viernes, 27 de marzo de 2009

ENGAÑOS DE AMOR PARTE II

Antonio se escabullo de su habitación en la oscuridad de la noche, bajo las escaleras sigilosamente intentando que no resonara la madera bajo sus pies. Camino lentamente hacia el patio trasero, ocultándose de la luz tras los copos de los arboles para no ser visto.
Vio a lo lejos una silueta oculta entre las sombras, camino rápidamente a su encuentro, al mismo tiempo que la sombra se paseaba nerviosamente.
— Perdón por la tardanza, amor — se excuso Antonio
— ¡Ya no aguanto más con esto Antonio! — dijo nerviosamente Chalchiuitl — Tenemos que huir
— Debemos esperar, aun tengo cosas pendientes aquí Chiu
— Pero… La señora Carlota…
— Pero Carlota, no tiene por que enterarse. En estos dos meses todo ha sido perfecto Chiu no puedo entender por que tienes tanto miedo si pronto nos iremos a Nambreca
— Tengo miedo de perderte
— Tontita — agrego Antonio a la vez que rodea su cintura y la besaba
— No, Antonio
— ¿Por qué? No te he demostrado que realmente te amo. No le escribí a tu familia para que supieran donde estabas, no se ha demostrado Carlota más condescendiente contigo desde que hable con ella.
— Es que no soportaría perderte
— Creo que quien realmente no me quiere eres. Te niegas a compartir tu amor
— Jamás lo haría — agrego asustada Chiu
— No mientas, ¿Entonces por que te has negado a yacer conmigo?
— Creo que es demasiado pronto. Prometiste casarte conmigo
— ¿Me amas? — pregunto furioso Antonio
— Sabes que si
— ¡¡¡Entonces de que dudas!!!
— Sería mi primera vez — dijo Chiu sonrojándose
Antonio acaricio su mejilla para besarla después
— La mía también
Chiu le correspondió al beso y asintió

Antonio le acaricio el cabello, besándole después la mejilla, recorrió lentamente su rostro besándolo tiernamente y entrelazando sus manos con las de ella. La recostó lentamente en el pasto, posteriormente susurro su nombre al oído a la vez que acariciaba su cuello entre abriendo su vestido, entregándose totalmente ha su deseo.

Chiu despertó rápidamente al hallarse sola bajo el árbol que le había servido de testigo ante su entrega de amor. Estaba algo confundida. Antonio le prometió tantas cosas la noche anterior que al verse sola, se entristecía su corazón. Pero debía entenderlo pues Antonio tenia compromisos pendientes. Ella se apresuro a entrar en la casa para en seguida correr a su cuarto ponerse el uniforme y salir a la habitación de la señora Carlota.

— ¿Dónde estabas? María dijo que no te vio en toda la noche. ¡Contesta! — dijo Carlota
— Mi ama, me quede dormida en el patio
— ¡Como animal! — agrego Carlota con desprecio
Chiu bajo la mirada y camino hacia la cómoda para sacar la ropa de su ama.

Más tarde Chiu ingreso en la habitación de Blas, ruborizándose al notar la presencia de su amado. Sirvió ha ambos rápidamente, mientras que Antonio la observaba con recelo.
— ¿Cuándo más tendré que esperar, Antonio?
— Está noche. Me voy en tres días
— ¡Lo prometiste! — advirtió Blas
— ¿Cuándo he faltado a mi palabra?
Blas rio sardónicamente, a la vez que agrego
— Mi madre ha accedido y he conseguido ya comprador. Por supuesto después de lo de mañana ya no será necesaria
— Espero que puedan conseguir algo mejor. Cada día se hace más difícil encontrar diversión pues ya no son tan ilusos como antes
— Papa no esta de acuerdo, pero mi madre ya no esta contenta con ella. Creo que el se encariño con ella. ¡Aun no se por que me deje convencer, en que tu deberías ser el primero!
— Por que perdiste mucho dinero en el club y te preste. ¡Tengo que cobrarme de alguna manera si no quieres que se entere tu padre!
— ¿Por qué tienes que recordarme cosas tan desagradables?
— Nunca lo volveré hacer, esa deuda esta saldada. De cualquier manera, mi padre perderá una buena suma con la reventa
— No necesariamente, si negocian en este lugar — agrego Antonio a la vez que le entregaba una tarjeta de presentación a su amigo — digan que son recomendados míos.
— Eres un buen amigo, gracias.
Después de terminar su almuerzo ambos acompañaron a Carlota al club donde pasaron toda el día. Mientras tanto Chiu se dedicaba a sus labores, en tanto soñaba con su nueva vida. Lo que más lamentaba era que no podría salvar a la pobre María de esa vida. Miro hacia el cielo; los haces de luz de tonalidades rojizas, delineaba un punto en el horizonte, dando fin al día. Dio un pequeño suspiro, en tanto escuchaba el carruaje de su ama llegar a la puerta principal. Corrió abrir apresuradamente la puerta y tomar el chal de su señora y los sobreros del joven Blas y su amado. Después de dejarlo en el perchero ayudo a María a preparar la cena mientras la familia departía en la sala.

La noche no tardo en llegar y con ella la renovación de las ilusiones de Chiu que soñaba con partir de la hacienda y convertirse en la señora Medeyira. Salió de la cocina resguardándose en la espesura de los arboles, se oculta detrás de un gran abeto, en tanto sacaba de una bolsa de papel una falda larga de manta y una blusa de bordados color rosa y dorados. Después guardo las ropas que llevaba puestas dentro de la bolsa escondiéndolas entre las ramas del abeto y se alejo.

Tras de si, escucho un leve crepitar de hojas y un ligero rumor. Apresuro el paso hacia la voz, mientras su corazón latía con mayor fuerza. Al fin lo pudo ver entre los arbustos, escondiendo su rostro por el tronco de un árbol, no pudo más con su nerviosismo y comenzó a correr a medio camino pese ha que no deseaba perder nuevamente la compostura con el, sin embargo no soportaba estar tanto tiempo lejos de el sin entregarle completamente su amor.
De repente, la tomo rápidamente con violencia arrastrándola hacia si mientras le arrebata un beso con brusquedad. Chiu no lucho contra su captor dejándose llevar por sus sentimientos pese a que sus movimientos era cada vez más bruscos, trato de desarcirse. El la sujeto con mayor violencia sin alejar su rostro de su cuello.
— Antonio, ¿por favor? Me haces daño
— Antonio no está aquí — repuso con voz burlona, el hombre a la vez que desgarraba la blusa de Chiu quedando sus senos al aire
Chalchiuitl soltó un grito que fue apagado por los labios sedientos del hombre, mordiéndola y sangrándola sin piedad. Rio divertido al ver que ella luchaba por detener infructuosamente la destrucción ahora de su falda. Presiono fuertemente los pechos de ella a la vez que se bajaba la bragueta, en tanto ella forcejeaba por alejarlo.
La empujo fuertemente hacia el tronco del árbol más cercano y le separo con furia las piernas para después penetrarla sin piedad.

Chiu grito dolorosamente pidiendo piedad, a la vez que veía por primera vez el rostro de Blas deformado por la euforia, en tanto arremetía dolorosamente dentro de ella. Intento buscar ayuda a su alrededor pero de repente sintió un vuelco dentro de su corazón al ver ha Antonio sonriendo un poco alejado de ellos.
Todas las fuerzas se fueron de ella, resignándose por completo a su presente. Se mundo se volvió vacio e inocuo mientras escuchaba a Blas decir

— Es tu turno

No supo más de si, su cuerpo y su mente se habían separado. No deseaba entender, quería huir de aquel lugar y volver a su sueño dorado donde el amor de su vida le correspondía y la llevaba lejos para ser feliz con ella toda su vida.

Por fin después de mucho rato que le pareció eterno, vio alejarse a los dos hombres bromeando y jugueteando entre ellos mientras que ella caía en desgracia. No podía llorar se sentía tan débil, se intento acoger en si misma arrinconándose y abrazando sus piernas en tanto se mecía olvidándose del fluir del tiempo.

jueves, 12 de marzo de 2009

ENGAÑOS DE AMOR PARTE I

El viento roso su rostro, relajo los músculos y suspiro; ya no recordaba cuando fue la última vez que vio a su familia. Recluida en la hacienda de los Albarellos; Chalchiuitl camino distraídamente con el cubo de agua, hacia la cocina. Ansiaba ver nuevamente Queixil lugar de sus ancestros los Yalnain; con sus largos caminos y el lago Petenxil en que acostumbraba bañarse con sus hermanos Ilhuitemoc e Izel, pero los españoles llegaron y entonces todo empezó a cambiar, su abuelo platicaba la forma en que fueron arrancados de sus templos y obligados a servir humildemente a los españoles, poco a poco su pueblo fue disgregado en las localidades cercanas, destruyendo sus ciudades, arrancándoles sus riquezas, tierras y obligándolos a despojarse de sus creencias. Pocos fueron lo que lograron sobrevivir a tal destrucción, entre ellos su familia quienes se habían logrado mantener juntos. Aun así Chalchiuitl, al igual que el resto de su familia fueron vendidos como esclavos; desde entonces la hacienda de los Albarellos había sido su hogar y su cárcel.
Chalchiuitl alta y delgada, de larga cabellera oscura que caía trenzada entornando su rostro angelical, había sido escogida por su hermosura por Ernesto Albarello para ser la doncella de su esposa Carlota. Los primeros años que paso con la familia fueron difíciles pues la señora Carlota era muy temperamental y caprichosa, siendo castigada en varias ocasiones, sin embargo no todo era tan malo pues María la cocinera se había convertido en una madre para ella.
— Chiu, corre a preparar las cosas en la mesa. Todo debe estar listo para la llegada del joven Blas. Además la señora Carlota te necesita en su habitación — le apresuro María, mientras Chalchiuitl entraba en la cocina
— La señora esta muy nerviosa con la llegada del joven Blas. ¿Cómo será? ¿Será tan guapo como el señor Ernesto? María tu lo conociste platícame como es.
— Niña atolondrada deja de soñar — soltó María en tono de regañina — la señora te castigara nuevamente si las cosas no están listas antes de que el joven llegue

Chalchiuitl salto y corrió a la habitación de la señora. El día prometía ser caluroso y Carlota ansiaba estar lista pues Blas su hijo regresaba por fin de Toledo, mientras que Chiu entro apresuradamente a la habitación.
— Apresúrate niña atontada, falta menos de dos horas para que llegue mi hijo — apresuro a decir Carlota molesta
— Si mi ama — repuso Chiu a la vez que apresuraba a sacar un traje blanco de dos piezas y ayudando a Carlota a vestirse y maquillarse. Chiu adoraba ver a su señora vestida tan elegantemente, imaginándose ser ella.

Tras una larga espera Blas Albarello entro en la instancia en compañía de otro joven bien parecido. Abrazo a su madre efusivamente, mientras su padre ordenaba a los mozos llevar las valijas a sus habitaciones.
— Mi amada dama, tanto tiempo sin verle Señora Albarello
Agrego el joven que acompañaba a Blas, a la vez que abrazaba también a Carlota
— A un recuerdo cuando corrías a esconderte tras Laura, mi querido Antonio
— Mi madre le manda sus recuerdos, también le extraña, dice que la partida de póker no es lo mismo sin usted
— ¡Si, al menos ya no pierdo tan seguido! — dijo alegremente Carlota
— ¡Madre, estoy hambriento! — se apresuro a decir Blas
— Chiu, ¿Esta preparada la mesa?
— Si, señora — respondió Chiu, que miraba soñadoramente ha Antonio y este ha su vez— al percatarse de ello—, sonreía abiertamente para si.
La tarde dio paso a la noche, influyendo en el ambiente que se aligeraba con cada copa de vino que se iba vaciando por los comensales y pese a que Chiu estaba atareadísima llevando y trayendo cosas, no perdía ocasión en mirar ansiosamente a Antonio.
— La esclava, es muy bonita — dijo alegremente Antonio — ¿Y ya te fijaste como me mira?
— ¡Nunca cambias, Antonio! — repuso Blas
— ¿No te gustaría tener todos los servicios en casa, Blas?
— Mi madre jamás perdonaría que le quitáramos, a su ayudante de cámara
— No tiene por que enterarse
— Pues no te será muy difícil conquistarla
Antonio sonrió ávidamente y retirándose amablemente en compañía de Blas subieron las escaleras a sus habitaciones.

Esa noche Chiu, soñó con Antonio, sus manos fuertes la entre lazaban, en tanto se perdía en sus ojos azules como el cielo, sonriendo con su rostro perfecto, susurro su nombre y en medio de un suspiro entrecortado deseo su presencia más que la fe misma que sentía por su santo patrono.