regresar, pero no has contestado
— ¿Por cierto como me encontraron si el Legado me protegía? — pregunto Lucil aludiendo la pregunta de Iliac mientras este la miraba divertido al verla un poco nerviosa
— ¿Te pongo nerviosa?
— ¡Por supuesto que no! — dijo molesta Lucil a lo que Iliac sonrió moviendo la cabeza alternativamente al momento de que se acercaba aun más a Lucil
— Creo que te gusto — aseguro Iliac aun más cerca de Lucil
— ¡No digas tonterías! — dijo incomoda Lucil mientras alejaba de ella a Iliac con una mano
Iliac sonrío y volvió a tomar su lugar antes de acercarse a ella
— El tiempo lo dirá —asevero Iliac y cambio de tema. Te encontramos por medio de tu libro
— Jamás vuelvas hacer lo que acabas de hacer. No sé qué pretendas pero yo no soy una estúpida que esta a tu disposición para que juegues al galancete cuando se te dé la gana — dijo furioso Lucil al reaccionar tardiamente a las intenciones de Iliac
— NO, no fue mi intención que te sintieras así pero…
— Pero déjame tranquila
Lucil se paro inmediatamente pese a que se desvanecía a cada segundo no admitió ni la ayuda, ni la compañía de Iliac; que se empeñaba en tratar de ayudarla, provocando que ella se enfureciera más. Lucil se detuvo en seco y lo miro
— Piérdete en el mundo de tus recuerdos hasta que pienses que son lo único que eres — dijo furiosa; dejando a Iliac parado en medio de la nada, con la vista perdida y su mente en el mundo de su memoria
Ella llego con mucha dificultad a su habitación, esperando tener tranquilidad por algún tipo, al fin podría pensar en que era lo definitivo que debía hacer. La plática con sus hermanos la había llevado a pesar que era muy cierto, el Legado era la respuesta de todo. Pero en todo el tiempo en que ella había tenido a su mano los libros que significarían su libertad. Hasta ahora no le habían dicho nada. Era evidente que necesitaba saber más de su agresor, pero como si el permanecía al otro lado de de aquella dimensión en la que ella nunca habría podido entrar sin pagar un precio muy alto: su vida.
— ¿Cómo saber de él? ¿Cómo saber qué es lo que quiere? — se pregunto así misma Lucil
— Tal vez deberías de saber más de la dimensión de Silencio — contesto la Fuente a través del intercomunicador de Lucil
— Que yo sepa no hay nadie en este mundo que haya vivido para contarlo
— La mayoría de los seres de este universo o de cualquier otro conoce lo que hay ahí solo que aun no tienen la capacidad para recordarlo. Recuerda que todos los espíritus van ahí antes de reencarnar. Para después entrar al mundo de los vivos
— Entonces solo debo hallar la manera de recordarlo
— No es la manera correcta, hay solo una especie en el ancho universo que ha logrado traspasar el espeso velo que separa un universo del otro. Debes encontrarla. Solo así sabrás a lo que realmente te enfrentas
— ¿Y donde la encuentro?
— Solo he escuchado hablar de ella a los antiguos sabios que habitaban Kara cuando el planeta estaba en decadencia y fui llamada por ellos a protegerla
— Pero de eso ha pasado mucho tiempo. ¿Crees que aun existan?
— Eso solo te lo pueden contestar los Yuarmios que son la única raza que puede dominar el tiempo sin necesidad de alterar el pasado y los únicos que conoces los más íntimos secretos de especies ya extintas o que se encuentran ocultas como sería el caso de estos seres que tienen el secreto de la muerte. Solo que hay algo que debes de saber antes de aventurarte a ir a Tierra de Armia
— ¿Qué?
— Ellos eran incondicionales de Neiro y aun lo siguen siendo. Son magos muy peligrosos casi tanto como los Karianos.
— ¿Por qué entonces nunca nos han atacado? No necesitaban de la ayuda de los Miriar para hacerlo. Si controlan el tiempo
— Le temen a la Cofradía, por lo que considero que deberías ir con tus hermanos
— Pero eso sería ponerlos sobre aviso por lo que busco. Creo que será mejor que lo haga a mi manera sin inmiscuirlos a ellos
— A un no entiendes que esto puede sobre pasar tus propias fuerzas
— Pero no queremos que ellos se enteren que tenemos problemas, además si son tan peligrosos como lo dices y además eran los incondicionales de Neiro. Porque no serlo de Rar. Pienso que aun no porque su primer fin soy yo. Pero después pienso que hará realidad su destino El imperio del Silencio y que mejor ayuda puede tener que de los Yuarmios que son casi tan fuertes como los Karianos. Entre ellos y Rar estaríamos perdidos. Por lo que pienso que tal vez si de alguna forma podemos unir a ambos pueblos Yuarmios con Karianos. Rar ya no tendría forma de ponerlos de su parte
— ¿Qué tipo de unión pretendes que sea? Los Yuarmios no confían en nadie. Su planeta es una fortaleza en movimiento a través del tiempo. Ni nosotros podríamos saber en donde se encuentra en este instante
— Tal vez no directamente, pero que tal con el Legado
— El legado es un punto importante. El Universo mismo respeta a una nueva raza pero eso implicaría dar a conocer la identidad del portador
— De pura casualidad fuera de Armia existe algún libro que les pertenezca
— Dos personas han tenido en su poder un libro de ese origen. Neiro el cual fue destruido junto con él en su nave e Iliac quien por cierto te lo diría con mucho gusto si lo dejaras de hacer que recuerde toda su vida. Además de que tus hermanos lo han encontrado y no tardan en llegar para pedirte cuentas sobre ello.
— Si y una de ellas es la que has obligado a recordar todas sus memorias — alego Elther furioso interrumpiendo la conversación que Lucil mantenía con la Fuente
— Iliac se lo busco — repuso Lucil
— Si pero con un simple reproche no hubiera bastado — dijo doblado de la risa Azuer acompañando a Sirine que llevaba a Iliac con ayuda de la Telequinesia
— Además los Yuarmios jamás confiaran en ti; siguen siendo incondicionales de los Miriar — añadió Sirine
— Y jamás confiarían en ti, sabrían al instante de quien se trata o acaso no te das cuenta que tu llagada a la Comunidad ha sido avistada por todas las galaxias vecinas. Es muy difícil ocultar lo que sucede en Kara principalmente porque es punto de entrada y salida de muchas cosas. Y como bien lo dijo la Fuente ellos pueden llegar a conocer los más íntimos secretos de cualquiera. Dime ahora como puedes estar segura que ellos no conocen lo que tal vez estemos planeando — explico Elther mientras veía como Lucil liberaba a Iliac
— Pero ahora que mencionas el libro tal vez eso pueda ser una buena salida. Iliac en algún tiempo logro mantener digamos una amistad muy cercana con, ¿Cómo se llamaba esta chica?
— ¿Hace cuanto tiempo estaban escuchando mi conversación con la Fuente? — pregunto molesta Lucil
— En realidad desde el principio yo estaba aquí cuando entraste en tu habitación y les deje escuchar todo por el intercomunicador —añadió Lara que salía de la habitación de enfrente a la de Lucil y donde se podía escuchar todo ya que Lucil permanecía con la puerta abierta
— ¿Qué es lo que sucede? — pregunto atontado Iliac
— Nada, descansa — repuso Sirine mientras lo ayudaba a recostarse en un sofá frente a la cama donde Lucil yacía recostada
— Pienso que lo mejor sería que primero que nada quintuplicáramos la protección de la Comunidad porque si los Yuarmios se llegan a enterar de nuestros planes de entrar en su planeta, me temo que atacarán directamente Kara sin importarles las consecuencias sobre su pueblo lo que para nosotros significaría mayor pérdida de vidas y lo que debo recordarles que se perdieron demasiados en la guerra — añadió Azuer
— Precisamente por eso es que no quiero que se entrometan — discutió Lucil
— Lo que dices es muy cierto pero… eso nos quitaría todo el tiempo y no podríamos hacer nada con respecto a lo demás y es lógico que la Fuente no podrá con todo esto — añadió Elther sin tomar en cuenta el último comentario de Lucil — Además si es cierto lo que piensas del Imperio del Silencio. Miriar será una de los planetas que se beneficiara y por lo tanto la Comunidad la más perjudicada
— Realmente no se de lo que estén hablando pero si de seguridad se trata Lucil sabe muy bien cómo protegerla sin gastar demasiadas energías ni tiempo. Recuerdan las sombras que han estado apareciendo y que aun que en algún tiempo causaron problemas ahora han vuelto a ayudarnos realmente — dijo Iliac mientras se masajeaba las sienes
— ¡Eso es cierto! — exclamo triunfante Lara —pese a que ha estado así — añadió señalando a Lucil — ella las ha podido mantener con vida
— ¡Gracias por tomarme en cuenta! — exclamo harta Lucil — En sus planes sin pedirme mi opinión
— Mientras sigas en esa actitud no lo haremos — añadió burlonamente Azuer
— El tiene razón además que ganas diciendo que no, si ya no te haremos caso, no después de lo que nos dijiste — completó Sirine — acéptalo sin nosotros no harás nada más
— Porque no te lo permitiremos — advirtieron Iliac y Elther al mismo tiempo
— Aun que me hayas ocasionado jaqueca — completó lacónicamente Iliac — sin tomar en cuenta que soy el único que sabe cómo pueden entrar a la Tierra de Armia sin ser descubiertas
— ¡Sin ser descubiertas! — exclamaron sorpresivamente Sirine, Lara y Lucil
— ¿Quieres decir que ustedes no vendrán? — pregunto Lara
— No, las veces que estuve ahí Amaris me explico que las mujeres “como en cualquier otro lugar” llaman menos la atención. Y si contamos que dentro del gobierno central de los Yuarmios está compuesto por puros hombres creo que a ellas se les puede facilitar muchísimo más — dijo Iliac
— ¿Pero que hay si nos descubren? — pregunto un tanto preocupada Sirine — Te puedo asegurar que nos reconocerán fácilmente, hasta podría afirmar que nos estarían esperando
— Puede que sepan que estarán ahí pero con la ayuda de algunos disfraces estarán a salvo porque la manera en cómo les indicare que entren solo Amaris la sabía y ella les recuerdo ya murió. Y con eso solo nos quedaría proteger a Kara de un posible ataque, pero como nuestra amada hermanita nos dirá como pues el plan está cubierto hasta ahí— dijo Iliac
A Lucil no le quedo más remedio que aceptar todo lo que sus hermanos decían, sin tomar en cuenta que la habían amenazado de ir ellos solo a Armia sin avisarle. Por lo que no le quedo más remedio que explicar el hechizo para las entelequias protectoras que no eran más que las sombras que había creado Lucil hace mucho tiempo que protegían el planeta.
— Es solo cuestión de esperar que después se multiplicaran como sea necesario — terminaba de explicar Lucil al ver llegar al último de sus hermanos después de haber terminado el hechizo.
Para después ultimar los puntos de mayor importancia del plan.

***********

Amaris había sido la hermana menor de Wallas imperator de los Yuarmios y guardia del mayor secreto del tiempo. Wallas era un hombre hostil y ambicioso que siempre había soñado con el dominio del Universo, aun que en ello tuviera que sacrificar a la mitad de su pueblo.

Los Yuarmios era una de las especies más evolucionada del Universo que gozaba de muchos privilegios pese a que era un pueblo muy escrupuloso viviendo siempre a la sombra de su mayor defensa, el tiempo. Ello había sido símbolo de todo su poderío a través de la historia. Se decía que la Tierra de Armia era un planeta que yacía en las rupturas del tiempo siempre oculta y siempre joven. Ya que los Yuarmios había logrado localizar su planeta en un centro de tiempo donde nunca moría ni envejecía nada todo pese el tiempo que pasase siempre era igual. Por ello Wallas siempre había gobernado Armia desde el principio de los tiempos.

Amaris por su parte había sido siempre una joven un poco caprichosa que aburrida de vivir siempre en la monotonía se había dedicado a buscar la manera de salir sin ser descubierta. Estaba harta de ver siempre las mismas caras y de vivir recluida en medio de riquezas sin poder hacer lo que ella más añoraba, conocer el Universo. Aun en la lejanía recordaba como su padre le platicaba lo grandiosa que era Etera — que era el planeta más cercano a la Tierra de Armia— y las maravillas que el Universo ofrecía para ella. Fue así que un día logro conseguir su cometido y en pocos días no solo conoció Etera sino logro entrar a Kara, asombrada por su belleza se enamoro al instante del Planeta.
—Fue entonces cuando nos conocimos — Término el relato Iliac
Lucil permaneció en silencio pensando en que si realmente podría ser posible mantener el planeta en el lugar donde Iliac había descrito y solo entonces pensó en lo tonto que era pensar en eso. Vio a su alrededor y rió de sí misma inexpresivamente al pensar en lo tonta que era que viviendo en otro planeta desde hace ya tiempo y aun podía pensar que aquellas cosas no podían suceder
— En estos días has estado muy extraña Lucil, pero hoy estas al borde de la locura — dijo socarronamente Azuer
— Bueno si un poco — dijo alegremente Lucil
— Chicos no es tiempo para bromas sino recuerdan llevamos cerca de una semana en esto y aun no hemos podido empezarlo — dijo Elther llamándoles la atención
— Creo que necesitas relajarte — sugirió Lucil
— ¿Tú me dices eso? — apunto Elther bastante extrañado — Tu que no has sido más que una mezcla de hilaridad y reticencia
— Bueno reconozco que no me he portado muy bien, pero es que todo lo haces tan memorable y escudriñosamente que la verdad me pones un poco nerviosa — dijo Lucil a media riza por la cara de frustración que ponía Elther
— Chicos lo más importante es saber cómo podremos salir de ese lugar una vez que consigamos la información — agrego Sirine
— Eso no es ningún problema yo abriré el portal una vez que me digan que todo esté listo por el intercomunicador — propuso Iliac
— Y no sería más fácil que nos enseñaras a abrir ese portal — insinuó Lara
— No lo creo es muy complicado tardaría cerca de dos meses en que lo empezaran a dominar — explico Iliac
— Además eso no es lo importante, ¿Quién será la que le robe el secreto a Wallas? — pregunto Azuer
— Supongo que yo — indico Lucil
— No tu no. Aun estas muy débil —dijo rápidamente Iliac
— ¿Por qué no? — refuto indignada Lucil
— Eso lo decidiremos después — añadió Lara
— Hay una cosa más deben estar conscientes de que ellos sabrán que estarán ahí y aun que vallan igualmente vestidos que ellos. Todos se conocen pues ha pasado mucho tiempo después de que gente nueva llegue al planeta, por lo que les sugiero se oculte lo mayor mente posible principalmente de Yaba que es el consejero del Imperator. Es muy escrupuloso en todo y jamás dejara que estén a solas con Wallas, al menos que consigan distraerlo lo suficiente— explico Iliac
— Eso no será problema — indicó Lucil
— No debes preocuparte por eso nosotras sabremos confundirlo — añadió Sirine
Tanto Azuer como Iliac los hicieron esperar por algunos minutos mientras preparaban el portal que las llevaría a Armia. Mientras tanto Sirine había planteado algunas ideas para hacer más asertivo su plan que comentaba apresuradamente a sus hermanas.


Lara y Sirine veían muy a disgusto a su alrededor mientras que Lucil miraba descontenta su cuerpo que había tomado la forma de los Yuarmios —para que estas pasarán inadvertidas— los cuales tenían la piel escamosa y grisácea eran muy delgados y también bastante altos, con brazos y piernas huesudas. Sus manos parecían largas palmas huesudas. Sus rostros tenía forma de una gran lagartija y su cabello era lacio y se ensortijaba con grandes prolongaciones cilíndricas que caían libremente en su espalda.

Lara tomo rápidamente a Lucil que ahora observaba a su alrededor los grandes edificios circulares y la gente que pasaba a lo lejos.
— No debemos separarnos. Recuerda la última vez lo que paso cuando fuiste sola a un planeta desconocido — advirtió Lara
Lucil sonrió lacónicamente
— Ellos no se ven tan malos no tanto como el Gran Pat — dijo Lucil con un dejo de broma en la voz
— ¿De qué hablas? — pregunto extrañada Sirine
— No importa — añadió Lara
— Recuerden no debemos tardarnos mucho. Entre más permanezcamos dentro tendremos el peligro de ser descubiertas.
— Bien entonces si todas ya sabemos qué hacer. Tú permanecerás muy cerca de nosotras para que en cuanto tengamos la información necesaria para que en escasos minutos actuemos — explico Lara
— Si pero insisto que tal vez yo debería — insistió Lucil
— Como dijo Iliac aun estás débil y no podemos arriesgarnos a que te descubran yo por lo mientras creo poder hacerlo. Ya he hecho trabajos de este tipo — aseguro Sirine
— Entonces será como quieran — dijo cortantemente Lucil
Sirine localizo rápidamente la casa de Wallas y sin más demora inicio su búsqueda. Al igual que Lara quien la siguió a corta distancia quedando Lucil muy lejos de ellas al llegar al parecer lo que era el castillo de Wallas. Ambas entraron sin dificultad y rápidamente. Después de esperar por algunas horas Lucil escucho la voz entrecortada de un hombre que salía de su intercomunicador.
— Como te dije querida la historia se remonta al siglo de Rameiran fundador de todos nuestros ejércitos en ese tiempo la tierra de Armia no era muy prospera como lo es ahora y había tiempos difíciles. Recuerdo que mi padre me platicaba que gran Rameiran era un imperator que soñaba con poseer el secreto absoluto de la muerte. Pero como ya te lo he dicho eso solo es una leyenda— aseguro jovialmente la voz
— Ho! Mi gran imperator le agradezco todo este tiempo — añadió rápidamente una voz femenina que Lucil reconoció inmediatamente como la de Sirine — pero — cambiando totalmente la tonalidad de la voz y dejando que Lucil controlara la situación desde otro lugar
— Quiero saber realmente de donde se encuentra el secreto de la muerte —ordeno Lucil al hombre con quien se encontraba Sirine
— El secreto se lo llevo Rameiran a la tuba. La única semilla de aquel llegado a un subyace en la tierra de Piriamir en los adentros del planeta Umiero.
Lucil busco rápidamente la localización del planeta que el hombre decía pero no había ningún rastro de él en el Universo
— No está — dijo velozmente a Sirine
— ¿Dónde se encuentra? — exigió Sirine a su vez al hombre
— En la Tierra del Futuro y el presente y donde se entre chocan las tres dimensiones de poder recostado en el agujero del tiempo, donde solo se puede salir más no entrar.
— ¿Qué es lo que significa? — exigió impaciente Sirine
La premura del ocaso se cierra tras la ventana de la época,
cual pie de llave en la triada de poder
donde se surca el dominio de la templanza de entrecerrar del ciclo
Ahí donde la luz de la sombra cierne con sus aros y entre cierran las puertas de lo desconocido
la tierra en germen previo a donde los pétalos de mil y un raivenes juegan al ja y ve

Repitió prosaicamente el hombre una y otra vez. Lucil lo apunto velozmente para después ver salir apresuradamente a Lara comunicándose con Sirine que insistía una y otra vez que al hombre le explicara sus palabras.
— Es tiempo de irnos dijo Lara a Iliac a través de su intercomunicador a la vez que también se dirigía a Lucil
Segundos después un grupo de soldados salían del castillo. Lucil los controlo mandándolos por otra dirección para que ellas pudieran salir del planeta sin ser vistas lo que sucedió pocos minutos después de deshacerse de los soldados.
Al llegar al castillo y los chicos preguntarles como les había ido. Sirine contesto malhumorada.
— Todo fue un fiasco
— ¿Por qué? — pregunto Elther y Azuer a su vez
— Porque ese tipo no sabe hablar más que metafóricamente odio cuando les exiges las respuestas y solo te dan metáforas de ello — dijo Sirine
— Pero entonces si se los dijo — aseguro Iliac
— Si. Pero el tipo no tenía ni la más mínima idea de lo que estaba hablando — añadió Sirine
— Bueno has de recordar Sirine que todo lo hacemos en equipo tu eres buena aludiendo y hechizando, pero Iliac es bueno descifrando enigmas — aludió Elther
— Tienes razón cariño, pero me resulta muy extraño que Wallas no supiera lo que significaba, generalmente siempre saben el significado— interrumpió Lara pese a que no había escuchado la conversación que Sirine y Wallas habían tenido
— Parece que has olvidado algo crucial Sirine y es que Rameiran solo conocía el secreto y se fue con él a la tumba. Por lo tanto lo único que quedo del legado fue la leyenda y probablemente algunas notas que haya hecho Rameiran cosa que estoy segura Wallas solo repitió como lo escuchamos tu y yo — explico Lucil
— Lo cual nos lleva al principio no tenemos nada — objeto Sirine
— No lo cual nos lleva a que tal vez si regresamos a Armia en ese tiempo… — dijo Lucil
— Lucil en primer lugar está prohibido viajar en el tiempo, en segundo lugar la única forma de entrar a Armia sin ser descubiertos es la que les mostré y debo de decir que no se puede… — refuto Iliac
— Si pero podemos regresar en el tiempo estando ya en Armia — objeto Lucil
— Eso no se puede hacer — refutaron los demás al unísono
— Si lo haces probablemente quedarías atrapada. No recuerdas lo que dijo la Fuente. La tierra de Armia está situada en el centro donde convergen varios puntos de líneas de tiempo es por ello…— explico Elther
— Es por ello que son tan poderosos — añadió Lucil desanimada
Ella salió taciturna de la sala de estar donde se encontraban pensando que todo ese secreto estaba ahí, y sin la posibilidad de no tenerlo, sabía que podía ser suyo de alguna manera, pero empezaba a sentir exhausta. Desde aquel día en que aquel espíritu del bosque la había atacado su salud se había visto minada, pese a que ahora ya podía hacer muchas cosas aun no podía realizar gran cantidad de encantamientos u utilizar sus poderes sin fatigarse sobre manera. Además de que siempre sentía una profunda melancolía que la llevaban a pensar en el suicidio. Cosa que en los últimos días había olvidado debido a lo atareada que se encontraba con sus hermanos y a la compañía que esto implicaba.

En tanto Iliac que había permanecido callado viendo a Lucil lo fatigada que se veía. La siguió al ver la salir. Pese al riesgo de volver a ser hechizado. Este se acerco al verla entrar a si habitación y la ayudo a recostarse. Ella le agradeció con un gesto y durmió segundos después.

Algunos días después de la visita a la Tierra de Armia, se empezaron a conocer las consecuencias de ello. Y es que tal y como Azuer lo había predicho, una pequeña camisón de Yuarmios llegaron a la Comunidad Kariana pidiendo explícitamente una entrevista con el Legado Hinior.
En cuanto al objetivo de la Cofradía, tanto Elther como Iliac trabajaban intentando descifrar las palabras del poema, lo que les resultaba muy difícil ahora sabiendo que había resultado ser más que párrafos sin sentido y cada vez que pensaban en ello, siempre venia a la mente de Iliac la idea de Lucil de conocer de viva Fuente el sentido de aquellas palabras, pero como hacerlo, si ni los propios Yuarmios había podido regresar en su mismo tiempo.
— Esto es un fracaso — aseguro Elther dándose por vencido
— Se los dije — aseguro Sirine
— Tal vez para ustedes — dijo taciturnamente Lucil
— Es que esto es imposible de entender Lucil — objeto Azuer
— Lo sé y agradezco toda la ayuda que me han dado, pero yo debo de seguir con esto — añadió Lucil — cueste lo que cueste
— Puede haber otras maneras — sugirió Iliac
— La única es la que les he dicho y lo sabes — dijo Lucil
Lucil salió enojada consigo misma ante la impotencia de no lograr su cometido. No entendía cual era la razón por la cual se limitaba de esa manera. Había caído varias veces en la desesperación en esos días después de varios intentos fallidos. Pero como ella lo había dicho desde el principio solo ese párrafo le podría decir algo si y solo sí tenía contacto con su inspirador.
— Pero como lograrlo sin quedar atrapada en otra línea de tiempo — se decía así misma cuando fue interrumpida por la Fuente
— Alguna vez pediste la respuesta a tus propias interrogantes, pensé que ya sabías como resolverlo. Los recuerdos no solo son los que perduran en el tiempo, también los objetos
— Por supuesto. ¡Tienes razón! — Exclamo triunfalmente Lucil — Tu hablase de dos personas que podían tener objetos de Armia, uno por lógico era Neiro y ¿el otro?
— Iliac — respondió la Fuente
Lucil salió intempestivamente en busca de Iliac. Habiéndolo encontrado algunos minutos después ella le explico a palmos la idea, la cual el acepto sonrientemente. Aun que se había negado rotundamente a que Lucil participara.
— Yo lo haré — dijo terminantemente al ver que Lucil volvía a insistir
Iliac tomo el hechizo que Lucil había hecho para él y preparo lo necesario para hacerlo. Llevando por último un viejo libro de Amaris le había regalado la última vez que lo había visto. El cual uso con sumo cuidado en el centro de donde haría el rito para después terminar diciendo el hechizo que Lucil había hecho. De repente sintió una tremenda sacudida como si lo separaran del suelo. Y pronto todo empezó a girar en torno suyo pudiendo solo ver manchas multicolores hasta el punto en que empezó a tomar forma fue entonces que fue absorbido por las imágenes que lo rodeaban.

Al fondo alto y con mirada resuelta, sentado en un trono de oro puro, estaba el más grande de todos los gobernadores — como lo conocían los Yuarmios. Rameiran dio un leve movimiento de muñeca para que sus servidores salieran del gran salón y solo quedará en compañía de un viejo que vestía ropas extrañas y también muy diferente físicamente a los Yuarmios.
— Lo que buscas jamás lo tendrás aun que hayas obligado al viejo Tomoe a decirte nuestro secreto. Jamás sabrás llegar el punto máximo de la entrega — dijo el viejo que acompañaba a Rameiran
— ¡Viejo tú crees que a mí me puede importar eso ahora! — exclamo Rameiran sarcásticamente — Si puedo ahora controlar el secreto de como entrar y salir de la dimensión del Silencio. Como he detener en un futuro cercano el último eslabón de la cadena que mi pueblo he estado buscando desde tiempos inmemorables.
El viejo intento decir algo respecto a la ofensa que Rameiran le había proferido, pero este le obligo a permanecer en silencio
— Ahora te exijo me digas cual es el significado del último eslabón. Todos los elementos del poema son encontrados en el viejo Etílco, exigió Rameiran
— ¡Jamás! — exclamo terminantemente el viejo, al tiempo que Rameiran se ponía en pie y doblegaba el viejo con una bofetada
— Tu pueblo será obligado al olvido — dijo furioso tomando al viejo y obligarlo a suplicar por su vida
Iliac no soporto más tiempo esa escena y decidió volver. En cuanto salió del hechizo Lucil le pregunto excitada
— ¡Y bien! ¿Qué significa?
— No lo sé — repuso Iliac
— ¡Cómo! ¿No para eso fuiste? — exclamo descontenta Lucil
— Se donde está la respuesta — comento molesto Iliac — y de ninguna forma iras tu
Iliac tomo las notas que había estado haciendo desde que sus hermanos regresaron de la Tierra de Armia y releyó una vez más el poema. Pese a que ya lo había memorizado.
— ¿Has oído hablar del viejo Etílco, Lucil? — pregunto pensativo Iliac
— No ¿Es donde está la respuesta? La Fuente debe de saber
— Es lo más probable
Iliac fue al encuentro de sus hermanos para contarles lo que había oído. Cuestión que Lucil no soporto pero aun así, no hizo ningún comentario hiriente, por medio a no enterarse de lo que Iliac había oído.
— Es un viejo escrito de la Dimensión Aclomón — dijo Azuer después de escuchar el relato de Iliac — No preguntan cómo se pero ustedes saben esa dimensión es muy peligrosa, pero aun más extraña. Yo he estado varias veces ahí y se donde tiene lo que buscamos. Si me dan tres días y me ayudas tu Elther y tu cariño podremos tener una copia fiel.
— Cuentas conmigo a partir de este momento — repuso Elther
— Pienso si es muy peligrosos creo que yo o Iliac deberíamos de ir — sugirió Lucil
— ¡No lo creo! — exclamo lacónicamente Iliac — Tu sabes porque no puedes ir, más que ayuda los retrasarías y yo debo de seguir a tu lado ¡Ho ya olvidaste lo que prometiste ha papá!
— Sabes que; hagan lo que quieran — dijo malhumorada Lucil
En esos días en lo que Azuer, Sirine y Elther partieron. La espera fue terrible para Lucil. Y aun que pensaba que no serbia para nada devanarse el cerebro pensando en otro probable orden del poema — ya que Iliac tenía mucha razón el significado en si no estaba conciso. Ella había logrado encontrar una ilación de las tres primeras líneas. Y aun que Iliac había analizado algunos significados de las palabras que contenían el poema aun no tenía el significado exacto de ellas.
Tres días de ausencia el resto del círculo interior regreso a la Comunidad triunfantes, con nuevos ánimos y muchas aventuras que contar.
— ¡Aquí lo tienen! — exclamo atronador Azuer al extenderles una copia fiel de un viejo papiro
Iliac lo tomo ávidamente y empezó a analizarlo. Lo que le costó bastante trabajo; estaba compuesto de un contexto de runas bastante antiguo, aun que no desconocido para él.
Lucil se acerco a intentar ayudarle, pero al parecer solo el lograba entender aquel viejo lenguaje. O tal vez Lucil estaba tan exhausta como en los últimos días para intentar esforzarse descifrando aquello.
— Te vez cada día más pálida — comento Azuer al acercarse a Iliac que estaba a su lado de ella
— Es cierto ¿Por qué no tomas un descanso? — sugirió Elther
Lucil se rió, pero no tomo en cuenta sus comentarios y prosiguió observando a Iliac tomar notas. Tardo algunos minutos observando como todos se unían en derredor del papiro e intentaban hacer lo mismo que Iliac comentando entre ellos sobre el tema. Lucil los escuchaba cada momento más lejos, observo una vez más el papiro y lo palpo levemente con el dedo índice. Segundos después iba cayendo poco a poco un sueño soporoso que inundaba todo sus ser.

Sin saber cómo Lucil despertó en una espesa selva. Ella miro a su alrededor muy confundida. Intento regresar a la Comunidad pero su intercomunicador no servía pese a que lo intento varias veces. Al ver que no llegaría a casa de esa forma, decidió inspeccionar el lugar y pedir ayuda para poder regresar a Kara. Después de haber regresado algunos kilómetros encontró una aldea un poco alejada del bosque. La gente que ahí habitaba era en muchas cosas diferentes a Lucil y aun que ella les miraba curiosamente, ellos solo les sonreían al cruzarse con ellas.
Al detenerse a observar una pequeña figurilla que estaba segura de haber visto en alguna otra parte. Un pequeño se le acerco y después de hacer una pequeña reverencia torpemente.
— Su señoría, el gran señor pide vaya a su lado— pidió el niño
El niño la acompañaba a paso lento muchas veces dirigiendo aun que este se veía un poco apenado al hacerlo. Llegaron en algunos minutos a una vieja cabaña muy amplia. El niño la dejo frente a la puerta donde no había soldados o pajes u cosa parecida que dijese que esa era la casa de algún Jefe o Gobernante.

Lucil entro un poco dudosa para encontrar a un viejo de rodillas frente a un gran altar rodeado de dos espejos.
— Había estado esperando por usted hace mucho tiempo — dijo amablemente el anciano y al ver que Lucil no sabía que decir prosiguió
— Se aproximan tiempos difíciles, usted y yo somos los más viejos, pero el secreto debe perdurar, nuestra raza debe seguir y el guardián no debe morir. Ellos ya han salido a nuevas tierras y solo usted y yo sabremos su paradero. El cual se encuentra aquí.
El anciano le mostró a Lucil un pequeño cofrecito que en acto seguido guardo en un saco viejo de piel para verlo después penetrar con su mano una piedra bastante grande y dejar en su interior aquel cofrecito
— El tiempo nos podrá llevar, el lugar podrá cambiar, pero esta piedra jamás podrá ser destruida por ser vivo alguno y solo al menos que nuestro amado planeta sea destruido por el pasar de la vida. El futuro de nuestro futuro paradero solo lo conocerá esta piedra. — término diciendo el anciano al momento que se empezó a escuchar fuertes estruendos y gritos.
— El tiempo ha llegado — dijo tranquilamente el anciano
Fue entonces que se acerco a Lucil y la tomo del brazo y la guió al altar.
— Debemos hacer una plagaría para que todo esté bien para nuestro pueblo y para que nuestro futuro suplicio no sea tan penoso.
Al pasar por enfrente de una de los espejos que rodeaban al altar Lucil vio su silueta que la dejo impávida. Su cuerpo era calloso y entrado en años. Ella no retiro en ningún momento la vista de aquella silueta que no reconocía como la suya
— ¿Qué es lo que me ha pasado? — pregunto azorada
— ¿Qué sucede? — pregunto extrañado el anciano — Amigo no debes preocuparte no dolerá más de lo necesario y jamás deberás decir lo que sucedió
El anciano tomo fuerzas de todo su ser y obligo a Lucil a ponerse de rodillas pese a que ella seguía viendo aquella silueta que le atemorizaba tanto
— Nada importa ahora, solo debemos orar por las almas de nuestros semejantes y las nuestras
El viejo inicio un rezo monótono, cuando después de algunos minutos golpearon la puerta de la entrada y cinco hombres que Lucil reconoció enseguida como Yuarmios y que tomaron con lujo de violencia al anciano aventando a Lucil para que no estorbara.
Y ella al ver que obligaban al anciano, con prolongadas preguntas sobre el secreto. Ella se puso en pie y trato de atacarlo con alguno de sus poderes, pero sus esfuerzos eran vanos porque sus poderes habían desaparecido como su verdadera silueta. Entonces ella trato de atacarlos con un viejo tronco y ellos al verla le penetraron el pecho con una daga. Su última visión antes de que se le fuera la vida fue la del anciano siendo torturado por los Yuarmios.

0 comentarios: