jueves, 12 de marzo de 2009

ENGAÑOS DE AMOR PARTE I

El viento roso su rostro, relajo los músculos y suspiro; ya no recordaba cuando fue la última vez que vio a su familia. Recluida en la hacienda de los Albarellos; Chalchiuitl camino distraídamente con el cubo de agua, hacia la cocina. Ansiaba ver nuevamente Queixil lugar de sus ancestros los Yalnain; con sus largos caminos y el lago Petenxil en que acostumbraba bañarse con sus hermanos Ilhuitemoc e Izel, pero los españoles llegaron y entonces todo empezó a cambiar, su abuelo platicaba la forma en que fueron arrancados de sus templos y obligados a servir humildemente a los españoles, poco a poco su pueblo fue disgregado en las localidades cercanas, destruyendo sus ciudades, arrancándoles sus riquezas, tierras y obligándolos a despojarse de sus creencias. Pocos fueron lo que lograron sobrevivir a tal destrucción, entre ellos su familia quienes se habían logrado mantener juntos. Aun así Chalchiuitl, al igual que el resto de su familia fueron vendidos como esclavos; desde entonces la hacienda de los Albarellos había sido su hogar y su cárcel.
Chalchiuitl alta y delgada, de larga cabellera oscura que caía trenzada entornando su rostro angelical, había sido escogida por su hermosura por Ernesto Albarello para ser la doncella de su esposa Carlota. Los primeros años que paso con la familia fueron difíciles pues la señora Carlota era muy temperamental y caprichosa, siendo castigada en varias ocasiones, sin embargo no todo era tan malo pues María la cocinera se había convertido en una madre para ella.
— Chiu, corre a preparar las cosas en la mesa. Todo debe estar listo para la llegada del joven Blas. Además la señora Carlota te necesita en su habitación — le apresuro María, mientras Chalchiuitl entraba en la cocina
— La señora esta muy nerviosa con la llegada del joven Blas. ¿Cómo será? ¿Será tan guapo como el señor Ernesto? María tu lo conociste platícame como es.
— Niña atolondrada deja de soñar — soltó María en tono de regañina — la señora te castigara nuevamente si las cosas no están listas antes de que el joven llegue

Chalchiuitl salto y corrió a la habitación de la señora. El día prometía ser caluroso y Carlota ansiaba estar lista pues Blas su hijo regresaba por fin de Toledo, mientras que Chiu entro apresuradamente a la habitación.
— Apresúrate niña atontada, falta menos de dos horas para que llegue mi hijo — apresuro a decir Carlota molesta
— Si mi ama — repuso Chiu a la vez que apresuraba a sacar un traje blanco de dos piezas y ayudando a Carlota a vestirse y maquillarse. Chiu adoraba ver a su señora vestida tan elegantemente, imaginándose ser ella.

Tras una larga espera Blas Albarello entro en la instancia en compañía de otro joven bien parecido. Abrazo a su madre efusivamente, mientras su padre ordenaba a los mozos llevar las valijas a sus habitaciones.
— Mi amada dama, tanto tiempo sin verle Señora Albarello
Agrego el joven que acompañaba a Blas, a la vez que abrazaba también a Carlota
— A un recuerdo cuando corrías a esconderte tras Laura, mi querido Antonio
— Mi madre le manda sus recuerdos, también le extraña, dice que la partida de póker no es lo mismo sin usted
— ¡Si, al menos ya no pierdo tan seguido! — dijo alegremente Carlota
— ¡Madre, estoy hambriento! — se apresuro a decir Blas
— Chiu, ¿Esta preparada la mesa?
— Si, señora — respondió Chiu, que miraba soñadoramente ha Antonio y este ha su vez— al percatarse de ello—, sonreía abiertamente para si.
La tarde dio paso a la noche, influyendo en el ambiente que se aligeraba con cada copa de vino que se iba vaciando por los comensales y pese a que Chiu estaba atareadísima llevando y trayendo cosas, no perdía ocasión en mirar ansiosamente a Antonio.
— La esclava, es muy bonita — dijo alegremente Antonio — ¿Y ya te fijaste como me mira?
— ¡Nunca cambias, Antonio! — repuso Blas
— ¿No te gustaría tener todos los servicios en casa, Blas?
— Mi madre jamás perdonaría que le quitáramos, a su ayudante de cámara
— No tiene por que enterarse
— Pues no te será muy difícil conquistarla
Antonio sonrió ávidamente y retirándose amablemente en compañía de Blas subieron las escaleras a sus habitaciones.

Esa noche Chiu, soñó con Antonio, sus manos fuertes la entre lazaban, en tanto se perdía en sus ojos azules como el cielo, sonriendo con su rostro perfecto, susurro su nombre y en medio de un suspiro entrecortado deseo su presencia más que la fe misma que sentía por su santo patrono.

0 comentarios: